URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – FIN

URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – FIN

VIII

Mas dejemos á un lado estos hechos que no pasan de ser alimento propio, como ya dijimos, de la ignorancia, haciendo robustecer con ellos la languidez de la adormecida inteligencia con la satisfacción que le causa lo anómalo sobrenatural y ridículo de estas recitaciones de supuesto concepto, y sigamos examinando los preciosos cuadros que se presentan á nuestra contemplación propios para los pinceles de Poussimo y de Villamil, para hacer de ellos un desaliñado esbozo, sin pretensiones de imitar á los imaginados por aquellos, con lo vivo de sus detalles que embalsaman el alma de quien los examina.

Apenas dejamos la Laguna, nos internamos en un continuado Vallejondo, tortuoso, áspero y reducido, formado por dos gradaciones de rocas que parece pretenden de trecho en trecho unir sus riscosas formas para cerrar el paso en torcidos desviaderos al arroyuelo que circula por su costoso lecho.

Por encima de estas caprichosas cordilleras intercaladas en la cuenca y sobre la rápida pendiente que forma ésta, como intermedio de la gran cumbre que completa el todo de la concavidad, se vé siguiendo las sinuosidades de la falda una senda escabrosa y resbaladiza por donde los curiosos pasan con trabajo á visitar la Laguna.

Así como en la coronación de los grandes lomos de la Sierra hemos dicho que solo se ven salpicados algunos grupos da árboles que parecen asilos de refugio en medio de una naturaleza agreste y selvática; en ésta caprichosa cuenca j a atropelladamente y á porfía quieren lucir sus redondas copas los altos pinos, corpulentas hayas y abundantes robles que pueblan confusamente todo el valle, formando un contraste especial y agradable, con la multitud de cúspides de los peñascos que se dejan ver profusamente y brotando entre sus quebraduras preciosos rabiacanes que en su tiempo parecen ramilletes floridos que exhiben sus verdes formas á la vista de Febo que los ilumina.

Mas adelante cuando la cuenca se dilata y sus pendientes se suavizan se extiende ya abundantísima y poblando las Gargantas de Santa Inés, esta rica vegetación.

No nos internemos en éste extenso monte, huyamos de su vista desgarradora, la desbastadora mano deja ver por todas partes sus huellas de maldición. Comparémosle con el vasto Pinar Grande, que tenemos también dentro del círculo de nuestra observación: ambos siguen la misma desastrosa suerte.

¡Que idea más dolorosa nos presta ésta contemplación!: Calvemos producidos por la tea incendiaria por un lado, restos de talas asalteadoras por doquier, un esqueleto en conjunto forma la perspectiva de éstos montes.laguna negra-1

¿Quien tan aciagamente posee el derecho de sus dominios? ¡Ah! Él mismo se lamenta amargamente de la indolencia criminal de esa sociedad que consiente y ve con los ojos de la indiferencia el anatema cruel que le condena á ser víctima de su descuido.

Si así se sigue y tolera, los grandes montes desaparecerán como desaparece el humo en el espacio, quedando para castigo de la indolencia, la burla sarcástica que los apilamientos confusos y diseminados de las enmohecidas peñas presten con los rasgos característicos de su desnuda presencia yaciendo eternamente en sus sepulcrales lechos; y para la osadía tenaz del bárbaro destructor, la terminación y carencia de una grande y provista dispensa, de una mina de oro inagotable qué bien explotada le proporcionaría bien estar y elemento de vida para él y sus postreras generaciones.

Extraño es por demás el saborear estos desabridos pensamientos; pero fuerza del destino es presentar la verdad can el colorido que le corresponde.

El progreso excita al fomento de la riqueza pública, la civilización requiere el respeto á la propiedad; si aquel no tiene lugar, si éste no se lleva á cabo, ni la civilización ni el progreso encuentran eco de protección.

El siglo IXX es digno de que se le sostenga en sus principales elementos.

Antes de variar de posición echemos una ojeada escudriñadora por la Sierra en que nos encontramos.—¿Que son esas manchas rojizas que con tanta abundancia se ven diseminadas por uno y otro lado? —Grandes montones de hierro, que se descubren sobre el terreno descarnado y escurridizo de la cordillera tal como los puso la providencia, sin que la mano industriosa del hombre haya puesto todavía la bandera de la explotación .—¿Por que no se verifica ésta?— ¿Por… no haber medios de salida? ¡Nos duele ésta desgracia!’

