URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – II

URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – II

III.

Lo primero que se presenta á nuestra observación si miramos al Occidente, es la renombrada Laguna de Urbión, señora de las alturas, encantadora charca, que lo sería mas si su renombre fuera realmente hermanado con la justicia; pero ¡oh! su celebridad es ficticia, es superpuesta, no le cuadra como no cuadran á los hombres las glorias que se arrogan sin ser suyas. Su nombre es debido á un error geográfico, que la califica madre del caudaloso Duero, cuando no es sino un surtidero escurridizo del afluente Najerilla. Sí: error geográfico es, cuando superpuesto á su elevación tiende sus primeras raíces Duero, interponiéndose el Pico que hace de centinela permanente como si quisiera privarles hasta un fraternal saludo.

Veámosla exhibiendo á nuestros pies sus cristalinas aguas, en cuya superficie tranquila se quiebran los dorados rayos del sol, refractándose á nuestra vista que hiere cual si pretendiera privarnos de observar su circular figura, con sus límpidas y sólidas orillas, cubiertas de hermosa pradera con abundante, fina y fresca yerba con que convida á las trepadoras cabras que la saludan continuamente. Parece que es acariciada por el elevado promontorio que la guarda en su suntuoso seno, cual una gran pila colocada sobre cisura abierta en la superficie redondeada de una columna cónica como recipiente de las aguas expelidas por caños de caprichosa fuente, la cual sirve de receptáculo á las que se escurren por las erizadas pendientes, cuando suceden las roncas tempestades que contra él se estrellan y que le son tan conocidas, empañando la pureza de sus aguas é impregnándolas del color rojizo hijo de la desnuda tierra que constituye lo árido de la superficie exterior de la sierra en que se encuentra.

¡Cómo siente no tener la gloria de purificarlas en las preciosas y abundantes cascadas por donde se despeña bullicioso su prohijado el Duero! ¡Parece ya hallarse acurrucada temerosa que le descubran el secreto de su ficción!

No te ocultes, no; que la razón brilla como la luz y la palma del valer temprano ó tarde se la lleva el que la merece. Cuando esto suceda, aparecerás doblemente humillada y además con el oscuro nombre que te pertenece ¡infeliz! entonces sentirás mas y mas el verte despojada de tu altanería y soberbia y rugirás cual león embravecido lamentando tu desgracia: te esforzarás en seguir con tu ficticio nombre, pero tu rival que hoy se encuentra por tí abatida, se hará paso luminoso exhibiendo á porfía y sobre alto relieve su cristalino raudal para recorrer lleno de satisfacción el camino que le está reservado.

Si inclinamos nuestra vista hacia la izquierda, notaremos la presencia de Penillon Entrambas cuerdas y Cordillera de la Micaclona, grandes cordones de rocas que se deslizan por la pendiente abajo para hacer lecho entre ellos á las claras aguas de Perendillo que ven nacer y sujetan á sus pies, para que sirva de larga mojonera entre Covaleda y Duruelo hasta confundirse en lo hondo de la cuenca con Duero que le espera y recibe con los brazos abiertos por ser el primer compañero que le brinda á seguir la misma suerte por la izquierda.

Mas allá y en frente nos da la cara alegre y placentera la Campiña, gran cerro que constantemente le veremos coronado de blanca nieve, hasta muy entrada la estación calurosa.

En su hermosa falda meridional se ostenta orgullosa la grande, cuan célebre cueva Covarnate, cual un suntuoso al par que caprichoso palacio con su natural y sorprendente embovedado en medio de grandes selvas de nutridísima vegetación. Presta cómodo sestil á los ganados que la buscan para librarse de los electos que les producen los ardientes rayos del sol de verano y gratas sombras á los pastores que aprovechan la estancia, para llenar su compañera inseparable la colodra de la exquisita leche con que le convida su piara, y remojar en ella algunos mendrugos de pan que de apercibo lleva en su lanudo morral, para saborearlos con la satisfacción que le causa la presencia de su inocente rebaño, y del perro que á sus pies sigue los movimientos de la cuchara sin perder la gota que se derrama. No es extraño ver retroceder ante su presencia una manada de pequeñuelos jabalíes que acompañados de su erizada madre iban á recogerse

á la gruta que otras veces les ha dado albergue, sin encontrar allí aquel importuno huésped.

