“FLOR DE UN DÍA” – Pedro Sanz Lallana

Hoy, nuestro buen amigo y colaborador Pedro Sanz Lallana, ha querido compartir con todos nosotros lo que será su próxima publicación. Se trata de un libro de poemas dedicado a su tierra que se titulará “Flor de un Día”. Estamos ansiosos de que vea la luz para poder disfrutarlo entero.

Aquí tenéis un avance.

CANCIONES PARA LA NOSTALGIA

COVALEDA

Covaleda, señora y dueña

de un mar de pinares,

donde el Duero busca atajos para otros mares

y el Urbión nevado, silente, sueña.

Stitched Panorama

EN AUSENCIA

Algo de tu esencia
se me enreda en los ojos, Covaleda,
cuando imagino el perfil de tus montes.
Me asalta un impreciso azar
que me obliga a volver, obstinado,
tras la memoria olvidada en tus breñas.

A volver me obligas

en busca de lo perdido.

A entregarme a ese empeño
que me lleva,

como a un amante vencido,
a recoger los fragmentos

de un encuentro fugaz
por los atajos insospechados

de tus veredas,

amada Covaleda.

Stitched Panorama 

CANCIÓN PARA EL DUERO NIÑO

Naces azul en los sesteros del invierno,
y bajas sesgando pendientes
para tenderte al sol
en los rasos que pacen al pie del Urbión.

Todavía niño

escondes cristales de nieve en tu seno
como peces asustados de piedra y cielo.
Tropiezas, bulles,
te encabritas en los pedregales de Duruelo
y ramoneas apacible en el verde esmeralda
de los pinares de mi pueblo.

Verdinegro y helado acechas la primavera.

Querencioso barnizas

en el estío siluetas de niños
que perfilan delfines ciegos;
ahogas los ojos de los puentes
por el camino de Soria en el tardío,
y te vistes de armiño en invierno.

Compañero del sendero,

marchas como un loco enamorado

en busca de la mar;

Ya lo intentaron Bécquer,

Machado, Gerardo Diego:

«¿A dónde vas, insensato?
¡Detente, Duero!»

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AMBAS CUERDAS

El horizonte se quiebra
una y otra vez
sobre oleadas de pinos y piedras.

Y el cielo,

deslomado en valles y barrancos,
acuna al niño Duero
que baja despeñado desde su nevero.

 

A vuelo de águila

se pierde la vista con asombro
de rincones recién paridos.

Las rocas lunares marcan huellas

de tiempos idos
que gozaron momentos de piedra virgen.

Ambas Cuerdas les dicen

y son en una

dos espinazos de Cíclope,
dos sueños petrificados,
dos peldaños a la luna.

ANOCHECER EN PINARES AÑO 97

AMANECER EN COVALEDA

Se acumula el día

hacia el costado de levante

por donde el pinar se espesa

grávido de verdor.

Por Valle Malo quedan indecisos

vahos de niebla que acunan las copas de los pinos

aún dormidos.

Golondrinas y vencejos taladran el amanecer

con brillos metálicos de negro y azul.

En silencio fluye Duero

mientras el camino del Hoyo

clarea en un calvero herido de luz.

 

Desde Las Losas contemplo

el proceso mágico del parto del día:

cómo se instala la vida

en cada hueco todavía deshabitado del pueblo;

cómo el paisaje se divide

entre sorpresas y memorias.

 

Queda ahí, Covaleda, tendida al sol,

bella como una corza dormida,

y yo, su admirador oculto,

avento los aromas de la mañana nueva

que ya asoma por las cumbres de Urbión.

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PASTORAL 

(En memoria de aquellos hombres y mujeres

que ejercieron  el noble oficio de pastor, como mi abuelo)

 

Traigo adheridos a la piel

los musgos del recuerdo,

las raíces de mis querencias más ciertas.

No quiero dar tregua

a la vivificante terquedad de la memoria,

aunque a cada asalto vuelva derrotado

a lamerme en silencio las heridas

abiertas por el paso del tiempo.

 

Ahora que la piel me sabe a cayados y majadas;

que me huele a estiércol caliente,

a leche agria, a sendero,

me suena a risa de arroyos,

a voces y esquilas, a tardes de mayo,

no quiero acallarla.

 

San Juan de la Cruz decía:

Pastores los que fuerdes a las majadas…

Y yo pienso:

«¿Qué habrá sido de aquellos tiempos?»

 10-AHPSo 1492

Oración para el Jueves Santo 

Hay un Hombre abandonado entre los olivos.

¡Qué derrotes de toro herido

le ahogan en los aledaños de la muerte!

Entre los olivos,

implacablemente perseguido por su destino,

hay un Hombre roto que siente la mano del Padre

oprimiéndole hasta el llanto: porque  tiene que morir.

 

Es su hora y su sangre está bramando:

«¡Aparta de mí este cáliz, que sus bordes son cuchillos

y  me cortan los labios!»

Y un sudario de miedo macera los poros de su alma

en la soledad verdinegra de los olivos.

La luna es testigo y se cela;

el silencio estrella su mordaza de miedo

contra el muro helado de un beso:

«¡Salve, Maestro!»

 

De nada valen ya espadas ni gallos

que canten al alba:

el Hombre está mortalmente herido de Pasión.

Solo, en la soledad de los Olivos dice:

«Aparta de mí este cáliz…»

Pero nadie le responde.

 

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2 respuestas a “FLOR DE UN DÍA” – Pedro Sanz Lallana

  1. pcadenas68 dijo:

    Muy bien, compañero. Las ilustraciones son más evocadoras que el texto. Es agradable ver que en Covaleda, además de otras muchas cosas, hay gente con buen gusto. Gracias.

  2. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

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