Ya, sin embargo; en tiempos atrasados, se trató de dar principio á ella, cuando la gran ferrería de Vinuesa, se hallaba en sus funciones; pero no se llevó a cabo porque según se cree siniestros fines hicieron morir ésta gran fábrica que se había montado á la altura que podía apetecerse, y con esto eclipsóse el gran elemento de vida que se había proporcionado á éste país. Tal vez una acertada explotación de estos veneros interminables vírgenes todavía de ella, pudieran augurar un centro de movimiento y comercio comparable en productos con los de Somorrostro y otros que tanto fomentan la riqueza pública.

Variemos de posición y hagamos girar nuestra vista por el lado Norte.

La presencia de un gran cúmulo de Sierras que se suceden unas á otras, se dejan notar en lontananza. Valles largos y angostos enseñando sus corrientes de verdura llevan envueltos riachuelos y arroyos salpicando sus ruidosas corrientes. Dé trecho en trecho y sobre las superficies áridas de los lomos, se deja ver alguna que otra cúspide fracmentosa de almenas de castillos derruidos y atalayas enmohecidas así como por entre los valles se divisan las torres de algunos pueblos que constituyen la zona de Cameros, Nada podemos examinar en el fondo de ellos porque nuestra vista se estrella sobre los altos relieves que los guarecen; pero la fantástica imaginación que todo lo asalta y domina, recorre veloz sobre la tierra lo mismo que por los ámbitos del cielo, podremos sostenerla en el espacio y al alcance de todos ellos, cual Zancarrón de Mahoma sostenido entre dos imanes, y penetrando allá en lo hondo de los valles contemplaremos á Neila acariciada por el Nagerilla que le convida con su abundante fina y delicada pesca; más allá Villavelayo en lo más tortuoso de la Hoz”, Mansilla con sus aguas medicinales y minas de plata: Viniegra y los pueblos de la zona hasta Torrecilla de Cameros, cuna éste del ilustre político Sagasta, con el carácter despejado de sus habitantes propio de la Sierra en que nos encontramos.

Las grandes piaras de merinas es lo que mas llamará nuestra atención si recorremos las deliciosas llanuras, pendientes y collados, que constituyen la base primordial de la riqueza del país.

Contemplaremos á los hacendados ganaderos en visita de sus rebaños con la satisfacción propia del que saborea el fruto de su trabajo y con el júbilo que les causa la presencia de sus afectos, si bien por otro lado meditabundos al ver dejar pasar con impasibilidad las grandes mermas que sufren de año en año sin poder poner dique á sus males. Los grandes impuestos, discurren que sobre la ganadería gravitan: la gran escasez de pastos efecto de la enajenación de montes y baldíos: las grandes exacciones en todo y por todo que hacen multiplicar las gastos pastoriles: la reducción de anchos cordeles y cañadas á estrechos caminos: la limitación de extensos abrevaderos á simples aguaderos, son causas que dificultan considerablemente el sostén y acrecentamiento de sus atajos. Si estas causas desaparecieran para venir al apogeo de otros tiempos ¿qué halagüeñas esperanzas no rebosarían en su corazón? pero ahí saben que la realidad de estos pensamientos no puede consumarse, que las franquicias apetecidas no pueden tener eco alguno, porque es preciso vivir en sociedad y esto cuesta hoy muy caro, sí, muy caro.7009716979_04fed35998_c

La sociedad se compone solo de dos clases: a una consumidora exclusiva, la otra única productora, pero que las desastrosas circunstancias han hecho llegar el caso que la primera prepondera y absorbe para sí sola con todo lo que estaba llamado á sostener las dos, y de esto resultan consecuencias que es difícil evitar sus efectos. Mientras la una destroza á manos llenas las riquezas y se envuelve en la abundancia, la otra se halla sumida en la miseria y desesperación viendo á aquella saborear el pan que entre sus manos y á fuerza de sudor se ha producido.

Este desequilibrio social es la fuente de los males que Lamentáis y el camino que nos conduce á todos ala perdición, dejándonos entrever un horizonte oscuro y reducido que nos pone en expectativa de sus funestas consecuencias.

A nosotros quebrantan también vuestros lamentos y con el alma los remediaríamos; pero nuestro impotente deseo se estrella como el vuestro contra la fatalidad, solo nos queda de grato unir á los vuestros nuestros sentimientos y aguardar en pos de los tiempos, al resguardo del progreso y civilización días mas felices.

Puesto que en nada os podemos remediar posaremos nuestras plantas otra vez sobre nuestra piedra observatorio, cúspide de Urbión y sigamos contemplando.

