RITO Y TRADICIÓN ORAL EN CASTILLA Y LEÓN – Luís Díaz Viana (1.984) – II

RITO Y TRADICIÓN ORAL EN CASTILLA Y LEÓN – Luís Díaz Viana (1.984)

II

RITO Y COMUNIDAD: “La Pinochada de Vinuesa”

1.- La Fiesta:

            Según escribió un literato soriano del pasado siglo, entrar en la tierra que llaman “de pinares” es como irrumpir en un paisaje de cuento y encontrar las aldeas nórdicas que nuestra fantasía de niños imaginaba (* Juan José García en su memoria “Una visita a las lagunas de Urbión”, cf. Nicolás Rabal, Historia de Soria (Soria: Macondo ediciones, 1.980) pag. 496).

            Esta región de la provincia de Soria impresiona especialmente al viajero porque, en ella, la naturaleza se nos presenta no sólo como el marco donde la vida transcurre sino como razón y motor fundamental de las cosas.

            En tales territorios, al igual que en los bosques y montañas del norte de la península, parece más fácil creer (entre la verde oscuridad de las forestas y bajo la altura casi amedrentadora de los árboles) en los dioses y genios de las selvas a quienes los antiguos rendían culto. Historias sobre extraños seres, mezcla de hombre y animal, que protegen los habitantes del bosque contra los cazadores, y sobre cíclopes (“ojarancos” u “ojarranquillos”) que raptan mujeres e incendian las cosechas (Historias de este tipo las hemos recogido en Castilla, si bien, por lo general, de gentes cuyos antepasados procedían del Norte. Véase como ejemplo, el cuento relatado por Amalia Gómez, nacida en La Overuela, Valladolid: Revista de Folklore II (1.981) pag. 29-30)

            Hoy, las gentes no hablan de esos demonios brumosos que triscan en el bosque de la mitología, pero todavía mencionan el ambiente especial de “la Tierra de pinares” y cómo esta presión de la naturaleza influye en los seres humanos. Y hay quienes te hablarán de que en los pueblos de esa zona se han producido secularmente más crímenes y suicidios que en otros de la provincia. (es famoso el crimen de Duruelo que, como otros muchos sucesos luctuosos, fue popularizado por los romances de ciego que, en gran abundancia, circulaban por la provincia).

            Los clérigos, con religiosa prudencia, acostumbran ausentarse del campo de batalla, por si acaso, y los de Covaleda, el pueblo vecino y rival, no aparecen por Vinuesa en esa fecha pues saben que se expondrían a la paliza más larga y despiadada.

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2.- La explicación tradicional y otras interpretaciones

            Del origen de “La Pinochada” corre una versión popular que ha sido repetida por los contados cronistas del rito. Escribe Nicolás Rabal, que Vinuesa recibió, en donación, un monte pinar por decisión del Rey D. Juan II pero que, también, posee otro que linda con el de Covaleda. Y explica:

“Pretendiendo lo de este vecino pueblo tener a el más derecho, se lo disputaron con las armas en la mano, originándose con este motivo una refriega sangrienta. Ya estaban a punto de vencer y arrollar los hombres de Covaleda a los de Vinuesa, cuando las mujeres de éstos, entrando de repente en su ayuda, rechazaron a sus contrarios y obtuvieron la victoria. Desde entonces, el pinar quedó para los vecinos de Vinuesa, y en memoria de esta acción heroica de las mujeres, en la fiesta anual de San Roque, se repite entre otros festejos el simulacro de la pinochada (Nicolás Rabal, Historia de Soria pag. 154).

            El historiador soriano no precisa de qué fuente tomó esta información, que es la misma que hoy los de Vinuesa dan a quien les pregunta por el extraño rito. Dado el valor que la letra escrita suele cobrar en España, esta génesis ha sido dada por buena a falta de otra mejor y quienes, después, han escrito sobre el caso, en general, repiten la leyenda que Rabal difundió. En el relato, tal como Rabal lo recoge, no se determina la época en que semejante batalla se produjo; hay que la sitúa en el reinado de Juan II basándose en los privilegios que este Rey concedió al pueblo (Avelino Hernández, “Había una vez un Pueblo”). Según las viejas crónicas, D. Juan I acostumbraba a cazar por estos pinares cuando hizo su corte en Soria, y los antiguos libros de caza cantan las excelencias de tales parajes (Así el Libro de la Montería del Rey D. Alfonso XI, u otros como el Libro de la Caza de las aves, del canciller Pero López de Ayala, y el Libro de la Caza del príncipe D. Juan Manuel).

