IMPLICACIONES FORESTALES, SOCIALES Y ECONÓMICAS DE LA PARTICIPACIÓN DE LOS VECINOS EN LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES – II

IMPLICACIONES FORESTALES, SOCIALES Y ECONÓMICAS DE LA PARTICIPACIÓN DE LOS VECINOS EN LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES – II

EL SIGLO XIX: PROFUNDOS CAMBIOS.

Es en el siglo XIX cuando se producen hechos de enorme relevancia en la gestión de los montes e incluso en la forma de vida de los serranos, los principales serán el desarrollo del proceso desamortizador y la creación del cuerpo de Ingenieros de Montes.

Las ideas liberales predominantes durante ese siglo se plasman a través de la leyes desamortizadoras que dan lugar a un profundo cambio en la estructura de la propiedad forestal española, sin embargo este proceso tuvo escasa incidencia en los pinares de nuestra comarca ya que en 1848 se crea el cuerpo de Ingenieros de Montes y una de sus primeras actuaciones fue la emisión de un informe que sirvió de base a la excepción de ventas de determinados montes y en virtud del cual se realiza la Clasificación de montes exceptuados de Venta, en el cual aparece el monte de Covaleda al que se asigna una superficie de 8.049 has., esta actuación ha permitido mantener la integridad superficial de los montes de la comarca.

El proceso desamortizador influye también en la diferenciación, al menos en el ámbito legal y administrativo, los montes de propios de los de aprovechamiento común.

Sin embargo nuestra opinión es que esta diferenciación no había existido claramente en el caso de nuestros pinares, ya que por esas mismas fechas los pastos se aprovechaban de forma libre y gratuita por los vecinos, pero tenemos constancia de que algunos años, cuando era necesario conseguir fondos para el pago de impuestos, se procedía a subastar algunas zonas del monte conocidas como quintos o borreguiles. Esto muestra como esa diferenciación no tenía traducción en la realidad cotidiana y como esa misma indefinición se ha mantenido hasta nuestros días como demuestran algunos trabajos recientes (Pérez-Soba Díez del Corral, I. y Solá Martín, M.A; 2004).

Las ideas liberales de las que era partícipe la sociedad de la época, orientan también el pensamiento y la política forestal y uno de sus objetivos es que los productos forestales salgan libremente al mercado como forma de revalorizarlos y por ello se pretende desterrar usos vecinales que se entendían contrarios al desarrollo económico del sector.

Esto podría explicar que durante el año 1860 las peticiones de aprovechamientos forestales realizadas por los ayuntamientos fueron respondidas favorablemente por la administración forestal, pero con la condición de que fuesen enajenados en pública subasta; se recurre esta condición y el Ministerio de Fomento requiere que se instruya un expediente en el que se acredite el derecho al reparto vecinal por parte del ayuntamiento. Este proceso se dilata hasta 1864 en el que se produce la ratificación oficial de esa práctica, siempre con previo ingreso del importe de tasación en arcas municipales. La Real Orden aprobatoria reconoce no sólo el derecho a ese reparto, sino a hacer de los productos el uso que más convenga, todo ello siempre dentro de los límites de la posibilidad del monte, que es la única referencia restrictiva en cuanto a su cuantía; esta resolución se adopta después de examinar las pruebas presentadas por los respectivos Ayuntamientos,  pruebas que desconocemos, aunque se tiene constancia que algunos Ayuntamientos, alegando la desaparición de sus archivos a causa de incendios, realizan declaraciones “ad perpetuan” de que dichas prácticas se habían realizado durante siglos, en el caso de Covaleda y Navaleno consta que presentaron otras pruebas documentales.

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Este hecho muestra también claramente que la Administración Forestal intervenía ya activamente en el control de los aprovechamientos, intervención que recibe el amparo legal a través de la Ley de montes que se aprueba en 1863.

Durante las décadas siguientes se mantiene el reparto de suertes de pinos entre los vecinos, si bien su localización se realiza de acuerdo con una división en cuarteles del monte, que resulta ser el primer intento conocido por parte de la Administración forestal para organizar las cortas.

Se producen sin embargo cambios notables a lo largo de siglo, que se dejan notar claramente al final del mismo con una fuerte crisis de las principales formas de vida de la comarca: la carretería y la Mesta. El reflejo de esta crisis en el monte se deja notar por las noticias de peticiones de autorización de siembras en lugares difícilmente concebibles por su altitud y topografía y por los frecuentes e importantes incendios que asolan la comarca, son claros síntomas de la quiebra del modelo económico y social que había subsistido hasta ese momento y que obliga a un importante flujo migratorio de población hacia América.

Una muestra de la situación comentada la tenemos en las cifras del año 1869, en el que la superficie incendiada en la comarca de pinares asciende a 7.048 has. de las cuales 500 pertenecen al monte de Covaleda. Durante esos años las noticias sobre incendios son continuas, si bien los montes pertenecientes a los pueblos las sufrieron en menor medida que los que hasta entonces habían sido aprovechados por todos los vecinos de Soria y su Tierra, la gravedad de la situación obligó a establecer campamentos permanentes de vigilancia y rápida actuación para intentar limitar la gravedad de los siniestros.

