EL DUERO COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN POÉTICA – III

EL DUERO COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN POÉTICA – III

4. 2.- El Tormes, símbolo de la historia salmantina del sur.

Pocos ríos de Castilla y León esconden una trayectoria literaria en sus aguas comparable a la del Tormes. Además de lugar de nacimiento de Lázaro de Tormes, arrastra en sus aguas leyendas y referencias literarias sin fin. Juan del Enzina, Garcilaso de la vega, El Lazarillo de Tormes, Fray Luis de León, Lope de Vega, Cervantes, Meléndez Valdés, Unamuno, y Aníbal Núñez en los tiempos modernos, han tomado el río charro como reflejo de sus inquietudes estéticas.

No faltan las visiones mitológicas, que Gil González Dávila recoge en sus obras29. En la referida a Salamanca afirma Gil González Dávila que “son las aguas de este río delgadas, limpias, sanas, y sin ningún género de cieno, ni de sabor alguno, y dellas beve toda la ciudad. La afirmación erudita se confirma en el dicho popular salmantino: “Come carnero por caro que valga y bebe del Tormes por turbio que vaya.” No hay que olvidar, sin embargo, que en la célebre obra picaresca El escudero Marcos de Obregón, su autor Vicente Espinel recuerda cómo los estudiantes recién llegados a Salamanca enfermaban por el consumo de sus aguas, como recoge Luis Cortés30.

Recordemos los múltiples motivos de inspiración poética que el Tormes ofrece, objetivo esencial de este trabajo. Hasta las canciones populares sitúan al Tormes como elemento que impide la guerra entre Bernardo del Carpio y los sarracenos, situados (según se deduce de la coplilla popular) en las tierras de Amatos de Alba: Bernardo de Carpio, en Carpio // y el moro en el Arapil, // por estar el río en medio// no pudieron combatir. Las investigaciones modernas consideran que Bernardo del Carpio no fue sino un invento de los cristianos para compensar la fama de héroes legendarios de Francia, pero todavía subsisten las ruinas de una fortaleza medieval que se erige próxima al pueblo salmantino de Carpio Bernardo. El Tormes, a su paso por Alba de Tormes, fue cantado con belleza y fervor por Garcilaso de la Vega, el primer gran poeta español en su segunda égloga: En la ribera verde y deleitosa // del sacro Tormes, dulce y claro río, // hay una vega grande y espaciosa // verde en el medio del invierno frío, // y en el otoño verde y primavera // verde en la fuerza del

27 Julio LLAMAZARES, El río del olvido, Barcelona, Seix Barral, 1990.

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 Jesús DÍEZ FERNÁNDEZ, Sendas y espejos, Madrid, Morando, 2004. Miradas y ecos, Madrid, Morando, 2005.

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 Gil GONZÁLEZ DÁVILA se ocupó de la historia religiosa de diversas ciudades de Castilla y León, entre las cuales Salamanca recibe su descripción erudita en Teatro Eclesiástico de la Santa Iglesia de Salamanca, vidas de Obispos y cosas memorables de su sede ciudad de Salamanca. Madrid, Diego Díaz de la Carera, 1650.

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 Salamanca como fuente de referencia literaria fue estudiada con rigor por Luis CORTÉS en su obra Salamanca en la literatura. Ilustrada con catorce dibujos de Zacarías González. Salamanca, Gráficas Cervantes, 1973. 320 pp.

ardiente estío. No son los únicos documentos albenses. Cervantes y, sobre todo, Lope de Vega, tuvieron en el Tormes una fértil fuente de inspiración. Una larga docena de obras ambientó Lope de Vega en la villa ducal, regada por las frías aguas del Tormes. En El laurel de Apolo evocaría una vez más las aguas del río: Tormes, de bellos álamos ceñido // que le sirven de sombra, y él a ellos // de espejo claro y puro // sobre pizarras frágiles tendido // corriéndole cristales los cabellos, // con que de Salamanca ilustra el muro.

