LA GANADERÍA EN LA HISTORIA DE COVALEDA – Pedro Poza Tejedor – FIN

LA GANADERÍA EN LA HISTORIA DE COVALEDA – Pedro Poza Tejedor – FIN

Covaleda en el siglo XIX

El siglo XIX no fue precisamente un periodo favorable para la historia de España, la comarca de Pinares en general y Covaleda en particular. La guerra de la independencia trajo consigo una brusca caída del censo ovino y precipitó el desmantelamiento de la organización pastoril mesteña, lo que se tradujo en una menor producción lanera y por tanto la menor demanda de su transporte. El declive de la trashumancia arrastró en parte a la carretería, sobre todo la de largo recorrido. Algunos carreteros sorianos pasaron a vivir a Cádiz, donde dedicaron su actividad al comercio con América.

Covaleda sufrió por partida doble las consecuencias de la guerra de la independencia. Por un lado se sabe de la presencia francesa en el pueblo, donde parece que aprovecharon para rapiñar objetos sacros de valor que hoy en día se echan en falta en la iglesia parroquial.

Fue práctica continua de los franceses allá por donde pasaron la de obligar a la población local a contribuir con víveres, dinero y ganados para la manutención del ejército invasor. Covaleda no debió ser una excepción y seguro que tuvo que suministrar, entre otros, trigo, harina, vino, y ganados como fuente de carne para la ración. La cabaña ganadera del pueblo se vería así mermada en machos cabríos, carneros y algún buey. Pero no contentos con esto los franceses hacían también requisas de yuntas, carros, caballerías y herraduras, que en la mayoría de los casos no fueron ni pagados ni devueltos. Esto es lo que pudo pasar en el pueblo de Covaleda y a los carreteros serranos por las dehesas y caminos de España.

Galeria militar contemporánea, 1

Hay ejemplos conocidos como el que sufrió a principios de 1.808 un carretero de Salduero, a quien los franceses le arrebataron ganado, carretas y enseres y tan solo pudo salvaguardar cinco bueyes. O el caso de unos vecinos de Quintanar de la Sierra y Navas del Pinar que el día 11 de abril de 1.811 cuando estaban al cuidado de ganado carretero llegaron tropas francesas y se apropiaron por la fuerza de 240 reses vacunas en pastoreo.

Añadido al esfuerzo material que debieron hacer los vecinos de Covaleda para el sostenimiento de los franceses, con sus ganados incluidos, el pueblo debió contribuir también en los mismos términos con las tropas y guerrilla nacionales en paso por la zona, como fue el caso del Cura Merino.

Durante la guerra de la Independencia y en el término de Covaleda tuvo lugar un episodio bélico que al parecer enfrentó a cuatro compañías francesas con tropas españolas. El escenario de la acción fue un paraje entonces famoso llamado la Escalerilla, situada de camino entre Salduero y Covaleda. Se trataba de un estrecho rocoso muy abrupto en el que fue preciso labrar escalones que facilitaran su paso a pie y el tránsito desmontado con las caballerías. Ya en la segunda mitad de siglo XIX fue abierto paso en el peñasco por medio del pico y el uso de barrenos.

El paso y refugio de partidas carlistas por la zona supuso de nuevo en los pueblos serranos un esfuerzo en víveres, ganados e incluso personas.

Al embate que asestaron la guerra de la independencia y las guerras carlistas a la cabaña ganadera y a la carretería se unieron luego la pérdida de ciertos privilegios como fue la limitación al aprovechamiento de pastos para los ganados carreteros, la derogación de las ordenanzas y de la propia Cabaña Real. Todas estas circunstancias y otras contribuyeron al declive paulatino de la carretería, una industria que había gozado durante siglos de gran prosperidad.

La menor demanda del transporte de largo recorrido empujó a los habitantes de los pueblos carreteros para subsistir a volcar su actividad en el bosque, sobre todo en el aprovechamiento maderero. Al intensificar la presión que se ejercía sobre el monte, en especial Pinar Grande, dio lugar a una sobreexplotación del mismo como resultado de cortas abusivas, sobrepastoreo e incluso quemas.

Los incendios provocados fueron una práctica frecuente para facilitar el aprovechamiento de pastos y maderas. Y así la prensa de la época nos da cuenta de infinidad de incendios ocurridos en el monte de Covaleda durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Se achacaba en algunos casos la autoría de los mismos a pastores y ganaderos al tratar de aumentar la superficie de pasto disponible para sus ganados y a otros vecinos para tener mejor acceso a la madera quemada.

