CAMBIOS RECIENTES DEL LÍMITE SUPERIOR DEL BOSQUE EN URBIÓN: GESTIÓN FORESTAL, GANADERÍA Y CLIMA – II

CAMBIOS RECIENTES DEL LÍMITE SUPERIOR DEL BOSQUE EN URBIÓN: GESTIÓN FORESTAL, GANADERÍA Y CLIMA – II

CAMBIOS DE EL LÍMITE SUPERIOR DEL BOSQUE ENTRE 1956 Y 2006

En 1956 la línea del bosque continuo (forest limit) se situaba a una altitud media de 1.810 metros, mientras que la treeline se situaba hacia los 1.866 m. Hoy, el forest limit se sitúa a 1.869 metros, mientras que la treeline ha subido hasta situarse en los 1990 metros de media (Tabla 1 y Figura 2).

Esto significa que la franja o ecotono de la treeline ha ascendido una media de 50-60 metros de altitud en las montañas de Urbión en los últimos cincuenta años, a una velocidad de avance de algo más de un metro al año, rapidez que ha sido ya observada por nosotros en otros ámbitos de montaña (García et al, 2004).

Tabla 1

Tabla 1

 Fig. 2 y Tabla 1. Cambios en las altitudes hasta las que llega el bosque contínuo (forest limit) y la treeline entre los años 1956 y 2001.

Fig. 2 y Tabla 1. Cambios en las altitudes hasta las que llega el bosque contínuo (forest limit) y la treeline entre los años 1956 y 2001.

Como puede apreciarse, la treeline ha experimentado una subida mayor que el forest limit, haciendo que el ecotono de la treeline en su conjunto sea una franja más amplia en la actualidad que en los años 50. Esto tiene una explicación lógica, en el sentido de que la treeline es más dinámica que el forest limit, manifestándose en aquélla los cambios más rápidamente que en ésta. Dicho de otra forma, el avance del bosque como formación continua es más lento que el avance de los árboles pioneros.

Traducido esto a superficies cubiertas por un tipo u otro de vegetación, en la tabla 2 y en la figura 3 podemos apreciar cómo la superficie supraforestal ha visto reducida su extensión en el área estudiada en un 23%, pero esa reducción no ha sido compensada por un aumento equivalente del área forestal, sino que el aumento se lo reparten la superficie forestal (un 16%) y la intermedia (un 7%), debido a esa diferencia de velocidad de avance entre el bosque continuo y la treeline a la hora de colonizar espacios nuevos.

Tabla 2

Tabla 2

 Fig. 3 y Tabla 2. Cambios en la extensión de la superficie forestal, la superficie intermedia (ecotono de la treeline) y la superficie supraforestal entre 1956 y 2001.

Fig. 3 y Tabla 2. Cambios en la extensión de la superficie forestal, la superficie intermedia (ecotono de la treeline) y la superficie supraforestal entre 1956 y 2001.

¿En qué forma se ha producido el avance del bosque ladera arriba durante estos últimos cincuenta años?

CARACTERÍSTICAS ACTUALES DEL LÍMITE SUPERIOR DEL BOSQUE: PAUTAS DE AVANCE DE LA VEGETACIÓN ARBÓREA

El trabajo de campo realizado muestra dos pautas de avance principales: el avance aleatorio, que se produce en las áreas de relieve uniforme, y el avance guiado por las formas convexas en las áreas de relieve irregular.

En las áreas de relieve uniforme (laderas regularizadas por recubrimientos de origen periglaciar) el avance del bosque ladera arriba parece haberse producido así mismo de manera uniforme, mediante la aparición aleatoria de árboles jóvenes procedentes de semillas que han logrado germinar (Foto 4). En las áreas de relieve irregular (laderas con modelado glaciar) los arbolillos jóvenes avanzan siguiendo las formas convexas (morrenas, crestas rocosas) y evitando las áreas deprimidas (Foto 5). Esta pauta de avance parece obedecer a dos factores: la mayor abundancia de finos en el suelo (morrenas) y la limitación que provoca el espesor y mayor duración de la capa de nieve invernal en los espacios deprimidos (Holtmeier & Broll, 2005).

¿Cuáles son los factores que controlan y explican estos cambios? Para encontrar respuesta a esta cuestión hay que partir del hecho de que estamos ante una treeline cuyo origen puede ser tanto climático como humano (Holtmeier & Broll, 2005): por una parte, los árboles manifiestan los síntomas de estar limitados en su desarrollo por factores naturales ligados a la altitud (temperaturas, viento, heladas, innivación), pero por otra parte es también cierto que el límite del bosque ha estado determinado por la gestión forestal y ganadera que se lleva a cabo desde hace muchas décadas por parte

Foto 4. En laderas de relieve uniforme (laderas regularizadas por procesos de tipo periglaciar, recubiertas de depósitos solifluidales) el avance de los árboles ladera arriba no parece seguir una pauta concreta, sino que avanza aleatoriamente, en forma de ejemplares y grupos dispersos.

Foto 4. En laderas de relieve uniforme (laderas regularizadas por procesos de tipo periglaciar, recubiertas de depósitos solifluidales) el avance de los árboles ladera arriba no parece seguir una pauta concreta, sino que avanza aleatoriamente, en forma de ejemplares y grupos dispersos.

Foto 5. En laderas afectadas por la acción morfogenética glaciar, y modeladas en circos, nichos, morrenas, cubetas, etc. la vegetación arbórea progresa ladera arriba siguiendo preferentemente las formas convexas (morrenas principalmente) y evitando las depresiones, lo que puede explicarse por la menor duración y espesor de la cubierta nival sobre las formas convexas, lo que facilitaría la germinación de las semillas.

