PERMANENCIA Y FUNCIONALIDAD DEL RÉGIMEN COMUNAL AGRARIO – III

PERMANENCIA Y FUNCIONALIDAD DEL RÉGIMEN COMUNAL AGRARIO – III

  1. La propiedad comunal y el medio físico

A) La escasez de tierras de cultivo, determinante ecológico

El relieve accidentado, el clima húmedo y frío, las fuertes oscilaciones térmicas, tanto anuales como diarias, y la gran permeabilidad  de los suelos, por lo demás escasos en arcillas, son las características ecológicas de la Región Pinariega. La escasez de tierras de cultivo que todo ello provoca, orientó, ayer y hoy, la economía local hacia la ganadería, la explotación de los montes y la función comercial de conectar la cordillera cantábrica y la meseta. Orientación que ha condicionado las formas comunales de tenencia de la tierra.

Como la mayoría de las actuales áreas comunales en el mundo, la Región Pinariega es un área de montaña. Las altitudes oscilan entre los 1.000 y los 2.000 metros. Las precipitaciones medias anuales alcanzan los 900 mm. en el norte de la Región, pero no sobrepasan los 600 mm. en el Sur. También la temperatura media anual varía de uno a otro extremo, siendo de 9,5°C al norte y 10,5°C al Sur. Baja temperatura media anual, provocada no sólo por la altitud, sino también por su situación en el interior de la Península Ibérica.

Esta comarca serrana tiene un invierno duro y largo. El mes más frío es enero (de 1,3 a 2°C). Las nevadas duran desde octubre hasta mayo, ampliándose este período desde septiembre a junio  en las sierras de Urbión  o Neila.  Frecuentemente, los pueblos quedan incomunicados al quedar cortadas por la nieve las carreteras, los caminos y los puertos.

A diferencia de los inviernos lluviosos, los veranos (de julio a septiembre) son secos. El mes más caluroso es julio (18°C). Es una zona donde alternan, con más o menos regularidad, los años con precipitaciones considerables («años húmedos») con otros de cantidades muy inferiores al promedio («años secos»). Si el cambio de temperaturas es considerable a lo largo del año, también lo es en cuanto a oscilación diaria. Este descenso nocturno produce heladas durante todo el año, excepto en verano.

Las condiciones ecológicas de la Región dificultan más aún una labor agrícola ya limitada por la topografía y el clima. La nota dominante de los suelos es su gran permeabilidad y escasez de arcillas, por lo que no son, en términos generales, aptos para el cultivo. No obstante, conviene distinguir los suelos silíceos, los calizos y los terciarios[1].

Sobre los suelos silíceos crecen el pino “albar”, el pino “negral”, las hayas y los robles. El pino albar (Pinus sylvestris) aguanta mejor las temperaturas bajas y las precipitaciones elevadas que el pino general (Pinus pinaster). Por esa razón, el primero se distribuye al norte,  en  los montes  de los municipios de Neila, Valdelaguna y Huerta de Arriba, mientras el segundo tiene su zona dominante al  sur de la Sierra del Resomo. Mientras más al sur, encontraremos más pino negral y menos albar. Por otro lado, el negral es más sobrio con respecto a la fertilidad del suelo, y tiene mayor necesidad de luz, por lo que se  sitúa en las cimas de los cerros y en la parte superior de las laderas, mientras que el albar arraiga mejor en los valles y partes bajas de las laderas.

Sobre los suelos calizos no existen ni montes de pino albar ni montes de pino negral, salvo una parte del pequeño monte de pino negral del término de Huerta del Rey. Sí se encuentra, sin embargo, el pino «pudio» y sabinas «albares». El pino pudio (Pinus laricio) es, generalmente, bajo y retorcido, salvo en valles y barrancas frescas con suelo profundo, donde sí los hay de buen porte. Las sabinas albares (Juniperos thurifera) aparece en ejemplares dispersos o en bosques  poco  tupidos.  Este árbol corpulento, poco elevado y de color verde muy oscuro, es muy resistente tanto a los hielos  intensos  como a las sequías rigurosas.

Los suelos calcáreos son inutilizables, prácticamente en su totalidad, para labores agrícolas: allí donde éstas se logran, los terrenos aparecen rodeados por las piedras extraídas al roturar. El parco aprovechamiento de estas subáreas de suelo calizo consiste en leña, algo de pasto en los campos  de  sabinas,  madera  en  algunos  enclaves  de  buenos pinos, contados trigales. Es un paisaje pobre y desprovisto.

