EL DERECHO DE SUERTES EN LA ZONA DE PINARES DE SORIA – III

EL DERECHO DE SUERTES EN LA ZONA DE PINARES DE SORIA – III

6. EL MARCO INFRAESTRUCTURAL

En la provincia de Soria, por constituir una de las zonas de bosques más importantes de España, la riqueza forestal ha tenido extraordinaria importancia en todos los tiempos, quedando testimoniada la conciencia de su valor en algunos textos histórico-jurídicos[1]. Dentro de esta provincia, en su parte noreste, hay una extensa zona llamada «de pinares», constituida hoy por 16 municipios: San Leonardo de Yagüe, Navaleno, Casarejos, Vadillo, Espejón, Santa María de las Hoyas, Talveila, Muriel Viejo, Cabrejas del Pinar, Abejar, Muriel de la Fuente, Covaleda, Duruelo, Salduero, Molinos del Duero y Vinuesa, afectados por una problemática similar, por participar de características comunes desde tiempos inmemoriales[2]. Dada su altitud (de unos 1.200 metros de promedio), y lo abrupto del terreno, constituye una zona no apta para el cultivo de cereales, no contando sus habitantes con otros ingresos que los procedentes del monte[3], a excepción de las actividades de industria y comercio que afectan tan solo al 3% de la población.

El tipo de aprovechamiento que tradicionalmente se hacía en la «zona de pinares», se reducía a la utilización, por parte de los vecinos, de leñas secas para calentar sus hogares y para la construcción[4]; pero a partir del siglo XVI comienzan a realizarse explotaciones a gran escala para la construcción de edificios en zonas vecinas, lo que propició el nacimiento de una nueva actividad económica: la carretería[5], medio de transporte por excelencia de la accidentada geografía Ibérica hasta el siglo XIX, en que se abren rutas y medios de transporte alternativos con cierta significación. Las frecuentes concesiones reales de cortas de pinos a los vecinos de los pueblos pinariegos a lo largo del siglo XVIII, fundamentalmente con motivo de la carretería[6], incidieron directamente en la revitalización económica de la zona[7].

pablo romero tirando un pino 1930

Pese a crearse la Administración forestal a mediados del siglo XIX, la antigua costumbre del reparto vecinal de los aprovechamientos de los llamados pinos «de privilegio» o «de concesión» fijó sus antecedentes inmediatos en las Reales Ordenes de 20 de agosto y 30 de septiembre de 1901 en que por primera vez son regulados. En la primera se concede a 5 pueblos (San Leonardo, Navaleno, Casarejos, Vadillo y Covaleda) el derecho a serles adjudicados —previo pago del precio de tasación— y para el reparto entre sus vecinos, un cierto número de pinos. La importancia de este paso es considerable por quedar por primera vez legalmente reconocidos los repartos vecinales de los aprovechamientos, pasando de una situación de hecho, ya que hasta entonces su existencia se basaba tan sólo en la costumbre, a una situación de derecho. En los demás pueblos (Espejón, Santa María de las Hoyas, Talveila, Murial Viejo, Cabrejas del Pinar, Abejar, Muriel de la Fuente, Duruelo, Salduero, Molinos de Duero y Vinuesa), la Real Orden de 30 de septiembre de 1901 limitaba el aprovechamiento de maderas para el reparto vecinal, al número de metros cúbicos de madera que necesiten los vecinos y municipios propietarios para las necesidades de uso propio, entendiendo que no podría exceder del promedio —señalamiento— autorizado por la Dirección General de Montes en los Planes del decenio 1892-1901, en los montes respectivos. La misma Real Orden establecía que en caso de que la posibilidad técnicamente determinada no se agotara con el aprovechamiento vecinal anual, el excedente se enajenara en pública subasta ingresando el beneficio en las arcas municipales del Ayuntamiento en cuestión[8].

