LOS APROVECHAMIENTOS COMUNALES EN LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS – I

En el año 2005 se celebraron en Covaleda unas Jornadas Forestales dedicadas al Desarrollo y Aplicación de las Ordenanzas de Aprovechamientos Forestales. En ella se impartieron muy interesantes conferencias impartidas por expertos en la materia, las cuales, poco a poco iremos compartiendo aquí, ya que son historia viva de nuestro pueblo y de la comarca de pinares.

Para hacer más amena su lectura, como siempre, he dividido las charlas en capítulos, ya que alguna de ellas es muy larga.

Espero que os gusten.

06

LOS APROVECHAMIENTOS COMUNALES EN LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS A PARTIR DE SU REPOBLACIÓN EN LOS SIGLOS XI Y XII: EL CASO DE LA TIERRA DE SORIA

Máximo DIAGO HERNANDO

Instituto de Historia. CSIC. Madrid.

1.- Introducción: La organización jurisdiccional del territorio en “comunidades de villa y Tierra” en los reinos de Castilla y León al sur del Duero.

En los reinos de Castilla y León se dio un fuerte contraste en la forma de organización jurisdiccional del territorio entre las tierras situadas al norte del Duero y las que se extendían al sur de este río, que se incorporaron a partir de las últimas décadas del siglo XI. En el primer sector las tareas de colonización y apropiación de la tierra para su aprovechamiento económico avanzaron de forma lenta y escasamente planificada, dando como resultado una notable fragmentación jurisdiccional del espacio, que propició que también éste quedase extraordinariamente fragmentado a efectos de su aprovechamiento agropecuario. Proliferaron en estas regiones septentrionales los pequeños núcleos de población con autonomía jurisdiccional, que tenían delimitados sus propios términos, en los que no se reconocía ningún tipo de aprovechamiento a los vecinos de los lugares de alrededor, que dependían de otras jurisdicciones, salvo en los casos en que se hubiesen establecido hermandades de pastos entre lugares colindantes, en virtud de las cuales los ganados de los vecinos de un lugar podían ser llevados a pastar durante las horas del día a los términos del otro lugar, y viceversa, siempre con la obligación de regresar a su lugar de origen antes de ponerse el sol. Esta forma de organización jurisdiccional del territorio en pequeñas unidades yuxtapuestas dificultó, por tanto, en notable medida la movilidad del ganado en busca de pasto, y por otro lado favoreció la proliferación de conflictos en torno a la fijación de los límites de los términos, y por razón de las constantes transgresiones cometidas en los términos de los lugares colindantes.

Un segundo factor clave para explicar las peculiaridades del régimen de aprovechamiento agropecuario consolidado en las regiones septentrionales de los reinos de Castilla y León en época medieval radica, por otra parte, en la mayor implantación que allí tuvo en un primer momento el régimen señorial, que propició que extensos espacios de pasto y monte quedasen bajo dominio eminente de señores, en muchos casos monasterios y, en otros, miembros de la nobleza. Pero con bastante frecuencia los derechos señoriales sobre estos espacios no estuvieron suficientemente bien definidos, y como consecuencia los vasallos ofrecieron abierta resistencia a reconocérselos a sus respectivos señores, dando así lugar al planteamiento de enconados conflictos, que en muchos casos desembocaron en los tribunales de la monarquía.

Por contraste la repoblación de las tierras al sur del Duero se realizó de forma mucho más planificada. Fueron los reyes, a quienes por derecho se les reconocía la propiedad de todas las tierras que se iban incorporando a sus reinos, bien por conquista militar a los musulmanes o por simple apropiación de territorios vacíos o escasamente poblados, que no habían estado sometidos formalmente a ninguna instancia de poder durante bastante tiempo, los que tomaron a su cargo la tarea de organizar el poblamiento y la puesta en explotación de estos inmensos espacios que se extendían al sur del río Duero. Para ello pusieron en práctica el procedimiento de dividir el espacio en las llamadas “comunidades de villa y Tierra”, extensos territorios sometidos a la jurisdicción de un importante núcleo urbano amurallado, en los que todas aquellas tierras que no fuesen objeto de apropiación individual para su roturación y cultivo, y que por consiguiente continuarían formando parte del real patrimonio, se habían de aprovechar en régimen comunal por todos los vecinos del núcleo cabecera y de las aldeas dependientes, conforme a las directrices marcadas por el órgano de gobierno del núcleo cabecera. Se trataba de un modelo de repoblación más planificado, en el que no todo se dejaba al albur de las presuras realizadas de forma anárquica por los campesinos colonizadores, pero en el que probablemente todavía no se había llegado al grado de sofisticación de las repoblaciones del siglo XIII en Andalucía y en Murcia, del que dan fe los libros de repartimiento conservados en estas regiones, que no tenemos noticia de que se llegasen a elaborar para organizar el reparto de tierras en las comarcas al sur del Duero conocidas con el nombre de “Extremaduras”.

