INCIDENCIA DE LAS “SUERTES DE PINO” Y LAS ORDENACIONES DE MONTES EN LA COMARCA DE PINARES DE URBIÓN DE SORIA – II

INCIDENCIA DE LAS “SUERTES DE PINO” Y LAS ORDENACIONES DE MONTES EN LA COMARCA DE PINARES DE URBIÓN DE SORIA – II

  1. ORIGEN DE LAS SUERTES DE PINOS

Al parecer, el privilegio por el que los reyes concedieron, por medio de “Cartas Pueblas” y “Cartas de Privilegio”, el derecho a los aprovechamientos forestales que se obtuvieran de los montes, data de varios siglos (a finales del siglo XIII ya se tiene conocimiento de ello). Por ejemplo, en Duruelo en 1288, Fernando 111 el Santo concede estos derechos a los que fuesen a poblar el valle del río Gomiel. Estos derechos fueron confirmados por Fernando IV en 1342, por Alfonso XI en 1356, por Pedro I en 1390, por Enrique 11 en 1409, por Enrique 111, por Juan 11, por Enrique IV, por los Reyes Católicos y por Felipe II.

Al crearse la administración forestal se reconocieron estos repartos que se venían haciendo desde tiempos antiguos y por Real Orden del Ministerio de Fomento, en agosto y septiembre de 1901, se legalizó la situación, que hasta entonces basaba los aprovechamientos en la costumbre. Al reconocer la administración forestal los repartos vecinales mediante las disposiciones citadas, se pasó a una situación de derecho 10 que antes era de hecho, continuando sin interrupción desde aquella fecha hasta el día de hoy, habiéndose procedido a establecer legalmente las condiciones en forma de Ordenanzas Especiales Reguladoras de la distribución de los aprovechamientos forestales o Estatutos que fueron aprobados por el Ministerio de la Gobernación.

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En principio se concedía un cierto número de pinos llamados de “privilegio”, elegidos entre los mejores de la zona. Existía la costumbre de que comisiones municipales, compuestas por algunos habitantes, eligiesen en el monte estos pinos para el pueblo –los mejores pies a huroneo -, pero cuando se empezaron a ordenar los montes, se limitó a los tramos de corta la superficie para poder llevar a cabo dicha elección. Como consecuencia, la evolución para el monte ha sido totalmente positiva, pues se pasó de no cortar los pies dominados, por ser los peores y no elegirse nunca, a hacer verdaderas cortas de regeneración. La mayoría de los pueblos ejercen el derecho de adjudicación directa (orden ministerial del 13 de agosto de 1949, por la que se han congelado, desde ese año hasta el día de hoy, los precios de tasación de la madera en tomo a 500 pta por metro cúbico según especies). Esto quiere decir que la administración les envía el expediente a ese precio, figurando el Ayuntamiento como rematante, vendiendo éste la madera posteriormente a precio real, sin que el precio real figure en el expediente.

Hacer constar que, pese a los posibles defectos de las ordenanzas reguladoras de los aprovechamientos, de 10 cual son conscientes los beneficiarios, harían cualquier cosa para conservarlas y defenderlas frente a cualquier ingerencia de extraños.

  1. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA COMARCA

Al efectuar el estudio demográfico de la Comarca de Pinares, salta a la vista que se trata de un escenario inserto en una inmensa masa boscosa, con un clima de montaña difícil y unos medios precarios de subsistencia.

Esta afirmación queda patente al analizar las cifras poblaciona1es anteriores al siglo XX, años en los que predomina la industria carreteril (el pinar, con su abundante pasto es un medio ideal para la cría de ganado vacuno propio de la carretería), y los censos del siglo XX, en los que el epicentro se sitúa en la industria maderera derivada de los pinares.

En el cuadro y gráfico 2 de los anexos podemos ver la evolución demográfica anterior al siglo XX, con datos basados en el Catastro; Loperráez, Miñado, Madoz, 1855, 1887 Y 1900 respectivamente (datos elaborados por Pedro Gil Abad), y la del siglo XX (datos del Instituto Nacional de Estadística – provincia de Soria-).

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Antes de que los Reyes Católicos instituyeran la Real Cabaña de Carreteros en 1497 (integrada por 15 pueblos de Soria y Burgos, llegó a reunir cerca de 6.500

carretas y más de 17.000 bueyes a su servicio), los serranos de la Comarca de

Pinares estaban organizados en hermandad. Y esto suponía una industria floreciente en la sierra, causa de la sustantiva inmigración.

A primeros del siglo XVI, estos pueblos se encuentran entre los más poblados de Castilla, debido a su saneada economía. Existen documentos en todos los pueblos que nos confirman la vida próspera de la Comarca: ”porque en el discurso del año hacen muchas y considerables ofrendas de pan, vino y otras cosas.”.

Desde finales del siglo XVI, hasta el primer cuarto del siglo XVII, hay un bajón de la población. Hacia 1625, se recupera y aumenta hasta mediados del siglo.

El impacto de la peste del último cuarto de siglo es patente en la Comarca, con un descenso de casi la mitad.

