LA GANADERÍA EN LA HISTORIA DE COVALEDA – Pedro Poza Tejedor – I

Durante la pasada semana cultural celebrada en el mes de Abril del presente año 2014, Pedro Poza Tejedor nos deleitó con una muy interesante charla sobre la Historia de la Ganadería en Covaleda. Pedro ha querido colaborar con Historia de Covaleda compartiendo con todos nosotros un resumen de tan interesante conferencia, lo cual le agradecemos, ya que estamos seguros que hubo gente que por unas causas u otras no pudo acudir a la misma y le gustará saber de tan interesante parte de la historia de Covaleda.

Debido a la extensión de la misma, hemos dividido el resumen de la charla en tres capítulos para que se pueda asimilar mejor tanta información y de tanto interés.

Al finalizar la publicación tendréis el correo electrónico de contacto del autor por si disponéis de alguna información complementaria que pueda ayudar a Pedro a completar la ya de por si, extensa documentación de que dispone.

Muchas Gracias Pedro Poza Tejedor por tu colaboración.

LA GANADERÍA EN LA HISTORIA DE COVALEDA – I

Semana Cultural, Covaleda 24/ Abril/2014

Pedro Poza Tejedor

Cuando el año pasado me propusieron colaborar con una charla en la Semana Cultural de 2.014 que ahora estamos celebrando, en un principio no me planteé tal posibilidad, quizás un poco por falta de costumbre. Pero más adelante y debido a que tengo recopilada alguna información sobre el pueblo de Covaleda me hizo decidirme y empecé a preparar la conferencia que ahora os voy a ofrecer.

Como tema de la misma he elegido el de la ganadería en la historia de Covaleda, entre otros motivos, por su trascendencia y porque sin duda alguna la actividad ganadera ha marcado de manera determinante el devenir en la vida de nuestro pueblo y de la comarca en general a lo largo de la historia.

Parte de lo que vamos a tratar es ya conocido, otra parte quizás lo sea menos y finalmente os voy a presentar en primicia algunos datos e información que he encontrado y quiero que seáis vosotros los primeros en conocer.

Más allá de dedicar la atención a la ganadería en un sentido estricto he preferido situarla en el contexto histórico con el fin de mostrar hasta qué punto la vida cotidiana de Covaleda ha estado marcada en el tiempo directa o indirectamente por la actividad ganadera.

Sobre la ganadería y la actividad ganadera en Covaleda he de decir que muchos de vosotros seguro que tenéis más vivencias, recuerdos y conocimientos de los que pueda tener yo, sobre todo en lo relativo al siglo XX. Sois por tanto vosotros y los más mayores quienes más y mejor podéis contar al respecto sobre este periodo de nuestro pueblo, por el que vamos a pasar un poco de refilón.

De la niñez recuerdo por ejemplo de mi tío Julián Tejedor, el Madruga, las vacas, el esquileo del rebaño de ovejas y un caballo blanco llamado Árabe. También las vacas pardas de mi vecino Segundo Sanz Martínez, el Piñorro, que no cabían por la puerta de gordas.  O las vacas negras, eso sí, algo más ligeras de carnes de Faustino Pascual, el Zopo. O las caballerías que siempre han tenido los Pilatos para trabajar en el monte, el gallinero del Cirilo en Fuenteblanca e incluso el respeto que imponía acercarse a las colmenas de Mauricio Bartolomé, el Tío Mauricio, un poco más arriba de San Miguel.

Podríamos seguir haciendo un repaso por las casas y veríamos que entonces era frecuente el trasiego por el pueblo y la presencia en el monte de vacunos, caballerías, burros, ovejas y por supuesto las cabras hasta los años 60, además de las gallinas y conejos para el gasto, algunas colmenas y los cochinos de la matanza domiciliaria.

Al que más o al que menos, a muchos de vosotros os habrá tocado más de una vez el dar de comer al ganado, ordeñar vacas o cabras, amamantar algún cordero, cabrito o ternero,  atender algún parto, sacar las moñigas, esquilar ovejas, lavar lana en el río, ir de pastor, dar vuelta y llevar sal a los ganados al monte o a la sierra, acarrear con yunta de bueyes o arrastrar madera con caballerías, ir a la feria, hacer queso fresco o queso de calostros, faenar o ayudar en tiempo de hierba, varear algún colchón de lana y otras muchas tareas más.