Los pueblos pretendieron desde ese mismo momento la renovación de la Real Orden de 30 de septiembre de 1901, con el fin de eliminar el sistema de subasta pública de los aprovechamientos (que anulaba la gratuidad del reparto de sus pinos «de privilegio» concedido tiempo atrás, al tener que ingresar, previamente a la subasta, una cantidad de dinero para que el Ayuntamiento pujara), para que en su totalidad fueran objeto de reparto vecinal (adjudicación directa); pero al ser desestimada esta pretensión, la mayor parte de los Ayuntamientos comenzaron a ejercer el derecho de tanteo en las subastas, para su posterior reparto vecinal. Esta práctica probada provocó la reforma del sistema en 1949 (Orden Ministerial de 13 de agosto), quedando limitada para los Ayuntamientos

la posibilidad de autoadjudicación anual —en la realidad lo era— de los aprovechamientos excedentes por el precio de tasación, para su posterior reparto vecinal.

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7. EL REPARTO VECINAL DE LOS APROVECHAMIENTOS EN LA ACTUALIDAD

En la actualidad los pueblos mencionados reciben la totalidad de los aprovechamientos maderables de sus montes, a través de dos conceptos distintos, reconocidos por la Administración:

— Los pinos «de privilegio» o pinos de concesión, de aprovechamiento totalmente gratuito, en cantidad «señalada» por los organismos técnicos para cada monte.

— La adjudicación directa del resto de los productos maderables por el precio de tasación.

El conjunto de estos dos conceptos es repartido entre los vecinos según la costumbre y peculiaridades de cada pueblo, plasmadas en unas Ordenanzas Especiales (en adelante O.E.) que cada Ayuntamiento afectado quedó autorizado a elaborar, como efecto y aplicación de lo dispuesto por la Ley del Régimen Local de 23 de diciembre de 1948 sobre aprovechamientos comunales, que establecía en favor de los Municipios la facultad de poder exigir a los vecinos determinadas condiciones de arraigo, vinculación y permanencia en la localidad, para tener derecho a los aprovechamientos, con tal de que tales previsiones, una vez recogidas, fueran aprobadas por el —entonces— Ministerio de la Gobernación.

La exigencia de ciertos requisitos adicionales a la categoría jurídica de vecino por parte de los Ayuntamientos, venía a establecer un desdoble aparente, aunque históricamente fundamentado[9], dentro de ella, imponiendo una dicotomía al contemplar la existencia de vecinos «según la leyes Estatales» (esto es en la época de elaboración de las Ordenanzas Especiales reguladoras, entre 1949 —las de Covaleda— y 1964 —las de Casarejos—, según la Ley del Régimen Local de 16 de diciembre de 1950 y la Ley de Población y Demarcación Territorial de 17 de mayo de 1952), y vecinos «con derecho de suertes».

La práctica totalidad de las O.E. manejadas[10] se ajustan a un modelo similar, en el que, no obstante, pueden apreciarse algunas diferencias morfológicas: una primera parte denominada «memoria» o «exposición» o «antecedentes» (con la que no todas cuentan, habiendo algunas de «capítulo único»), en la que se determina el tipo de bien cuyo aprovechamiento se pasa a continuación a regular (es decir, si se trata de un bien comunal o de propios); se define el ámbito espacial afectado por esa normativa[11]; y se exponen los motivos históricos y económicos que justifican la razón de ser de los aprovechamientos en el municipio en cuestión. La segunda parte del contenido formal de las O.E. se vertebra en un sucinto articulado que recoge taxativamente los requisitos y supuestos que dan cabida o excluyen del referido «derecho de suertes».

Los argumentos que justifican la elaboración de las referidas O.E. giran en tomo a tres grandes ejes que aparecen en todas ellas como una constante:

1.° La importancia económica, tanto cualitativa como cuantitativa, de los beneficios que reportan los aprovechamientos forestales para los vecinos de los municipios pinariegos, que carecen de otros recursos significativos.

