URBION Y LA LAGUNA NEGRA: VISTAS DE UN PAISAJE – (1882) – I

Hace unos días, me hicieron llegar un muy interesante y a la vez raro libro escrito por Erasmo Llorente en el año 1882. En él describe, con la literatura de la época, la zona del Urbión, contando alguna leyenda. A no ser que hayan cambiado con el tiempo, creo que comete algún error en los nombres de alguno de los parajes, pero eso es lo de menos, su lectura nos transporta a finales del siglo XIX y nos hace conocer un poco mejor como eran los paisajes y la vida en la zona del Urbión en aquellos años.

Este libro es una rareza muy interesante de las que apenas quedan 10 ejemplares, cotizándose este muchísimo. Espero que os guste tanto como a mí.

Dada la extensión del mismo lo iré publicando a lo largo de los próximos días.

rabal 12

URBION Y LA LAGUNA NEGRA.

VISTAS DE UN PAISAJE.

POR

D. ERASMO LLÓRENTE.

IMPRENTA DE RIOJA.

1882.

El hombre renace en las bellezas de la creación.

¿Qué sentimientos encerraría su corazón sino fuese por los encantos que le produce

el gran panorama de la naturaleza?

No habrá país, comarca ni pueblo, que no cuente con alguno de esos lugares que pasan por importantes, raros ó misteriosos, generalmente provistos de su rancia y extraordinaria tradición,, bien sea una considerable prominencia, una honda sima, una gruta caprichosa, una laguna encantada, unas ruinas misteriosas, un monumento fantástico, una atalaja maldita… que excíte la adormecida inteligencia de los sencillos habitantes de las cercanías, que llame la atención de tal ó cual curioso ó que haga la inspiración de algún erudito escritor, donde sacar una narración histórica ó hacer una composición poética.

Tampoco se ocultará á la penetración de nuestros lectores, que estos sitios se toman generalmente por puntos de recreo donde se suelen hacer bulluciosas romerías, para disfrutar alegremente de las delicias que presta la mano de la Providencia al par que satisfacer esa curiosidad que pone al hombre en continua acción, para contemplar lo que de anómalo y extraordinario se presenta en el grandioso panorama de la naturaleza y para hacer las deducciones consiguientes en razón á la cultura de su inteligencia, ensanchando el campo de sus conocimientos.

¿Quién no registra en el libro de su vida alguna página escrita con los rasgos característicos de uno de estos días de campo, que mas adelante le sirven para amenizar y sostener la conversación doméstica ó entre sus amigos, ó ya, también para venir en memoria de algún hecho que le presta gratos recuerdos?

Los preparativos del viaje…. la salida en alborozado tropel luciendo los briosos alazanes, lo animado y placentero del camino por áspero y tortuoso que sea, amenizado por lo regular con las gracias y agudezas que los mas jocosos de la reunión en marcha suelen improvisar, la llegada entusiasmadora al sitio objeto de la visita, donde cada cual á sus anchuras toca, observa y examina todo lo que á su vista se presenta, la celebración del banquete campal donde todos tendidos sobre el verde pavimento, aguardan con impaciencia y entusiasmo el momento de devorar el producto de alforjas y maletas:

¡Qué sabor más grato y agradable prestan los manjares que se devoran sin distinción!

¡Cómo contrastan maravillosamente con la pureza de aires qué allí se respiran!

Como conclusión, los ricos licores que producen brindis de entusiasmo, reaniman la comitiva para preparar el regreso con el mismo bullicio y algazara.

Pues bien, también nosotros hemos disfrutado dé las delicias que proporcionan estos días campestres en la cúspide altanera de Urbión y sobre las orillas deliciosas de la Laguna Negra, llenándonos de satisfacción y gratos recuerdos que tenemos grabados en nuestra alma (conservando en nuestro poder algunas vistas fotográficas producto de nuestra expedición) si bien no olvidando tampoco lo áspero y penoso del ascenso que hace algún tanto costosa la visita.