Esta situación es una clara muestra de cómo los factores económicos y sociales tienen una enorme influencia en la conservación del monte, resulta también un claro ejemplo de los cambios que en apenas seis décadas ha tenido la imagen de la comarca respecto a los incendios. Hace ya años que esta comarca es considerada un ejemplo por la baja incidencia de incendios forestales y por la implicación de la población en su vigilancia y extinción, pero a finales del siglo XIX un informe del gobernador de la provincia atribuye a la comarca una merecida fama por la reiteración de los incendios, la mayoría provocados, si bien resalta también la decidida colaboración de muchos vecinos en su extinción. El hecho comentado es lo que posiblemente sirvió de base a Antonio Machado para el celebre verso “el hombre de estas tierras que quema los pinares”.

Otro hecho importante en el devenir forestal de la comarca lo constituye la aprobación en 1890 de la Instrucciones de Ordenación de Montes Arbolados, con la que se inicia un esfuerzo importante para planificar e intensificar la gestión en los montes gestionados por la Administración forestal. Con este proceso se pretende organizar los aprovechamientos, pero fundamentalmente se quiere incrementar la cuantía y control ejercido sobre ellos, ya que a los montes ordenados se les asignaba guardería específica.

La relevancia forestal de esta comarca, junto con los problemas comentados, serían probablemente las razones que impulsaron a iniciar los trabajos de Ordenación en los montes de Covaleda y Duruelo, de forma casi paralela.

Una nueva instrucción administrativa del 1897 requiere que todos los aprovechamientos se enajenen por subasta pública, abriendo no obstante la posibilidad de reclamar contra esa medida por aquellos Ayuntamientos que creyesen justificable con títulos especiales el derecho al reparto vecinal. En los recursos de todos los Ayuntamientos de la comarca se reiteran los argumentos de la necesidad de mantener este sistema como forma de garantizar el trabajo de los habitantes, por su parte la Administración realiza una recopilación de la cuantía y forma de los aprovechamientos maderables realzados durante la última década del siglo.

La resolución a este nuevo contencioso aparece en el BOP de 16 de septiembre de 1901, en él se reconoce el derecho al reparto vecinal de un determinado número de pinos a cada pueblo (4.000 en el caso de Covaleda, 1.747 a Duruelo etc..), esta cifra se corresponde con la media de los aprovechados en la década comentada y supone una limitación cuantitativa del derecho mencionado, que sin efectos reales, se ha mantenido en los expediente administrativos desde entonces.

Esta resolución sirve de base a la redacción del estado legal de las ordenaciones que se estaban concluyendo y en las que se recoge que dado que la posibilidad maderable obtenida de los estudios es bastante superior a la concesión reconocida, el resto de la madera debería salir a pública subasta. Para facilitar esta forma de proceder se propone incluso dividir el monte de forma que los aprovechamientos de cada una de esas partes tenga un destino diferenciado.

Nos consta la aprobación oficial de la Ordenación de Covaleda, pero en ninguno de los dos pueblos pudo iniciarse su ejecución. La resistencia del vecindario fue tan fuerte que terminó con desordenes públicos y agresiones a los funcionarios del ramo protagonizados por numerosos vecinos de Duruelo, siendo al parecer, la subasta de la madera una de las motivaciones principales del descontento.

Estos hechos alcanzaron la notoriedad suficiente como para aparecer en la prensa nacional. Tiempo después se celebró el juicio contra varios vecinos, del que salieron absueltos por un jurado popular.

Este orden de cosas explica claramente la falta de aplicación del citado estudio, se tiene constancia de posteriores intentos en los que se redujo la posibilidad maderable y se proponía la adjudicación directa al Ayuntamiento de los aprovechamientos maderables y pascícolas a través de la confección de un pliego particular para facilitar su control, a pesar de todo ello, ambas Ordenaciones quedaron en el olvido y no se tenía noticia de ellas hasta que en fechas recientes pudieron ser rescatadas.

La existencia del inventario de esta ordenación nos permite conocer el estado  del monte de Covaleda a principios del s. XX, justo después de las principales agresiones a las que se ha visto sometido, los datos que reflejan que una parte importante del mismo se describe como claros y claveros, consecuencia de los incendios reiterados que había sufrido y de la presión ganadera. El gráfico adjunto refleja esa situación.

Microsoft Word - Félix M. Pinillos y Máximo Herrera.doc

Durante las décadas siguientes se mantienen los aprovechamientos de concesión, así como cortas de secos, extracontables, etc.… y en todos los casos todas ellas se realizaban por reparto vecinal; en esa época una parte importante de los vecinos realizaban directamente las labores de apeo y saca de los pinos de su “suerte” y realizaban el aserrado de los mismos cuando les correspondía el turno en las sierras de agua existentes en el municipio. Este trabajo realizado durante parte del año, se veía recompensado económicamente por la venta de los productos resultantes y junto con la ganadería resultaban ser la forma de vida de la mayoría de los vecinos de esa época.

Es necesario también referirnos a la figura del matutero que parece bastante presente durante esos años que se dedicaba durante la noche al apeo y labra de los pinos de forma fraudulenta, como única forma de mantener a sus familias.

También es necesario reseñar que en 1901 se aprueba el Catálogo de Montes de Utilidad Pública, en el que figura el monte de Covaleda con su superficie actual, y que supone el reconocimiento legal de la importancia de estos montes para la sociedad, en un ámbito superior al local.

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