Se halla ocupando una hermosa y ventajosísima posición, haciéndose inaccesible por todos lados á causa de la escabrosidad del terreno que la circuye, excepción hecha de la parte Norte donde se halla formada una extensa plazoleta amena y alegre por donde da una abertura que sirve como puerta falsa al colosal edificio. En tiempos pasados sirvió de fuerte y escondite á las huestes guerrilleras del pretendiente al dominio supremo de nuestra querida patria, siendo teatro de algunas escenas bélicas.

A un lado acaricia el naciente Triguera, que más abajo se confunde con Duero, convidando con su abundante y delicada trucha que contrasta con la pureza de sus aguas.

Allá en lontananza y siguiendo el mismo rumbo se va extinguiendo poco á poco el largísimo valle de Regumiel, sumamente delicioso por su rica vegetación, que se interna en la contigua provincia de Burgos, llevando en su regazo el arroyo malicioso que más tarde se convierte en Arlanza, para unirse con su compañero Pisuerga y marchar unidos hasta ponerse á disposición del ya envejecido Duero.

Variemos de posición, y presentemos nuestra frente hacia donde rubicundo Febo nos saluda por las mañanas con sus refulgentes rayos y veremos tendida á los pies de nuestro protagonista y cuando ya ha cesado lo áspero y pedregoso de la rápida pendiente para arrastrarse cual formidable reptil al nivel de la gran cordillera, en una suave depresión del terreno que se forma, al lado opuesto y á mayor altura que la laguna Urbión, sobre una carta bailada que entraña terreno cenagoso y foso poblada de lozana y verde yerba; un conjunto de manantiales diseminados confusa é irregularmente quedan salida en fuertes borbotones á las aguas más puras y cristalinas que natura creó que á su ascenso y descenso constante tienen en continuo movimiento á la fresca yerba que los circuye para deslizarse huyendo del útero materno á suaves empellones y confundir más abajo sus diversos hilos siguiendo en fraternal unión el tortuoso camino que enseguida les espera.

Esta amena vallada, es la que merece el lauro de verdadera cuna donde el Duero mece los primeros albores de su infancia.

Sitio alegre y embriagador donde por todas partes se respira pureza, luciendo lo encumbrado de su posición, que hace recordar al hombre la preeminencia que existe en su ser sobre los demás que pueblan el planeta que habitamos, comparando lo relativo de su pequeñez con el encumbramiento de sus ideales.

Aquí es donde enseña sus primeras raíces el naciente Duero, que más tarde por la confusa aglomeración de fuentes, arroyuelos y ríos, se forma esa gran arteria hidrológica, una de las más importantes de nuestra España.

Ved como se desliza arrastrándose suavemente apenas ve la luz de su destino. Ved como sigue al principio su corriente tranquila sin presumir siquiera el lecho que le espera.

Contemplad en él al hombre atravesando su infancia llena de ilusiones y placenteros goces, sin tener en cuenta que después ha de abrírsele un camino espinoso y lleno de vicisitudes. Todo le sonríe, todo le halaga.

No ve que las halagüeñas ilusiones las mata luego el deber de su destino, Mas dejemos de reflexiones y sigamos al Duero que en seguida se interna en despeñaderos y tortuosidades que le proporciona lo accidentado del terreno: salta de peña en peña: tropieza en riscos á cuya presencia retrocede, volviendo espumoso para con nuevo impulso salvar otro obstáculo y otros mil saltos que le ofrecen cascadas sin fin á donde se despeña para salir revoloteando entre otras peñas que le reciben, y sepultándose aquí para volver á reaparecer mas abajo embravecido y con impulso para vencer con mas fuerzas el constante trabajo de salvar los obstáculos que se le interponen.

