LA VOZ – MADRID (08/01/1924)

Tuvo que ser polémica de verdad la construcción de una nueva serrería de vapor en Covaleda cuando llegó a la prensa de Madrid la noticia.

SIERRA CHIQUITA (movida por agua 1985)

LA VOZ – MADRID (08/01/1924)

El Paraíso Endemoniado

En el paraíso ha entrado el demonio. El paraíso de Soria está en los pinares, siguiendo el curso del Duero hacia su nacimiento: el Urbión. En el camino, en un meandro artificial, encontramos, entre Salduero y Covaleda, la pintoresca sierra, movida por el agua del Duero, que cae, luego de represada, sobre una turbina rudimentaria de madera; ésta pone en movimiento una sierra, y la mano del hombre, siempre vigilante, dirige el corte de los pinos para formar vigas o dividirlos en tablas. Esta sierra tiene, como todas las industrias provincianas, la característica de la sencillez. Es la industria bucólica. El ruido de la sierra no acalla el suave murmullo del Duero, que todavía anda a su vez los primeros pasos.

A esta industria primitiva, en desarrollo a lo largo de los rincones más pintorescos de España, bañados por el Duero, corresponde una organización social y económica bíblicas. Los productos forestales son de todos. Anualmente se reparte a cada vecino un número determinado de pinos, que constituye su capital. El pino se corta en la sierra, el pinariego trabaja o prepara a su modo la madera y luego la lleva al mercado. A iguales actitudes correspondería igual producto. Esto es colectivismo forestal presidido por el Estado; pero la Naturaleza no crea nada parejo, idéntico, y las diferencias se establecen hasta en los pueblos de pinares por virtud de la iniciativa individual.

Seguía, no obstante, siendo un paraíso la región de pinares de Soria, aguas arriba del Duero. Un día llegó a Covaleda un huésped; a la sierra de agua sucedió una sierra mecánica de vapor. Se iniciaron las rencillas, germinaron los odios, Machado, el espiritual poeta, precursor, había visto errante por aquellos lugares la sombra de Caín …

Y quizá, en castigo de aquellos odios germinados en el Paraíso, un día el incendio arrasó Covaleda y dejó en la calle a la mitad de los vecinos.

Ocurría esto al caer el viejo régimen político. Acaso concordaba también con el gran acaecimiento nacional, como ocurre que los grandes hechos van precedidos de públicas calamidades. ¿Era síntoma precursor? El Directorio, distribuidor de justicia, no ha reparado, ni siquiera aliviado, el daño de aquel pueblo, modelo de laboriosidad, como casi todos los de la provincia de Soria. Y le era muy necesario el auxilio del Estado que ignoramos le haya sido prestado.

No solo ardió Covaleda, sino que tuvo la desgracia de que ocurriese en el tránsito del viejo al nuevo régimen.

Y pagó indebidamente los vidrios rotos.

BENITO ARTIGAS ARPÓN

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