LOS MONTES Y LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES EN SORIA ENTRE EL FINAL DEL ANTIGUO RÉGIMEN Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SISTEMA LIBERAL – III

LOS MONTES Y LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES EN SORIA ENTRE EL FINAL DEL ANTIGUO RÉGIMEN Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SISTEMA LIBERAL – III

  1. c) La destrucción de los montes

Buena parte de los aprovechamientos —no sólo los madereros— se realizaron al margen de todo control. En concreto, los pinares fueron objeto de una explotación destructiva desde, al menos, los años treinta del siglo XIX hasta comienzos del XX, sin que las autoridades fueran capaces de reprimirla y contenerla eficazmente. Es más, el hecho de que, conforme avanzaba el siglo, los testimonios y las denuncias de dicha situación fueran cada vez más frecuentes y alarmantes parece sugerir que la intensidad de dicha explotación, aunque por su propia naturaleza no es susceptible de cuantificación, fue creciente. Aunque también es posible que el aumento de las manifestaciones de preocupación y de las peticiones de remedio respondiera a una mayor conciencia del problema y a la creciente visibilidad de sus efectos, dado que éstos tenían un carácter acumulativo. Los incendios y los aprovechamientos fraudulentos supusieron entre 1861 y 1880 cuando menos el 17 por 100 de la producción de los bosques sorianos.

Los pinares, como los demás montes, sufrieron agresiones de varios tipos: roturaciones arbitrarias, pastoreo abusivo, incendios y cortas fraudulentas de madera. Las roturaciones se había iniciado en el siglo XVIII, pero se extendieron y aceleraron considerablemente a raíz de los cambios legislativos liberales y de la desamortización. Este fenómeno afecto sobre todo a las superficies de pasto, pero los montes no salieron indemnes; también fueron objeto de roturas —en especial el monte bajo— y, sobre todo, de un pastoreo abusivo. Precisamente, lo que se buscaba con los incendios, cuando éstos eran provocados[1], era aumentar los pastos disponibles en un momento en que las roturaciones iban estrechado considerablemente los existentes a comienzos de siglo, con efectos muy negativos para la ganadería. En cuanto a lo que estimulaba las cortas era la combinación de una demanda creciente de madera con la progresiva crisis de los medios de vida tradicionales en el área de pinares, la carretería y la ganadería trashumante.

sierra nueva - sepia

Los aprovechamientos madereros de los pinares[2] tenían dos destinos: por un lado, nutrían una modesta industria local, de larga tradición, dedicada a la fabricación de aros, artesones, gamellas, gamellones, lebrillos o chocolateras[3]; y por otro, se orientaba a la preparación de “maderas de hilo y de sierra para la construcción y obras de carpintería”[4]. Una parte de esta madera se exportaba fuera de la provincia, en especial a Zaragoza, Barcelona, Valladolid, Burgos y Madrid. Según el Delegado de Hacienda en Soria, hacia 1885, la madera representaba en torno al 15 por 100 del valor de las exportaciones del sector agrario soriano[5].

En general, el negocio maderero implicaba a numerosos agentes que operaban, cada uno de ellos, a pequeña o muy pequeña escala. Al margen de las cortas autorizadas anualmente por los planes de aprovechamiento, numerosos vecinos de la comarca de Pinares “vivían a la sombra del merodeo, esquilmando fraudulentamente los montes”. La madera que acopiaban estos matuteros alimentaba las serrerías instaladas en el contorno o dentro de los pinares (unas 200 a mediados de la década de 1880); y una vez transformada en tablones, los tratantes la transportaban en pequeñas cantidades desde las mismas serrerías o desde los almacenes de la capital a los principales centros de consumo fuera de la provincia. Del escaso desarrollo mercantil de este tráfico da idea el hecho de que, a veces, la madera no era vendida sino trocado por otros productos, con los que se retornaba a Soria. Así parece que ocurría a finales de siglo en Aragón sonde se intercambiaba la madera por aceite y vino[6].