 

Todas estas actividades y otras relacionadas con la ganadería nos resultan por tanto de alguna manera cercanas y ponen de manifiesto hasta qué punto la actividad ganadera ha marcado la vida cotidiana de nuestro pueblo.

La tradición ganadera de Covaleda y la comarca de Pinares en general nos viene dada desde muy antiguo y así podemos imaginar por ejemplo cómo ganaderos a los pobladores que fabricaron hace más de 3.000 años las hachas de bronce encontradas en los años 50 en el paraje de Cueva Medrano. Quizás aquellos grupos humanos pastoreaban rebaños de bóvidos, óvidos y cápridos primitivos, actividad que debía constituir su riqueza y forma de vida fundamental.

En cualquier caso nuestros antepasados tenían ante sí un medio difícil e incluso hostil debido sobre todo a lo extremado del clima. Por el contrario, el monte era espacio rico en especies arbóreas, animales, plantas, cursos de agua y por tanto lugar propicio para la caza, la pesca, la recolección de frutos silvestres y el aprovechamiento de leña y madera.

Sin embargo y desde un principio, la actividad ganadera debió jugar un papel muy importante en la vida y la economía de la zona, lo que se veía favorecido por el alimento que los ganados tenían a su disposición en el monte, las praderas y en los pastizales de la sierra.  Por tanto y quizás junto con una agricultura marginal, estas formas de vida basadas en la cría de ganados y los aprovechamientos del monte debieron proporcionar el sustento a los antiguos pobladores de estas tierras.

 Indirectamente se sabe de la actividad ganadera de la zona de Pinares de Burgos y Soria al menos desde el siglo X. Según parece, sobre el año 931 al 939 las tropas cristianas capitaneadas en su componente castellano por el conde Fernán González, vencieron a los moros en el campo de Batalla,  victoria que se atribuyó en parte a la intercesión del apóstol Santiago y a San Millán. En agradecimiento, Fernán González estableció en los territorios bajo su influencia el ofrecer ciertos tributos al Monasterio de San Millán de la Cogolla, cenobio donde estaba enterrado el santo Millán. En el caso de las remotas tierras de La Demanda y Urbión los tributos debían serlo en forma de quesos, lo que indicaría una actividad ganadera basada en la cría y el ordeño de ganado vacuno, caprino y ovino.

Gonzalo Núñez, conde de la casa burgalesa de Lara, bajo el reinado de Alfonso VI de León, otorgó o adscribió sobre el año 1.095 al monasterio de San Millán de la Cogolla una iglesia desierta llamada de San Millán de Velieta situada entre Duruelo y Covaleda, lugares donde al parecer sus habitantes tenían el derecho de pasto para sus ganados y otros aprovechamientos comunales.

Durante la Reconquista y para favorecer el asentamiento de la población en tierras fronterizas, extremas o ganadas al islam, los reyes y señores cristianos otorgaban privilegios a quienes se decidían ocuparlas.

A partir del año 1.085, tras la conquista de Toledo en tiempos del Cid Campeador, algunos habitantes de Covaleda llevando consigo familia, carretas y ganados junto con otros de la comarca de Lara y Las Villas fueron de los primeros en repoblar la ciudad de Ávila, de modo que incluso un sexmo de aquella tierra y una calle de la capital muy próxima a la muralla tomaron el nombre de los de Cobaleda.

Entre los repobladores procedentes de Covaleda que llegaron hasta tierras de Ávila había también canteros, albañiles y maestros de obras, que quizás tomaran parte en la construcción de la famosa muralla medieval.

Vemos por tanto que la actividad carretera y ganadera, muy estrechamente relacionadas entre sí, eran las formas de vida e identidad propias de nuestros antepasados desde muy antiguo.

Los ganados vacunos que los habitantes de Covaleda llevaron consigo a la ciudad de Ávila se cruzaron con el ganado autóctono de aquella tierra. Luego y en un viaje de ida y vuelta, fueron los vacunos avileños los que en ocasiones llegaron hasta tierras sorianas.