Como fuente de ingresos municipales y al igual que ocurrió durante el siglo XVIII, el Ayuntamiento de Covaleda volvió a sacar en subasta pública, al menos desde 1.835, el arriendo de las hierbas sobrantes de los quintos agostaderos de la sierra para ganado lanar trashumante. Estas subastas tuvieron continuidad  cuando menos hasta finales del siglo XIX, pese a que hubo ocasiones en las que algunos quintos resultaron desiertos. Nos son familiares los nombres de los quintos que salieron a subasta por ejemplo en 1.863: Cueva Mujeres, Cubillos, El Hornillo, Laguna Helada, Llanos de Sierra, El Vecedo, Pino Seco, Zamplón o Bocalprado.

La ganadería no fue ajena a la crisis que se prolongó durante casi todo el siglo XIX, muestra de lo cual fue el descenso generalizado que experimentó la cabaña ganadera de Covaleda con relación a épocas anteriores.

Si atendemos a la evolución de la riqueza pecuaria entre 1.752 (Catastro de la Ensenada) y 1.881, tan solo el ganado caballar y el ovino tuvieron al final un aumento de efectivos, mientras que por el contrario el resto de especies domésticas descendieron en mayor o menor medida.

El repunte del ganado caballar quizás se debiera a su uso creciente para la carga y transporte de productos derivados de la madera elaborados por gamelleros y areros, actividades que repuntaron tras el declive de la carretería de largo recorrido.

En el caso del ganado ovino, de poca importancia relativa en Covaleda y aunque con altibajos, se observa al final del periodo un aumento del censo, quizás motivado por el valor añadido que proporcionaba la lana en ese momento.

Por el contrario, el descenso de la cabaña bovina fue muy marcado, consecuencia directa del declive carretero de puerto a puerto. En el caso del caprino, la bajada desde mediados del siglo XVIII es brutal y con relación a mediados de siglo XIX la caída en 1.881 supuso cerca del cincuenta por cien. En esta disminución influyó el límite máximo establecido por la autoridad gubernativa y forestal para la especie caprina, establecido en 700 cabezas para el monte pinar de Covaleda.

Pero incluso el contingente de cerdos destinados a la matanza domiciliaria, lo cual es un indicador de riqueza, se vio afectado de forma negativa con las consecuencias que ello conllevaba para el sustento de las familias.

Si nos situamos ahora en el año 1.856 nos aparecen en Covaleda algunos personajes conocidos de alguna manera por nosotros, como fue Don José Peña Cámara, médico de Covaleda que da nombre a la famosa Mina del Médico, por ser él quien registrara el yacimiento de hierro existente en dicho paraje. Don José Peña disponía de dos caballos de silla y seis cabezas de ganado vacuno.

Asimismo encontramos a Don Fermín Llorente Llorente, maestro natural y de ejercicio en Covaleda durante muchos años y que tenía por entonces una yegua, una oveja y 4 colmenas.

Don Pablo Martínez Cebrián, fue el primer veterinario del que hemos encontrado referencia documental en Covaleda. Durante el tiempo en que ejerció la veterinaria en el pueblo, desde al menos 1.855 y hasta mediados de 1.867, nacieron en él siete de sus hijos. De Covaleda se trasladó a Soria donde pasó a ejercer en la Calle del Ferial. Para sus desplazamientos en Covaleda tenía como montura una yegua.

D. Cándido Domínguez García, cura de la parroquia durante cerca de cincuenta años, fue quien bautizó y enterró a Melitón Llorente. En 1.856 éste cura mantenía 4 colmenas y un caballo.

El alcalde de Covaleda en 1856 era Urbano Martínez, quien como ganadero era propietario de 6 yeguas, 12 vacunos cerriles, 62 cabras, 16 ovejas y 2 colmenas.

Pascual Llorente, padre del Tío Melitón, declaró 90 cabras en el año 1856, lo que en ese momento representaba el 6º máximo propietario de caprino del pueblo, mientras que el mayor ganadero de aquella especie era Eduardo García con 410 cabezas.

Y para ver que los nombres se repiten, que no los hombres, había en Covaleda en 1856 un vecino llamado Hilario Rioja, con 2 vacunos, y otro de nombre Pedro Sanz, con un vacuno.