La amplitud y densidad de las complicidades sociales a las que este esquema de funcionamiento daba lugar en los pueblos, con la implicación de los propios miembros de los ayuntamientos, dificultaba sobremanera la tarea de las autoridades en orden a la persecución de las infracciones y de los delitos sobre los que se sustentaba el negocio. Máxime, si tenemos en cuenta que escaseaban tanto la voluntad política como los medios necesarios para hacer cumplir las leyes forestales[7]. En 1887, el Gobernador Civil de la provincia reconocía que una actuación enérgica y rigurosa a este respecto —como la que él deseaba y para la que, por otro lado, no encontró el suficiente respaldo en sus superiores ni en la Audiencia[8] — resultaba insostenible en el tiempo porque “la entrada de los expedientes era extraordinaria y continua la imposición de multas, contra gentes en su mayoría irresponsables”, que sólo podían pagarlas —algo que, en general, no hacían— extrayendo más árboles del monte[9]. Pese a todo, se empeñó en llevar al mayor número posible de infractores a los juzgados. Él mismo describía, con horror y desaliento, el resultado de su actuación: las cárceles de Soria estaban llenas, centenares de familias de la comarca de Pinares en la miseria … y los montes seguían “devastándose”. A su juicio, era una “enfermedad incurable” porque muchos pinariegos no podían vivir “mas que cortando, elaborando y extrayendo del monte algún pino” y si esto para las leyes constituía un delito para los supuestos delincuentes era “un trabajo honrado”[10]. La distancia que separaba a la norma de la realidad social era insalvable. El remedio que proponía era la privatización de todos los montes públicos[11].

Las destrucciones no afectaron a todos los montes por igual. Los de los pueblos —los antiguos montes “concejiles”—, aunque no se vieron del todo libres de incendios y cortas fraudulentas y abusivas, al estar sujetos a la vigilancia y defensa de ayuntamientos y vecinos, sufrieron menos que los “realengos”. Mucho más afectados resultaron los antiguos pinares “realengos”, como Pinar Grande, que llegaron al umbral del siglo XX en un estado lamentable. Lo cual se debió en parte al confuso estatus legal en que éstos permanecieron hasta finales de siglo. No obstante, no puede responsabilizarse por completo de esta situación al sistema liberal, dado que nos consta que ya en el siglo XVIII estos montes estaban siendo objeto de una explotación anárquica y destructiva. Sólo la constitución de la Mancomunidad y la actuación de los ingenieros del Distrito Forestal ordenando estos montes[12] lograron detener y revertir el proceso, aunque a comienzos del siglo XX los incendios seguían cebándose periódicamente en los montes de la Mancomunidad.

Braulio de Miguel Ureta e Isidro Altelarrea. Primeras personas en subir con una yunta de bueyes a los Picos de Urbión (22-08-1929)

Braulio de Miguel Ureta e Isidro Altelarrea. Primeras personas en subir con una yunta de bueyes a los Picos de Urbión (22-08-1929)

  1. d) La politización

En este clima de conflictividad no es de extrañar que todo lo relacionado con los montes fuera objeto de una intensa “politización”, que, por lo que se refiere a la provincia de Soria está bien documentada.

Hasta que los ingenieros se convirtieron en los principales responsables de la administración forestal sobre el terreno, es decir, hasta los años setenta, los empleados de montes actuaron repetidamente como agentes electorales al servicio del partido que en cada momento ocupaba el poder (encarnado en el Jefe Político o en la Diputación Provincial). Las decisiones y actuaciones relacionadas con los montes —amenazas de desamortización, concesiones o denegaciones de aprovechamientos— se convirtieron en instrumentos eficaces para la coacción electoral y el control político de los pueblos[13]. La búsqueda  de votos empujaba a la compresión y a la tolerancia de no pocos políticos con quienes infringían las leyes forestales. A lo que habría que añadir las extorsiones económicas de los guardas de montes. La corrupción en este ámbito había sido ya frecuente en el Antiguo Régimen y prosiguió al menos en las primeras etapas del régimen liberal. La Diputación Provincial, al dictar en 1841 una Instrucción para la administración, protección y vigilancia de los montes comunes y de propios de los pueblos, pedía a los pueblos ”… que no teman, que desechen todo recelo de miedo a los comisionados que sobre materia de montes se presenten en sus respectivos términos; … no hay por qué, ni para qué, llevados de este miedo, de este terror que les infundieran y aún hoy mismo les infunden los recuerdos de prácticas antiguas y abusos criminales que consintieron los anteriores Gobiernos de la época del despotismo, no hay para qué ni por qué, repite la Diputación, acudan con sus regalos, con sus propinas ni otro género de donativos a tales comisionados bao la esperanza de que les encubran sus defectos, les dispensen sus talas o les disimules sus escesos …”[14]