En el caso de Covaleda fue el rey Alfonso X el Sabio quien en la segunda mitad del siglo XIII concedió a sus moradores y descendientes ciertos derechos tales como cortar madera y leña, cazar, pescar y pacer con sus ganados libremente en el término, lo que nos indica una vez más sobre la condición y actividad ganadera del lugar.

Nuestros antepasados, tanto hombres como mujeres, fueron gentes duras y trabajadoras, diría yo, que supieron adaptarse a un medio difícil y sacar partido a la materia prima más abundante que les proporcionaba la naturaleza, que era la madera y el monte en general. Pero no sólo cortaban, labraban y extraían la madera sino que mediante carretas y desde al menos el siglo XIII, la llevaban a vender a tierras a veces muy lejanas del lugar, adoptando con el transporte carretero y el comercio de la madera y sus derivados una forma de vida en sí misma.

Uno de los productos tradicionalmente elaborados en Covaleda a partir de la madera han sido las gamellas en sus diversas variantes, de lo cual se tiene constancia al menos desde el siglo XVI.

artesas

La actividad carretera estaba muy extendida por toda la comarca serrana de Burgos y Soria, lo que propició la agrupación de los carreteros en la llamada Hermandad de Pinares, existente al menos desde 1.482, asociación que debía velar por los intereses comunes de sus hermanos.

Más adelante, durante la conquista del reino nazarí de Granada culminada en 1.492, carreteros sorianos de entre otros pueblos Covaleda, Duruelo, Salduero, Molinos, San Leonardo, Casarejos, Vadillo y Navaleno, sirvieron con sus carretas a los Reyes Católicos en el transporte de víveres y pertrechos de guerra.

Dada la importancia estratégica de la carretería, los reyes Católicos institucionalizaron oficialmente en 1.497 la llamada Cabaña Real de Carreteros, formada por las hermandades de Burgos-Soria, la abulense de Navarredonda y la de Almodovar del Pinar en Cuenca. La carretería fue privilegiada de manera que sus ganados bovinos podían pacer allá por donde pasaran. Por otro lado los carreteros quedaban exentos de tener que prestar servicio de armas además de poder cortar leña para cocinar y madera para arreglar sus carretas durante los viajes.

            Pedro Gil Abad y Máximo Diago Hernando nos indican que muchos hombres pinariegos serranos se fueron especializando con el tiempo en el transporte carretero, no solo de madera y sus derivados, sino también de múltiples mercancías que poco a poco fueron aumentando en variedad, tales como lanas, sal, carbón, hierro, cereal, vino etc.

sierra nueva - sepia

Aparte del aprovechamiento maderero y la carretería, que era el medio para poder transportar y vender los productos obtenidos del monte, la tercera forma de vida principal que tenían nuestros antepasados era la actividad ganadera, desarrollada tanto con animales de trabajo, bovinos y caballerías, como con los ganados de abasto destinados a carnicería, producción de lana, leche, piel, estiércol etc. De esta forma, las tres actividades, la maderera, la carretería y la ganadera estaban estrechamente relacionadas entre sí.

Esta marcada interdependencia se ponía de manifiesto con el hecho de que para poder movilizar la gran flota terrestre de la carretería, el elemento motriz indispensable e imprescindible era el ganado vacuno, y de éste sobre todo los bueyes, empleados tanto en la extracción y el arrastre en el monte como para mover las carretas por los caminos peninsulares.

Precisamente sobre la especie bovina, Miguel Ángel Motis Dolader nos descubre un episodio que tuvo como protagonista el domingo 26 de mayo de 1.387, nada más y nada menos, a un carretero de Covaleda llamado Pascual Domingo, quien a su paso por Tarazona, se vio obligado a sacrificar uno de sus bueyes debido a que sufrió un accidente en la pierna que lo imposibilitaba para caminar y trabajar, degollándolo en el acto. Fueron testigos del suceso los también carreteros y vecinos de Covaleda Blasco y Pascual Ferrández con quienes Pascual Domingo compartía oficio y viaje.

En el siglo XIV, cuando ocurrió este desgraciado accidente, el intercambio comercial establecido entre Castilla y Aragón estaba bastante desarrollado y era la carretería uno de los medios principales para el transporte de las mercancías objeto de aquel comercio.

foto 17

Cría y compraventa de ganado

La cría de ganado vacuno, la obtención de buenos novillos y bueyes, su doma y cuidado, serían por tanto actividades ganaderas fundamentales para la carretería ya que su dominio garantizaba el que las carretas llegaran a buen puerto.