Así sigue su curso hasta que llega á Duruelo á quien alimenta con sus aguas, donde sale á una suave explanada que atempera su estado, volviendo á su primitivo ser suave y cristalino, aunque ya robustecido por el gran número de fuentes que en el tránsito le ofrecen su pequeño caudal, y por las aguas escurridizas que prodigan incesantemente las nieves que invaden las alturas.

Sereno y tranquilo sigue la planicie que recorre con calma hasta pasar Covaleda, para volver á cerrarse en honda cuenca y umbrío cauce, para darse á conocer nuevamente en Salduero, salvando infinidad de tortuosidades, malezas, terreros y despeñaderos, y seguir después su curso natural y robusteciendo su vida, que hace mas calmosa y placentera.

¡Cuántos saltos con sus aguas espumosas nos convidan en este recorrido trayecto al planteamiento de nuevas y diversas industrias de que todavía se hallan vírgenes!

¡Cuánta riqueza, cuánta vida comercial se pierde por la sola falta de una buena explotación, de éstos veneros, de éstas minas inagotables!

Pues nada; á pesar de esto, todo lo observareis exánime y yaciente.

¡Que fatalidad!

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IV.

Dejemos al Duero arrastrando su corriente tranquila y majestuosa, cumpliendo su destino hasta que encuentre el término de su áspero camino en el mar que lo envuelve en sus saladas aguas, desapareciendo para siempre en el caos de los abismos, simbolizando así la marcha de la humanidad y extendamos la penetrante vista longitudinalmente por el mismo rumbo que nos encontramos. Grandes lomos, prolongaciones de la misma cordillera que ocultan extensos y amenísimos valles se presentan á nuestra nueva contemplación. Los excelentes Quintos de Urbión ostentando grandes praderíos cubiertos con verde pavimento de finas y delicadas yerbas tienen formado su lecho en el intermedio de éstos suaves y alegres relieves de la sierra. En el fondo de cada valle, surca con sus cristalinas aguas juguetón arroyuelo que se deslizan suaves como culebra sobre copioso rocío. Manantiales puros y trasparentes convidan por doquier con sus frescas y abundantes aguas. Espesos mechones de monte convidando con sus dulces sombras, se intercalan en las praderas diseminados por uno y otro lado, que hacen formar una perspectiva encantadora entre lo vasto del ramaje inculto y agreste que presentan el conjunto de copas de corpulentos pinos con la sencilla violeta que invadiendo la pradera nos dulcifica con su aroma, formando además un colorido simultáneo y agradable anejo á lo enhiesto de los sitios en que se exhiben.

Por todas partes se observa belleza natural que contrasta armoniosamente con la pureza de vida que prestan los saturados ambientes y la libertad que reina en medio de la melancólica soledad. La libertad, ¡qué idea mas halagüeña! Ella sola engrandece y llena de noble satisfacción al hombre, desenvolviéndose en sí mismo como las aves que vuelan y se transportan á las regiones etéreas, como el pez que nada en caudaloso rio, en cuya contemplación se sumerge en un no sé qué conmovedor, que absorbiendo el ancho campo y sin poderse dar cuenta de ello le obliga á exclamar: ¡Dichoso el hombre que altanero levanta su frente disfrutando libertad! ¡aciaga la sociedad que quitándosela le tiene cohibido bajo el peso de su fatal influencia!

Pero dejemos á un lado estos soliloquios que pueden dispensarse por ser el bálsamo expansivo del alma hallándose en estos encumbrados sitios, y fijémonos en el dócil rebaño de inocentes merinas que acaba de llegar de lejanas tierras para hacer en ésta sus delicias durante el caluroso estío, saboreando con avidez el sabroso alimento que le prepara pródiga la verde pradera, enseñoreándose en la coronada sierra acompañadas de sus juguetones corderillos que con sus inocentes retozos demuestran haber llegado al oasis apetecido y hallado tras de penosa marcha.