Este texto resulta revelador de cómo fueron durante buena parte del siglo XIX las relaciones de los pueblos con los encargados de vigilar el cumplimiento de las leyes de montes, al tiempo que contribuye a explicar tanto la limitada aplicación de éstas como el recelo y la animosidad con que los vecinos de los pueblos contemplaron durante mucho tiempo el trabajo de los empleados de la administración forestal.

  1. Algunas consideraciones finales

Los cambios económicos que se produjeron en el área serrana de la provincia de Soria en transcurso del siglo XIX —decadencia de la trashumancia, progresiva pérdida de importancia de la carretería, manifestación de los límites de la expansión de la agricultura mediante roturaciones— convirtieron la explotación maderera de los montes (más adelante adquiriría importancia la resina), especialmente de los pinares, en una actividad de gran relevancia —mayor de la que había tenido hasta entonces— para la supervivencia de los pueblos.

Dicha explotación se realizó durante mucho tiempo de forma desordenada o anárquica, lo que comportó importantes destrucciones. Los incendios provocados (para aumentar y mejorar los pastos y hacer posible el aprovechamiento de los árboles quemados y soflamados) y las cortas  fraudulentas, además de constituir un modo de vida —de supervivencia, más bien— para muchos habitantes de la comarca de Pinares, deben ser vistos como formas de resistencia y de protesta, primero, contra la inseguridad en la posesión de los montes (debida al proceso desamortizador) y, después, contra el intervencionismo administrativo en su gestión. En una fecha tan avanzada como 1907, los ayuntamientos de 49 pueblos de la provincia, reunidos en Soria para proponer reformas de la legislación forestal vigente, en el sentido de reforzar la autonomía municipal, achacaban parte de los incendios provocados a “la protesta contra el cambio de régimen hecho o proyectado contrariando el sistema comunal de aprovechamiento y de costumbres inveteradas”[15]. El tono de este texto sugiere que era por entonces cuando empezaba a ser realmente efectivo el control administrativo de los aprovechamientos[16].

Las destrucciones fueron mayores y se prolongaron durante más tiempo en los montes “realengos” que en los “concejiles”. Esta diferencia cabe atribuirla a dos factores. Primero, a la más temprana y mejor definición de los derechos de propiedad de los montes “concejiles” en relación con los “realengos”. Segundo, a la implicación más directa de los vecinos en la conservación de los montes concejiles, especialmente en algunos pueblos de la comarca de Pinares, por la aceptación del derecho al reparto de pinos. En definitiva, el que los vecinos percibieran el monte como algo propio, algo de lo que seguían obteniendo beneficios individuales y colectivos, directos e indirectos, aunque éstos ya no estuvieran relacionados con una economía de subsistencia ni con las actividades tradicionales, resultó esencial para la conservación del arbolado.

Por otro lado el respeto a los repartos de pinos constituye un buen ejemplo de cómo la legislación liberal en materia de montes sufrió adaptaciones, que acabaron siendo legalizadas o reconocidas de facto por las autoridades, para evitar o suavizar la ruptura con las tradiciones y prácticas del Antiguo Régimen. Otros ejemplos serían el reconocimiento de una propiedad compartida sobre los antiguos montes realengos entre el Ayuntamiento de la ciudad y la Mancomunidad de los 150 pueblos; o la supervivencia, en la práctica, de la mancomunidad de pastos mucho más allá de la promulgación de las normas destinadas a acabar con ella.

