LA CHIMENEA PINARIEGA

Extraído de la página http://www.albanecar.es/la-chimenea-pinariega comparto con todos este interesante artículo sobre la chimenea pinariega

La chimenea pinariega

Hay una región, a caballo entre las provincias de Soria y Burgos, en la que el paisaje, sus aldeas de casas populares, y las humildes gentes que las habitaban, dieron forma a un conjunto de naturaleza y cultura ante el cual el visitante no puede dejar de sorprenderse.

Vienen a coincidir dichas tierras más o menos con las comarcas de Pinares y Sierra de la Demanda, en las que los pinos, sabinas y enebros sirven de lienzo a pequeños pueblos hechos enteramente de madera, adobe, teja y piedra.  Si bien existen varios tipos de casa en ésta zona, las características más comunes a todas ellas han venido a llamarse por lo general “pinariegas”, o carreteras en algunos casos, ya que esa era la profesión de muchos de sus habitantes.

Así pues, nos encontramos con la casa pinariega, que aguarda en su interior el espacio más cautivador de cuantos he conocido en la arquitectura vernácula española: la cocina pinariega.

Muchas cosas hacen particular a ésta cocina, pero la que más destaca es su enorme chimenea encestada, ya que la ocupa por completo, abarcando la totalidad de lo que debería ser el techo, y con su forma cónica, atraviesa la planta superior y la cubierta para sobresalir llamativamente del tejado y acabar en cuatro peculiares tablas de madera.

Es necesario mencionar que en esta tierra el frío es muy intenso, por lo que gran parte de la vida familiar durante el invierno se hacía en la cocina, pues era el único sitio en el que había un fuego encendido, que daba de comer y calentaba el cuerpo. Y ya que había que evitar a toda costa las corrientes de aire, no había ventanas y una pared frente a la puerta protegía el fuego de aquellas. De esta manera, la única luz natural que había en la cocina venía de la propia abertura superior de la chimenea, por lo que era una iluminación completamente cenital. Por otra parte, era habitual que existiera un horno cuya boca daba directamente al interior de la cocina, sin otra salida de humo adicional.

Cuesta imaginar un lugar más propicio para marcar con profundidad las vidas de sus habitantes, pues era completamente primitivo e introvertido, sin huecos que permitiesen ver el exterior, en el que uno podía alimentarse y sobrevivir al frío, mientras que la escasa luz venía a la par del fuego y de una grandísima chimenea que miraba directamente al cielo.

Por supuesto, la chimenea se construía con madera, como todo lo que tratamos aquí. El armazón se hacía con postes o colondas de roble, formando una estructura cónica cuya envolvente se cuajaba con tejido de cestería a base de bardas de enebro recubiertas de barro y cal por el interior, que se ennegrecía con el humo dándole un aspecto muy característico. Su base circular era un aro hecho con una rama curvada de roble, que se apoyaba a su vez en los muros de la cocina y en unos pequeños cuadrales que adaptaban ligeramente la cuadratura al círculo. Y como ya se ha dicho, la chimenea solía atravesar la planta superior para asomarse al exterior. La parte que sobresalía por fuera se protegía con trozos de teja que le proporcionaban impermeabilización, y se remataba con la “contera” formada por las ya mencionadas tablas, a las que se daba un peculiar recorte para ensamblarlas acabando en una punta metálica llamada chipitel.

Es de suponer que en tiempos la chimenea se fabricaba in situ, colocando primero los cuadrales, luego los postes y el remate circular, y finalmente el encestado, para proseguir construyendo el resto de la casa. Sin embargo, actualmente, la ligereza del conjunto también permite su prefabricación en otro lugar y su montaje y terminación posterior en el edificio, como podemos ver en las fotos de la construcción reciente de un ejemplar en un acogedor hotel rural de Valdemaluque (http://www.lacasadeadobe.es).

Lo cierto es que la cocina pinariega es un espacio que no deja indiferente a nadie, sea lugareño o foráneo, puesto que quien se ha criado en ella no la olvida, y quien la ve por primera vez se asombra sin remedio. En este sentido, la bella descripción que hizo de ella José Tudela de la Orden, investigador soriano, es de lo más sugerente:

“…estas cocinas recogidas, humildes, donde se cobijan en verano las golondrinas adornando la estancia con sus nidos y alegrándola con sus revuelos y chillidos; estas cocinas son el lugar sagrado donde se vive, se come, se abriga, se sueña.”

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