URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – IV

URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – IV

VI.

Mas no apartemos de nuestra contemplación el gigantesco pico Zurraquin y sigamos en su observación: ennegrecido por el rayo y por la tempestad representa un colosal gigante petrificado por la naturaleza.

Parece que comparte con Urbión las delicias de verano y se ayudan mutuamente para vencer las crueles vicisitudes que les prepara el riguroso invierno. Penetremos en el fondo de su petrificado corazón para arrancarle los secretos que pretende guardar é ir sin duda descubriéndolos en pos de los tiempos. No se ocultará á nuestra fantástica imaginación que se halla como centinela permanente en el borde de una gran concavidad, de una honda sima, que sin inmutarse ve abierta á sus pies por el lado que le saluda el sol naciente, enviándole sus dorados rayos para hacer mas blanco su aspecto denegrido y serio con que constantemente se halla revestido.

Un profundo océano, el interior de una inmensa nave cuyos laterales labios son de escarpadísima roca se deja ver ante su faz granítica, formándose la caprichosa y variada cuenca, á donde se precipita la hermosa cascada por donde se despeña el arroyo de la Laguna Larga.

Esta extraña cuenca se halla formada por un corte rápido y profundo de la sierra en que Urbión ostenta sus imponentes formas, ó mas bien es un doblez brusco, para abrirse en dos marcadas ramificaciones formando un pronunciadísimo recodo, en el que tiene su lecho sombrío y solitario la Laguna Negra.

Esta forma el fondo de la enunciada cuenca, en el principio de ella metida en el abismo de la profundidad que constituyen las grandes alturas de los lados que hemos descrito, donde es el receptáculo de las aguas que se precipitan torrencialmente por las rápidas pendientes que forman la cuenca.

Descendamos á ella con nuestra penetrante imaginación y posándonos sobre las orillas de esta Estigia encantada, contemplemos: Cuando el hombre se halla en medio de lo que es grande, majestuoso, imponente, que anonada su ser; de un cuadro grandioso que es obra de la naturaleza, y se hace cargo de su pequeñez en relación á la bienhechora mano que le da existencia, se descubre la cabeza, baja su rostro y se humilla á la presencia del cielo.

Entonces y cuando reconcentrado en sí mismo vuelve á su estado natural; ¡qué ternura entraña su corazón! ¡qué grandeza de pensamientos se suscitan en su pecho! ¡cuánto se aproxima su ser al estado angelical con que se idealiza la grandeza de Dios! ¡qué revolución de ideas surcan su frente! no puede abstraer lo estético de lo sublime, lo ideal de lo cierto, lo eterno de lo transitorio, le resalta entonces lo maravilloso de las obras celestiales y al ver reconcentrados en si los sentimientos que le causan sus efectos, quisiera inmolarse en aras de gloria para entregarse completo al autor de tales grandezas.

¡Qué efectos mas sorprendentes obran en el ánimo del hombre- la sola contemplación de las grandezas de las obras de Dios! ¿Quién al dirigir la vista al cielo en una noche clara y serena, no se llena de ternura al contemplar esa infinidad de puntos luminosos que en diversos tamaños nos envían sus rayos atenuados ya por la inmensidad de los espacios y que representa cada uno un mundo mas perfecto quizá que el que habitamos?

¿A quién no le impresiona la vista de un verde campo surcado- de valles y arroyos que los cruzan serpenteando, á cuyas verdes orillas se desarrolla lozana vegetación salpicada de hermosas flores, donde se mece risueño y alegre el pajarillo, por entre las cuales se arrastra la culebra, pasta el inocente conejo y ligera liebre á la sombra de árboles y arbustos que purifican el ambiente que nos vivifica y alimenta?

¿A quién no le sobrecoge la contemplación de la inmensidad del mar, de sus encrespadas olas, del borrascoso huracán; de la temerosa tempestad acompañada del ruidoso trueno y relumbrante relámpago?

Y ¿a quién igualmente lo solitario, triste y silencioso al par que majestuoso de los apartados sitios como el que nos encontramos?