Covaleda 1920

Bibliografía citada

ALCALDE JIMÉNEZ, José Maria (1997): El poder del señorío. Señorío y poderes locales en Soria entre el Antiguo Régimen y el Liberalismo, Junta de Castilla y León, Valladolid.

BALBOA LÓPEZ, Xesús (1999): “La historia de los montes públicos españoles (1812-1936): Un balance y algunas propuestas”, Historia Agraria, 18, pp. 95- 128.

BREÑOSA, Rafael (1869): “Noticias sobre los incendios en los pinares de la ciudad y Tierra de Soria”, Revista forestal, económica y agrícola, II, pp. 168-176.

CABALLERO DOMÍNGUEZ, Margarita (1994): El sufragio censitario. Elecciones generales en Soria durante el reinado de Isabel II, Junta de Castilla y León, Valladolid.

CALAVIA REDONDO, Margarita (1985): “Ecología y explotación de los bosques sorianos”, Tesis Doctoral (Universidad de Zaragoza. Facultad de Geografía e Historia).

CUEVAS DEL REY, Enrique de las (1925): Índice legislativo forestal, Huesca. EXPOSICIÓN Y BASES para la reforma de la legislación forestal aprobadas por la Asamblea de Ayuntamientos de la provincia de Soria, celebrada en su capital el 10 de octubre de 1907, Soria, 1907.

GARCÍA TERREL, Ana María (1958): Salduero. Estudio de un Municipio de los pinares sorianos del Alto Duero, Departamento de Geografía Aplicada del Instituto Elcano, Zaragoza.

HERRERO SALAMANCA, Vicente (1903): Noticia estadística sobre la riqueza agrícola de la provincia de Soria, Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas. Dirección General de Agricultura, Madrid.

JIMÉNEZ BLANCO, Ignacio (2002): “El monte: una atalaya de la Historia”, Historia Agraria, 26, pp. 141-190.

KLEINPENNING, Johan Martín Gerard (1962): La región pinariega. Estudio geográfico del noroeste de Soria y sudeste de Burgos (España), Groningen.

LOPERRAEZ CORVALÁN, Juan (1788): Descripción histórica del Obispado de Osma, Madrid [Turner, Madrid, 1978].

LUCAS SANTOLAYA, José Antonio (1999): “La ordenación de Pinar Grande”, Revista de Soria, 26, pp. 41-54.

MORENO PEÑA, José Luis (1991): “La economía forestal en los municipios con “pinos de privilegio” de la tierra de pinares de Burgos”, Estudios Geográficos, LII, 203, pp. 263-289.

NOVÍSIMA recopilación de las leyes de España, Madrid, 1805,

ORDAX AVECILLA, César (1887): Memoria redactada en cumplimiento del artículo 26 de la Ley Provincial vigente, Soria.

ORDENANZA de montes, y plantios, que se expidio en siete de diciembre de mil setecientos quarenta y ocho, por Real Cedula de S.M. para la mas exacta observancia de los Corregidores, y Justicias del Reyno; y mandada reimprimir por el Señor Don Thomas Casanova de Arnuero y Rada, Corregidor, y Juez Subdelegado de los Montes, y Plantíos de esta Provincia, por Su Majestad, &c, Soria, 1795.

PÉREZ ROMERO, Emilio (1995): Patrimonios comunales, ganadería y sociedad en la Tierra de Soria, Junta de Castilla y León, Valladolid.

PÉREZ ROMERO, Emilio (1999): “La evolución del patrimonio de la Mancomunidad de los 150 pueblos de la Tierra de Soria durante el siglo XIX”, Revista de Soria, 26, pp. 65-76.

RINGROSE, David R. (1985): Madrid y la economía española, 1560-1850. Ciudad, Corte y País en el Antiguo Régimen, Alianza Editorial, Madrid.

SANZ FERNÁNDEZ, Jesús (1985): “La historia contemporánea de los montes públicos españoles, 1812-1930. Notas y reflexiones (I)”, en Ramón Garrabou y Jesús Sanz Fernández (eds.), Historia agraria de la España contemporánea. 2.  

Expansión y crisis (1850-1900), Crítica, Barcelona, pp. 193-228.