De estas excursiones hemos sacado los apuntes para esbozar desaliñadamente los siguientes cuadros.

Lector, si alguna vez te ocurriese visitar estos sitios deliciosos en verano, al par que solitarios y tristes en invierno, objeto de nuestra observación, los encontrarás siete leguas al Noroeste de Soria, exhibiendo su animadora presencia á los extensos y renombrados pinares que llevan su nombre.

laguna negra-1 URBIÓN Y LA LAGUNA NEGRA.

VISTAS DE UN PAISAJE.

I.

Contemplemos á Urbión:

No en uno de esos días de riguroso invierno en que grandes comarcas aparecen envueltas en extensa sábana de cristalizada y blanca nieve, que nivela los vallejuelos con las suaves colinas, que los árboles ocultan su desnudo ramaje bajo su helada influencia y que las mansas ovejillas se ven obligadas á seguir una tras otra los estrechos ahiloncillos que les abre su cariñoso pastor para no quedar atascadas en aquel improvisado pavimento.

No en uno de esos días en que el sol retira de nuestra vista sus dorados rayos, por hallarse la atmósfera ocupada de triste y oscura niebla que presta densas tinieblas á la tierra.

No en uno de esos días en que el impetuoso huracán se estrella en los regazos y quebraduras de las grandes rocas produciendo roncos ecos en las concavidades de los hondos y estrechos valles, y silbidos penetrantes al cruce de reducidas claraboyas ó brechas que forman las hendiduras y superposiciones irregulares de los ásperos peñascos, que dan lugar á temerosas supersticiones y agüeros de índole vulgar entre los sencillos rústicos habitantes de la solitaria aldea que tan dados son por lo sobrenatural y misterioso; en que rompe con fuerza las entrelazadas ramas de los árboles y arbustos de las preciosas selvas, y quita á las flores sus delicados pétalos quedando reducidas á esqueletos sus hermosas corolas.

No en fin, en uno de esos días en que la naturaleza parece dormir en eterno sueño, presentando un aspecto frió y enlutado á presencia de una atmósfera empañada de oscuras nubes y brumosas borrascas que hielan la sangre en las venas del espectador y reduce el citado horizonte á un pequeño circulo en su rededor.

Pues éstas son causas que contraen al hombre encerrado en su pequeñez física su fantástica imaginación, y no nos permitiría hacer de él sino una descripción pálida y sin realce alguno.

Contemplémosle en uno de esos largos días de primavera, sereno, suave y puro en que la naturaleza se presente risueña ostentando su hermosura engalanada con la infinita variedad de bellísimas flores que envían sus aromas entre el suave y agradable céfiro que con delicadeza hiere nuestras mejillas, embriagándonos el alma con las delicias propias de la estación.

En uno de esos días que las alegres avecillas llenan de ternura nuestro corazón con sus diversos trinos y dulces acentos que nos dejan absortos y hacen contemplar lo bello de la creación.

En uno de esos días, en fin, que todo excita á la vida y convida al hombre á ensanchar su imaginación, porque la atmósfera se halla radiante, llena de pureza y límpido horizonte, sin ráfaga siquiera de blanquecina nube, luciendo la bóveda celeste ese azul claro tan bellísimo y agradable que eleva nuestro ser, para dejarnos en la más reconcentrada y rigurosa contemplación.

Entonces, verémosle destacarse majestuoso ó imponente en medio de los ámbitos del espacio, sobre la gran, cordillera ibérica que lo ostenta, por encima de sus contiguos y altaneros cerros Zurraquin, Puerto y la Campiña que pretendiendo disputar su gigantesca altura, les es forzoso quedar convertidos en pequeños satélites que le sirven solo de estribaciones, para rendir justo homenaje ante su colosal figura dando veneración á su superioridad que forzoso les es reconocer, y rivalizando con su compañero inseparable Moncayo que perpetuamente se saludan al prestarnos el alba la oscura noche, que á su vez quiere hacerlo con Sierra Nevada y Gredos señores de España, empero haciendo siempre la venia á esas moles graníticas que separan nuestra querida patria de la nación vecina.

