LA CAUSA DEL GAMELLERO (LA PROPAGANDA, AÑO VI, Nº 261 (05/11/1887))

No pretendemos causar polémica con este artículo, y creo, que pasados más de 100 años, ninguno de los interesados será conocido a fecha de hoy, lo publico simplemente porque me ha parecido curioso saber el modo de vida que tenían nuestros antepasados y por las penurias que tenían que pasar para poder subsistir. He intentado buscar más información al respecto y a pesar de que según parece, este caso causó gran conmoción en la zona de pinares y en la provincia de Soria, no he encontrado ninguna referencia más.

Espero que veáis este artículo como lo que he dicho, como una manera de ver la forma de vida que tenían a finales del siglo XIX y no como algo morboso o como algo para crear polémica y malos rollos.

LA PROPAGANDA, AÑO VI, Nº 261 (05/11/1887)

LA CAUSA DEL GAMELLERO

            Tal es el nombre con que se conoce el proceso seguido en la Audiencia de Soria sobre homicidio en la persona de Mauricio Llorente Herreros, de Cobaleda, contra Ramón Estefanía García Jordan, residente en el Royo, cuyo juicio oral se celebró el día 27 del pasado.

            Con la venia del Tribunal nos permitimos dar cuenta a nuestros lectores del citado juicio, en la forma que por escrito lo relata el Fiscal de S.M. y de la calificación que hace del mismo.

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El Hecho

            Mauricio Llorente Herrero (a) Faginas, viudo de unos 50 años de edad, vecino de Cobaleda, se hallaba en Zaragoza a últimos del mes de Agosto de 1886 añ objeto de vender como vendió a Santiago Perrue y Perrure, de aquella vecindad, 27 y media docenas de gamellas a 76 reales docena y 4 rondos y 3 gamellas de la paita en 110 reales, cuyo total de 2.200 reales recibió del comprador en monedas de cobre, plata y billetes del Banco de España.

            Juntose Mauricio una de aquellas noches con el carretero Eulogio González de Soria, y estando ambos en un café de aquella capital, se aproximaron y sentaron en la misma mesa el procesado Ramón Estefanía García Jordán, hijo de padre desconocido, soltero, que vivía en El Royo en compañía de su madre Ciriaca, ambos de malos antecedentes; acompañado de su tío Emeterio Muñoz de la Cortilla (a) Garrapincho, dedicados a la venta de manzanilla; pero se separaron sin darse a conocer unos de otros. Desde este instante se ignora que fuera el interfecto y del procesado, pero si se sabe que regresaban ambos a sus domicilios, el finado con dos pollinas cargadas con vino y aceite y el procesado haciendo el viaje solo a pie, habiéndose juntado en el camino cerca de Tarazona, durmiendo los dos el 2º día del mes de septiembre en una posada cerca de esta ciudad. El 3 siguieron camino juntos, pasando por Aldealpozo entre 4 y 5 de la tarde, en cuyo pueblo compró el procesado un celemin de cebada para las pollinas de su acompañante. Llegados a una choza que hay junto al kilómetro 239 de la carretera que conduce de Soria a Tudela, descargaron los géneros metiéndolos en dicha choza y con los aparejos formaron dos camas entre la carretera y la choza y se acostaron como dispuestos a pasar la noche.

            Al amanecer o salida del sol del día 4, el peón caminero de Aldealpozo daba parte de que en el sitio arriba indicado se hallaba un cadáver y dos pollinas atadas. Personados allí el Juzgado encontró efectivamente el cadáver de Mauriio Llorente Herrero, pudiendo observar después en él 2 heridas en la parte izquierda y lateral derecha del cuello, corto punzantes de arma como puñal, navaja larga y limpia en sus bordes que obra de una manera penetrante, dirigidas de delante atrás, de izquierda a derecha y un poco de abajo arriba oblicuando por el eje; recibidas al parecer estando el interfecto de cúbito supino; deduciendo los péritos que reconocieron que por ser las partes interesadas, tan indispensables para la vida, la muerte debió ser inmediata y consecutiva a la hemorragia fulminante, rápida y abundante. El procesado fue visto en Soria a las 5 de la mañana del día 4 por el maestro de niños de El Royo D. Victor Jiménez.- Se ignora si el finado traía o no lo que debió sobrarle después de la compra del vino y aceite, pues solo se encontraron en su poder 4 pesetas y 98 céntimos en un envoltorio. El fiscal encuentra indicios bastantes para suponer autor al procesado, aunque se desconozcan los detalles de la ejecución.

