LOS NOBLES VECINOS EN EL TERRITORIO DE LAS MUJERES (2008) – II

LOS NOBLES VECINOS EN EL TERRITORIO DE LAS MUJERES (2008) – II

La importancia del texto y de las fuentes

El texto que aquí presento es el fruto de un trabajo que se inició a principios de la década de 1980, y que tuvo ya un primer resultado en una monografía sobre un valle de Burgos fronterizo con La Rioja y en diversos trabajos posteriores (ver bibliografía). En aquella monografía y en aquel momento, me interesó resaltar especialmente el aspecto comunalista que discurría en el período de un siglo que va de 1860 a 1960. Los rituales y su representación, y toda una serie de elementos simbólicos, presentaban un carácter de larga duración que no encontraba respuestas con el trabajo de campo sobre el terreno que llevábamos a cabo en tiempo presente, ni tampoco en los registros concejiles y parroquiales de finales del XIX y del XX consultados para elaborar nuestra monografía.

La zona de estudio muestra una interesante diversidad de factores a tener en cuenta: leyendas vinculadas a los territorios comunales, la figura del vecino y su vinculación con los aprovechamientos, los rituales, la representación social del género, que merecen haber realizado esta investigación, focalizando el trabajo de campo en la construcción y en la transmisión de los elementos simbólicos que han producido, a pesar de los cambios y adecuaciones procesuales, algunos de los aspectos de larga duración, que son los que pretendemos mostrar aquí.

Es cierto que, al inicio, me producía un cierto vértigo tener que emprender una investigación en un territorio que había sido cuna de una identidad mítica, donde transcurrían episodios de las hazañas del Conde Fernán González, la leyenda de los Infantes de Lara, o de San Millán de la Cogolla, donde la historia y la literatura proporcionan referencias múltiples, algunas convertidas en estereotipos. Por otro lado, este trabajo representaba, asimismo, desempolvar teorías antropológicas y autores que podían parecer lejanos en el tiempo, pero sobre los que, por lo que había podido entrever durante mi primera investigación, era necesaria una nueva revisión de sus obras a la luz de la etnografía. No obstante, me sentía atraída por el interés etnográfico porque, como señalaba Julio Caro Baroja en el prólogo que escribió en los años ochenta a su obra Del viejo folklore castellano (1984: 8):

cHermogenessinFuente1948

El papel que ha tenido Castilla en la Historia de España ha sido tan importante y ha dado lugar a tantas interpretaciones, que casi resulta imposible pensar en Castilla misma sin asociarla a hechos históricos. Sin embargo, Castilla es también, como cualquier otra parte de España y de Europa, un país con vida que podríamos llamar interna, con su cultura tradicional particular.

Durante mi trabajo de campo he recorrido las zonas donde antes otros, avezados en el campo de la literatura, la antropología o el folklore, han estudiado y elaborado importantes obras, como Ramón Menéndez Pidal y Julio Caro Baroja. También han trabajado los antropólogos extranjeros, que entre los años sesenta y noventa del siglo XX recorrieron diferentes zonas castellanas.

A partir de los años sesenta, apareció en el área mediterránea en general –y Castilla no es una excepción– una pléyade de antropólogos anglosajones, principalmente norteamericanos, que vinieron a realizar sus trabajos etnográficos.

Castilla se convirtió en terreno de estudio para buena parte de ellos (cf. Kenny, 1961; Tax, 1965, 1970; Aceves, 1971; Brandes, 1975; Behar, 1986). Sus monografías acabaron siendo muy parecidas entre ellas, ya que, como afirma John Davis (1973), escogieron localidades también muy semejantes, contribuyendo a lo que en la antropología mediterránea se denominó el igualitarismo, aunque, como observó Davis, unos eran más iguales que otros. Por otro lado, estos antropólogos no se «empolvaron» demasiado en los archivos. Tampoco lo pretendían. Seguían básicamente un tipo de antropología social «participante», que sería atacada por antropólogos posteriores, especialmente por parte de aquellos originarios de la Europa mediterránea. En referencia a Castilla, y entre los antropólogos autóctonos contemporáneos, hay que destacar muy especialmente a Luís Díaz G. Viana y sus trabajos sobre cultura popular, en la transmisión oral y escrita.

Si tuviera que adscribir mi trabajo a alguna de las tendencias antropológicas actuales, podría decir que donde quizás encuentro una mayor cercanía sea en la corriente interpretativa: una antropología que tiene en cuenta la historia y la literatura, ya que, como manifestó Caro Baroja en los años cincuenta, al referirse a sociedades latinas con importantes archivos y con una transmisión clásica culta y popular, no se pueden pasar impunemente por alto estos elementos y centrarse en el puro presente funcionalista de lo que se cree que se está observando. Todo ello son nexos que sustentan el trabajo de la construcción y la transmisión del ethos social[1], como ha demostrado repetidas veces Caro Baroja (1974: l70).

Podría considerarme como uno de esos típicos antropólogos indígenas que están toda la vida visitando el terreno escogido a través de largas estancias principales y de cortas estancias posteriores, mientras que algunos antropólogos anglosajones estaban uno, dos años como mucho, y posiblemente ya no regresaban a la zona en cuestión después de haber redactado su primera monografía. Ello no les ha impedido que a lo largo de toda su vida vayan publicando trabajos y reflexiones acerca de aquella experiencia de trabajo de campo.