Parece que se halla en observación penetrando los arcanos de la naturaleza, que han de ser descubiertos á través de los futuros siglos ó hallando la resolución del gran problema causa de los males que aqueja nuestra sociedad, de la cual huye y se retira á ser cariñoso hospitalario de las nieves que constantemente cobija entre su extensísimo seno durante el crudo invierno y hasta que forzosamente se la arrebata el caluroso estío, para dejarle escueta su caprichosa cuan imponente figura, sonriéndose allí ante la pequeñez ó incompetencia de los hombres que llevados de su egoísmo y ardientes pasiones andan azarosos en busca de la resolución que se requiere para su bienestar y no la encuentran porque rehuyen del verdadero camino necesario para su planteamiento y no miran como debieran que la justicia… es el principio de toda prosperidad y bienestar; pero no; echémosle en cara su osadía para que deje que los hombres ejercen sus inmutables derechos de regirse y gobernarse tratando de encumbrar sus grandes ideales y resolverlos al tenor de miras propias, y de la alta posición que logran ocupar unos, sin mirar los ayes lastimeros que pronuncia la sociedad que los circuye, y estudiémosle en su real y permanente estado de petrificación.

Se compone de un incalculable número de rocas ásperas y grandes peñones amontonados con profusión, en distintas direcciones y en diversidad de posiciones irregulares y superposiciones pintorescas, en una rapidísima pendiente escalonada de curvas, cordilleras que simulan cornisamentos caprichosos ó ya balaustrados enormes que sostienen mesetas continuadas en los intermedios en forma de miradores ó anfiteatros. Grandes cortes dejan entrever de trecho en trecho algún pequeño tránsito revestido de verde pavimento de tan raquíticas como sustanciosas yerbas que allí se crían; por donde se hace accesible aunque penosamente, la subida á la cúspide de aquella majestuosa prominencia, cuya perspectiva exterior ofrece un cuadro muy singular y agradable entre lo árido de su ser y lo caprichoso de su forma tan variada. Ora encontraremos grandes y pequeñas curvas formadas por el confuso orden de afiligranadas cresterías que se observan por doquier; ora grandes y pequeñas pirámides ya regulares ya irregulares de diversas caras y formas que parecen obras del arte, exhibiendo sus detalles cual estatuas majestuosas esculpidas con diestro buril; ora se nos presenta una extensa plazoleta sembrada de florecillas y alfombrada de verde yerba demostrando en sus bellezas que la naturaleza es pródiga y tiende su mano sabia y poderosa hasta en lo árido de las más encumbradas sierras, la que nos convidará á detenernos para descansar del penoso ascenso; ora se distraerá nuestra vista con la infinita diversidad de formas caprichosas, simulando ya formas animadas imaginarias ó monstruosas, ya cuevas arqueadas, embovedamientos etc. etc.; ora en fin, dando alcance á la cima y en medio de uno de los más espaciosos intermedios del acceso, se ostenta un gran arco formado por el hueco inferior de un enorme y largo peñón, que da paso á un viento sutil y tan frió que priva la estancia ante él, al curioso observador. Parece  las aguas que siempre se niegan á supeditarse y sufrir el paso bajo su estéril influencia.

Mas arriba y como de punta ó cúspide, veremos una gran piedra que sirve de cresta á aquel gigantesco relieve de la tierra, rodeada de un gran número de otras de tamaños diversos puestas de una manera tan singular, que parece una numerosa caravana de elefantes fósiles en caprichoso sestil.

El conjunto descrito en una gran figura cónica con algunos cortes y depresiones, forma nuestro imponente Pico de Urbión.

Laguna y Pico de Urbión

Laguna y Pico de Urbión

II.