Maximino Peña. La Ilustración Española y Americana (22-01-1908)

Maximino Peña. La Ilustración Española y Americana (22-01-1908)

[1] En el verano de 1869 ardieron en la provincia de Soria 7.274 hectáreas de pinar, que destruyeron 35.744.537 árboles, valorados en 365.161 escudos; el 49 por 100 de la superficie quemada y el 31 por 100 de los árboles correspondían a Pinar Grande y Santa Inés. El núcleo de los incendios fue  Pinar Grande, desde el cual se propagaron a los demás pinares de la zona [Breñosa (1869), pp. 175-176].

[2] También eran maderables algunos robledales (Arguijo, La Póveda, Sotillo y Aldehuela del Rincón), hayedos y enebrales. Su producción tenía diferente destino, en función de las características de cada tipo de madera (la construcción, la fabricación de aperos de labranza y la ebanistería eran los usos mas frecuentes; aparte de esto, la madera de haya se utilizaba para fabricar cajas y cajones como envases para mantequilla y la de enebro para postes telegráficos), pero, en general, no salía de la provincia, salvo las duelas de roble que demandaba la industria vinícola riojana [Herrero (1903), pp. 30-31].

[3] Por lo que se refiere al siglo XVIII, Loperraez (1788), t. II, p. 3, alude a esta actividad, que por otro lado confirma el Catastro de Ensenada.

[4] Herrero (1903), p. 30.

[5] Por delante estaban la lana (35 por 100), el ganado (29 por 100) y los granos (21 por 100). No es de extrañar que los pastos constituyeran, en términos monetarios, el principal esquilmo de los montes sorianos hasta después de la Guerra Civil (Archivo del Banco de España, Secretaría, leg. 1.027).

[6] Archivo del Banco de España, Secretaría, leg. 1.027, informes del Delegado de Hacienda y del Comisionado del Banco de España en Soria. La cifra de serrerías en Ordax (1887), p. 39.

[7] A finales de la década de 1860, las 125.255 hectáreas de monte de la provincia estaban al cuidado de 170 guardias rurales [Breñosa (1869), p. 170]. En 1877 se encomendó a la Guardia Civil la vigilancia de los montes públicos, pero la multitud de funciones que ésta debía atender y el hecho de que compartiera aquella función con los guardas dependientes del distrito forestal y los guardas locales, todos ellos también con otros cometidos, limitaron la eficacia de la medida.

[8] En diciembre de 1886 trasladó al Presidente de la Audiencia de Soria 1.256 denuncias pendientes de pago [Ordax (1887), p. 36].

[9] Ordax (1887), p. 34-35; para un planteamiento completo del problema véanse las pp. 28-43.

[10] Ordax (1887), p. 37.

[11] Ordax (1887), p. 42.

[12] Sobre la ordenación de Pinar Grande, Lucas (1999).

[13] Caballero (1994).

[14] Boletín Oficial de la Provincia, 5 y 21 de mayo de 1841.

[15] Exposición y Bases (1907), p. 15. Más adelante, se afirma que debieran ser los pueblos quienes fijasen los aprovechamientos, puesto que lo contrario “causa o puede causar perjuicios y sobre todo trastornos en la vida económica de los pueblos, dueños de montes ordenados; [lo que] puede ser causa de que los pueblos no tengan el interés que debían tener en la conservación de sus fincas y hasta de que se aumente el número de los incendios intencionados, por no faltar, desgraciadamente, quien tal vez los desee al carecer de parte de un aprovechamiento en que siempre ha intervenido y cuya privación le causa un perjuicio directo, que no lo cree compensado con el beneficio que indirectamente recibe al ser aumentados los ingresos del Ayuntamiento” (p. 20).

[16] Es posible, no obstante, que estas Exposición y bases respondan a un texto tipo al que, simplemente, se le han añadido algunos datos relativos a la provincia.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, PRENSA y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LOS MONTES Y LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES EN SORIA ENTRE EL FINAL DEL ANTIGUO RÉGIMEN Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SISTEMA LIBERAL – III

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s