El privilegio de concesión del reparto gratuito de aprovechamientos forestales entre los vecinos en todos los municipios pinariegos cuenta con arraigada tradición, no siempre fácil de demostrar documentalmente pese a los grandes esfuerzos de los Ayuntamientos en este sentido al tratar de cumplir la prescripción de la Ley de 1948[12], que al facultarlos para la elaboración de O.E. reguladoras de los aprovechamientos, exigían demostrar su arraigo y tradición.

En el caso más frecuente, según alegan los Ayuntamientos, el primer documento que menciona estas concesiones de privilegio es el Catastro del marqués de la Ensenada de 1749, donde consta entre las contestaciones al formulario (concretamente a la pregunta 23), que los aprovechamientos eran distribuidos a partes iguales entre los vecinos[13]. En

cualquier caso muchos de estos privilegios arrancan del siglo XVIII, por las razones más arriba mencionadas.

3°. El tercer eje de razones que fundamenta la elaboración de las O.E. es su finalidad misma: evitar, mediante el establecimiento de requisitos que basados en la costumbre y la tradición pueden invalidar o habilitar a un vecino para el reparto de aprovechamientos, que los forasteros que carecen de vinculación y arraigo, por el hecho de residir un breve período de tiempo en la localidad, adquieran la condición legal de vecinos, con la única finalidad de conseguir el disfrute de los aprovechamientos comunales[14]. En definitiva, todas las O.E. vienen a evitar que las personas sin arraigo disfruten de lote perjudicando a los vecinos que obtendrían lotes de menor cantidad al aumentar el número de personas con derecho a reparto.

La segunda parte del contenido formal de las O.E. está compuesta por los artículos que refieren las condiciones requeridas a los vecinos para obtener el derecho al reparto; a la forma de reparto, así como a su cuantía y a las obligaciones que contrae el beneficiario.

año 1945

a) Condiciones que deben reunir los sujetos beneficiarios

Vinculación y arraigo: En casi todas las O.E.[15] se exige, además de la mera vecindad en el Municipio, ser hijo o nieto de padres o abuelos que hubieran sido vecinos de aquél y beneficiarios (en algún momento) de los aprovechamientos[16].

2.° Residencia: Se exige no sólo ser vecino (es decir, estar empadronado), sino tener residencia fija y continuada en la localidad: con casa abierta al menos en un período que oscila, según las O.E., entre 8 y 10 meses al año.

En todos los casos quedan minuciosamente reguladas las ausencias permitidas y que nunca superarán los cuatro meses. Cualquier ausencia mayor a éstas necesita autorización del Ayuntamiento, que sólo la otorgará en casos de hospitalización por enfermedad, de estudios, de servicio militar, y en caso de ancianos por tener necesidad de residir en algún centro geriátrico. La ausencia por privación de libertad se resuelve, o bien mediante la entrega del beneficio del reparto a la familia (mujer e hijos) del ausente, o bien en caso de no tenerla interrumpiendo las entregas hasta la incorporación del sujeto.

3.° Edad y estado civil: La edad a partir de la que se adquiere el derecho a participar en el reparto de aprovechamientos oscila de unas O.E. a otras entre los 18 y los 25 años. En algunos casos so se exige edad alguna, sino que se vincula el derecho a la adquisición del «status» de cabeza de familia, quedando referido en la mayoría de los casos a la circunstancia de contraer matrimonio, es decir configurándose un tipo de «suerte» familiar. En los casos en que el requisito del matrimonio no es indispensable, el importe del lote del soltero es la mitad del que disfruta el casado. El viudo o la viuda suelen percibir la participación correspondiente a la persona fallecida, mientras no vuelva a contraer matrimonio con un forastero.