Ocho años después, en 1864, nos aparece otro vecino conocido por todos.  Se trata de Cipriano García Llorente, el Tío Lerín, de 27 años y de oficio pastor de cabras. Contaba entonces con 29 cabezas de cabrío además de tener un vacuno domado. El careo pastoril de su hatajo se extendía por la solana de La Cuesta, donde estaba la majada que dio nombre al lugar que hoy conocemos como La Majada Lerín.

Como todos o muchos sabéis el final de Cipriano García sucedió a mano airada y tuvo lugar el día 9 de julio de 1.870 en el paraje conocido desde entonces como La Cruz de Lerín. La Mano que quitó la vida a Cipriano García fue la de su convecino Melitón Llorente, el Tío Melitón, quien después de matarlo, arrastró su cuerpo despeñándolo por una cuerda al término de Vinuesa, sin que fuera encontrado el cadáver hasta pasados cinco días.

Precisamente y en la semana cultural del pasado año de 2013, Pedro Sanz Lallana al tratar sobre el Tío Melitón, se preguntaba por las circunstancias que rodearon su vida, por cuál sería su posición social y económica, si se trataba de un pobre pastor o si por el contrario era dueño de bastante ganado.

Pues bien, lo que he encontrado al respecto es que en 1.864, cuando Melitón Llorente tenía 26 años de edad era propietario de un hatajo de 20 cabras. Muy probablemente los animales debían proceder de su padre Pascual. El Tío Melitón tomó por tanto de su progenitor el oficio de cabrero y parte de su rebaño.

Pero con el paso de los años Melitón Llorente fue acrecentando su cabaña ganadera tanto en número como en especies, hasta alcanzar una cifra considerable, puesto que en las listas del censo electoral para elección de diputados a cortes elaboradas en 1.877 aparecía incluido Melitón Llorente Rioja, de profesión pastor y domiciliado en la Calle Poniente nº 33 de Covaleda.

¿Qué quiere decir esto?, los electores con derecho a voto no eran todos los vecinos mayores de edad sino los varones con mayor renta y contribución a la hacienda pública. El número de electores totales o máximos contribuyentes ascendía en Covaleda a 41 vecinos, menos de la cuarta parte del total de la vecindad. De aquellos, el porcentaje mayor correspondía a los carreteros, en número de 22; seguido de los pastores, 10; 4 propietarios y 2 arrieros, a los que había que sumar por capacidades al cura, D. Cándido Domínguez García; el médico-cirujano, D. José Peña Cámara y el maestro D. Fermín Llorente Llorente.

A partir de aquí podemos afirmar ahora que el Tío Melitón se encontraba en ese momento entre los mayores propietarios de Covaleda, donde gozaba por tanto en una buena posición económica, aunque quizás no social entre la mayoría de sus convecinos.

Pese a que Melitón Llorente figuraba entre los electores, finalmente no pudo ejercer más el derecho a voto puesto que murió como todos sabéis en la Calleja de Los Bolicios de tres disparos la tarde noche del cinco de enero de 1878 a la edad de 39 años.

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LOS BOLICIOS. CALLE Y PARAJE Desde esta pequeña pared se disparó el trabuco que acabó con la vida y las fechorías de Melitón Llorente la víspera de Ios Reyes de 1870 .

LOS BOLICIOS. CALLE Y PARAJE
Desde esta pequeña pared se disparó el trabuco que acabó con la vida y las fechorías de Melitón Llorente la víspera de Ios Reyes de 1870 .

Para combatir el hambre y la necesidad, los vecinos de Covaleda se vieron obligados durante el siglo XIX a emplearse en la agricultura, una actividad que no había sido habitual hasta entonces en la localidad. Desde la primera mitad de siglo una parte del praderío de Covaleda se dedicó al cultivo de centeno. Esta actividad agrícola iba en detrimento de la producción forrajera para los ganados, los cuales tenían más limitado el aprovechamiento del pasto a diente y la hierba seca almacenada en el invierno, sin embargo podían aprovechar el rastrojo del centeno después de la siega.

Entre los cuarenta parajes que hemos localizado donde se cultivaba cereal se encontraban El Campo, Los Adobes, Las Angustias, Cabañares, El Cubo, Las Cuevas, Fuenteblanca, Mancerías, La Padul, Pozo Marina, Riagüela, Royofrío etc.

Para esta actividad agrícola, hombres y mujeres contaban con la ayuda inestimable de los animales, en este caso una vez más de las vacas negras serranas, muy ligadas desde siempre a la comarca pinariega.

