LA CANCIÓN DEL PINAR – Sotero Eugenio Bartolomé Hernando (1983) – I

Nacido en Duruelo de la Sierra, emigró muy joven a tierras Argentinas donde desarrolló su labor profesional y se destacó como poeta. La gran distancia existente entre los pinares del Urbión y la provincia de Córdoba Argentina, no hicieron más que acrecentar el recuerdo de su tierra que le vio nacer.

Hace un par de años me entregaron un poemario publicado en el año 1983 por Sotero dedicado a su tierra de pinares y a su pueblo natal. Dicho poemario de tirada muy corta resulta hoy en día, prácticamente imposible de conseguir, por ello durante varios días compartiré con todos vosotros el sentimiento y amor que esta persona siente hacia la tierra de pinares, sentimiento que, estoy convencido, muchos de los emigrantes al “nuevo mundo” sienten igualmente pero que Sotero lo sabe expresar en sus poemas.

Sirva de pequeño homenaje a todos aquellos que por un motivo u otro tuvieron que abandonar su pueblo, su provincia e incluso su país en busca de una vida mejor, pero que a pesar de ello, siguen añorando y queriendo a la tierra que les vio nacer.

LA CANCIÓN DEL PINAR

Sotero Eugenio Bartolomé Hernando

(1983)

 I

 Y subí al pinar

yo era leñador,

en la hoja de mi hacha

se miraba el sol.

Y subía al pinar

todo era canción.

El Duero y su cuenca,

un vago rumor

de notas dispersas;

mil cuerdas de un son

en todas las copas.

Piaba un ruiseñor,

reían auroras y brisas,

soñaba el amor.

Yo subí al pinar,

canto su canción.

 II

Canción azul

de un cielo de cinc;

pentagrama verdi-viejo,

monte, monte, monte.

Canción risueña,

cascabeles de vertientes saltarinas,

murmullo trémolo en el follaje,

como un concierto

de aves peregrinas.

La canción del pinar.

III

El pinar

está lleno de música.

Lira gigante de mil cuerdas

torcidas a capricho como ramas,

los dedos largos del céfiro,

arrancan multicordes notas

escondidas en su invisible pentagrama

y ensaya su canto.

¿Cuanta armonía!

La canción del pinar.

El pinar

es todo melodía.

Verde alfombra de ojivas,

en ella se tiran las nubes a desgano

y el viento, peina voluptuoso

la ondulación de sus copas

y murmura su canción.

La canción del pinar.

Dolor de la tierra madre,

risa traviesa de vertientes,

grito eco que salta de monte a monte,

trémolo dolorido de un valido

quebrado en los peñascos,

arpegio de ruiseñores.

La canción del pinar.

Cuesta arriba,

monte, cielo, monte,

pinos… pinos… pinos

resina de cristal amarillo,

verde esmeralda, verde;

más arriba, azul la pupila del cielo

que se tira de bruces al río

y todo se vuelve canto…

La canción del pinar.

Tierra de pinares_un mar de pinos4

EGO

I

Mi arcilla,

veinte generaciones de patriarcas en Castilla,

que en mi frente besa este nuevo sol americano.

 II

Desde el principio

los míos subían al monte.

Mis abuelos

desde la primera generación,

a tirar pinos

con sus hachas formidables …

Por eso yo, todo mi ser

se hizo árbol, siempre verde,

y en mi corazón

anida un ruiseñor.

III

Duruelo es mi pueblo

tierra de pinares.

Leñadores mis abuelos,

leñador también mi padre,

savia de pinos viejos

llevo dentro de mi sangre.

Pinos de mi tierra noble

que los leñadores caen;

en vuestras cortezas duras

yo grabé mis iniciales,

la navaja de plata era

como las luces del aire.

Duruelo es mi pueblo,

tierra de pinares.

 IV

Nací una clara mañana

de un año y día que fue.

Hijo soy de la montaña

siempre me veréis de pie.

V

Con la alborada

van a los montes,

con la alborada

los leñadores.

Prados amenos,

grises alcores,

luna de plata,

nubes de cobre,

nieve en los picos

y en el horizonte,

se trae el alba

sobre los montes.

Al pinar suben

los leñadores …

Mi padre es uno

de aquellos hombres.

VI

Al alba, todas las albas,

de todos los días

claros o negros.

Todas las albas, suben al monte

los hijos de este pueblo,

Duruelo de la Sierra.

Clamor herido en el vientre de Castilla,

su gloria y su infortunio,

trazo verdi-negro en la copa de sus pinos

y en la vejez de sus piedras,

siempre nuevas

con la resurrección de los siglos.

Grito se ha hecho el musgo

y luz la nieve sempiterna

en la cresta dromedaria

del padre Urbión, allí en el infinito.

Los prados y las fuentes y los pinos

como un corazón abierto, en tributo

y el sudor, que sabe a sal, de los fuertes leñadores.

Aquel es mi padre,

el primero que sube

todas las albas

de todos los días

claros o negros …

VII

Mi vida,

se anunció como una aurora

de nubecillas rosas en el cielo

y campanillas azules

por las praderas.

Mi vida,

tuvo su mediodía

del sol, ígneo carro de fuego

vestido de oro viejo,

cuyos rayos

encendían mi alma y quemaban mi frente;

igual que un grito

vociferaba sus ansias y la resurrección,

era todo hálito, giro y sueño.

La muerte yacía postrada.

Hoy, mi vida

es un crepúsculo

de bermejos nubarrones

que tienen formas de fantasmas y quimeras

En mi frente

los surcos de una tierra cansada.

Mis ojos abiertos

no escudriñan, están quietos en sí mismos,

absortos en mis celajes interiores.

Juntan mis manos,

de pié postrado,

Todo mi ser es oración.

VIII

Hoy, que ya mi sol declina

regreso a mis interiores …

Triste de mí, ay, cuánta espina

forjé, y que pocas flores.

Tierra de pinares_un mar de pinos5

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