Entre la sierra que nos encontramos y la del Puerto que no es más que una ramificación de aquella, se nos presenta un vallejuelo que invade la coronación de las alturas en el que se encuentran desprendidos los caseríos de Santa Inés y Quintanar (el) gozando cual águilas de estas altas regiones en reducido horizonte. Nada de envidiable, sino es que la pureza del clima y la soledad selvática, dota la providencia á sus sencillos habitantes que parecen seres espurios de la sociedad.

Este valle continúa exuberante llevando en su seno y resguardadas por dicha sierra, por un lado y por la cordillera de Cuerda la Loba por el nuestro las aguas que llevamos mencionadas del Quesos ó Revinuesa para acariciar en su seno, y cuando ya se extiende en una hermosa planicie, la preciosa granja del Plantío que ocupa una bonita posesión al mediodía en la que pacíficamente disfrutan de sus encantos sus honrados habitantes al lado de los atajos de ovejas y cabras que les ofrecen exquisita y abundante leche.

Mas abajo cerca de la confluencia del Revinuesa con Duero posa sus plantas Vinuesa, villa que en los pasados tiempos del tirano feudalismo tenia el privilegio del señor de horca y cuchillo. En la parte occidental y junto á la fuente Salada se encontraban todavía hace poco tiempo dos cilindros de piedra que constituían el patíbulo donde se practicaban las ejecuciones.

Esta población carece de elementos de vida propia, y sin embargo, rebosa hoy en la abundancia. ¿A qué obedece éste estado anómalo y especial? Al arrojo de sus expertos habitantes que cruzando los mares han abierto sus fortunas en el Nuevo mundo de las que hacen partícipes á sus extensas familias.LA VOZ 05-09-24

El tipo fino y delicado de las mujeres llama la atención en ésta localidad que sobrepuja sobre los demás de la sierra que constituyen el verdadero tipo serrano.

Próximo á la población y á la orilla derecha de Duero existe una fuente minero-medicinal de aguas sulfurosas que ha poco fué puesta en explotación.

Como el resultado terapéutico de ellas corresponda con la pureza del clima, lo bello y encantador de sus amenas cercanías, podría asegurarse una vida larga y lucida al establecimiento.

Laguna de Urbión

Laguna de Urbión

IX.

Si giramos, por último, al lado en que el sol hiere nuestra vista en mitad de su carrera, veremos deslizarse la gran cordillera que nos ostenta presentando su extensa falda en plano al medio día, unas veces suave, otras rápida y escabrosa, ora en terreros y mesetas, ora en barrancos y recodos hasta llegar á Duero, cuyas aguas acaricia por su base. Veremos desde la orilla opuesta erizarse el gran cerro de la Humbria para formar el principio de la cuenca hidrológica de Duero que se entiende por Occidente internándose en la contigua provincia de Burgos, para perderse de vista allá por la pintoresca Mesa de Salas. Prolóngase por Oriente hasta Salduero, donde recibe un corte repentino sin duda para que Duero salga, cuya es su etimología, del tortuoso y encubierto lecho que recorre hasta aquí. En ésta cumbre se enseñorean orgullosos admiradores de Urbión, los picos S. Llórente y Marañon acariciando en su intermedio el alto de la Machorra, sitio delicioso para consumir alegres una caldereta al estilo de la que preparan los carreteros del país, que reasumen en ella sus delicias culinarias.

Lo digno de llamar la atención es el delicioso, el embriagador panorama que presenta la hermosa y dilatada cuenca formada por éstas dos cordilleras.

Venid poetas, aquí tenéis campo donde dar rienda á vuestras divinas inspiraciones: abierto tenéis el libro de la naturaleza donde también descifráis su mágica lectura. Acudid con vuestra pluma, preparaz vuestro pincel: pintad esa profusión sin límites de variada vegetación, ese contraste de bellezas, esa inmensidad de riquezas que por doquier se observan encerradas en una selva natural, en un bosque extensísimo que deja ver entrelazadas las copas de millones de esbeltos pinos, corpulentas hayas, viejos y mohosos robles y agrupaciones interminables de lozanas pimpolladas, que á porfía exhiben sus tiernas guías para admirar y bendecir á natura que con tan pródiga mana las sustenta. ¡Qué conjunto de vegetación tan maravillosa! Sorprende que exista elemento suficiente para dar vida y lozanía á tanta y tan diversa variedad de árboles, arbustos, yerbas y flores. ¡Qué pródiga es la mano de la providencia!