Sirvan estos documentos poéticos de prueba a las múltiples alusiones que guarda la obra de Lope de Vega respecto al río Tormes. No debe faltar aquí el recuerdo de la obra de Fray Luis de León De los nombres de Cristo. Los diálogos que el agustino puso en boca de sus compañeros de orden tienen lugar en el locus amoenus de la Flecha, la finca que los agustinos tenían próxima al río Tormes. Todas las referencias se verán completadas en el siglo XVIII por los poetas de la Escuela Salmantina, incluido el arroyo del Zurguén, al que Meléndez Valdés dedica sus letrillas “La flor del Zurguén, de inesperada belleza en la atonía lírica del siglo XVIII.covaleda 10

Sus primeros versos sirven de plástica visión: Parad, airecillos, // y el ala encoged; // que en plácido sueño // reposa mi bien. // Parad, y de rosas // tejedme un dosel, // do del sol se guarde // la flor del Zurguén. Aníbal Núñez, en los tiempos modernos, recreó de forma primorosa esta visión neoclásica de Batilo, con el título de “El Zurguén”:31 Remontar el arroyo en brazos de la musa // doliente y sin palabras pero que escoge malvas…Juan José Cuadros no olvida la imagen del Tormes, convirtiéndolo en metáfora de la libertad en su poema “Diría Fray Luis”: O bajar hasta el Tormes, // agua eterna que canta, // como palabra libre en labio libre. // El aire libre que me falta.

Afluentes humildes del Tormes, le sirven también a José Luis Puerto para recuperar una visión mítica de la historia conservada en los castros salmantinos: Por caminos de encinas hacia el castro, // hacia poniente: allí donde las aguas // del Yeltes desembocan en el Huebra, donde se eleva el promontorio, donde // los hombres habitaron el espacio. Un poema rematado con un bello epifonema: Y las piedras esperan que en su rostro // nuevas manos cincelen las señales // del latir de la vida. En el mismo libro, Estelas32, José Luis Puerto dedica otro de sus poemas a un elemento en teoría nada poético, “El pez”, que recoge inesperados simbolismos de este animal, y que comienza: El pez renuncia al aire, porque el aire // no es más que muerte para su latir.Puente Santo Domingo 1967

5. PORTUGAL COMO FINAL HISPÁNICO Y COMIENZO DE OTRAS TIERRAS

Los puntos geográficos finales que el Tormes toca son los parajes abruptos de Los Arribes, cantados por don Miguel de Unamuno. Pero no fue el único. El recientemente fallecido José Ledesma Criado hace en “Canción de febrero” una bella síntesis de de paisajes, poetas y ríos localizada en el muelle de Vega de Terrones, donde el Duero se universaliza camino del Atlántico33, al tiempo que se hace simbólica frontera entre los dos países hermanos: Líneas de nieve y almendros // junto a la orilla del Duero // hay un río por  frontera, // naranjos y limoneros. El poema finaliza con una evocación del Duero como símbolo de la incipiente primavera: Almendro de nata en flor, // grito de España latiendo, // quiero entregarte en mi voz // la canción de los almendros. También José Luis Puerto ha recreado la áspera belleza de estos paisajes, como se comprueba en “Arribes”, versos dedicados a José Miguel Ullán: Montes secos // chicharras // vertical es la tierra // el abismo y el cielo // se necesitan siempre // aquí // nada es condescendencia // todo va a la caída // ¿también a la ascensión? // El vuelo // de almendros y de olivos // de raíz tan escasos // habla

31 Aníbal NÚÑEZ, Primavera soluble, en Obra Poética,I, Madrid, Hiparión, 1995)32 José Luis PUERTO, Estelas, Algaida, Alicante, 1995. 33 José LEDESMA CRIADO, Libro de canciones, Editorial Peñíscola, Barcelona, 1970.

de negaciones de la tierra // de lo imposible que es permanecer // aquí // la sima de las aguas // el cielo de rapaces que devoran.

El leonés Antonio Pereira formalizó poéticamente esta síntesis de ríos y de pueblo en su poema “Paisaje con hombres”34: Por caminos del monte abajo, // a la orilla del verde brezo, // los portugueses van y vienen, silenciosos hasta los huesos. // Van o vienen, los portugueses, // un sombrero, otro sombrero, allá del Tajo, Tras los Montes, // por el Algarbe y en el Duero // Por una senda que no acaba, // con la rosa del milagreo, // los portugueses van y vienen // bajo el sol que los hace viejos. Para finalizar… No les preguntéis hacia dónde // van, ni si vienen de muy lejos. Los portugueses que yo digo // sólo hablan con su silencio.

Unamuno, una vez más, se acerca a Portugal, concretamente a Oporto. Su poema LXV “A bordo del ´Romney´, rumbo a Oporto” (compuesto e del 20 al 23 de julio de 1910) es el reflejo de las palabras del mar, visión más prosopopéyica que nunca. Escrito en verso casi libre (ritmo poco imaginable en el Unamuno de 1910, y tan aficionado al metro clásico) el poema comienza con “Lo que dice el mar”, completado con otras exp resiones marinas. Una tercera parte, “Y luego nada”, le sirve al poeta para expresar sus sentimientos, con un final en el que coincide la paradoja de nihilismo y la plenitud: “Y luego nada, nada, nada, // es decir todo”. El cuerpo titulado El hombre de la pipa sirve de cierre al poema.