trabajando en el pinar 1972-2

Las primeras grandes repoblaciones realizadas conforme a este modelo fueron las de Segovia y Ávila, de las que el rey Alfonso VI encargó a su yerno Raimundo de Borgoña, que dieron lugar a la consolidación de unos territorios extraordinariamente extensos, susceptibles de ampliarse aún más mediante la conquista de nuevas tierras a los musulmanes, ya que sus límites por el sur se dejaron abiertos. Y, varias décadas más tarde, fue el monarca aragonés Alfonso I el responsable de la creación de la otra gran comunidad de villa y Tierra de la región, la de Soria, ciudad a la que éste erigió en el año 1120 como capital de un extenso territorio en la cabecera del Duero en el que llegó a haber más de 250 aldeas, y que quedó incorporado definitivamente a la Corona de Castilla durante el reinado de su hijastro, Alfonso VII.

El territorio abarcado por estas grandes comunidades de villa y Tierra, junto a las que se consolidaron otras muchas de extensión más modesta, no permaneció inalterado con el transcurso del tiempo, sino que por un lado tuvieron lugar fenómenos de agregación de nuevos lugares, mientras que, por otro, abundaron también las operaciones de segregación de aldeas por decisión de la monarquía para su entrega en señorío a miembros de la nobleza. El resultado final fue una progresiva contracción de estos grandes espacios, que dio paso a una situación de mayor disgregación jurisdiccional. Pero en líneas generales las principales comunidades de villa y Tierra constituidas en los siglos XI y XII lograron pervivir hasta el fin del Antiguo Régimen, a comienzos del siglo XIX, conservando el grueso de los términos que les habían sido inicialmente asignados.

El régimen de aprovechamiento agropecuario que se impuso en estos extensos espacios conocidos como “comunidades de villa y Tierra” presenta importantes peculiaridades que lo diferencian del que se consolidó en otras regiones de Castilla, tanto del norte como del sur, pudiéndose destacar entre ellas el hecho de que posibilitó la explotación comunal de extensos espacios de pasto y de monte. Fue un régimen, por lo tanto, especialmente favorable para la práctica de la ganadería extensiva, ya que facilitó los desplazamientos de los ganados en busca de pastos en espacios bastante extensos. Pero, aunque el pasto fue sin duda el principal de los aprovechamientos comunales en estos territorios, no fue el único, y en determinadas comarcas también llegó a alcanzar notable desarrollo el aprovechamiento maderero, de igual manera practicado en régimen comunal. Para comprobarlo basta con centrarse en el análisis de una en concreto de las grandes comunidades de villa y Tierra constituidas en la Plena Edad Media en la Extremadura castellana, la de Soria, que hemos escogido como ejemplo ilustrativo para la presente exposición.

trabajando en el pinar 1972

2.- Los términos realengos en la Tierra de Soria: Definición y delimitación

Al procederse a la repoblación de la Tierra de Soria todas las tierras comenzaron perteneciendo teóricamente al rey. Para facilitar la tarea de colonización éste reconoció, no obstante, a todos cuantos acudieron a repoblar este territorio el derecho a convertirse en propietarios de tierras destinadas a la labranza. La falta de documentación no permite conocer con precisión por qué vías podía adquirirse en un primer momento este derecho de propiedad, si por simple presura, como había sido la norma en las repoblaciones de las regiones más septentrionales del reino, o por virtud de repartos efectuados por la autoridad pública encargada de planificar el proceso de colonización, como nos consta que hicieron los repartidores nombrados por el rey en los concejos andaluces y murcianos después de la conquista de estas tierras a los musulmanes durante el siglo XIII. Cualquiera que fuese el procedimiento seguido, lo cierto es que estas tierras concedidas en plena propiedad a personas particulares o a corporaciones sólo representaron una fracción del conjunto de las disponibles en el extenso espacio abarcado por la Tierra de Soria.

De hecho el proceso de apropiación de tierras por particulares para destinarlas a la labranza progresó bastante más en los sectores llanos que en los serranos de este ámbito jurisdiccional, y así se reconoció a finales del siglo XV en un memorial presentado en la Chancillería de Valladolid por Juan Sánchez de Montenegro, procurador de las aldeas serranas de la Tierra de Soria, en el que sostenía que en los campos llanos de la Tierra “Ay muchos y grandes heredamientos de labranças de sennores particulares en los cuales los vesinos de los lugares se pueden buenamente sostener”, mientras que por contraste en la sierra las tierras labradas no bastaban para coger ni siquiera la quinta parte del cereal necesario para el mantenimiento de sus vecinos.