            La apócrifa historia, que revela un fondo verdadero, la rivalidad entre Vinuesa y Covaleda, no explica satisfactoriamente el sentido de la fiesta. y ni siquiera se ajusta al ritual. La tradición oral de los del pueblo señala como causante del litigio a una cuña de monte, muy rica en pinos (La “umbría”) que, paradójicamente, pertenece a los de Covaleda. De otro lado, la lucha que cuenta la leyenda escasamente coincide con lo que en “la pinochada” se representa. ¿Quienes serían los de Covaleda? Lo que el ritual nos dice es que los solteros resultan sistemáticamente derrotados cualquiera que sea su sexo. Difícilmente puede creerse que si el rito tuvo su origen en tal historia, ésta apenas sea reconocible en el simulacro de casados y solteros. ¿Por qué tantos escritores propagaron, entonces, semejante explicación considerándola cierta?.

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            Otra leyenda se superpone a la que ya he transcrito y es la que, popularmente, parece más extendida. Según ella, la imagen de la Virgen del Pino que hoy se venera en la Villa, apareció un día en un pinar de los que se hallan entre Covaleda y Vinuesa. Pastores de uno y otro pueblo divisaron la estatua y pronto se entabló entre ambos bandos cruenta lucha. Hombres de cada lugar acudieron a reformar sus respectivos grupos, haciéndose batalla general. Finalmente, las mujeres de Vinuesa se incorporaron a la refriega e inclinaron a su favor el resultado de la misma. Humorísticamente, los de Covaleda dicen que los de Vinuesa se quedaron con la Virgen, pero ellos con el pinar. En la propia Vinuesa, muchos repiten el dicho entre resignados y socarrones. (M. Kenny – “A Spanish Tapestry” (New York: Harper & Row, 1.966) pag. 108; allí se recoge la leyenda religiosa).

            La única agresividad peligrosa es hipotética: se trata de la amenaza a los de Covaleda que, por si acaso, se cuidan mucho de ir al festejo.

            Un dato histórico hasta ahora no comentado es el que proporcionan los libros de las cofradías: el más antiguo de ellos está fechado en 1.500, lo que garantiza 497 años de antigüedad, pero no aclara el origen, pues tal documento puede perfectamente ser un reflejo del momento de su “legalización”, por así decirlo (Además de los libros de cofradías, algunos de los elementos de “La Pinochada”, como los estandartes, indican esa época para la “institucionalización” del rito).

            Hasta principios de este siglo, la zona de pinares quedaba aislada durante cuatro meses al años del exterior, pues no existían medios de combatir y atravesar la nieve que la cercaba. Ello originó que tuviera legislación y justicia autónomos.

            Como ha escrito Avelino Hernández con acertada frase: “fue bien singular por aquí (la tierra de pinares) la evolución histórica. Porque propiamente no hubo visigodos, no hubo moros y  no hubo reconquista”. (Avelino Hernández, “Donde la Vieja Castilla se Acaba”, pag. 114). Aunque existió el suficiente contacto para que el lenguaje, por ejemplo, evolucionará al compás del desarrollo general, en lo cultural, social y económico, la independencia de estos pueblos serranos frente a “lo de fuera” fue enorme.

            Hay referencias recogidas por cronistas y viajeros, de que “las gentes de pinares son de raza diferente” (En la memoria de Juan José García ya citada, “Una visita a las lagunas de Urbión”) se hace mención de las especiales características físicas de los habitantes de Covaleda, más claramente apreciables en las mujeres. (Véase Nicolas Rabal, “Historia de Soria”, pag. 497). La mención hecha por José García a una pretendida colonia bretona en Covaleda ha sido generalizada a Vinuesa en alguna ocasión, pero este dato sobre los covaledanos no está documentado, hasta donde yo se, ni parece probable tal repoblamiento. (Puedo decir que mis búsquedas en este sentido han resultado infructuosas y que no he hallado ninguna evidencia de ese pretendido origen bretón. Quizá la denominación de bretos, surgiera porque el tipo de los de Covaleda sugería esa procedencia y no porque ella existiera en realidad).