Subamos, hagamos alto sobre él, y posémonos en la referida cresta en la cual se forma una extensa meseta, donde continuamente los que llegan á visitar esa vetusta mole de la naturaleza para contemplar el grandioso cuadro que encierra el dilatado horizonte que se presenta, dejan huellas de su egoísmo tallando inscripciones diversas que con profusión se perciben, entre las que resalta como objeto primordial la respetable cruz y cuatro testigos, signo divisorio á las distintas jurisdicciones de los pueblos que rinden homenaje á sus pies, Covaleda, Duruelo y Viniegra, sirviendo de mojón ó hito común, en que constan tallados también en bajos relieves, los diversos años en que ha sido reconocido y renovado.

Estacionémonos sobre ella y extendamos la vista por doquier, recorramos la mirada en lontananza en torno nuestro para saludar el panorama mas extenso y delicioso y con bellezas tantas como pueda exhibir paisaje alguno: hondos y frondosos valles tras hondos y frondosos valles: altos y prolongados cerros tras altos y prolongados cerros casi todos coronados de verdísima y lozana vegetación: montes abruptos tras montes abruptos: mas allá y á medida que el paisaje se aparta de nuestra vista, vense suavizar colinas unas tras otras, haciéndose notar en todo caprichosos promontorios cónicos unos, planos ó esféricos otros, ya regulares, ya tortuosidades en que se dibujan gargantas, puertos, collados, desfiladeros anchos y angostos, surcaderos, ríos y arroyos que serpentean retorciéndose por entre riscos y sinuosidades unas veces; por valles, hermosas riveras y amenos praderíos otras; y siempre lamiendo los pies de mas grandes ó mas pequeños cerros. Muchos fenómenos ópticos sobre el colorido de las grandes selvas se descubren, de formas muy variadas, dentro todo de un dilatadísimo horizonte que se pierde allá muy lejos confundiéndose lo azulado de la atmósfera con las lejanas cumbres que cambian el verdadero color terrenal para tomar confundidas el que simula la inmensidad de los espacios.

Solo podréis impugnarle echándole en cara una falta… falta que no es suya por cierto, puede enorgullecerse de ello. Escuchad… que no llegará á vuestros oídos el silbido penetrante y animador de la veloz locomotora: ved… que no llegarán á vuestros ojos las espirales de humo de ese monstruo que se arrastra por la tierra cual dragón infernal, absorbiéndolo todo, todo en su imponente paso. ¿Es acaso ésta falta por no encerrar en su seno elemento de vida que le haga acreedor á este beneficio? No. Díganlo los productos agrícolas que presta su suelo, dígalo la numerosa ganadería estante y trashumante que nos prodiga; dígalo, en fin, ese venero interminable de frondosos montes que pueden dar surtido de productos propios á España entera. ¿Es por nesciencia acaso, ó por poca actividad en gestionar su cruce por los inmediatamente interesados en su presencia? No, porque ahí tenéis á los nobles é ilustrados sorianos con sagacidad y resolución firme, erguida su frente, ávidos de progreso, de civilización é instrucción; incubando hace mucho tiempo en sus cerebros ese grande ideal, que es el sueño dorado de sus ilusiones, trabajando sin descanso para que se conviertan en realidades sus lisonjeras esperanzas, por que en ello está su felicidad y la de sus hijos. Luego ¿cuál es la base en que se apoya esa falta digna del anatema soriano? Es… que el tiempo juez imparcial de los hechos no ha pronunciado todavía su favorable sentencia. Sin embargo, el velo de las tinieblas parece que empieza á romperse, y Soria aparece envuelta en medio de los primeros albores. Pues esperemos…

En cambio se compensará ésta dolorosa observación con las glorias que guarda y acaricia entre su seno, como prendas que encantarán turbando vuestra exaltada imaginación y que con caracteres indelebles leeréis en el libro de su vieja historia:

Ahí os exhibe á Numancia, saboreadla á vuestro placer; solo su respetable nombre causó en su tiempo el terror de Roma coloso de los imperios, haciendo retroceder ante su faz altanera, á legiones de hombres frenéticos por apoderarse de ella y hacerla su víctima, y embravecidos por la furia que les causaba que una humilde ciudad, que un puñado de hombres, solo con su arrojo, fuera de ánimo y arrogante valor, sembrara el temor y decaimiento en sus numerosos ejércitos y el luto entre sus conciudadanos.