Esto impresiona al hombre más que todas las obras del arte por grandes que aparezcan á su vista, le enseñan mas que los sabios con sus elocuentes palabras; le dan mas virtud á su corazón que todas las prácticas conocidas; en fin, que las obras de Dios son las que sorprenden y anonadan, al par que instruyen y dan ser al hombre.

Así pues, á la vista de aquella majestuosa charca, á presencia de aquellas moles inmensas de rocas que parece tocan al cielo al alzar los ojos y no descubrir mas horizonte que el que cubre nuestras cabezas dentro del reducido círculo que se apoya sobre las conclusiones titánicas de los lados de la profundísima que nos absorbe en su fondo, nos vemos sobrecogidos por el respeto que nos causa el todo majestuoso de ello, como obra del Criador.

Al contemplar desde abajo este cuadro sorprendente con sus erguidas cúspides, sus afiligranadas cresterías, sus enormes dentelladuras, sus profundas y ensolapadas cuevas y variadas grutas, sus audaces prominencias; la imaginación se finge en ellas multitud de formas y creaciones caprichosas: pirámides, galerías, balaustrados, estatuas, obeliscos, fantasmas, figuras animadas y monstruos sin fin; como si un poder mágico hubiera poblado estos sitios de seres y objetos misteriosos, ó como si la naturaleza quisiera ofrecer al hombre en aquella extraña arquitectura las diversas formas y tipos del arte. Surge, en fin, ante la asombrada vista, aquellas moles inmensas, titánicas, aquel fenómeno geológico, aquellas cumbres altísimas coronadas por enhiestos picachos que como el Zurraquin, se asemejan á gigantescos centinelas velando eternamente sobre aquellas formidables murallas y contemplando el carácter fantástico de tan sorprendente cuadro.

Como el conjunto de paredes que forma la concavidad donde posa unas veces tranquila y otras veces soberbia la Laguna es en general de forma circular, hace que los rayos solares se refracten sobre sus superficies inclinadas, produciendo sobre las aguas un reverbero constante y natural que pone todo de un aspecto animado, que de cuando en cuando es amenizado por el gorjeo de las diversas avecillas que habitan estos apartados sitios durante la estación calurosa; mas cuando las encumbradas rocas proyectan su negra sombra, las aves se retiran á su descanso nocturno, los escuetos peñascos presentan su faz oscura y sin variante alguno; presenta á la contemplación del espectador un aspecto misterioso denegrido y serio que le sobrecoge, haciendo notar el temor que nos causa la majestad de aquellas suntuosas concavidades que hace mas patente el silencio sepulcral que reina en todo el recinto, interrumpido solo por el ruido monótono y triste de la cascada que asalta la tranquilidad solitaria del lago encantado de nuestra fantástica imaginación.

Una gran cazoleta de forma elíptica con suaves torceduras es su figura, que se alza sobre el nivel del suelo en forma de un suntuoso anfiteatro.

Se halla arrimada y lamiendo la base del Zurraquin por cuyo lado se hace inaccesible, no permitiendo que se le dé el rodeo por aquella parte, sino con grandísima dificultad y peligro por tener por límite un corte vertical que forma la majestuosa roca, interponiéndose además muchísimos pedruscos que son fragmentos desprendidos de la cordillera por aquel gran, número de precipitados derrumbaderos.

El fondo de la Laguna demuestra ser de piedra viva y compacta, lo cual priva dar salida á las aguas que allí se depositan sino es por medio de filtraciones escasas.

El aspecto general de ellos es de un color aceitoso oscuro, demostrando en su aparente azulado que encierra una profundidad de alguna consideración, sobre todo por el centro y al lado del Pico, dejando entrever por el resto y orillas lo puro y cristalino de ellas que se encrespan en oleadas cuando su superficie es agitada por el viento; mas cuando esto no sucede se hallan en completa calma, en contra de la tenaz creencia de que se mueven misteriosamente por su propia influencia cuando brama enfurecida.