Los huérfanos, en función de su número[17], perciben en unos casos un cuarto de «suerte» o media «suerte» hasta cumplir la edad requerida para ser beneficiarios (de media «suerte» si permanecen solteros o de «suerte» completa si contraen matrimonio). En otros casos, el conjunto de huérfanos menores es beneficiario de un lote a repartir a partes iguales[18] entre ellos, y a administrar el tutor o representante legal.

la arenilla 1976

b) Forma de reparto y cuantía

La totalidad de las O.E. estipulan que el reparto se realizará por lotes o «suertes» iguales, que se efectuarán a partir de la fijación de la cuantía del aprovechamiento comunal, que en muchos casos viene expresada en la propia O.E.

Dicha cuantía es el resultado de dividir el señalamiento (realizado por los organismos técnicos de la Administración forestal, hoy concretamente por el Distrito Forestal), entre el número de vecinos con derecho al aprovechamiento (que a la sazón figurarán en el padrón[19] que antes de cada 1 de octubre —comienzo del año forestal— habrán confeccionado los Ayuntamientos[20]), medido en metros cúbicos de madera, equivalente a un determinado número de pinos[21].

Sin embargo, en la actualidad la práctica observada en algunos municipios es otra: la totalidad del aprovechamiento comunal es dividida en un número reducido de partes que se someten a un procedimiento licitador al que concurren los industriales madereros interesados y el producto de la subasta se reparte entre todos los vecinos con derecho a participar en el reparto. En estos casos no es posible fijar una cuantía, dado que el beneficio estará en función de la cotización que se alcance en la subasta.

c) Obligaciones de los beneficiarios

Las pruebas de parentesco, vecindad, residencia efectiva, etc., correrán a cargo quien solicite el reconocimiento del derecho.

Es práctica habitual entre los Ayuntamientos el fijar una cuota anual que deberán abonar los vecinos por la utilización de los lotes que se les adjudiquen, para compensar los gastos que originan la custodia, conservación y administración de los montes, así como para atender los servicios municipales. Algunas O.E. incluyen algún artículo que permite al Ayuntamiento fijar anualmente esta cuota.

 Otra cuestión relevante de las O.E. es que en todas ellas se otorga a favor de los vecinos sin derecho a aprovechamiento el uso de leñas necesarias para el consumo individual. Asimismo existe, en general, un talante permisivo por lo que se refiere a respetar la situación hasta el próximo ejercicio a los vecinos que aun no correspondiéndoles desde la aplicación de la O.E. «suerte de pinos», la hayan venido disfrutando por la razón que fuere.

Todos estos extremos en sus rasgos esenciales emergen en la actual Ley del Régimen Local de 2 de abril de 1985 y en su Reglamento de Bienes de las Entidades locales de 13 de junio de 1986, que reconocen como forma de disfrute de los bienes comunales el aprovechamiento peculiar según costumbre o reglamentación local, y la adjudicación por lotes o «suertes», estableciendo que cada forma de aprovechamiento se ajustará a las O.E. o normas consuetudinarias tradicionalmente observadas.

Covaleda años 1940 - 50

Covaleda años 1940 – 50

[1] El Fuero de Soria dedica sus cuatro primeros títulos a la «guarda de montes», que resultan así protegidos tanto frente a agresiones de extraños como frente a agresiones de vecinos. Una referencia completa sobre el tratamiento de montes en los textos histórico-jurídicos en GiBERT, R., «Antiguo Régimen…», cit. supra, págs. 7-32; EL MISMO, «Ordenanzas reales de Montes en Castilla (1496-1803)», en Actas del II Symposium de Historia de la Administración. Madrid, 1971, pág. 308. Resulta asimismo ilustrativa la estructuración en tres etapas bien determinadas de la legislación forestal española, expuesta por GUAITA, A., Enciclopedia Jurídica Seix Barral, T. XVI. Barcelona, 1986, págs. 594 y ss. Voz «Montes».

[2] Las superficies forestales en la provincia de Soria encuadrables en la categoría de montes de los pueblos de utilidad pública, es decir, catalogados, constituyen únicamente una tercera parte del total.