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            De un lado, los pueblos socio-céntricos en los que la endogamia, además, es práctica generalmente observada, adquieren a lo largo del tiempo características físicas más o menos específicas respecto a los otros (La endogamia, por ejemplo, podría ser una causa que justificara la homogeneidad física de los de un pueblo frente a los de otros), lo que serviría para explicar ese supuesto “tipo especial” que García atribuía a los pobladores de Covaleda y Duruelo. De otra parte, han sido los vecinos de Vinuesa, precisamente, quienes por su enconada rivalidad con los de Covaleda, han propagado el término “Bretos” que tradicionalmente aplican a éstos, significando su distinto aspecto y origen (M. Kenny, pag. 89, comenta el carácter peyorativo de este término). Junto a tal denominación, siempre han circulado entre los de Vinuesa, habladurías sobre el comportamiento extraño y promiscuo de sus rivales (M. Kenny, pag. 53: “FURTHER COMMENT ON THEIR SUPPOSED COARSNESS AND SLOVENLINES COMES OUT IN CONVERSATION: ‘THEY COMB THEIR HAIR IN TH OPEN OUTSIDE THEIR HOUSES, AND PICK OFF EACH OTHER’S FLEAS’. EVEN AN OFFICIAL OF THE MINISTRY OF INFORMATION AND TOURISM, HIMSELF A NATIVE OF RAMOSIERRA, QUITE SERIOUSLY MAINTAINED THAT FORTY PER CENT OF THE GIRLS WHO REACH THE ALTAR IN ARBOLEDA ARE ALREADY PREGNANT…” (Arboleda es Covaleda)).

            Una importante fuente económica de la zona de pinares, ha sido, secularmente, la explotación de los pinares. Vemos pues, que el árbol, es mucho más que un remoto símbolo de abstractas deidades. En torno al pino se ha estructurado la vida de la comunidad. Tanto en Vinuesa como en Covaleda y Duruelo, anualmente se adjudica por sorteo (que se celebra en Mayo) a los vecinos el lote que les corresponde del pinar y del que disfrutarán las ganancias que se obtengan, así como el uso más cotidiano (M. Kenny, pag. 15). De diferente modo a lo que sucede en Covaleda u otros pueblos serranos, en Vinuesa las mujeres tienen derecho a acceder a un lote en ese sorteo.

            Tres condiciones se exigían para entrar en el:

                        1º.- Tener 25 años.

                        2º.- Estar casado.

                        3º.- Haber nacido en Vinuesa y ser “vecino” del pueblo.

Este último requisito requería que el candidato a la “suerte” del pino, viviera al menos 6 meses en la villa.

            Según la organización de los pueblos de esta zona, las mujeres de los propios pueblos, eran mejor “partido” que las de otros pueblos, pero no parece que ello haya impedido una fortísima endogamia, pues el casar con los del pueblo rival era algo “mal visto” y, en épocas pasadas, las muchachas de estos lugares apenas salían de su terruño. Los perjuicios, el encono hacia lo “de fuera” que aquí, a menudo, se traducía en xenofobia, la practica del pisa-calles contribuían a mantener la endogamia. (Recoge Kenny, pag. 89, la siguiente anécdota: “OTHER REGIONS, AND FOREIGN COUNTRIES TOO, ALSO COMO UNDER COLLECTIVE NICKNAMES, BUT THESE ARE LESS COMMON AND, WHEN USED, ALMOST ALWAYS MANIFEST A LATTENT HOSTILITY. A YOUNG FRENCH VISITOR, WHO ENTHUSIASTICALLY TRIED TO JOIN IN THE VILLAGE DANCE, HAD ALL KINDS OF PRACTICAL JOKES PLAYED ON HIM. WHEN AT LONG LAST HE TOOK OFFENCE, MOUNTHS WERE DRAWN DOWN IN DISGUST AT HIS BEHAVIOUR, AND SHRUGGING SHOULDERS ACCOMPANIED THE COMMENT:’¡ESTOS MALDITOS FRANCHUTES!). Quizá la animadversión al casamiento con los forasteros se originara justamente en esta situación, al no querer compartir los hombres del pueblo sus derechos al sorteo con gente extraña.

             De una u otra manera, lo “normal”, durante siglos, debió ser el matrimonio entre los del pueblo, tal como certifica Kenny, que tuvo acceso a viejos censos de Vinuesa, apareciendo como muy frecuente el enlace entre primos (M. Kenny, pag. 07 y pag. 69).

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