Una alfombra interminable luciendo su color verde con infinitas variaciones, forma el todo de tan preciosa perspectiva. Examinad lo variado de sus abundantes detalles:

Arroyos cristalinos y puros serpentean bulliciosos y juguetones, por los diversos vallejuelos, á la sombra de los brezales que los ocultan de trecho en trecho, para verse luego entre la verde pradera ó lamiendo los troncos de tejos, rabiacánes y madreselvas, muchas veces encadenados por las trepadoras yedras.

Fuentes que salen á fuertes borbotones por entre las raíces de los pinos ó por las quebraduras de rastreras rocas, prestan sus frescas aguas al cazador que fatigado de seguir al brusco jabalí ó al ligero corzo, se lanza sobre ellas para apagar la ardiente sed que lo devora, ó ya también á las hacendosas abejas que se las ve continuamente amontonadas proveyéndose de éste rico elemento para fabricar sus dulces panales que ocultan en la hendidura de la roca vecina ó en el hueco del corpulento roble que primero fué taladrado por el gallardo pico verde, para dar allí vivienda á sus hijuelos.

La colorante y rosada gayuba, la violada anavia, la finísima y delicada fresa, el aromático chordon, que se exhiben con tanta abundancia, ofreciendo sus gratos sabores: las moras, silvas, membrillos, maguillas y otras frutas silvestres que sustentan los diversos árboles y arbustos según  sus clases, que sirven de alimento á los diversos animales que pueblan éstos sitios: el tomillo, romero, orégano, carquesa y otras plantas aromáticas de muchos y variados usos, despidiendo su fragancia por todas partes: la infinita variedad de flores, muchas de ellas desconocidas, que hacen del bosque un vergel aromático y delicioso que embalsaman el alma del espectador.

Comtemplad esa música deliciosa tan diversa en cantos y dulces acentos que por doquier observareis en primavera, producto de esa gran multitud diversa de pintados pajarillos que se posan á la sombra de las flores por el día, suspendiéndose en suaves ondulaciones por de noche, enseñoreandose sobre los finos aires que los vivifica y hace más armoniosos sus acentos.

Por otra parte observareis esa caterva de aves rapaces propias de los profundos montes y retiradas alturas en que se albergan y hacen su vida errante y selvática como huyendo del trato inmerecido de las inocentes que pueblan las llanuras: el nocturno búho con su grito remedante prorrumpiendo en lastimeros ecos, llama la atención de inexperto observador que vá en auxilio de caminante perdido que parece reclama su apoyo; la lechuza con sus gritos estridentes preludio de mal agüero que aparece invadiendo el pardo cementerio de las vecinas aldeas: el águila altanera haciendo su cruce repentino con su ojo penetrante por donde retoza inocente el atajo de tiernos corderillos: el casero milano á cuya vista se ocultan azorados los pollos que se guardan en el cercano corral: el buitre que con su delicado olfato hiende los aires en busca de asquerosa presa con que alimentar á su tierno pollo que posa en el gran nido oculto en la copa de alto é inaccesible pino que invade el cerro cercano: el grajo con su charla destemplada reunido en grandes bandos, es el ave que forma contraste armonioso con el aspecto triste y solitario de los hielos y nieves que invaden la comarca en el frió invierno.

Ved ese tropel de animales silvestres, fieros unos inocentes otros poblando estos montes que animan con su presencia, y haciendo un centro constante de recreo para los cazadores que encuentran siempre recompensa á sus largas y penosas correrías: el brusco jabalí con sus cuchillos de marfil, que invade la maleza y espesura en grandes manadas levantando la tierra en busca de las raíces que les sirven de alimento, para después revolverse entre el fango cenagoso del margen húmedo de fresco arroyuelo.

Muchas veces se ve una manadita de pequeñuelas crías que siguen á la cerdosa madre acariciándolas tiernamente con su duro y áspero hocico que pasa por encima de sus lomos. El ligero corzo salvando la mata con sus grandes saltos, que con ásperos berridos huye despavorido del matrero lobo que le aguarda acechado con argucia en reducido desfiladero para devorarlo ó del cazador que le persigue en ojeos que le conducen á un portillo angosto ó espesa pinochada donde tras guijarrosa piedra le aguarda traidoramente para descargar sobre él su escopeta infernal y dejarlo exánime presa de su recreo, ¡infeliz! ¿que destino os dio natura para que otro ser salido de la misma hechora mano adquiera el derecho de vuestra sacrosanta vida con impunidad? el voraz lobo; la astuta raposa con su larga cola y torva mirada á la vista siempre del rebaño que recorre el valle y la colina, aguardando la plácida ocasión que se deslice el inocente corderillo en espesa mata para devorarlo entre sus afilados dientes y chuparse su caliente sangre; en fin, la liebre, el conejo, el tejón, la garduña sin olvidar la hermosa ardilla que cual ave voladora salta de rama en rama para hacer bailar entre sus manos la verde pina que le prepara su habitual comida, todos disfrutando de las delicias que el campo les prepara.