[3] Se trata de una comarca eminentemente selvática en la que el 70% del total de la superficie está en la actualidad ocupado por el monte-pinar frente al monte-robledal y el monte-hayedo que le siguen muy de lejos en importancia. Semejante distribución configura un escenario propio de montaña donde se desarrollan actividades económicas, modos de vida y nonnativas para regularlos, diferentes de las de otros espacios de la propia Castilla.

[4] A pesar de lo cual el inmenso patrimonio forestal soriano sufrió enormes mermas a través de los siglos fundamentalmente a causa de los incendios provocados por los pastores trashumantes que al marchar durante el invierno a Extremadura o Aragón (un ramal de una de las tras grandes Cañadas que atraviesan la Península pasa por la zona) ponían fuego a los montes para encontrar a la vuelta abundantes pastos. También contribuyeron las roturaciones arbitrarias para el cultivo de cereales y la realización de cortas más amplias de lo que la repoblación natural de los montes podía soportar.

 [5] Existió desde el siglo XVI un trasiego, con núcleo en la «zona de pinares», de múltiples mercancías en el ámbito interregional demandado tanto por particulares como por la Corte. Sobre este punto, GIL ABAD, P., Junta y Hermandad de la Cabana Real de Carreteros. Burgos-Soria. Burgos, 1983.

[6] De entre los numerosos ejemplos cabe mencionar la Real Provisión expedida por el Consejo de Castilla, el 29 de mayo de 1760, autorizando la corta en los montes de San Leonardo de Yagüe, a repartir entre sus vecinos, para la construcción de carretas de la Real Cabaña…, con la condición expresa de criar, plantar y limpiar otro igual número de árboles en el mismo sitio de la corta o en otro más proporcionado; en semejantes términos había sido concedido el privilegio o concesión de corta al Municipio de Navaleno en 1753… Vid. CISNEROS TUDELA, C, «Aprovechamientos comunales en los montes de pinares de la provincia de Soria»,. Tesis I.E.A.L., Madrid, 1957, pág. 66.

 [7] Vid. KXEINPENNING, La Región pinariega. Gronningen: Doruk, 1962, págs. 40 y ss.

[8] Cfr. «La gestión de los montes vecinales en Soria». Conferencia pronunciada por D. Jesús Rueda Fernández, técnico de la Administración Forestal, en la Cámara de Comercio de Valladolid, en junio de 1987; trabajo inédito proporcionado por el propio autor.

[9] La vecindad aun siendo en esencia una institución de naturaleza jurídico-pública, puede generar relaciones jurídicas que se enmarcan dentro del ámbito de lo jurídico-privado, actuando en este campo como una de las circunstancias que, por causa voluntaria, pueden modificar la capacidad de obrar de un sujeto. Históricamente derivaban ya del nacimiento o de la habitación en una población por cierto tiempo («con casa abierta», como reza la terminología de los fueros), ciertas expectativas tales como la protección del fuero local, el disfrute de los bienes comunales o la participación en el gobierno municipal; resultando así que no todos los habitantes de una localidad eran vecinos, existiendo también los «medios vecinos» y los forasteros (o «albarranes»). Cfr. GARCÍA DE VALDEAVELLANO, L., op. cit. supra, pág. 543.

[10] No se dispone por el momento de la totalidad de las O.E. de los 16 municipios pinariegos, faltando las de Espejón y Santa María de las Hoyas, a las que, no obstante, es presumible suponer una casuística semejante.

[11] Abejar: montes n.°^ 104, 117 y 119 del Catálogo de Utilidad Pública de la Provincia de Soria; Cabrejas del Pinar: montes n.°^ 117 y 118 del mismo Catálogo; Casarejos: montes n.° 72, 72-A y 73 del mismo Catálogo; Covaleda: monte n.° 125 del Catálogo; Duruelo: monte n.° 132…; Molinos del Duero: montes n.° 142 y 143; Muriel Viejo: monte n.° 82; Navaleno: monte n.° 84; San Leonardo de Yagüe: montes n.° 87, 88, 89 y 90…; Salduero: montes n.° 142 y 166; Vadillo: montes n.° 99 y 99-A; Vinuesa: monte n.º 192; y Talveila: montes n.° 93 y 95.