Desde época medieval el tipo de ganado bovino predominante en la zona debió ser muy parecido a la actual raza Serrana Negra o la raza Avileña. Este tipo de vacas han proporcionado mayoritariamente en nuestra zona serrana los novillos y bueyes carreteros que desde la Edad Media y hasta buena parte del siglo XX han trasegado por los caminos de España con todo tipo de mercancías. Pero además y en determinadas zonas de Soria y Burgos estos vacunos serranos han sido los animales de labor en las tareas del campo por encima de las caballerías.

El ganado vacuno domado estaba acostumbrado a la presencia del hombre y el comportamiento era normalmente manso. Sin embargo los ganados cerriles, que se mantenían en libertad durante mucho tiempo y sin la presencia humana, llegaban a acometer al hombre e incluso desarrollaban un cierto punto de bravura, sobre todo las hembras recién paridas. Es lo que siempre se ha llamado vacas pegosas.

Tenemos indicios de que a principios de siglo XX, vacunos cerriles de Covaleda podrían haberse destinado a festejos taurinos populares de la provincia de Burgos.

Lo que si sabemos con certeza de estos ganados serranos es que a finales del siglo XIX, en 1.893 e incluidas en las fiestas del Cristo en Duruelo de la Sierra se celebraban corridas de toros (en sentido literal) en una plaza formada por carretas. Los toreros eran los mozos del pueblo y los animales, en número de treinta o más eran los novillos y becerros que se traían desde el monte. Primero se soltaban becerros que topaban a los chiquillos que apenas sabían andar y luego intervenían los mozos, a los que perseguían con codicia novillos de 2 y 3 años, los cuales a veces saltaban por encima de los palcos hiriendo a los espectadores.

El ganado vacuno serrano tenía una triple utilidad: trabajo, carne y leche, ya que aparte de su aptitud para el trabajo carretero o en el campo, criaban terneros para carnicería y en las primeras fases de la lactancia las vacas se ordeñaban proporcionando leche para el gasto familiar e incluso el excedente se destinaba a la venta o para la elaboración de la famosa manteca o mantequilla de Soria.

Los pueblos de la carretería le deben mucho a los vacunos serranos negros y tienen más que merecido el reconocimiento por parte de todos.

El último ganado de vacas negras que hubo en Covaleda descendiente de las antiguas fue el de Faustino Pascual, cuyas vacas tenían nombres como Cierva, Piñana, entre las que yo andaba de pequeño con mi amigo Bruni.

Otra raza bovina muy apreciada por los carreteros serranos era la Tudanca, originaria de la montaña santanderina. Aparte de las dos razas mencionadas también se han conocido en Covaleda vacas berrendas, salamanquinas, pardas alpinas (suizas), frisonas, fleckvick y ya más adelante charolesas y limusinas, las más frecuentes en la actualidad.

A continuación y junto al padrón ganadero de Covaleda del año 1.881 se indican los vecinos máximos propietarios por especies y el número de cabezas que poseían: 755 vacunos (Segundo Rubio, 36 cabezas); 73 caballares (Máximo Llorente Rioja, 11 cabezas); 20 mulares (Félix Herrero Escribano, 6 cabezas); 23 asnales (Agustín Herrero Escribano, 5 cabezas); 779 caprinos (Guillermo de Vicente Llorente, 112 cabezas); 428 lanares (Mariano Llorente Rioja, 50 cabezas); 96 porcinos (Fernando Rioja Herrero, 7 cabezas) y 60 colmenas (Dionisio Llorente Cámara, 32 cajas).

En ese año de 1.881 había en Covaleda 13 teinas o tenadas para la guarda de los ganados y se encontraban ubicadas en La Padul, El Puente Soria, La Paridera, Las Losillas, Chabarril, Cuerda Brezo, La Cerradilla, Las Cerradas y El Majadal, lugar donde el maestro Don Fermín Llorente tenía una teina de 209 m2.

Contaros los avatares por los que pasaron varios gamelleros de Covaleda. El primero les sucedió el 5 de agosto de 1.844 a Ángel Francisco Cámara y Elías Gimeno cuando volvían de vender gamellas de la ciudad de Zaragoza y fueron asaltados por dos hombres en Magallón. Les robaron tres mulos y 460 reales en monedas de oro, duros franceses y calderilla.