Por encima de la superficie de sus orillas no se observa salida alguna; pero es evidente que por la parte que continúa el valle haya infiltraciones ó escurrideros por donde discurren las aguas que se dejan ver á corta distancia de la Laguna para unirse con las que bajan de la cascada y formar unidas el arroyo de Majada-Rubia, y mas tarde río Duero y Revinuesa.

Las aguas son muy frías en toda estación, lo cual debe reconocer por causa la falta de pesca en la Laguna; no obstante que en la actualidad se ha observado la presencia de algunas truchas, lo cual debe ser efecto del hecho siguiente: Se dice que un pescador entusiasmado por que ésta charca fuese habitada por la pesca, hizo una pesquería de truchas en el río Duero, y tratándolas con las precauciones necesarias para que viviesen,

les dio ancho campo en la Laguna. Esta fecha data de unos cinco á seis años, y nada puede decirse acerca de su desarrollo y procreación; únicamente que en el mes de Octubre del pasado año, un cazador del país que paseaba las orillas de la Laguna, vio en una de ellas una hermosa y grande trucha que pasaba de los límites de lo común en los riachuelos de la comarca; le hizo un disparo con tan buena suerte, que la mató y se apoderó de ella. Pesada que fue tuvo mas de diez libras.

Por lo demás, la Laguna que no mide unas dimensiones muy extensas, á lo cual puede añadirse que reloj en mano se le ha dado vuelta en un cuarto de hora, es un depósito de aguas estancadas allí por las razones expuestas sin que pase los limites de lo natural; sin embargo, es objeto de mil y mil supersticiones y cuentos que pasan de boca en boca de los habitantes del país, Como relicarios legados de sus mayores sin interrupción.

EN LA LAGUNA NEGRA VII.

Que la ignorancia es la cuna donde se mece adormecido el fanatismo, la superstición, la hechicería, lo misterioso y sobrenatural, es una verdad inconcusa e incontrolable.

Que todas estas creenciasy aberraciones sociales son enemigos mortales del progreso y de la civilización, también se presta a la luz de la razón como que estos dos elementos son la luz que despejan las tinieblas producidas por aquellas.

Así pues, la preponderancia que tomen en el ánimo del hombre estas dolenciassociales, están en razón directa de la ignorancia.

Pero esto debe considerarse en dos importantes ramificaciones: una que puede calificarse de maliciosa y es aquella que da origen a los vicios que sobresaltan la sociedad: otra que es franca y sencilla la cual conviene al hombre en el estado que sale de las manos de la Providencia, sin haberle tocado todavía el germen destructor de la maldad. En esta ignorancia es en la que generalmente encuentra eco el sostenimiento de las creencias de hechos misteriosos y sobrenaturales y la recitación de cuentos estrambóticos que entretienen y hacen despertar la adormecida inteligencia de las gentes sencillas y mucho mas si se las reviste de ese carácter ordinario y tosco asimilable á la altura de su ilustración.

Las dos se encubren generalmente con el fanatismo religioso, mucho mas la primera que á veces encuentra pié en él para la mas acertada ejecución de sus ensolapadas cuan funestas acciones; por eso la maldad dé sentimientos, encontraramosla por lo regular en proporción de aquel, y en el trato social debe tratarse siempre de descubrir el velo que lo tapa para librarse de sus fatales consecuencias bajo la capa de las precauciones.

Mas dejemos la ignorancia de ésta índole en el ancho campo que se desenvuelve para que la luz ponga coto á su vasto encumbramiento en que por desgracia se halla, y vengamos á la relacionada con el hilo de nuestra sencilla narración.

Los cuentos misteriosos, la idea de ese poder sobrenatural que dan á los duendes, brujas y cosas de tal índole, son efectos siempre de aquella.

Pocas veces los hombres de ciencia ó ilustración han visto quejarse de los falsos resultados de la hechicería.

No obstante, en algunas ocasiones estos hechos son objeto de interés ó conveniencia propia del que pone en relieve sus efectos.