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Calificación fiscal

            Que los hechos referidos constituyen un delito de homicidio previsto y penado en el artículo 469 del Código Penal, con la agravante de haberse realizado de noche, debiéndose tenerse muy en cuenta que el procesado fue condenado por la Audiencia Territorial de Burgos en Sentencia de 27 de Noviembre de 1880 en 250 pesetas de multa por robo de un carnero. Solicita para el mismota pena de 19 años de reclusión temporal, accesorias correspondientes y costas procesales, señalando en concepto de indemnización para los herederos del interfecto la suma de 200 pesetas de la cual también es aquel responsable.

Prueba documental

            De la lectura de estas pruebas aparece entre otras cosas la conducta sospechosa del procesado y su madre y de haber sido condenado el 1º por robo de un carnero, así como la negativa de dos dependientes del ramo de Consumos, y un sereno de haber visto y hablado con el procesado en esta Ciudad la noche del suceso, según asegura aquel.

Pericial

            A este efecto parecieron ante el Tribunal los licenciados en medicina Sres. D. Conrado Maestre, de Soria, y D. Felipe Agra, de Peroniel. Después de ratificarse en sus declaraciones del sumario, insisten en que las heridas que examinaron al finado, debieron ocasionarle instantáneamente la muerte, pero no tanto que le impidiera salirse del camastro con las ánsias de la misma hasta la distancia de metro y medio donde se encontró en cuyo trayecto se notaban manchas de sangre. Que no pudo ocasionarse por sí mismo la muerte, y no pueden precisar si las heridas las recibió o no dormido.

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El Procesado

            Ramón Estafanía García Jordan es de 25 años, natural de Lumbreras de Cameros y oficio jornalero. Viste pantalón, chaqueta y chaleco de paño a cuadros, calzado de apargata blanca cerrada. Su mirada torva y travesada hace que sur rostro no sea muy simpático.- Interrogado por el Sr. Fiscal para que manifieste en que se ocupó los 4 primeros días del mes de Septiembre de 1886, manifiesta: Que el primero salió de Zaragoza a dormir a Casetas. Al día siguiente salió con su tío del cual se separó a la entrada de la carretera de Tudela, porque tenía que ir a Borja a cobrar unos dineros de manzanilla vendida, juntando con esto un capital de 15 duros, les quedaron sin vender 7 u 8 sacos de manzanilla. Siguió su camino, y ya cerca de un pueblecillo, antes de llegar a Tarazona, le alcanzó el interfecto que venía con dos borriquillos cargados con vino y aceite y durmieron ambos en una posada. El día 3 siguieron el camino reunidos hasta la choza en que aquel apareció muerto. Antes de llegar a Aldealpozo bebieron vino con un caminero y en este pueblo compró un celemín de cebada por encargo del Mauricio. Al llegar a la choza desaparejaron los burros y metieron las colambres en la misma. Llegó otro caminero y estuvieron echando un trago los tres. En el momento de marcharse el peón manifestó el procesado al interfecto que se venía a Soria por ahorrar, lo cual llevó a efecto a pesar de decirle aquel dos o tres veces se quedara.- Si el caminero hubiera vuelto la cabeza atrás, le habría visto marchar. Llegó a Soria sobre las 12 de la noche, subió hasta el fielato del Rosario y dos dependientes del ramo le señalaron una posada. Después vio a un sereno que estaba subido en una escalera limpiando el farol y también le señaló la posada. Estaba lloviendo a esa hora y antes le pilló una tormenta en el primer pueblo. No recuerda las conversaciones que tuvo durante el camino con el difunto. No hablaron del viaje que les llevó a Zaragoza. Estuvieron juntos en un café y Mauricio pleiteaba con un carretero porque este le instaba a que se quedara a declarar. Antes de ir al servicio se dedicó a jornalero y después a la manzanilla.