Los novillos dedicados a bueyes carreteros procederían tanto de los criados en el pueblo o la comarca así como también los adquiridos en mercados y ferias, lugares donde los ganaderos y carreteros compraban y vendían los animales al trato e incluso con escritura notarial de por medio. Sabemos a través de José Ignacio Esteban Jauregui sobre varios contratos de compraventa de bueyes, vacas y novillos efectuados en la dehesa y monte de Valonsadero de Soria. En concreto y entre 1598 y 1608 varios vecinos de Covaleda escrituraron sus compras de ganado, sobre todo en días de jueves de mercado.

Así, el día 13 de enero de 1.605 Juan Bartolomé y Lucas González, vecinos de Covaleda, compraron en Valonsadero dos vacas y dos novillos por 80 ducados a Francisco Martínez de la Peña, procurador del común de Soria. El 13 de agosto de 1.608 Blasco García, el mozo, y Juan Santoro, el mozo, ambos de Covaleda, compraron seis bueyes por 150 ducados a Hernando de Miranda y Juan Moreno. Como garantía de pago Blasco García hipotecaba, además de los bueyes comprados, seis pares de bueyes, cuatro vacas de tres años y dos yeguas propias; y el apellidado Santoro se avalaba con cuatro pares de bueyes domados y cuatro pares de vacas cerriles.

En 1.608 Juan de Blasco García adquirió por 240 ducados en Valonsadero diez bueyes a Hernando de Miranda y Juan Moreno. Finalmente, Juan Blázquez compró en 1.608 a los mismos vendedores cuatro bueyes por 80 ducados. El mencionado Juan Blázquez había comprado nueve años antes, el 4 de febrero de 1.599, una carreta y sus aperos junto con dos novillos domados de cinco años por 42 ducados.

El apellido Santoro que aparece en la Covaleda de comienzos del siglo XVII muy probablemente se transformara luego latinizado en el que hoy conocemos como Santorum.

 

Las ordenanzas de Covaleda en el siglo XVI

En el siglo XVI y en concreto en 1.588, la parroquia de Covaleda contaba con 66 vecinos o cabezas de familia, lo que traducido a habitantes se estima que fueran unas 264 almas en total.

En el caso de Covaleda y para que un morador del lugar pudiera adquirir la condición de vecino y por tanto poder disfrutar plenamente de los derechos de aprovechamiento de madera y otros, era condición indispensable el entregar previamente una fianza y mantener casa abierta todos los días del año durante al menos diez años.

Tras la reconquista cristiana y el asentamiento de la población en el territorio, los reyes y señores otorgaban para el gobierno de las nuevas tierras los llamados fueros, un cuerpo normativo por el que se regían en su conjunto las ciudades, villas y aldeas de una tierra o comunidad.

Legislación Histórica Española

De inferior rango a los fueros se encontraban las ordenanzas, conjunto de normas elaboradas normalmente en concejo abierto y participativo por las que se regían los usos, costumbres y aprovechamientos de cada lugar, todo lo cual era de obligado cumplimiento para el conjunto de sus habitantes.

Del pueblo de Covaleda y pese a que antes debieron existir otras más antiguas, siempre subordinadas al Fuero de Soria, las primeras ordenanzas que se conocen datan de finales del siglo XVI, sobre la década de 1.590, las cuales fueron refrendadas por el rey Felipe III en 1.601.

A partir de estas ordenanzas, ampliamente estudiadas y descritas por Enrique Díez Sanz, sabemos en parte cómo era la vida en Covaleda en el siglo XVI, lo cual no debía diferir en gran medida de tiempos anteriores.

Hasta tal punto se fomentaba en aquellas ordenanzas la continuidad y el renuevo de la población en Covaleda, que incluso se establecían ciertas normas destinadas en exclusiva a los habitantes solteros del lugar. De esta manera se promovía indirectamente a los mozos para su casamiento, con la pretensión última del aumento de la natalidad. Para conseguir ese fin se imponían condiciones tales como que los solteros no podían tener casa propia, además de no poder laborar en el pinar, so pena de retirarles el hacha y la madera labrada. Incluso si eran sorprendidos con ganado en los pastos comunales del concejo se les imponía una multa como si fuesen forasteros. ¡Así se las gastaban los de Covaleda para hacer casar a los mozos!