Ved como á porfía se apoderan de la alegre altura, de la suave pendiente, del fresco valle, devorando con precipitación la yerba, la flor, el musgo que se interpone á su paso. Ved como toman presurosas el rodal de monte que parecen mechones de cabello en la calva cabeza de venerable anciano para asestilarse entre sus dulces sombras y librarse de los ardientes rayos del sol que les amenaza con su sátira influencia mientras declina en presuroso paso hacia el ocaso. Ved con que mansedumbre obedecen á la voz en constante acción del cariñoso pastor que las guía, moviéndose de un lado á otro sin cesar para librarlas de los mil y mil accidentes á que se hallan expuestas; el voraz lobo que se abalanza para hacer presa de su carnívora ambición: el águila rapante que redondea su vuelo á la vista del tierno corderilla para devorarlo entre sus agudas garras, todo le tiene en continua actividad como cuidadoso jefe al par que compañero inseparable que comparte con ellas sus delicias y pesares, cuyas inflexiones conocen ya en su noble semblante.

El pastor… contemplad su típica figura y encontraréis la atravesando los siglos sin variante alguno: lo rústico, lo inocente, forman el contraste de su ser.

Su lanuda zamarra, su calzón de estezado, sus piales y albarcas sin olvidarse de su cotidiana carga, el morral fiel guardador de su frugal merienda, forma siempre su atavío que hace completo el cayado que acaricia en su mano cual si fuera vara de justicia con que castiga al individuo de su grey que comete algún desvío.

A la vista de la pobreza de su espíritu, lo rústico de su proceder, lo inocente de su pensamiento, parece un ser espúreo de la sociedad; sin goces, sin deleites, sin expansión en el alma, sin belleza en sus sentimientos, en su corazón: pero ¡ah! que el supuesto muchas veces no indica realidad. Apartado de las corrientes sociales y rodeado siempre de seres inocentes, adquiere el carácter sencillo y pacífico que le vale la satisfacción de sí mismo, fin principal á que el hombre aspira incesantemente, disfrutando siempre de los beneficios naturales, de las bellezas y encantos que la naturaleza le prodiga. El es el señor de las alturas, de los ocultos y solitarios valles, de las extensas selvas donde se encierra lo puro, lo inocente, lo que encierra encanto para el hombre. Vedle constantemente escalando riscos, trepando malezas, siendo el ente vivificador, el ser adorado de los campos, de los montes, dando á todo vida y animación con su rústica presencia, al paso que todo lo que á él rodea le proporciona encanto y satisfacción. El no disfruta del gran bullicio social que tiene al hombre en continua actividad y exaltación; pero en cambio tiene por suya la apacible calma que reina en su corazón, compartiendo sus delicias con la grey que le rodea, con las aves que le saludan en la alborada con sus dulces y melodiosos cantos, con el inocente corzo que trepa á su vez el risco, la pradera, con la tórtola que escucha su arrullo embriagador al demostrar la pureza de sus amores á su fiel compañera; con el conjunto de seres en fin, que como él habitan el campo, gozando del respirar aromatico de las flores incultas que plácidas abren sus variadas corolas para mandarle sus esencias perfumadas; del reposo tranquilo que les prepara lo solitario y silencioso del verde soto, del mustio collado, del ancho y prolongado valle. El no disfruta de opíparos banquetes ni suculentas comidas; pero sí saborea deleitablemente, sentado sobre el verde pavimento de tupido césped y muchas veces sobre su lanuda zamarra que le sirve de alfombra al lado de cristalina fuente que le sirve de espejo, el mendrugo de pan que saca de su morral, sumergiéndolo en su secular compañera inseparable la colodra, llena de blanca y exquisita leche que con bondad le presta la inocente oveja, la trepadora cabra y que con agrado le cede el retozón corderillo, el simpático cabrito. El en fin, no alcanza los recreos que con artificio crea el hombre social para su solaz y pasatiempo; pero tiene innumerables goces á la vista del grande, del inmenso panorama de la creación que contempla sin cesar, donde se encuentra todo lo bello, todo lo grande al par que sencillo y majestuoso paralelo de su complexión: las dulces sombras que le prestan los coposos árboles de las incultas selvas, el mullido pavimento donde tienen su lecho las delicadas flores que embriagan con sus aromas, las aguas que murmullan en juguetón, arroyuelo, el sol radiante y puro que le enseña sus dorados rayos por el día: el conjunto de estrellas que brillan en noche serena demostrando mundos y mundos desconocidos, tienen mas encanto que los grandes salones decorados de oro y de damasco donde se vende mas caro lo que mas barato presta pródiga al pastor la naturaleza.