En contraste, en el sudoeste de la región, concretamente en los municipios de Espeja, Huerta del Rey y Arauzo (mapa 6), son los campos cultivados los que dominan el paisaje. Estos tres municipios ocupan la décima parte (10,6 %) de la Región Pinariega, pero sus tierras de cultivo suponen casi la tercera parte (28 %) de todas las tierras de cultivo de los 34 municipios. Junto a una menor altitud (1.000 msnm.) y una topografía suave y ondulada, se da en este extremo sudoeste un suelo con importantes componentes arcillosos, junto a otros calizos, correspondientes a materiales terciarios (Kleinpenning; 1962, 31). Un último factor favorable al cultivo es el material de aluvión que los ríos Espeja y Pilde depositan en los anchos valles o «vegas».

La Región Pinariega está, por tanto, dominada por bosques y pastizales, para cuyo aprovechamiento los núcleos de población acotaron, o recibieron, terrenos mancomunados. Al mismo tiempo, la Región Pinariega presenta una diversificación entre localidades más o menos forestales, ganaderas o agrícolas, en función de lo cual  varían  los usos comunales.

Mapa 6

REGION PINARIEGA: MUNICIPIOS Y MANCOMUNIDADES

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Fuente:  Mapas  1:5000. Instituto Geográfico y Catastral.  Hojas  278, 279, 315, 316, 317, 348,

  1. Tres tipos de municipios

Atendiendo a su actividad económica principal, los 34 municipios de la Región Pinariega pueden ser clasificados en 3 grupos: los predominantemente  forestales, los mixtos y los predominantemente agrícolas. Tomo esta tipología del geógrafo holandés Kleinpenning (1962). Desde 1962 hasta hoy, la incidencia de lo forestal, lo ganadero o lo agrícola se ha visto modificada cuantitativamente por los programas de repoblación forestal, la puesta en marcha de experiencias de ganadería asociativa y la mecanización agrícola donde ella era posible. No obstante, los recorridos por la Región y los datos estadísticos animan a utilizar la clasificación de Kleinpenning para tipologizar las comunidades actuales (mapa 7).

Mapa 7

REGION PINARIEGA: MUNICIPIOS FORESTALES, MIXTOS Y GANADEROS

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a) Municipios forestales

Los municipios  predominantemente  forestales  son aquellos donde la población  vive,  princialmente,  de los ingresos y los salarios que proporcionan  la venta de madera y los trabajos  forestales.  Dieciséis  municipios  participan  de esta condición: Vinuesa, Molinos, Salduero, Covaleda, Duruelo, Regumiel, Canicosa, Quintanar, Vilviestre, Neila, San Leonardo, Casarejos, Vadillo, Talveila, Muriel Viejo y Navaleno. Este primer grupo supone el 39% de la  superficie  de la  Región,  suponiendo los pinares el 71% de los términos municipales  (gráfica  1).

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Los municipios forestales sólo disponen de un 3,5 % de sus terrenos como propios para el cultivo. En algunos, como Covaleda, Regumiel y Duruelo, la superficie agrícola no llega ni siquiera al 1% del término municipal. La actividad ganadera es reducida también: no sólo por la considerable extensión de los montes -en expansión debido a la repoblación forestal-, sino, asimismo, porque la limitada agricultura no produce los forrajes necesarios para el ganado. La falta de pastos se ve incrementada por la estabulación del ganado durante la larga temporada que duran los fríos y las nieves. Aquellos que disponen de vacas u ovejas lo hacen a costa de comprar los piensos compuestos.

La actividad forestal lo supone casi todo en estos municipios. Para las familias de estas localidades el monte supone dos cosas principalmente: ingreso monetario anual directo y fuente de trabajo.

El ingreso monetario directo procede de las denominadas «suertes de pinos» o lotes de madera que las autoridades locales entregan a los vecinos con derecho. A la «suerte» de pinos hay que añadir, como complemento, el «corro» o conjunto de pinos secos, malformados o derribados por los vientos. Talándose estos pinos se limpia el monte, y, por otro lado, se aumentan los ingresos familiares.