Legislación Histórica Española

Pero las mozas también tenían reservado lo suyo si permanecían solteras, puesto que les quitaban el cántaro si iban a por agua y les confiscaban las herramientas si acudían a trabajar al pinar, e incluso se les prohibía sacar las gallinas de casa.  Así es que no quedaba más remedio que casarse.

Además de éstos y otros asuntos del concejo, aquellas ordenanzas del siglo XVI dedicaban numerosos capítulos a la actividad ganadera en lo relativo al aprovechamiento de pastos, la vigilancia de los mismos y el manejo de los ganados.

Para la guarda de la dehesa y el monte se nombraban cada año en el concejo de Cobaleda los llamados deheseros, en número nada más y nada menos que de diez, lo que da idea de la gran superficie pastable, la importancia que se daba a la ganadería y lo que representaba para el sustento del vecindario. Los deheseros eran guardas remunerados de a caballo que vigilaban las dehesas y el monte, a la vez que recorrían y renovaban los mojones del término desde mayo hasta septiembre, de ahí la tradición secular de recorrer y vigilar las mojoneras del pueblo.

Las dos dehesas boyales existentes en Covaleda destinadas a alojar los bueyes carreteros y el ganado vacuno eran Valdehorno y La Nava. Ésta última tenía privilegio real para mantener los bueyes domados carreteriles propios del lugar y no de otras aldeas.

Los límites de la dehesa de La Nava superaban ampliamente lo que hoy conocemos como la Dehesa y la Nava juntas y suponían en total más de 2.000 hectáreas de superficie.

Estaba entonces regulada la imposición de multas por pastar ganados forasteros en La Nava, por hacerlo especies no autorizadas o bien por pastoreo en época de veda. En esos casos y aparte de los deheseros o guardas, los vecinos también tenían potestad para denunciar a los infractores, recibiendo a cambio una cuarta parte de la multa impuesta.

Otro cargo concejil muy relacionado con la ganadería era el llamado apreciador de pastos, cuyo cometido era determinar la fecha más idónea para que los vecinos iniciaran la siega en el praderío del concejo, todo ello en función del estado de maduración de la hierba y la meteorología del momento.

Además de las dehesas y el monte había  en Covaleda otros espacios comunales dedicados al pastoreo del ganado, y eran las Praderas del concejo: El Campo, San Pelayo, Los Castillos y Riagüela, las cuales con el fin de favorecer el crecimiento de la hierba se vedaban a los ganados desde primeros de marzo y hasta el día de Santiago, fecha en la que más o menos se iniciaba la siega.

Junto a las praderas, otro pasto concejil era el llamado Ejido, lugar circundante al pueblo  y vedado desde el primero de marzo hasta finales de septiembre, que se reservaba como pasto comunal de vacas paridas, becerros de leche, cabalgaduras y cerdas paridas. El Ejido quedaba delimitado a finales del siglo XVI por los hatajos de Royo La Hiedra, el colmenar de Andrés Escribano, el Molino del robledal, Pradejón, La Paridera y desde el mojón de La Dehesa hasta el pueblo. El Ejido era contiguo a la pradera del concejo y ambos compartían una senda común que podía ser utilizada para el tránsito de los vecinos y ganados.

Para facilitar el crecimiento de la hierba e impedir pisarla, se limitaba a partir de abril el paso a través del Ejido y las praderas. Entonces se habilitaban como caminos alternativos los que pasaban por la calle de los Castillos hacia la Tejera, desde el Corral del Concejo hacia Los Arroyos y al Molino del Campo y un tercer camino que atravesaba Riagüela.

Legislación Histórica Española

Uno de los prados del concejo de aprovechamiento común era el situado en el Valle de Cuevarenosa, el cual se comenzaba a segar normalmente en julio el día de Santiago.

El trabajo de la siega se repartía entre todos los vecinos así como la hierba obtenida. Una vez segado el prado se abría para general aprovechamiento de vacas y becerros desde entonces y durante toda la otoñada.