Examínense los sitios donde se observan ruidos misteriosos, voces desconocidas y sin dilación de conceptos, invasiones extrañas de seres estrafalarios por lo general; siempre los encontraremos ocultos y solitarios como huyendo de la inteligencia que pudiera ponerlos en alcance, y si nos entrañamos en la cuestión cual corresponde, hallaremos por resultado un objeto interesado, sencillo y común; pero que se apoya el buen éxito de su ejecución en la apariencia de lo extraño y misterioso.

Nosotros hemos oído voces desaforadas y extrañas salir de noche de un cementerio, lo cual puso á los habitantes de la población en un estado completo de susto y sobreexcitación, que hizo aparecer algún tiempo las calles en completo silencio nocturno. Nadie se atrevía á pasar cerca del Campo-santo.

¿Que misterio era éste?

El vulgo suponía unas veces que serian voces dadas por algún ánima que comunicaba cierto aviso del otro mundo; otras veces que era el alma de Zarate[1] que venia á purgar sus culpas al sitio donde las había cometido; en fin todo era conjeturas y hablillas que regularmente se tomaba el tono bajo para recitarlas, sobrecogidos por el temor.

Solo un vecino del pueblo marchaba con paso firme, si bien á escondidas, á una huerta que poseía cerca del Cementerio y pasaba la noche sin temor alguno, regando sus plantas con el agua que daba surtido á la población cosa que en ella se hallaba prohibido.

También hemos oído el ruido misterioso y extraño que en altas horas de la noche se observaba en una habitación retirada de una casa habitada por una familia, que causaba la atención de los vecinos y el pánico en los habitantes de la misma, y sin embargo de esto, una hija de la familia á pesar de su aparente alborotado, se retiraba tranquila y sin precaución de ningún género á la habitación donde se suponía la estancia del duende.

¿Cuál era la resolución de estos problemas? Puedes deducirlo, lector.

Fuera de estos casos puede decirse, extraordinarios los cuentos y recitaciones de índole vulgar y misteriosa sirven solo de entretenimiento a las familias del país que en paz y concordia se reúnen en las largas noches del prolongado invierno en que la nieve se extiende esponjosa por el recinto y el viento silva sobre las redondas chimeneas de las casas por donde se desliza de cuando en cuando un golpe de ventisca que refresca la cara de los individuos de la tertulia que se hallan rodeados al amorcillo de la gran lumbre y á la luz que presta la candela de teas puestas sobre el morillo de que están provistas; solo con el objeto de pasar el tiempo lo mas distraído que les es posible en razón de los elementos con que cuenta al efecto la localidad, escuchando la palabra siempre del mas anciano ó de aquel que se dá aire de más sabio al par que jocoso, para que alguna vez excite la risa de los contertulios con alguna agudeza improvisada, rodeándole los muchachos que con la boca abierta escuchan la voz del orador á los que muchas veces se les ve hacer con la cara llena de atención, signos de admiración ó sorpresa según que lo permita el hilo de la narración.

Mas vengamos á la Laguna Negra que tenemos en contemplación, y de ella veréis con todos los colores de verosimilitud, ¡numerables hechos apoyados en lo misterioso de origen remoto y desconocido: quien cuenta y cree que no reconoce por asiento el suelo: quien dice como cosa cierta y vista, haberse sumergido en ella un carnero suspendido por una cuerda asegurada á sus enroscados cuernos y momentáneamente al hacerla extracción solo el esqueleto salió; quién cree también que las ruidosas tempestades que se estrellan con furia contra la tierra salen de allí: quién asegura y hasta da señales de haber visto los restos, que hubo de aventurarse en una ocasión un curioso a sondearla con un barco que en sus orillas fue construido a este fin, y apenas se había internado en ella fue sumergido bruscamente, desapareciendo para siempre entre sus misteriosas aguas; quien en fin, tiene en su memoria una colección de historietas en forma que hacen de ésta Laguna un lugar misterioso y encantado que llenan de admiración a los corazones sencillos de hombres ignorantes y mujeres histéricas, que los creen y recitan con la misma facilidad que pudieran hacerlo con un pasaje bíblico o religioso.