Testigos

            Ciriaca Estefanía Jordán, madre del procesado, Dice: que su hijo llevó a Zaragoza tres o cuatro cargas de manzanilla, regresó éste al Royo el 4 de septiembre a las diez de la mañana y le entregó unos trece duros que sin contar los dejó en el portal, de donde se los robaron, cuyo hecho no denunció a nadie por que suponía no había de obtener ningún resultado. Su hijo iba mojado, por lo cual puso la blusa en la ventana a secar y debió caerse a la calle o se la quitaron, sin que después haya parecido. La dijeron después que la blusa se había encontrado y la tenía depositada el Juez; fue a preguntar y le contestó la mujer de dicho Juez que no sabía si era la de su hijo. También le dijo al cura la “echara” en la iglesia. Que el dinero que le ocupó la Guardia Civil no estaba escondido y que los restos de ropa quemada que se encontraron en la ceniza, lo era de una chambra que tuvo necesidad de arrojar al fuego por su mal estado.

            Emeterio Muñoz de la Portilla, tio del procesado, de 60 años.- Bajó a Zaragoza a vender manzanilla. Su sobrino vendió toda la que llevaba. Ambos salieron de aquella ciudad el 1º de septiembre y fueron a dormir a Casetas. El 2 siguieron camino para Tudela y más debajo de Magallón se separó de él su sobrino y se vino por Borja, donde tenía que cobrar un saco de manzanilla. Recuerda haber estado en un café de Zaragoza pero no que se hablara de gamellas.

            Pedro Ruiz Alonso, peón caminero.- La tarde del 3 de septiembre vio al Faginas sobre las tres y media en su trozo e iba con un joven y los tres echaron un trago. Desde donde bebieron a la choza hay cinco kilómetros. Venía tormenta aquella tarde.

            Felipe La Seca Calvo.- No vio tal tarde del 3 ni al Faginas ni al procesado.

            Matías Sanabria González, Estanquero.- No comparece y de su declaración de que se manda dar lectura resulta: que vendió un celemin de debada al procesado.

            Ciriaco Calvo Laseca, Peón caminero 68 años.- El 3 vio al interfecto sobre las 5 y media de la tarde con otro que no conoció; estaba en la choza esperando a que pasara la tormenta. Estuvo con ellos bebiendo vino y se marchó a su casa. El 4 al salir el sol se encontró con el cadáver y se volvió a dar parte, la sangre estaba cuajada. Se le pone delante al procesado y después de mirarle detenidamente no lo reconoce. Después el acusado solicita un careo con este testigo y el Tribunal lo deniga por no aparecer contradicción alguna.

            Santiago Sanz Bachiller, 25 años.- La tarde del 3 de septiembre vio en la choza a dos hombres que estaban descargando los burros.

            Guillermo Rodrigo Miguel y Nicolás Sanz Juez..- Sobre las 6 de la tarde vieron dos hombres echados, dentro del chozo, pero no repararon en si los burros estaban o no aparejados. A Zaragoza se va en tres días y medio con carro.

            Pedro Palacios Calvo, Comandante del puesto de la Guardia Civil en Aldealpozo.- Se le dio parte de que en el chozo había un cadáver y se personó en aquel sitio, practicando las primeras diligencias. La tarde del 3 vio al finado en compañía de otra persona.

            Cayetano y Manuel Jiménez, Guardias Civiles.- Por orden del Comandante fueron al Royo y a las 10 de la noche del 4 apresaron al Ramón Estefanía. Al amanecer del 5 registraron su casa encontrando un poco dinero envuelto en un pañuelo que estaba escondido. En las cenizas había rastros de ropa quemada y les manifestó la madre que había quemado ropa vieja. La tarde del 3 vieron al interfecto que iba con el procesado.