El monte es también fuente de empleo. Los jornales se producen en las labores de la tala de los pinos, su descortezado y el arrastre, construcción de caminos forestales, repoblación y conservación de los  bosques, transporte de las maderas a los pueblos, a las serrerías y a las capitales, y, finalmente, en los aserraderos, carpinterías, fábricas de persianas, etc. donde trabaja como asalariada el 20% de la población activa de los municipios forestales. Es en este grupo de municipios forestales donde se concentran el 80% de las empresas forestales de la región.

b) Municipios mixtos

Los municipios mixtos son aquellos donde la actividad forestal es significativa, pero de menos  envergadura  que en los del grupo anterior, teniendo mucho mayor relieve la actividad agro-ganadera. Pertenecen a este grupo once municipios: Valdelaguna, Huerta de Arriba (que se estudian en detalle en los próximos apartados y capítulos), Palacios, Hontoria, Pinilla, Espejón, Huerta del Rey, Cabrejas, Cubilla, Muriel de la Fuente y Abejar. Ocupan el 32,5 % de la Región y se hallan cubiertos  en un  43 %  por  pinares  (gráfica  1).

Estos municipios disponen de un 13,7% de su superficie para dedicarlo a la producción de grano orientado a la alimentación del ganado vacuno, ovino y caprino.

En ellos también se distribuyen “suertes” de pinos, pero su cuantía es menor que en los municipios forestales, y, en bastantes casos, los ayuntamientos han decidido  no  distribuir los lotes, sino dedicar ese ingreso a mejoras de infraestructura.

Los trabajos en el monte no tienen la envergadura que en los municipios forestales, debido a que la menor actividad repobladora y de extracción implica, menos taladores, conductores y vigilantes. Sólo 3 de los 11 municipios que componen este grupo disponen de serrerías. Es el caso de Hontoria, Cabrejas y Abejar, cuyos aserraderos dan trabajo a una minoría de su población activa.

En estos municipios, los ingresos directos o indirectos procedentes de los pinos no tienen carácter de núcleo de la economía doméstica sino de complemento. El presupuesto familiar se nutre, fundamentalmente, de la venta de ovejas, cabras y terneros. En estos municipios cada habitante dispone, como media, de 0,8 hectáreas de cultivo, frente a 0,1 en los forestales; por labrador, la media es de 4 a 7 hectáreas, dedicadas, principalmente, a la alimentación del ganado. En algunos pueblos el comercio complementa también los ingresos agroganaderos; es particularmente significativo el caso de Huerta del Rey, que vincula hoy día como ya lo hiciera antaño, la Región Pinariega (forestal y ganadera) con la Ribera del Duero (agrícola).                        ·

c) Municipios agrícolas

Finalmente, los otros siete municipios de la Región son, fundamentalmente, agrícolas. Se trata de Rabanera, La Gallega, M amolar, Arauzo, Espeja, Santa María y Herrera. Suponen el 16,5% de la Región, y los pinares sólo se extienden por el 31% de sus términos. Están ubicados en el borde occidental y meridional de la Región Pinariega, constituyendo una transición  hacia las comarcas  de secano.

En estos municipios, los ingresos procedentes de los lotes son muy reducidos y las posibilidades de trabajo relacionadas con la explotación forestal están limitadas; cuando se dan, complementan las actividades ganaderas y agrícolas, principales medios de vida en este área.

En cada tipo de municipio, por tanto, la propiedad comunal tiene diferente relevancia, ya sea por la superficie ocupada, ya sea por el uso  que se le da al territorio. Es importante señalar que son, precisamente, los municipios más comunales, forestales y de montaña los que han tenido un desarrollo económico mayor, pero esto será tratado en los capítulos IX y XI. Paso ahora a describir las principales modalidades del terrazgo comunal en la Región Pinariega.

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[1] Los suelos silíceos están formados, principalmente, por pudingas y areniscas, en cuya composición domina el silicio, y aparece, sólo en un ínfimo porcentaje, la arcilla.

Tampoco los suelos calizos favorecen la agricultura; la descomposición de las calizas y sedimentos calcáreos originó un suelo muy malo, ya que casi siempre la roca madre está sólo cubierta por una capa delgada de cantos calizos angulosos de tamaño variable, asomando incluso en muchos sitios el subsuelo firme. Casi nunca aparece un verdadero suelo. Además, y debido a la elevada permeabilidad de las calizas, el agua se infiltra rápida y profundamente. (Kleinpenning,  1962, 28).

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