Foto 5. En laderas afectadas por la acción morfogenética glaciar, y modeladas en circos, nichos, morrenas, cubetas, etc. la vegetación arbórea progresa ladera arriba siguiendo preferentemente las formas convexas (morrenas principalmente) y evitando las depresiones, lo que puede explicarse por la menor duración y espesor de la cubierta nival sobre las formas convexas, lo que facilitaría la germinación de las semillas.

de las comunidades rurales propietarias de estos terrenos y por parte de la Administración Forestal (Calavia, 1986). Para explicar el espectacular cambio observado en los últimos cincuenta años cabe acudir en primer lugar al análisis de las posibles transformaciones que se hayan podido producir en la forma de gestión y uso de estas tierras, y en segunda instancia, al estudio de posibles variaciones en el clima.

 LA GESTIÓN FORESTAL EN LAS CUMBRES DE URBIÓN

La práctica totalidad del área de estudio queda comprendida dentro de dos Montes de Utilidad Pública: el de Covaleda (Monte nº 125) y el de Duruelo (Monte nº 132), por lo que disponemos de unos documentos que detallan el uso y gestión que se hace de estos terrenos desde mediados del siglo XX: los Proyectos de Ordenación y sus sucesivas revisiones (VV.AA., 1945, 1953 y otros). Del análisis de estos documentos se desprenden las siguientes observaciones.

En primer lugar, cabe señalar que los Proyectos de Ordenación constatan que por encima de una determinada cota altitudinal el crecimiento de los árboles es demasiado lento y los daños por nieve, heladas y viento hacen que no sean aprovechables. De esta forma se establecen en ambos montes dos áreas que van a quedar fuera del aprovechamiento forestal: la “Sección 1”y la “Sección 2” en el monte de Covaleda y la “Sección 1ª, cuarteles A y B” en el monte de Duruelo. La Sección 1 del monte de Covaleda queda delimitada por una línea que sigue aproximadamente la curva de nivel de los 1.850 metros; todo lo que queda por encima de esa altitud es lo que se denomina expresivamente el “Raso de Urbión”, una considerable “parte del monte que, por su gran altitud, queda fuera del área biológica de las especies arbóreas”.

Por debajo, hasta aproximadamente la curva de nivel de los 1.700 metros se delimita una Sección 2, en la que “el arbolado lleva una vida precaria y adopta formas defectuosas que, unidas a las dificultades de saca, son causa de su falta de valor comercial”, por lo que esta Sección 2 tendrá asignada “una finalidad esencialmente protectora”. En cuanto al monte de Duruelo, en su Proyecto de Ordenación de 1953 se dice que se trata de una masa “de buen porte, hasta la cota 1.700 y algo más inferior hasta de 1.800 a 1.900 de altitud”, y que “pasada la altitud de 1.800 a 1900 metros desaparece la masa arbórea y quedan las especies leñosas y herbáceas, vegetando hasta la misma cumbre de 2.240 metros de altitud”, por lo cual, en función de estas observaciones, se delimita la ya mencionada Sección 1ª, diferenciando en ella el “cuartel A”, que es el que queda por encima de la curva de nivel de 1.900 metros, “por encima de la que no es posible la vegetación arbórea (…) que comprende todo el terreno alto del “Raso de Urbión” cubierto de nieves casi todo el año”, y el “cuartel B”, que es la faja que queda comprendida justo por debajo de la anterior, es decir, entre los 1.850 y los 1.900 m, en la que podrían crearse “fajas de bosquetes protectores que separen la masa principal de la zona alta de pastos”.

Es decir, los Proyectos de Ordenación redactados para ambos montes entre finales de los años 40 y principios de los 50 del siglo XX recogen perfectamente cómo el bosque continuo llegaba hasta aproximadamente la cota 1.700 m, altitud a partir de la cual comenzaba una franja de bosque de menor porte y densidad que en ningún caso subía más allá de los 1.900 metros. Por otro lado, no se manifiestan dudas en cuanto a que las causas de estos límites son climáticas: “en la zona limítrofe de la vegetación de las especies arbóreas que pueblan el monte, los vientos y las nieves alteran su porte del modo tan acusado que existen en la misma gran número de árboles que prácticamente no pueden considerarse como maderables”.

Como consecuencia de todo ello, los Proyectos de Ordenación de ambos montes van a dejar clara la vocación y las intervenciones que se llevarán a cabo en estas partes más altas situadas por encima de los 1.700 metros, y que serán confirmadas en las sucesivas revisiones hasta la actualidad: se destinarán a pastos, es decir, a aprovechamiento ganadero, sin que se lleve a cabo ninguna actuación forestal, debido a “las dificultades de todo orden que revestiría el emprender una repoblación con intensidad suficiente que permitiera esperar obtener de la futura masa aprovechamientos maderables”, y en caso de llevarse a cabo algún tipo de repoblación, ésta “sería experimental”, a base de especies de alta montaña como “Larix europea, Pinus uncinata y Alnus viridea (…) operación que requerirá premeditado estudio y lenta ejecución en previsión de posibles errores que no beneficiarían en nada la ejecución de este Proyecto”. Tal como consta en las sucesivas revisiones, y por las conversaciones mantenidas con los técnicos actualmente responsables, nunca se llevaron a cabo estas repoblaciones, ni siquiera con carácter experimental.

Podemos decir, por lo tanto, que por encima de una cota aproximada situada en torno a los 1.700 metros, la intervención forestal se ha limitado, como mucho, a la “extracción de árboles secos o dañados por los agentes ambientales”, y que, en conclusión, la dinámica de progresión del Pinus sylvestris en altitud observada entre 1956 y la actualidad no se debe a actuaciones repobladoras llevadas a cabo desde la Administración forestal.

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