            Jerónimo Llorente Tejedor, hijo del interfecto.- No comparece y de su declaración que se lee aparece: Que no renuncia a la indemnización de perjuicios que pueda corresponderle pero si a mostrarse parte en la causa. Que después de la compra del vino y aceite, debieron sobrar a su padre unos cien duros. Y que no sabe quien sea el autor de la muerte.

            Eulogio Gonzáles Ochoa, Carretero.- Que condujo a Zaragoza las gamellas del finado. Cierto estuviera con aquel en un café de Zaragoza, sentándose en la misma mesa el procesado y su tío y no recuerda la conversación que hubiera. Para ir a dicha Ciudad desde Soria se echan tres días y medio con carro, pero se puede ir en tres.

            Saturnino La Mata Largo, mesonero.- Conocía al finado, pero no sabe si dormía o no en el campo.

            Julián Domínguez, cebadero del anterior.- Conocía al muerto porque dormía en su posada, y cree que muy pocas noches o ninguna se habría quedado en aquel campo.

            Terminadas estas pruebas y sin que ninguna de las partes modificara sus conclusiones provisionales, se suspende la Sesión por 10 minutos y reanudada de nuevo, el Tribunal formula la tesis acerca de si el hecho de autos pudiera constituir el delito de robo con homicidio, en vez del de simple homicidio que ha sido calificado.

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El informe fiscal

            El Sr. Vega Peinador, fiscal de S.M., tiene la palabra y expresa entre otras cosas: Que la presente causa es una de las más graves que se han visto en esta Audiencia. Hace relación del sucedido y prosigue: Hay que fijarse mucho en el hecho para fundar una sentencia. No son las pruebas traídas al sumario y al juicio oral las que hubiera deseado traer el fiscal, pero hay indicios suficientes para creer autor del homicidio al procesado. Se sabe venían juntos interfecto y encausados desde más allá de Tarazona; juntos permanecieron todo el día 3 de Septiembre y juntos se les vio a ambos sobre las 5 o las 6 del propio día 3 en la choza donde al siguiente apareció muerto el primero. Había dos causas y este es un hecho importantísimo, puesto que indica que ambos iban a dormir allí como parecía natural después de venir juntos, de ser vistos y del mal tiempo que hacía por las tronadas. No es lógico pensaran caminar y si en acostarse. A las 5 de la mañana del siguiente día 4 un peón caminero encuentra muerto a Mauricio Llorente y a esta hora, poco más o menos, es visto el procesado en Soria por el maestro de niños del Royo. Ramón Estefanía es hijo de padre desconocido, ha recibido mala educación según lo justifican los informes del Alcalde de su pueblo, los antecedentes de madre e hijo son sospechosos, aquel ha sido condenado anteriormente por robo, y un hombre de estas condiciones no puede justificarse ante los indicios que sobre él pesan en este débito. Es que como pobre quiso ahorrar y por ello no quiso dormir en la choza y se vino a Soria, alega el procesado, y el fiscal no puede admitírselo porque para economizar hubiera dormido en la cama preparada que no le costaba nada. Dice también el procesado que al entrar en Soria, dos dependientes de consumos primero y un sereno después, le señalaron una posada y estos en el oportuno careo lo desmienten hasta el extremo de que no encuentra palabras para contestar a las preguntas que le dirige el último. Además no puede justificar su venida a Soria; el maestro de niños le encuentra descolorido la mañana del 4, le manifiesta que está aguardando a que abran los comercios para comprar un tapabocas y éste no se ha encontrado todavía. La mala educación de un lado y lo desmentido de otro, son indicios más que suficientes para creerle autor del homicidio. A las 10 de la mañana llega al Royo, con la ropa mojada, y la casualidad hace que desaparezca la blusa y que se encuentren en las cenizas restos de una chambra quemada. Dice la madre la arrojó al fuego porque tenía miseria y el fiscal sabe que los pobres, cuando tienen alguna prenda en tal estado la lavan y la hacen servir,  pero nunca la arrojan al fuego.