El siglo XVIII, reconocido como el de la recuperación económica y demográfica, especialmente en la época de Carlos III, queda como siglo de equilibrio poblacional con ligera alza. El privilegio de la “suerte” o corta de pinos que disfrutaron todos los pueblos de la Comarca, supuso en este siglo una revitalización económica que incidió positivamente en el aumento de población, como se puede observar en el gráfico. El dinero corre con fluidez a causa de la carretería. Antes de coronar el siglo XVIII, la carretería comienza su deflación y ese hecho incide en la disminución demográfica. Los pueblos dedicados el 90% al transporte, disminuyen drásticamente su población; Duruelo, Covaleda, Salduero, Navaleno, Casarejos, Vadillo; y los que tienen algo de agricultura y ganadería ovina se mantienen: San Leonardo …

En las épocas de escasez de subsistencias, en los años críticos, había carencia de grano, los precios se disparaban y los pueblos sufrían las consecuencias del hambre, y con ella las epidemias y la mortalidad. Toda la Comarca Pinariega está encuadrada en un terreno impropio para producir las subsistencias necesarias y así leemos en algunos documentos de los pueblos: “… porque no tiene otro aprovechamiento más que sus ganados de carretería y aprovechamiento del monte porque no se acoge ni siembra pan ni vino ni legumbres ni se coge y viven de acarreo”.

A principios del siglo XIX la importante ganadería lanar y la trashumancia fueron paulatinamente desapareciendo. A ello contribuyeron no sólo la supresión de la Mesta sino también las crisis bélicas del siglo, Guerra de la Independencia y Guerras Carlistas, pues fueron los pueblos de la Comarca escenario excepcional de antedichas guerras. Muchas casas fueron destruidas, parte de los pinares y los pastos se quemaron y la industria, consistente en algunos lavaderos de lana, batanes y tenerías, resultó arruinada.

La carretería, medio de vida tan importante para gran parte de los pueblos, seguía existiendo en los primeros decenios del siglo XIX. Al igual que los ganaderos de la Mesta, los carreteros perdieron sus privilegios en 1834, lo cual, unido a otras causas como la construcción de ferrocarriles y las guerras civiles, hizo desaparecer la carretería en la segunda mitad del siglo pasado. La arriería decayó a fines del mismo siglo.

El hundimiento de los transportes trajo consigo el de la población. La emigración serrana se deja sentir. De pueblos de inmigración se convierten en pueblos de emigrantes.

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La década del 30 al 40 fue la época peor para los pueblos carreteros. El epicentro industrial pasa ya con claridad a la madera que, desde este siglo, va a marcar las cotas poblacionales. La situación se mantiene más o menos estable hasta la segunda mitad del siglo XIX. En estos años suceden una serie de cambios socioeconómicos y administrativos que abocan a un cambio radical en el régimen de los aprovechamientos. En el ámbito forestal se produce una quiebra de las fórmulas tradicionales caracterizadas por amplios márgenes de libertad y gratuidad hacia formas más modernas de explotación, favorecidas por la aprobación de la Ley de Montes de 1863 y por la creación de una Administración Forestal de concepción moderna. El tránsito, sin embargo, no fue sencillo, ya que coincide en el tiempo con una época de crisis de las actividades económicas básicas de la comarca: ganadería trashumante y carretería, 10 que añade presión a las masas arboladas y, muy especialmente, a las de propiedad mancomunada, a las que, tradicionalmente, se había considerado de libre aprovechamiento de todos los vecinos.

En el siglo XX el crecimiento general es de signo positivo ascendente en todos los pueblos. Las dos excepciones son la mortalidad de 1918 y la guerra del 36, con repercusiones indudables. A principios del siglo XX los precios de la madera experimentaron cierta alza, entre otras cosas debido a la Primera Guerra Mundial, de manera que las “suertes de pino” proporcionaban una mayor utilidad a los vecinos. Se inició también la resinación del pino negral y del pudio en la Comarca, lo que ampliaba la actividad y proporcionaba a los municipios ingresos satisfactorios, de los que podía repartirse parte, de vez en cuando, entre los vecinos. También contribuyó el hecho de que en 1929 se terminó el ferrocarril Burgos-Soria, con estaciones en Abejar, Cabrejas, “Pinar Grande”, Navaleno, San Leonardo. A pesar de esta mejora económica la mayoría de los pueblos siguió siendo bastante pobre hasta la Guerra Civil. La población vivía de la venta de la madera, de los sueldos ganados en los trabajos forestales o en las serrerías, de la agricultura (exigua en muchos pueblos) y de la ganadería, mientras que la corta fraudulenta de pinos constituía una fuente de ingresos menos regular. Hasta el año 1910 aproximadamente no se establecieron guarderías regulares, así que los vecinos sacaban madera de los montes cuando consideraban que los árboles de concesión no eran suficientes. Normalmente se respetaban los montes propios y se talaba en otros (“Pinar Grande”, “Santa Inés”, “Verdugal” …). Después de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial la perspectiva económico-social cambió. Los precios de la madera, que habían experimentado un alza desde comienzos de siglo, subieron hasta un nivel desconocido.

Según cálculos realizados por el Distrito Forestal de Burgos, el precio del la madera subió en la época de 1936-1956 cuatro veces más que el coste de la vida, las leñas 3 veces más y las resinas dos veces más (gráfico 3):

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Uno de los factores clave fue el éxodo rural, que hizo que al crecer las ciudades se incrementase la demanda maderera para la construcción de viviendas y mobiliario.

Aumentó también considerablemente en muchos montes la producción de madera, ya que el Distrito Forestal, que antes no había tomado muchas medidas para aumentar la productividad de los bosques, procedió a una explotación tan intensiva como posible.

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