Peor suerte corrió otro vecino de Covaleda de nombre Mauricio Llorente Herrero, al que llamaban “Faginas”. Tenía este gamellero por ganado en 1.881 dos mulos y dos cerdos. A finales de agosto de 1.886 Mauricio Llorente llevó en carretería a Zaragoza para vender 333 gamellas y 4 rondos, por los que le pagaron 2.200 reales. De vuelta a casa regresaba Mauricio a Covaleda con dos burras cargadas de vino y aceite. Cerca de Tarazona coincidió en el camino con un vecino de El Royo llamado Ramón Estefanía Jordán, que volvía también de Zaragoza de vender manzanilla. Desde allí hicieron juntos el camino. A la altura de Aldealpozo, al parecer el compañero de viaje convenció a Mauricio de seguir camino y hacer noche en una choza a la orilla de la carretera. La madrugada del día 4 de septiembre de 1.886 un peón caminero encontró el cadáver de Mauricio Llorente desangrado con dos heridas limpias en el cuello, sin dinero en el bolsillo y las dos burras atadas junto a la choza. Fue acusado del delito el mencionado vecino de El Royo Ramón Estefanía Jordán.

Pero no solo los hombres trabajaban en el monte sino que también lo hacían algunas mujeres de Covaleda. Una de ellas, Josefa Martínez, que vivió en el siglo XIX le sobrevino el parto cuando se encontraba precisamente haciendo gamellas en un paraje de Pinar Grande llamado Amblau, distante del pueblo más de 15 kilómetros. Cogió entonces a la criatura recién nacida, la colocó dentro de una gamella, se la puso a la cabeza y vino andando desde Tierra Soria hasta Covaleda. Aquella mujer era la madre de Pelegrín Herrero y abuela de la Tía Modesta, la Tía Bea del Tío Enero, la Tía Vitoriana y la Tía Justa del Tío Minga.

El principal cometido de la actividad carretera durante buena parte del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX era el transporte de maderas y sus derivados. El auge del sector maderero hizo proliferar la instalación de varias sierras movidas por agua y más adelante a vapor, algunas de las cuales eran sociedad de los vecinos del pueblo. El comercio maderero hizo resurgir en parte la carretería de pequeño y medio recorrido y por tanto el ganado vacuno.

Hemos mencionado antes al maestro Don Fermín Llorente, pues bien en 1.881 y aparte de una teina, era propietario de tres sierras, la del Medio, la del Molinito y la Sierra de Concejo. La referencia a este maestro es el origen de lo que conocemos como Sierra del Maestro.

Según estimaciones la producción de tablas en las sierras de Covaleda en 1.886 llegaba a las 1000 unidades diarias.

En el caso de la ciudad de Burgos, los carreteros de pinares, incluidos los de Covaleda, asistían con maderas y ganados a las ferias de San Pedro, Santiago, La Cruz de Septiembre y San Miguel, a veces hasta en cantidad de 600 carretas. De vuelta a casa venían cargados de harina, camas de hierro y diversos artículos adquiridos en el comercio de Burgos, además de algunos animales para carretería.

De la fama y aprecio que tenían los productos derivados de la madera elaborados en Covaleda nos da una idea el mayor valor que adquirían en el mercado.

En la feria de septiembre de Soria de 1.906 acudían gentes de muy diversos lugares y entre ellos vecinos de Covaleda, quienes además de llevar ganados vendían sus lanas churras a 15 pesetas la arroba, precio más bajo que las lanas de otros lugares. Sin embargo se cotizaban muy bien las maderas de nuestro pueblo. En varias ocasiones concurrieron maderas y sus derivados en ferias nacionales y extranjeras como las de Valladolid, donde en septiembre de 1.859 recibieron mención honorífica ruedas de aros para cedazos y harneros procedentes de Covaleda. También fueron galardonados en Paris en 1.878 gamellas, aros y gamellones presentados por el Ayuntamiento de Covaleda. Ya en 1.900 merecieron medalla de bronce gamellas, dornajos, aros  y tablas.

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Pero incluso se llegaron a enviar al otro lado del Atlántico siete tablas de pino, cuatro ruedas de aros, una gamella chocolatera, una gamella ordinaria y un gamello fabricados en Covaleda con destino a la gran exposición internacional de Chicago de 1.893.