            Sobre la tesis formulada por la Presidencia acerca de si el hecho de autos pudiera o no constituir el delito de robo con homicidio manifiesta: Que sostiene no puede apreciarse más que el de homicidio por las siguientes consideraciones. Indudable es, dice que el finado recibió 550 pesetas como producto de las gamellas vendidas, indudable también que se gastó parte, pero no puede asegurarse que trajera consigo el resto, porque aquel pudo ir a un hospital y darlo en limosna, pudo muy bien jugar y perderlo o pudo regalárselo a una querida. Es de creer que si lo trajera consigo, en cuyo caso estaba bien formulada la tesis, pero esta no puede prosperar, porque no hay seguridad de que llevara consigo el dinero y este no se le ha encontrado al procesado, como tampoco el de la manzanilla. ¿Existirá asesinato? Dirá el fiscal que no se sabe la forma en que fue herido y sirve de muy poco creer, como creen los médicos, lo fuera cuando se hallaba dormido, como sirve también de muy poco el creer que el muerto llevara consigo el dinero porque ninguno de los dos extremos se puede asegurar y por ello se ve obligado a calificar solo de homicidio el hecho.

            Se sabe que los dos estaban en el chozo, a los dos se les ha visto en la cama, el procesado ha faltado siempre a la verdad y toda vez que no se trata de la pena de muerte, cree el fiscal hay motivos fundados para dictar la sentencia condenatoria.

            Circunstancias de noche y despoblado; la 1ª no se puede puntualizar con exactitud; pero la 2ª si porque el sitio fue elegido de propósito. El interfecto nunca ha dormido en el campo y el procesado le indujo a hacerlo a la fuerza por ahorrar dinero ya por aventajar tiempo. En su virtud solicita para el mismo la pena de 19 años de reclusión temporal, indemnización de dos mil pesetas para los hijos del interfecto y costas procesales.

12La defensa

            Encomendada al Sr. Peñalba. No debiera hacerla, (dice este señor) porque el Fiscal acaba de completarla diciendo que siente no poder presentar pruebas que no dejaran lugar a dudas, pero que sin embargo de ello pudo el procesado cometer el delito de que se le acusa. No cabe (manifiesta el defensor) ni como homicidio ni como asesinato. Por la tesis formulada por la Sala debiera condenarse a cadena perpétua. El Tribunal no ha podido formular tesis y pide conste en acta su protesta. Si se juzga solo por prevenciones, si falta la base que es el robo, ¿Cómo va haber homicidio? No existe el robo porque no se ha justificado la sustracción. El procesado fue a Zaragoza, estuvo con el interfecto y otros en un café, salió dos o tres días antes que el muerto, le alcanzó éste antes de llegar a Tarazona, no se habló del importe de las gamellas, ni el Ramón Estefanía hizo ningún acto que demostrara querer ir con el finado, ni este pudo decirle que traía dinero, porque con un hombre que se le conoce por vez primera no se confía nadie. No hay Tribunal en el mundo que pueda asegurar existiera robo; no es lógico creer que el procesado supiera que su compañero llevase dinero, porque siendo Mauricio arriero, conduciendo vino y aceite, debió suponer con más fundamento que el producto de las gamellas lo había empleado en aquellos artículos. La defensa persigue un fantasma, no alcanza razones para que el Tribunal haya formulado la tesis; mira el sumario y la sentencia del juicio oral y bajo ningún punto de vista ve el robo. El argumento de aquella, sin duda, es el siguiente: En interfecto cogió el dinero de las gamellas, después no se ha averiguado si lo perdió en el juego, si se le estravió, si se le robaron antes del hecho, si lo dio de limosna u otras mil causas que pudieron ocurrir …, pues fue robado por el que está en el banquillo. Esto no es lógico, no hay hecho concreto para el robo. No ha podido formularse la tesis, porque el Tribunal solo tiene facultades para hacerlo en casos extraordinarios, o sea cuando el fiscal sufre una equivocación.