Un acontecimiento a guisa de muy importante y extraordinario entretiene las conversaciones muy continuamente cuando de la Laguna se trata. Dícese que en una ocasión, por cierto que ha de ser muy remota, un misterioso viajante puso sus pies en aquellas encumbradas regiones y vino al borde de una de las altísimas rocas laterales de la gran concavidad que encierra la Laguna Negra.

Era a la sazón, un día despejadísimo y claro de verano, sin que hubiera el menor indicio de tempestad. Nada de extraño ni de particular parece le ofrecía la vista de aquellos solitarios sitios y profundos abismos: hubo de reflexionar un momento y haciendo un brusco descenso, empuñó una piedra que con fuerza agitó al viento, viniendo a dar en medio de las tranquilas aguas de la Laguna, y quedándose después un momento en contemplación, desapareció. Enseguida empezó a observarse por el mismo sitio en que fue sumergida la piedra, una especie de humo que formando al principio una pequeña columna espirálica, poco a poco fue engrosándose hasta que llenó todos aquellos ámbitos de oscura y densa niebla, que pronto cubrió todo el horizonte, dejando el sol en completo luto y el recinto en tinieblas. No tardaron mucho en dejarse oír horrendos bramidos, que producían roncos y retumbantes ecos que resonaban en las hondas quebraduras de las ásperas rocas que parece se conmovían de aquel espantoso cuan inesperado espectáculos que estremecía la comarca. A esto acompañaba un torrencioso nublado desprendiendo gruesas piedras y granizos que impelidos por el fuerte huracán eran estrellados con fuerza contra la áspera superficie de los peñascos formando un ruido infernal. En medio de éste estrepitoso ruido se dejaron oír dos horripilantes y atronadoras voces que parecía originarias de los profundos abismos y decían: -“has encontrado”- “la grande si, la chica no”, al propio tiempo a la luz que prestó un rayo que fue a sepultarse a la Laguna y dejó ver una monstruosa figura al parecer humana, de colosales formas que cruzaba por la superficie de las aguas con un aspecto feroz, terrible é iracundo sosteniendo entre sus desmesuradas manos otra horrorosa figura como de una serpiente que no dejaba ver sobre el agua mas que su espantosa cabeza. Era ésta de un monstruo infernal, cuyos espantosos ojos de un color rojizo cual dos ascuas incandescentes que á porfía parece querían salirse de sus órbitas. Su deforme boca entreabierta dejaba ver sus largos y afilados dientes entre los cuales salía sirviéndole de aliento oscuro vapor como el que despide el cráter de un volcán en estado de erupción.

Esta figura formaba el aspecto mas feroz y terrible imaginario.

Fuertes ondulaciones como producto de zambullones dados por otro monstruo que no se dejé ver, se notaban en la superficie de las aguas. Al momento fueron sepultados en el centro de la Laguna. Reconcentróse tras ellas la horrorosa tempestad hasta constituirse en otra columna espirálica de humo como cuando empezó, y progresivamente se hizo menos densa, hasta que desapareció- todo indicio de tormenta, quedándose despejada otra vez la atmósfera mostrando nuevamente aquellas concavidades salvajes sus naturales formas, como antes iluminadas por el sol. Entonces volvió á verse el viajero en observación donde al principio, el cual desapareció sin dejar huella alguna de su estancia en aquel sitio.

Desde aquella fecha se mira con respeto el tirar piedras á la Laguna.

¿Cuál es el origen de ésta rara recitación? Nadie lo sabe.

LAGUNA + PICO

[1] Zarate era un vecino de un pueblo del país, de carácter muy jocoso, que pocos días antes de su muerte se le acercó un trashumante y preguntándole por la carnicería de la población, señalándole el Cementerio le dijo que llamase allí, lo cual verificó el engañado.

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