Condicionantes negativos históricos para la ganadería

Entre los factores que han influido de forma negativa en el desarrollo de la actividad ganadera a lo largo de los tiempos, el lobo ha sido considerado desde siempre por pastores y ganaderos como el enemigo más peligroso de sus ganados y rebaños. La hostilidad del hombre hacia este carnívoro viene de antiguo e incluso las autoridades han pagado tradicionalmente recompensa por su muerte. Así, el 8 de mayo de 1.549 y en la ciudad de Soria se mandó recompensar a un vecino de Covaleda con 14 reales por siete lobos. El día 24 del mismo mes y año se pagaron otros 14 reales a otro vecino de Covaleda por siete lobeznos que mató en Vinuesa. Ya en 1.845, fue a Fernando Martínez a quien se le premió con 165 reales de vellón por la captura de varios lobos. Finalmente, el 7 de junio de 1.953, Alfredo Bonilla Huerta cazó a cepo en el paraje de Cubillos una loba criadera que había estado causando daños en los ganados. Una vez presentó la piel del animal, la Cámara Oficial Sindical Agraria provincial premió al cazador con 250 pesetas de la época.

Una de las muchas lobadas sucedidas en Covaleda nos la describe el escritor de la Generación del 98 Pío Baroja en su viaje por estas tierras. Y lo fue en noviembre de 1.901, mes en el que los lobos se comieron más de treinta cabezas de ganado lanar y vacuno. Luego en diciembre, apenas dejaron de una novilla de tres años los huesos y un poco de carne que recogió el amo de la res.

Otro quebradero de cabeza para los pastores han sido siempre los ataques de perros. Como ejemplo, la noche del 28 al 29 de enero de 1.912 fueron muertas 47 cabras en una majada de Tierra Soria del vecino de Covaleda Julián Abad. Finalmente se averiguó que los perros atacantes pertenecían a tres vecinos de Navaleno.

Pero además de los lobos también han sufrido continua persecución otros animales considerados dañinos para el ganado y la caza. Eran las llamadas alimañas, entre ellas se encontraban las aves de rapiña, zorros, gatos monteses, garduñas, turones, topos etc.

Entre 1.929 y 1.930, el Ayuntamiento de Covaleda en cuenta de la captura y muerte de zorras, alcotanes y gatos monteses recompensó a varios vecinos de la localidad entre los que destaca por el número de entregas efectuadas Félix Llorente Jiménez.

Cuando se dice que antiguamente nevaba más, al parecer se dice bien, puesto que eran bastante frecuentes los temporales que daban lugar a fuertes y prolongados nevadas. Estos nevazos llegaban a provocar la falta de alimento e incluso la muerte por frío de los ganados arrecidos.

Entre las referencias que he podido encontrar destaca sobre todo una nevada que aconteció en abril de 1.910.  La tarde que comenzó a nevar un pastor de ganado cabrío, viendo que la nieve arreciaba, optó por regresar al pueblo con las cabras. En el camino y sin que se diera cuenta se quedaron rezagadas 40 o 50 cabras. Al día siguiente salieron varios vecinos en busca de los animales pero no pudieron subir al monte por la gran cantidad de nieve acumulada. Dos veces más se intentó el rescate pero fue inútil y el ganado pereció arrecido en los ventisqueros.

Pero sin duda el mayor nevazo y temporal lo fue el que tuvo lugar en enero de 1.895. La nieve alcanzó en algunos lugares los 2´5 metros de espesor. El pueblo quedó incomunicado, se hundieron varias casas y majadas, hubo heridos, se agotó el grano, la leña, el pan y la cellisca impedía salir de casa e ir al monte, donde quedaron muchos pinos desarraigados. Se produjo una elevada mortandad en el ganado vacuno y caprino por falta de alimento e incluso la caza mayor se acercaba al pueblo desorientada. Los lobos y las zorras acuciados por el hambre no abandonaban los contornos del pueblo llegando al extremo de que en pleno día se introducían en las teinas y corrales devorando todo lo que allí pillaban. Consecuencia de aquel temporal se estimaron unas 14.000 reses ovinas muertas en la provincia de Soria.

El extravío de animales suponía para los ganaderos enormes pérdidas y desacarreos de todo tipo, sobre todo si se trataba de animales dedicados a la carreta o la arriería. Así sucedía en el caso de bueyes, vacas, toros, caballerías y era tal el valor que representaban para los amos que incluso éstos llegaban a anunciarlo en la prensa con el fin de su más rápida recuperación.