¡Cuánta vida, cuánta animación y encanto encierran estas preciosas selvas llenas de belleza que contrasta armoniosamente con la pureza del clima. Bien pudiera considerarse como un centro de salud y bienestar, que quizá aventajaría en buenos resultados á todos los establecimientos destinados á levantarlas naturalezas quebrantadas por los desórdenes en ellas ocurridos, particularmente todas las que su éxito depende de la pureza de respiración.

A la presencia de tan sorprendente vegetación, á la vista de tantas bellezas, á la observación de una riqueza tan considerable, nos ocurre un pensamiento: la fertilidad del suelo que lo sustenta-.. ¡Ah!’ cualquiera, ante efectos tan sorprendentes lo comparará con las llanuras de Aragón, Andalucía, Valencia ó con las productoras de Extremadura, pues no; que lo constituyen solo alturas encumbradas y frías,, pendientes rápidas y ásperas, terrenos quebradizos y areniscos, en que parece imposible pueda sostenerse planta alguna.

¡Con qué prodigalidad extiende- sus dones la portentosa mano providencial! En nuestra. Nación se encuentran por todas partes alturas peladas y terrenos quebradizos, eriales y sin planta alguna que sustentar, que como estos ayudados de la mano del nombre podrían sostener bella y lozana vegetación. ¿Por qué no se pueblan de estenios montes, que fomentarían, la riqueza y bienestar de los pueblos?

Brande es el objeto de los montes y muchos los beneficios que reportan al hombre; la agricultura con sus grandes influencias atmosféricas, las artes, las industrias, la. Náutica,, etc.,. etc. que á ellos deben su vida…

Como nuestro objeto no es el internarnos en este ramo, ni tenemos competencia para ello, continuaremos en el hilo de nuestra dilatada perspectiva: En medio de estos bosques interminables, en medio de esta prodigiosa vegetación, en medio de este delicioso cuadro y convidados por las cristalinas aguas del Duero que se-rinde lamiendo sus pies; reposan tranquilos Covaleda y Duruelo separados por las aguas del Perondillo rodeados de sus extensos y verdes praderíos que forman un caprichoso entrelazado de calles y callejuelas. La pureza de aires que respiran saturados por el dulce aroma que prestan la infinita variedad de delicadas flores é impregnados además del bálsamo saludable que emana de la savia resinosa de los pinos:, la bonita posición que ocupan puestos de plano al medio día para que los dorados rayos del sol les preste su mágica influencia: el aspecto alegre y encantador que contrasta con el conjunto de bellezas que encierran las preciosas selvas que le rodean, hacen que estos pueblos privilegiados de la vasta zona de pinares de los que forman su centro, disfruten de las delicias que les proporciona á manos llenas la Providencia.

Los pinares…. éstos son el elemento de producción y vida de los activos habitantes de éstos, pueblos que con asiduidad se dedican á los trabajos propios de la elaboración de maderas en sus diversas clases y productos que del pino resultan, haciendo de ellos un comercio-vital para la zona y de importancia, para la nación.

Contemplar la gran riqueza y las numerosas industrias que pueden desarrollarse en éste país virgen todavía, de ellos, seria, tanto como lamentar el estado de atraso y paralización que se observa en razona la gran importancia de éstos vastos montes, por falta de vías de salida y comunicación.

Ni una carretera que los cruce, ni una línea férrea que dé la mano, ni ampare, siquiera fuera para utilizar el trabajo y para facilitar el comercio que hoy se hace por demás penoso é improductivo, sufriendo lo funesto de las consecuencias el pueblo, la provincia y la nación.

Puesto que hemos terminado nuestras observaciones, dejaremos la piedra exploradora en que se ha sostenido nuestra cansada imaginación, sirviendo de coronación á aquel gigantesco promontorio, para que eternamente sea el eco fiel de nuestras rudas apreciaciones, mientras buscamos el reposo de nuestro ánimo en la satisfacción que nos pueda producir la realización que se requiere de éstos pensamientos, tratando de hallar la felicidad á que el hombre aspira incesantemente, á la sombra de sus efectos, como hijos que son de las bellezas que presta la naturaleza con las armonías que ha querido dotar la omnipotente mano de la providencia.foto 44

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