El conjunto de tierras no apropiadas de forma individual continuaron formando parte del patrimonio del rey, y por ello fueron conocidas con el nombre de realengas. Pero de hecho sobre ellas se estableció un régimen de condominio, en virtud del cual el monarca compartió el dominio eminente con el concejo de ciudad y Tierra de Soria como institución que encarnaba a la sociedad política local, si bien es cierto que en caso de conflicto siempre prevalecía el derecho del primero, que podía enajenar parte de estas tierras si le parecía oportuno. Y, en efecto, así lo hizo con relativa frecuencia, unas veces para efectuar mercedes graciosas a determinados individuos cuyos servicios deseaba premiar, y otras para obtener ingresos para la Real Hacienda mediante su venta en pública subasta, como ocurrió durante el reinado de Felipe II.

Por éstas y otras razones el espacio abarcado por los términos realengos experimentó continuas alteraciones, pero, pese a todo, mantuvo en la Tierra de Soria una extensión considerable hasta el final del Antiguo Régimen. Y así, basándose en las informaciones aportadas por el Catastro del marqués de la Ensenada, Emilio Pérez Romero ha calculado que a mediados del siglo XVIII éstos ocuparían una superficie aproximada de 120.000 hectáreas, que entonces representaban en torno al 40 por ciento de la superficie total de la Tierra de Soria.

Por las razones ya indicadas, donde mayor extensión alcanzaron y mantuvieron estos términos fue en el sector septentrional serrano de la Tierra, el menos apto para la agricultura, y en el que por lo tanto en el momento de la repoblación menor número de personas se interesaron por la adquisición de parcelas en plena propiedad para destinarlas a la labranza. Allí abundaban los montes de pinos y de robles y los terrenos de pastos apropiados para el ganado ovino, y durante muchos siglos proporcionaron abundante alimento al elevado número de cabezas de ganado trashumante que llegaron a reunir los vecinos de la ciudad de Soria y su Tierra. De ahí que, como veremos, hasta bien entrado el siglo XIX el aprovechamiento más relevante desde el punto de vista económico de todos estos términos realengos fuese el de los pastos, que,  por lo demás, era el que más interesaba a las familias de la oligarquía que controlaban el concejo de Soria, las cuales en su mayoría tenían fuertes intereses en la ganadería trashumante.

Fuera del sector serrano hubo, no obstante, también otros muchos términos realengos desperdigados por el extenso ámbito jurisdiccional de la Tierra de Soria, con aptitudes muy diversas, de entre los cuales se puede destacar por su mayor extensión el comprendido entre Noviercas y las villas de Ciria y Borobia, próximo a la frontera con el reino de Aragón. Estos realengos localizados en el sector llano experimentaron por otra parte algunas pequeñas ampliaciones tras la despoblación en el transcurso de los siglos XIV y XV de algunas de las muchas aldeas que en el momento de la repoblación se habían fundado en Tierra de Soria. Según disponía la ley, los términos de estas aldeas, al quedar deshabitadas, debían incorporarse de nuevo a la propiedad realenga, respetando por supuesto los derechos de propiedad que las distintas personas particulares avecindadas en otros lugares que pudiesen demostrar que poseían sobre las tierras de labranza comprendidas en dichos términos. En la práctica, no obstante, miembros de la oligarquía soriana consiguieron hacerse con el control de la mayoría de estos términos despoblados, que convirtieron en fincas de su exclusiva propiedad, excluyéndolas del régimen de comunidad universal de pastos vigente en la Tierra de Soria. Y por esta razón los realengos no se ampliaron en la medida en que el proceso de desaparición de múltiples pequeñas aldeas que tuvo lugar durante el siglo XV habría hecho esperar. Pero algunos sí pudieron ser salvados de la codicia de estas familias, y, en muchos casos tras largos litigios en la Chancillería de Valladolid, terminaron engrosando el amplio patrimonio realengo existente en la Tierra de Soria, para el provecho del conjunto de sus vecinos.

tPELANDO PINOS

Si por un lado tuvieron lugar estas pequeñas ampliaciones en los sectores llanos de la Tierra, por otro, sin embargo, en este mismo sector la puesta en marcha de la operación de venta de tierras baldías por decisión de Felipe II provocó un importante retroceso del patrimonio realengo, puesto que, lógicamente, fueron las tierras más aptas para la agricultura las que mayor demanda generaron, y éstas se localizaban en su práctica totalidad en el sector llano. Durante el siglo XVII la monarquía no volvió a recurrir a este tipo de operaciones, pero tras el acceso al trono de los Borbones en el siglo XVIII se puso de nuevo en marcha en 1738 una operación de venta de baldíos por la Hacienda Regia que también afectó a los realengos sorianos. Pero en esta ocasión, ante la resistencia ofrecida a las ventas por la sociedad política local, encabezada por los grandes señores de ganados, se terminó llegando a una solución de compromiso, consistente en el pago por la ciudad y Tierra de Soria de 130.000 reales a la monarquía a cambio de que ésta renunciase a su propósito de enajenar los baldíos en esta jurisdicción.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LOS APROVECHAMIENTOS COMUNALES EN LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS – I

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s