A partir de los anuncios aparecidos en los periódicos de la época podemos ahora recabar información muy interesante relativa a los propietarios de los animales pero sobre todo de los animales mismos. Las señas de los semovientes extraviados que se indican en los anuncios nos dan idea de la especie, sexo, edad y procedencia de los mismos, su capa o color, las marcas distintivas o hierros de identificación, alzada, características anatómicas, encornadura, lesiones y patología, si llevaban o no herraduras, el uso al que estaban destinados, nombre del propietario, lugar del extravío e incluso si habían sido atacados por lobos etc.

En un gran porcentaje de los anuncios recopilados se reseña que los animales de Covaleda iban marcados en el anca con un hierro en forma de herradura. En efecto, el hierro tradicional para marcar los ganados mayores de Covaleda fue siempre la letra inicial del nombre del pueblo, una C más o menos cerrada con cierto parecido a una herradura, que distinguía a los animales propios de los de otros pueblos. Luego ya para diferenciar los ganados entre los ganaderos locales, cada uno tenía su propia marca específica, normalmente practicada con cortes en las orejas, aunque también había ganaderos que marcaban sus animales con hierros propios.

Otro azote de la ganadería han sido las enfermedades y dentro de estas sobre todo las de carácter contagioso. Al contrario de lo que pudiera parecer en un principio la relación epidemiológica de los ganados de Covaleda y de la comarca en general era muy diversa con todo tipo de animales. Ejemplo de esta interrelación lo tenemos en los pastos comunes del pueblo pero sobre todo el monte de Tierra Soria donde coincidían ganados de varias especies y pueblos diferentes. Por otro lado los ganados carreteros recorrían los caminos e invernaban en tierras lejanas lo que les hacía entrar en contacto con animales de la más diversa condición sanitaria. Algo parecido sucedía con los animales de arriería y las monturas. Los rebaños de ganado lanar merinos trashumantes que venían en primavera a los pastos de la sierra podían ser vía de entrada de algunas enfermedades para los ganados locales y viceversa. Pero incluso los cerdos que vendían a pie los guarreros para hacer la matanza domiciliaria habían pasado ya por multitud de pueblos antes de llegar a su destino final. Otro punto de riesgo epidemiológico lo eran los mercados y ferias ganaderas como las celebradas en Almazán, Berlanga, San Esteban de Gormaz, Burgos y sobre todo Soria, donde con frecuencia acudían ganaderos y carreteros para comprar y vender sus animales y productos.

Entre las enfermedades infecciosas o parasitarias que han afectado en repetidas ocasiones a los ganados de Covaleda mencionar la viruela ovina, la glosopeda o fiebre aftosa, el mal rojo del cerdo, el carbunco sintomático y bacteridiano, la perineumonía contagiosa bovina. Y como enfermedades transmisibles comunes al hombre y los animales ha tenido siempre mucha incidencia la brucelosis o fiebre de malta, padecida tradicionalmente por pastores y vecinos de Covaleda, y ya en menor medida la rabia y la triquinosis.

Las ferias ganaderas

Cosa bien diferente a los condicionantes negativos que acabamos de referir (enfermedades animales, lobos, temporales, pérdidas etc.) eran las ventas de los ganados. Al igual que ocurría con los animales extraviados y para dar una mayor difusión a los ganados objeto de venta se ponían anuncios en la prensa de la época. Pero sin duda el lugar donde tradicionalmente se han efectuado la mayor parte de las transacciones comerciales han sido las ferias ganaderas, y en el caso que nos ocupa sobre todo las ferias de Soria, Almazán, Berlanga de Duero, Burgos, Salas de los Infantes etc.

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Fue para mí una gran sorpresa cuando encontré en la prensa histórica un anuncio en el que se anunciaba la celebración en Covaleda de una feria de ganados y maderas los días 14 ,15 y 16 de septiembre de 1.914 en la pradera del Campo, según suscribía Francisco García, alcalde de Covaleda en aquel momento. Por tanto en septiembre de 2.014 se cumple justo un siglo de la celebración de aquel acontecimiento ferial, del que creo nada sabíamos hasta ahora y del que no sabemos hasta cuando tuvo continuidad.

Pero hablando de ferias, el punto culminante lo fue durante diez ediciones la famosa Feria Internacional del Campo de Madrid. A este acontecimiento festivo acudieron en repetidas ocasiones ganados y ganaderos de Covaleda y en repetidas ocasiones fueron premiados ganados de este pueblo. Así por ejemplo consiguieron premios nacionales vacunos y yuntas pertenecientes a Tomás Romero, Fidel Herrero, Martín Jimeno y Bruno Rioja.