Ahí la tenéis á vuestra contemplación; subiendo todavía hasta el cielo las espirales de humo que envuelven sus sacrosantas cenizas, que inmolaron en aras del heroísmo por sostener su amada independencia.

Loor á tan nobles patricios, que supieron apurar el vaso de la pócima, que supieron internar en su pecho el mortífero puñal, que supieron consumirse en hogueras alimentadas quizás con los cuerpos de los ancianos padres ó sus tiernos hijos, complaciéndose en verlos arder antes que dejarlos para servir de trofeo á los asesinos de su libertad; y todo, todo por librar á su amada patria del yugo deshonroso de sus pretenciosos conquistadores.

¡Descansad en paz valientes Numantinos! que nada habéis dejado que desear en vuestro luminoso paso; nada tiene que vituperar ni echaros en cara la independencia, la libertad y el amor patrio.

Soria vuestra sucesora, se halla muy orgullosa en posar sus plantas en el campo de vuestras glorias.

España vuestra madre patria, os contempla y os admira.

¿Por qué no se adornan vuestras frentes con coronas de laurel y vuestros sepulcros con templos de alabastro, haciendo resaltar vuestro nombre con letras de oro incrustadas de diamantes? Acaso ¿no lo merecéis ni sois dignos de ello? Sí; pues…. esperad á que generaciones más reconocidas perpetúen vuestra inmortalidad con monumentos que más y más patenticen las glorias que alcanzasteis.

Ved más allá á Calatañazor, á la antigua Voluce, por entre los hacinados escombros de sus fuertes derruidos y lo árido de su posición, lanzando una mirada de maldición el formidable Almanzor, terror que fue de nuestra querida patria, solo porque le robó el progreso de sus glorias y poderío. En el veréis nuestros hermanos alentados y rehaciéndose del decaimiento que les había puesto su negro infortunio, para empezar cual lo hiciera Pelayo á la gran diosa obra de la restauración.

En el mismo rumbo encontrareis á Uxama, hoy Osma, siendo el teatro bélico de heroicas escenas. Cerca de él, El Burgo, que lleva su nombre, cuna de hombres importantes por su saber y virtudes, siendo uno de ellos el ilustrado político Zorrilla.

Ved por doquier, promontorios mustios de derruidos castillos, atalayas, templos á Júpiter, á Castro etc., etc. conquistados ya por el oscuro musgo que los cubre, como ocultando sus variadas historias que se sostienen como colgadas en confusas tradiciones.

Todo contribuye á dar realce, belleza y variedad suma á éste dilatadísimo paisaje.

En fin, en él se encierra tal contraste de hermosura, que si la examinamos detenidamente, acumulará á nuestra limitada inteligencia tantas y tan variadas ideas y ensanchará tanto nuestro pobre entendimiento, que nos hará quedar extasiados, absortos, en la forma que un tierno niño al recibir una fuerte impresión, llora con tal fuerza que sus delicados pulmones se dilatan en forma que su débil diafragma no tiene la fuerza suficiente para contraerlos tan pronto como lo hace preciso la respiración y entonces, se queda, como vulgarmente se dice en éste difícil estado, trataríamos de refrenar nuestro pensamiento que como el éter se habría extendido por todas partes y volviendo al estado natural nos haría ver las cosas tal como las ve el hombre en completa calma.

¡Qué cuadro más sublime pintarían aquí esas inspiraciones divinas de los poetas, que han llenado el mundo con sus glorias!

Nosotros callemos, y contentémonos con reconocer nuestra pequeñez ó insuficiencia, para continuar haciendo una tosca y sencilla relación de lo que pudiera ser una composición poética: la culpa no es nuestra, será de la Providencia que no ha querido dotarnos de mejores luces.

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