He visto envejecer y morir a muchos de mis informantes, pero también he visto nacer y crecer a algunos de los más jóvenes. En este sentido, la explicación de la experiencia de tantos años, en ella misma, merecería otra investigación desde una perspectiva, eso sí, mucho más subjetiva.

A medida que realizaba las diversas estancias en las sierras castellanas para obtener testimonios orales, recogía también información en los archivos parroquiales, concejiles y municipales locales. Una parte del material documental de siglos anteriores se ha preservado gracias a que se han ido haciendo, en diversos momentos históricos, copias manuscritas de los documentos. Acostumbra a hacerse cada doscientos años, y se indica que el anterior documento estaba en mal estado, muy estropeado, y que se hace la copia para que sirva de referencia. El material procesado implica documentos del siglo XII, como es el caso de la compraventa del territorio comunal de Trasomo; igualmente, se encuentran diversas ordenanzas y pleitos del siglo XVI, pleitos y sentencias del XVII, bastantes documentos civiles del XVIII –incluidos los archivos parroquiales– y, especialmente, actas concejiles y comunales de los siglos XIX y XX. A la hora de elaborar este estudio, he creído vivamente en la necesidad de utilizar los ricos archivos concejiles y eclesiásticos, y también los materiales existentes en los archivos provinciales y nacionales.

Al igual que los aspectos vividos u oídos, los pleitos conservados documentalmente aportan elementos de un gran interés sobre un acontecimiento.

En la descripción de los testigos se aportan datos de un gran interés etnográfico que desentrañan aspectos actuales. En este sentido, me siento tributaria de los trabajos llevados a cabo por autores como A. Leroy-Ladurie (1972), C. Ginzburg (1981) o N. Zenon-Davis (1984), que nos ofrecen magníficos ejemplos de cómo utilizar el material histórico de forma antropológica. Por otro lado, cada día más, la antropología se siente vinculada a incluir, dentro de la interpretación, aspectos diacrónicos, pues tanto la cultura como el medio se influyen mutuamente con el tiempo (Crumley, 1994). Como manifestaba Geertz (1986), los actos sociales dejan huellas que pueden ser leídas a modo de textos.

Por esta razón, para realizar este trabajo he organizado elementos que se estructuran a lo largo del tiempo, aunque a veces, en el discurso, se pasa de la diacronía a la sincronía. Pienso que la «originalidad» de las culturas se basa en absorber los nuevos elementos y hacer una introspección a nivel colectivo. El modelo de una sociedad viene influido por los diferentes procesos dinámicos que se segregan en relación con el ecosistema, la construcción de la tradición y los canales de aculturación.

Estoy de acuerdo con Claude Lévi-Strauss (1962) en que los etnógrafos han sido –somos– más bien bricoleurs teoréticos en el modelado de las actividades de campo y de la escritura etnográfica, estrechamente ligadas.

El constructo interpretativo de la sociedad estudiada a través de su dinámica socio-temporal debe entenderse como una aportación que nosotros hacemos a las reflexiones compartidas y al conocimiento del grupo estudiado. Así, cuando estudiaba los registros municipals o religiosos y explicaba a mis informantes aspectos surgidos de sus propios pueblos, obtenía después de ellos mayor información.

He intentado trabajar de forma transdisciplinaria y con libertad metodológica el texto; el material etnográfico está enriquecido con aquellos elementos intrahistóricos que aparecen en la arqueología, en los archivos locales o en la literatura. En este sentido, utilizaré fragmentos introducidos de forma recurrente para producir un texto que intenta mostrar elementos funcionales, pero también estéticos y evocadores; que intenta despertar el recuerdo del ethos. No gratuitamente la etnografía que se ha querido denominar postmoderna tiende a recrear textualmente esa espiral de la performance poética y ritual. No existe lo social puro. Ciertamente, lo imaginario se halla inmerso en lo social, pero tampoco hay que ser tan ingenuos como para creer que el ethos social no cambia con el tiempo.

En algunos momentos el discurso sirve no sólo como fuente de conocimiento, sino también como recurso expresivo, en el diálogo con mis informantes, y subscribo la necesidad de crear un texto polifónico:

Pelicula Laguna Negra y Pinares.Imagen fija027

Dado que la etnografía postmoderna privilegia el discurso por encima del texto, pone en primer término el diálogo y no el monólogo, y enfatiza la naturaleza cooperativa y colaborativa de la situación etnográfica en contraste con la ideología del observador trascendental.

(Reynoso, 1991: 301).


[1] Durante las casi dos décadas en las que transcurre mi trabajo en esta zona, he ampliando mi conocimiento bibliográfico sobre los temas que aquí

Mirando los estudios arqueológicos, las fuentes que desde la Edad Media hasta hoy notifican cultos, mascaradas, supersticiones vetadas al inicio por la iglesia y luego integradas en su tradición… No puede ponerse en duda la existencia de supervivencias, en el sentido de perduración en el tiempo, de algunas costumbres rituales o creencias, que aún hoy siguen o seguían vigentes hasta hace pocos años. No tienen, posiblemente, el mismo significado que en la antigüedad, ya que en muchas ocasiones se han variado y readaptado a condiciones e intereses particulares actuales, a veces exclusivamente lúdicos y estéticos. Pero podemos destacar, por ejemplo, cómo muchas hierofanías vegetales, de agua, subsisten en su culto divino: Valvanera, Sorzano, Santa Casilda, etc.

 

Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LOS NOBLES VECINOS EN EL TERRITORIO DE LAS MUJERES (2008) – II

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s