Es el momento de recordar a José Ledesma Criado35, tan próximo en su muerte, quien canta en su “Cancionero de febrero” la llegada del Duero al Muelle de Vega-Terrón, en La Fregeneda. El sentido de plenitud lleva al poeta salmantino a recordar a diversos poetas de los que han cantado al Duero en sus versos 36.

Y a partir de ahí…Portugal empieza a cantar. No han sido ajenos los poetas portugueses al recorrido del río. Y mucho menos los novelistas, pero su obra, desborda los objetivos propuestos en el tema asignado, de forma muy precisa, al autor de este trabajo37. José Bento ofrece una filosófica descripción del río en el tercer cuerpo de su poema titulado “Quinteto”38: El río o el mirar que, de tan lento y lúcido, // nos delata lo que somos, impiadoso, // hasta acusarnos de lo que ignoramos // no es menos hostil que [aquel] el desprecio // de quien ni la merced gratuita nos concede // de unas sobras, de un gesto, un mudo insulto.

Lo hace Eugenio de Andrade, cuando escribe su poema “Lugar de la luz”39 : Después de rasgar el agua // Después. // Cuando el aroma de la estrella // de la tarde anuncia // la resurrección del trigo. (…) // Después de haber subido el silencio // a los mástiles, y el ojo de la cal // haberse ahogado. // Después. Después. Resulta curioso comprobar que José

34 Antonio PEREIRA, Cancionero de Sagres, Editorial Orines, Col. Arbolé, 7, Madrid, 1969. 35 Próximamente ( al amparo de la Fundación Salamanca, Ciudad de Cultura) aparecerá una excelente antología del poeta salmantino al cuidado de Mercedes MARCOS y Antonio SANCHEZ ZAMARREÑO. 36 José LEDESMA CRIADO, Libro de canciones, Editorial Peñíscola, Barcelona, 1970 ,1970. 37 Si hubiera sido posible analizar la narrativa, habría sido necesario recordar obras esenciales al respecto. Vayan citados algunos autores portugueses, cuyas novelas tienen como trasfondo temático el río Duero. Es el caso de la obra de EÇA DE QUEIROZ, quien en su obra La ciudad y las sierras (publicada en 1901) escoge como escenario tierras regadas por el Duero  y el Tormes, lo que supone un escenario fluvial muy próximo al analizado en este trabajo, con la Villa ducal de Alba de Tormes como escenario A Eça de Queiroz, habría que añadir nombres consagrados de la narrativa portuguesa contemporánea como Miguel Torga o José Saramago, cuya obra escapa al análisis de estas líneas. O nombres como Pires Cabral, Domingo Monteiro, Antonio Cabral, Agustina Bessa Luis o Alves Redol. 38 José BENTO, Algunas sílabas, Madrid, Calambur, 2000)39 Eugenio DE ANDRADE, Oficio de paciencia Madrid, Hiparión, 1994.rio duero postal-2

Saramago se acerca al Duero de forma apasionada en su Viaje a Portugal,40 pero no lo trata como tema lírico en su poesía41.

Aunque no se trate de manifestaciones poéticas en el sentido estricto, hay autores que reflejan sus sentimientos en su prosa de una forma admirable. En muchos casos, de forma líricamente superior a los poetas. Es el caso de Miguel Torga, cuyas impresiones, reflejadas en forma de diario, tienen valor poético muy superior al que muestran muchos reconocidos poetas. El contenido propuesto para estas reflexiones hace lejano el análisis de ciertos fragmentos del escritor portugués, pero se hacen necesarias algunas confesiones: “En el paisaje de mi vida hay dos ríos. Este Duero de aquí y el de Montego. Uno refleja las mesetas de mi niñez y el otros los valles de mi madurez”42. Las divagaciones personales en torno a estos dos ríos acaban siendo una personalísima poética del autor43. El Duero acaba siendo fuente poética de incuestionable lirismo cuando el escritor refleja sus sensaciones vividas en “Aregos, 13 de abril de 1963”: “Subo y bajo incansablemente las orillas del Duero, mi río, porque rocía mi cuna, porque en él se refleja el más bello paisaje que conozco, porque es joven, porque es una realidad y un símbolo portugués, porque es peninsular…”44. Una de las reflexiones de Miguel Torga que pueden considerarse ápice de sus vivencias se hace presente en S. Leonardo de Galafura, 8 de abril de 1977, que comienza con la observación lacónica “El Duero sublimado”, un Duero convertido en motivo de hondas reflexiones. También en sus diarios Miguel Torga se decide por poner en verso sus impresiones sobre el Duero, como lo refleja en Régua, 16 de septiembre de 196245:

Sudor, río, dulzura. // (En el principio era el hombre…) // De cocción en cocción, // el mosto va corriendo // en su lecho de piedra. // Corriendo y reflejando // el bifronte paisaje marginal. // Corriendo como corre // un dorado caudal // de sufrimiento. // Corriendo, sin saber // si avanza o retrocede. // Corriendo sin correr. // La desesperación nunca desagua.

De estas reflexiones, sea el Duero o sean todos los ríos del mundo, no puede quedar ausente la memoria de Fernando Pessoa, el hombre que mostró una sensibilidad polisémica e intuitiva ante cualquier evento, geográfico o humano. Sirvan de recuerdo de su pensamiento estas palabras: “Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañe o rechina, cuerdas y harpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía”46

II. “QUE VAN A DAR A LA MAR, QUE ES EL MORIR”

El final tiene siempre un cierto aire de desesperanza. Y lo tienen estas líneas, pensando en el río Duero, cuyo cauce fluvial ha servido para darles vida. Hacia el mar van las aguas del Duero, hacia el oeste. Como escribió Antonio Machado: “¿Acaso, como tú, y por siempre Duero, irá corriendo hacia la mar, Castilla?

40 Aunque existen detalles literarios referidos al Duero, sólo el capítulo “Se junta con el río que llaman Duero…” se refiere al río aquí estudiado.

41

 La edición de su Poesía completa (Madrid, Alfaguara, “Biblioteca José Saramago”, traducción de Ángel CAMPOS PÁMPANO, 2005) presenta un panorama rico en vivencias, muchas de ellas referidas al mar. Pero el Duero no aparece como contenido temático, salvo en rasgos mínimos. 42 Miguel TORGA, Diario (1932-1987). Selección, traducción, índice y notas de Eloísa Ávarez. Madrid, Alfaguara, 1988.43 Una de las mejores descripciones del río Duero hecha por Migue Torga es la que aparece en las páginas 49­51 de Portugal (Madrid, Alianza Editorial, 2005).44 Miguel TORGA, op. cit., P. 277. Las reflexiones que completan el contenido de la cita son de una gran belleza. Finalizan con una curiosa observación: “ Es el regreso inconsciente del poeta al hombre y del hombre a lo que le es elementalmente vital. Al suero, a la hemoglobina, al latido…” Apreciaciones propias de un prestigiosos galeno.45 Miguel TORGA, Diario IX (1964). Traducción de José Luis Puerto. 46 La cita pertenece a su obra Libro del desasoiego, incluida en la secuencia 24.

Lo escribe de forma íntima José Luis Puerto en su poema “Hacia el oeste está mi corazón”. Sé que sus versos, de honda nostalgia, no son la única enseña literaria del destino del Duero, pero sirven como lectura íntima para cualquier humano:

Allí perdí por siempre // mi niñez entre ortigas, // allí sembré rosales de ternura en el alba, // y allí regresaré en caballos de niebla. // Porque…// hacia el Oeste está mi corazón.

También el Tormes, afluente adulto del Duero, le sirvió a Lope de Vega como pretexto para el retorno sentimental, aunque empapado de nostalgia. Y por la tristeza amorosa que, ¡tan pocas veces!, el Monstruo de la Naturaleza que fue Lope de Vega, llegará a sentir. Ha muerto en Alba de Tormes Belisa y, pasado un año, escribe Lope de Vega, quién sabe si con sincero sentimiento…Si no lo fue para él, sí lo es para nosotros.

Ya vuelvo, querido Tormes, // ya tornan las ansias mías // a ver la pizarra helada // que cubre mi muerte viva. // Castígame de esta ausencia // que de adorarte me priva, // Alba de mi sol difunto // y noche de mi alegría // (…) Alba fue mi tierna noche, // murióseme en Alba el día; // no me consuela mi tierra, // que está lejos de la mía…

BIBLIOGRAFÍA

Habida cuenta de la condición de este trabajo, es evidente que, salvo excepciones, no se aprovecha apenas bibliografía científica. Eso explica que no se ofrezca una relación bibliográfica en este apartado. En las notas a pie de página se indica la obra a la que pertenece cada uno de los poemas citados y de las obras de consulta que han servido de ayuda a estas páginas..

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