El proceso siguiente en el praderío tras la otoñada era el estercolado, lo que en Covaleda se suele decir “echar basura”. Esta práctica venía prescrita por el concejo para favorecer un mayor desarrollo de la hierba en primavera y se efectuaba con la ayuda de carretas, caballerías pero también cargando el estiércol con cestos a cuestas.

La importancia del heno seco como alimento animal era clave para mantener los ganados durante el invierno, de ahí la máxima atención que daba el concejo al ciclo anual de la hierba e incluso se llegaba a aprovechar el arroyo que pasaba por el centro del pueblo para regar el llamado Prado del Concejo.

Hasta mediados del siglo XVI el lugar de Covaleda  limitaba a 300 el número de cabezas de ganado menor por vecino, sin embargo luego se aumentaría la cifra hasta las 800, lo que debió ir en detrimento del pasto disponible para el vacuno, por lo que de nuevo se rebajó  hasta 340 cabezas de ganado menor a finales del siglo XVI.

El ganado cabrío, especie que tiene en el monte el medio más idóneo para su desenvolvimiento, debía ser ya más numeroso que la cabaña ovina, lo que venía a representar por entonces el sustento de muchos pastores y sus familias en la localidad.

Cada vecino y morador de Covaleda sólo podía tener para uso propio una caballería domada y dos yeguas cerriles con dos crías durante dos años. El contingente de caballerías estaba formado por los burros, caballos, yeguas, mulos o machos, los cuales se empleaban para el acarreo de todo tipo de cargas: madera, leña, teas, hierba, ramas, helechos, estiércol, gamellas etc., pero también como montura e incluso en el tráfico de la arriería.

Tanto los vacunos y caballerías cerriles como la mayoría del ganado menor, caprino y ovino, eran trasladados en ciertos momentos del año al monte de Tierra Soria, espacio al que tenían libre acceso los ganados y vecinos de Covaleda en virtud del derecho recogido en el Fuero de Soria.  El retorno de los ganados desde Ebros, que era como se denominaba al monte de Tierra Soria-Pinar Grande al ser atravesado por un río con ese nombre, actual Río Ebrillos, se hacía con el consentimiento del alcalde de Covaleda y una vez oída la opinión de ganaderos y vecinos.

Ya por el siglo XVI se criaba en Covaleda ganado de cerda cuyo destino final era la matanza domiciliaria. Para mantener y engordar estos animales, los cerdos se conducían fuera del núcleo urbano para el disfrute de la bellota, el ramoneo, los gamones y todo lo que en el monte se podían proporcionar a sí mismos. Solo en el caso de las cerdas paridas se les permitía pastar en El Ejido alrededor del pueblo.

Del manejo en pastoreo practicado antiguamente con el ganado porcino nos ha llegado noción a través de la toponimia: El Sestil de los cochinos, Las Pocilgas, La Corte de los cochinos, La Porquera. Lo que nos indica la presencia frecuente de estos ganados en diversos parajes del monte, donde incluso los cochinos se encerraban en majadas.

En la economía doméstica no faltaban las gallinas, de las que se encargaban las mujeres sacándolas todos los días a picotear al plazar y los alrededores.

Otra actividad ganadera especial desarrollada en Covaleda en el siglo XVI era la apicultura. Lo sabemos a través de un vecino llamado Andrés Escribano, el cual era propietario de un colmenar asentado cerca del pueblo y que seguramente no debía ser el único del lugar.

Aparte de todos los ganados mencionados: Bovino, caprino, ovino estante, caballerías, porcino, gallinas y colmenas, excepcionalmente llegó a venir a Covaleda algún ganado lanar trashumante para aprovechar los pastos de la sierra desde el final de la primavera hasta últimos del verano. Éste fue el caso de la cabaña merina de Alonso de Sevilla, rico ganadero mesteño procedente de Vinuesa quien en la década de los 60 del siglo XVI pleiteó para conseguir la vecindad en Covaleda, asegurando así como vecino el derecho de pastos para su cabaña.

En términos generales y pese al gran poder e influencia del Honrado Concejo de la Mesta, los ganados merinos mesteños no pudieron disfrutar de los pastos serranos de Covaleda ni Duruelo.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, PRENSA y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LA GANADERÍA EN LA HISTORIA DE COVALEDA – Pedro Poza Tejedor – I

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s