            ¿Es homicidio? No hay duda de que si, como tampoco de que no pudo ocasionarse la muerte por si mismo el interfecto, teniéndolo que ser un agente según resulta de las declaraciones de los médicos.

            Circunstancias porque ha de ser el grado máximo. ¿Cómo siendo tan ilustrado el Sr. Fiscal, sino ha calificado el hecho de tobo con el asesinato por base, se atreve a asegurar que el sitio fue elegido de propósito? Está en la oscuridad el hecho y por tanto no resulta esta circunstancia.

            ¿Ha sido autor el procesado? Juzgando por impresiones, cada uno cree lo que le parece o lo que quiere pero por simpatías no puede juzgarse. Los Tribunales pueden si apreciar, pero ha de ser por hechos ciertos. Todos los de este sumario, no constituyen ni siquiera un solo indicio; y pasa a ocuparse de los consignados por el Sr. Fiscal. Primer indicio, el de la compra de la cebada. Dice el Fiscal que el acto de comprar el procesado un celemín de cebada para los pollinos del interfecto demuestra que entre ambos había intimidad. La defensa no puede ver esa intimidad en ese acto, porque aquello no fue sino un favor y esto lo hace toda persona medianamente educada, máxime cuando el finado no podía abandonar sus pollinos y sus corambres. Segundo indicio. El de que el procesado se vino a Soria por economizar. La economía ¡Señor! No solo es el ahorrar del dinero, sino que también el tiempo. El procesado viendo la tarde de autos que aun había mucho sol, no quiso desperdiciar el tiempo, puesto que le proporcionaba en primer término llegar antes a su pueblo y en segundo lugar ahorrar dinero, pues que de esperarse al día siguiente tenía que comer en Soria y gastarse más. Es racional, pues que lo que él quería era ahorrar. Tercer indicio. El de la quema de la chambra. Dice el Fiscal que es muy raro que los pobres hagan lo que hizo la madre del procesado, pero es muy extraña esta creencia. Todos los pobres cuando tienen una prenda deteriorada y llena de miseria, la arrojan al fuego, y nada de extraño ni particular hay en ello. Pero hay más; si el Fiscal se fija en esto, ¿Cómo no en otro indicio? No quiere aceptar se pusiera a secar la blusa y si que la quemaran porque tendría manchas de sangre. ¿Pués como creer que si aquella tenía sangre, si el procesado, como dice, está avezado al delito no pensó marchar a su pueblo por otro lado donde no le pudieran ver aquellas señales? ¿Cómo si el Maestros de niños del Royo le vio pálido la mañana del 4, no le vio las manchas de sangre? O la blusa no tenía nada o el procesado era un insensato. Lo que hay es que cuando un hombre ve un delito y cree en conciencia tener delante al delincuente, todo lo que observa le parece indicios y esto es lo que le ha sucedido al Fiscal, de cuya acrisolada conducta, ninguno podemos dudar. Cuarto indicio. El del dinero. No ha aparecido el que debía traer consigo el interfecto como tampoco el de la manzanilla de Ramón Estefanía, y esto según el Fiscal constituye otro indicio; y pregunta la defensa ¿qué interés tenía el procesado en ocultar el dinero de la manzanilla? ¿es quizá que por el contacto habría en él señales que pudieran delatarle? Si esto es indicio, hay que convenir que hasta el nacer lo es también.

            No es exacto que viera nadie acostado al procesado. Bien pudo entrar otra persona y cometer el delito. Nadie ha señalado más que al finado, nadie ha reconocido al procesado y nadie le ha visto acostado, todo lo niega y nada en contrario se le prueba. Si se le hubiera visto sangre, sería indicio. Cuando se trata, pues, de la causa más difícil, cuando se trata de una pena como la de cadena perpétua y cuando no existen pruebas, tiene que venir la absolución.

            A los ojos de la ley no es autor el procesado, no se le puede probar, pues a la calle. En virtud de todo ello pide su libertad.

 Iglesias

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