[12] En la O.E. de Duruelo de la Sierra se incluye la relación más detallada sobre la antigüedad del origen del privilegio a esta localidad, cuya concesión data de la Carta puebla otorgada en 1288 a los pobladores que, procedentes del Valle de Gomiel, asienten en esta villa: O.E. de Duruelo de la Sierra, págs. 2-4.

[13] Así queda constatado en las O.E. de Duruelo de la Sierra, Talveila, Abejar.

[14] «(…) Hasta la Ley de 1948 podía acceder a «suerte de pinos» cualquier vecino por el hecho de residir en esta villa, no teniendo competencias legales la Corporación municipal para impedirlo, al carecer de Ordenanza escrita que fije correctamente y delimite las circunstancias de vinculación y arraigo que tradicionalmente se han venido observando»: O.E. de Abejar, págs. 1-2.; también O.E. de Cabrejas de la Sierra, págs. 4-5.

[15] Abejar, Cabrejas, Casarejos, Covaleda…, etc.

[16] Únicamente, de las manejadas, la O.E.de Vinuesa (la más permisiva) admite la posibilidad de que un natural de la localidad con residencia probada durante un período largo y continuado de su vida, pueda llegar a ser beneficiario de «suerte» aun sin tener arraigo familiar.

[17] O.E. de Cabrejas del Pinar, Artículo 8.°, págs. 9-10: «Los hijos de padre y madre que fuesen hijos o nietos de padres o abuelos descendientes de esta localidad, tendrán derecho al disfrute de los aprovechamientos, tanto si son varones como hembras, en la proporción siguiente:

— Medio lote de pinos para cada familia de huérfanos si son de uno a dos.

— Lote entero si la familia está constituida por tres o más huérfanos, y.

— Los huérfanos percibirán los derechos de aprovechamiento a que hacen referencia los

apartados anteriores del presente artículo, hasta que hayan cumplido 25 años; pues cumplida que sea esta edad, de seguir en estado de soltería, se les considerará como vecinos y disfrutarán de medio lote».

[18] Son el caso de Abejar y Molinos de Duero.

[19] O.E. de Vadillo, Artículo 6.°, pág. 8: «Si cualquiera de los vecinos inscritos en el Padrón de aprovechamientos comunales falleciese con posterioridad al 1 de octubre, pero con anterioridad a la adjudicación específica de su lote o «suerte», ésta pasará a sus herederos, según las normas que rigen las sucesiones «mortis causa» en el Derecho español vigente.

[20] O.E. de Casarejos, Artículo 4°, pág. 8: «Durante el mes de septiembre de cada año, la Corporación municipal, y a través de la Secretaría del Ayuntamiento, confeccionará el padrón de vecinos con derecho a aprovechamientos forestales que hayan de regir durante el próximo año forestal que comience en 1 de octubre, en esta lista o Padrón se incluirán todos los vecinos que no habiendo causado baja hasta dicha fecha, figurasen en el del año anterior y aquellos otros vecinos que, reuniendo los requisitos 2.° y 5.° de esta Ordenanza, lo hubiesen solici tado mediante escrito dirigido en tal sentido a la Corporación y que deberá presentarse en la Secretaría Municipal con anterioridad al 25 de septiembre de cada aflo. Confeccionada que sea esta lista, la Corporación procederá a su aprobación provisional (…). El mismo 1 de octubre se publicará el mencionado Padrón, mediante su exposición al público durante 15 días hábiles, para que durante el referido plazo puedan interponerse las reclamaciones que se consideren pertinentes, de las cuales resolverá la Corporación (…)».

[21] Así: Navaleno, 900 pinos equivalentes a 1.000 metros cúbicos; o San Leonardo de Yagüe, 1.262 pinos seleccionados equivalentes a 1.400 metros cúbicos de madera.

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