En el concurso de ganado selecto celebrado en la IV edición de la Feria del Campo de 1.959 uno de los dos toros sementales del pueblo de Covaleda llamado “Arrogante”, de raza avileña, obtuvo el primer premio de su categoría. Pero no quedó ahí la cosa, puesto que el otro toro semental del pueblo, de nombre “Brillante”, de raza Schwyz (pardo alpino) asimismo obtuvo el segundo premio de su categoría. Los dos animales premiados eran propiedad de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Covaleda, conocida coloquialmente como La Hermandad.

La pequeña historia del toro “Arrogante” es curiosa y fue que había sido desechado como semental por su propietario, el famoso banquero de Soria Don Epifanio Ridruejo, debido a unos problemas en las extremidades que le impedían saltar a las vacas. En ese momento un veterinario se hizo cargo del animal y lo consiguió curar y recuperarlo para el servicio de semental en Covaleda. Al parecer cuando Don Epifanio Ridruejo se enteró del premio de su antiguo toro se quedó de piedra.

El artífice de la recuperación de aquel semental y luego que Arrogante se alzara después con el primer premio en la Feria del Campo fue un veterinario del que muchos os acordareis o habéis oído hablar, Don Alfonso Gaspar Barraqueta, Don Alfonso, quien ejerció la veterinaria en Covaleda desde 1957 hasta 1973.

Conclusión

Llegado este momento nos podemos preguntar qué es lo que nos ha quedado como testimonio de la actividad ganadera histórica de Covaleda:

En primer lugar la toponimia. Una gran parte de los nombres del término de Covaleda lo son relacionados con la ganadería en sus múltiples facetas. Los topónimos nos dan variada información sobre la actividad ganadera desarrollada en cada lugar, tanto sobre el tipo de animales (El Chivero), la especie (El Paso de las cabras), el manejo del ganado (La Dehesa), uso del lugar (La Paridera) etc.

Por otro lado estarían las diversas construcciones y elementos ganaderos como son los corrales, chozos y chiveros, pero también majadas, prados, latadas, teinas, salegares, poyales etc. E incluso la firma de los pastores en forma de iniciales diseminadas sobre piedra por todo el monte.

Creo que merece la pena el recuperar, redescubrir, conservar y difundir el patrimonio histórico ganadero, como son las construcciones pastoriles, corrales, majadas, teinas, salegares etc. Pero también la toponimia, el lenguaje ganadero, el modo de vida, sus aperos, el manejo de los ganados, la tradición oral y su historia en definitiva. Todo este bagaje en conjunto es un patrimonio que no debemos perder, pues nos puede servir de enseñanza además de revertir en beneficio al pueblo si lo sabemos ofrecer a quien nos visita.

Hoy en día y pese a que no es lo que fue antaño, la ganadería del presente en Covaleda aún sigue teniendo su importancia relativa. De cara al futuro hay que tener en cuenta que nuestro medio reúne condiciones y presenta recursos favorables para la cría de ganado vacuno, equino, caprino, ovino e incluso la apicultura. La ganadería en sí misma junto con ciertas actividades derivadas, ya sea en forma de industria agroalimentaria o de actividad turística son y serán por tanto un sector de potencial riqueza que no hay que perder de vista para el mantenimiento y desarrollo de Covaleda y la comarca en general.

Como conclusión podemos afirmar que la ganadería es una actividad estrechamente ligada a la historia de Covaleda y sin cuya presencia nada hubiera sido igual en la vida de nuestro pueblo. La pujanza de la carretería fue posible gracias a la participación del ganado vacuno. Bueyes y vacas han acarreado toda la madera y mercancías carreteras durante muchos siglos.

Las caballerías: burros, caballos y mulos han transportado sobre sus lomos todo tipo de cargas, e incluso han servido para hacer cecina.

Los otros ganados: caprino,  ovino,  porcino, vacuno, gallinas, conejos, apicultura etc. han dado de comer y mantenido a las sucesivas generaciones.

En definitiva, la ganadería ha proporcionado fuerza de trabajo, alimento, vestido, riqueza y satisfacción, aunque es verdad que a veces también sinsabores.

Finalmente solo me queda decir que sirva esta charla de pequeño homenaje a los ganados y ganaderos de Covaleda que a lo largo de la historia han sabido vivir y convivir con sus ganados.

Muchas gracias

Pedro Poza Tejedor

pedropoza@yahoo.es

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