No tiene el pastor las pomposas pretensiones de un rey con sus conquistas y extensos poderíos, ni de un potentado que maneja hombres y dinero á su placer, ni de un magnate que se cierne en la opulencia, ostentando vanidosamente su poder, pretendiendo reconocer en los demás unos seres inferiores al de su soberbio y altanero encumbramiento, no; sino que por el contrario, obra de la misma mano es un ser rústico y sencillo, con el alma llena de candor, con sentimientos puros y nobles tal como los prodiga la sabia y bondadosa providencia al salir de su poderosa mano, guardándole la misma suerte que aquellos; pero con el corazón lleno de satisfacción, sin deseo que le inquiete, sin ambición que le mortifique, con la felicidad sonriente en los labios.

La temporada de verano en los Quintos de Urbión, todo es vida, todo alegre, encantador, porque todo lo anima el pastor con su presencia: las alturas del Muchachon, las planicies de Llanos de Sierra, las frescas y frondosas laderas de Hornillo, la aspereza de Cobertera, las espesuras de Zamplon, los praderíos de Laguna Helada, presentan un aspecto mas ameno y vivificador porque son constantemente invadidos por este ser privilegiado del campo y de las selvas con sus alegres cánticos, cuyos ecos se repiten de cerro en cerro, de valle en valle, por el fiero mastin con su ronco ladrido; por los mansos de los rediles con sus vocingleras zumbas; mas cuando todos estos seres animadores desaparecen emigrando á lejanas tierras mas bondadosas en invierno, estos sitios quedan desiertos é invadidos solo por la melancólica soledad, preparándose para encerrarse cual aletargado reptil bajo la extensísima capa de nieve que tenazmente se adhiere como las ostras del mar y pasar así las crudezas de la estación fría en medio del mayor silencio y reconcentración producidos por la soledad y los hielos que forman un falso suelo sobre la blanca superficie de las nieves, sin que ser viviente ose posar sus plantas sobre la superficie coronada de estas alturas, á no ser el lobo en huida del mastín que lo persigue; el brusco jabalí que las cruza buscando en el retiro el reposo de la noche, ó el buitre con su penetrante vista y fino olfato que ondula su vuelo sobre el hondo barranco ó sobre la pelada cima para hacer presa de su largo buche los restos mortales de cualquier animalejo que tuvo su fin en éstos desiertos, ó de la ovejilla que desviada del redil cayó en el desgraciado fin que le proporcionó la astuta zorra entre sus afilados dientes á la puerta de la tenada de la vecina aldea.

Las frescas fuentes de la Hilandera, Tres fuentes y otras muchas no descubrirían el manto mohoso que les regala el largo invierno, si el pastor no usara de sus cristalinas aguas para apagar su sed mientras los calores del verano.

Diariamente se juntan los pastores y zagales en los cuotidianos careos para formar unidos sus danzas, juegos y recreos campestres, mientras se prepara el caldero de cuajada leche que consumen con algazara y fraternal delicia.

¡Cuántas veces se oye el canto melodioso de la hermosa zagala, que vino á traer las viandas al chozo para la semana! ¡Cuántas veces el zagalejo imberbe, forma atronadora música con el tambor, cuyos ecos acompañados á su destemplada voz, se repiten en el monte vecino pasando las noches en alegre danza al rededor del caldero que contiene las migas canas.

De escenas muy inocentes y tiernas, es vasto teatro este recinto privilegiado de la Sierra.

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