LAS GENTES DE COVALEDA EN LA REPOBLACIÓN DE ÁVILA

Como ya os hemos dicho en alguna ocasión, las gentes de Covaleda figuran en la carta fundacional de la ciudad de Ávila como un grupo de las primeras personas que repoblaron la misma tras la reconquista a los moros. Su influencia en la misma fue tan grande que en la actualidad, continúa existiendo el Sexmo de Covaleda.

En el presenta trabajo de Margarita Vila Da Vila, nos indica como se repartieron los distintos grupos y que zona de la ciudad ocuparon tras su asentamiento en la misma.7917380614_0bf8f9abb4_c

REPOBLACION Y ESTRUCTURA URBANA DE AVILA EN LA EDAD MEDIA.

Margarita Vila Da Vila.

a) La repoblación.

El desarrollo de la población abulense nos ha sido dado a conocer a través de una crónica escrita a mediados del siglo XIII, que fue objeto de varias copias en el siglo XV y de novelescas versiones posteriormente (1). La original, mucho más sucinta que éstas, comienza indicando los orígenes de los pobladores y sus lugares de asentamiento en la ciudad (2). Pese al tiempo transcurrido entre tal hecho histórico y su crónica, recientes estudios de toponimia corroboran lo que ésta dice al respecto (3).

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La repoblación fue dirigida por el conde Raimundo de Borgoña y hubo de producirse mediante oleadas sucesivas a partir de la toma de Toledo en 1085. Sus comienzos. Según A. Barrios podrían situarse entre 1087 y 1090, prolongándose hasta 1114 aproximadamente. Desde entonces, el estado de guerra permanente en el que se vieron inmersas las tierras de Castilla y León, desaconsejaría el trasiego de gentes hacia la frontera, cosa que pudo haber sucedido ya desde 1109 a causa de la victoria de los almoávides en Uclés y la conquista de Talavera por su ejército (4).

Según afirma la Crónica de la Población, los pobladores se asentaron en la ciudad en función de sus preferencias y orígenes, agrupándose en collaciones (parroquias). Estas, que habrían de crecer en número y volumen con el tiempo y la llegada de nuevos pobladores, tenían como núcleo aglutinante la iglesia que les daba nombre. La primera referencia que tenemos de ellas se halla en una donación hecha en 1103 por el Concejo de Ávila a favor de San Millán de la Cogolla (5). En ella se citan las collaciones de San Vicente, San Juan, San Pedro y San Martín, y se alude a sus moradores como miembros de una civitas.

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En la Edad Media, aparte de una serie de funciones que la distinguían del entorno rural, la ciudad aparecía definida físicamente por su muralla. Esta distinción general entre ciudad y mundo rural ha sido matizada por Mª del Carmen Carié, por lo que respecta a las ciudades de la Meseta. En ellas, “la muralla no aísla al entorno rural del ámbito urbano”, sino que “protege a sus hombres de un exterior más amplio y casi siempre peligroso” (6). Tal ha ocurrido en Avila.

La afirmación de que era una civitas ya en 1103, puede aludir tanto a una administración concejil en ciernes como a la presencia de un cinturón de murallas. Por una parte, dicho título ya se le había aplicado en crónicas anteriores a su definitiva reconquista; por otra, hay constancia de que, en su suelo perduraban los restos y el trazado de su antigua muralla (7).

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El autor de la Crónica de la Población pone especial cuidado en recordar que el poblamiento se hizo de un modo paulatino y que cada grupo pudo elegir su emplazamiento. Es significativo lo que dice acerca de los venidos de Lara y Covaleda. Estos, los primeros en llegar, erraron al asentarse cerca del agua, al Oeste de la ciudad y acaso fuera de la antigua cerca romana. Alaba, en cambio, a los oriundos de Cincovillas, riojanos, que se instalaron en la parte más elevada. Los repobladores sucesivos, venidos de Cantabria, de Asturias, de Aragón, de Palencia, de Álava, de Vizcaya, de Navarra, del Pirineo y de las regiones de Sudoeste de Francia, se instalaron a su conveniencia dentro y fuera de los muros derrumbados (8).

La situación de los templos ayuda a comprender el asentamiento de los pobladores. Estos se instalaron en distintos puntos de la ciudad, formando collaciones según su origen. Pero, además de la información facilitada por las propias iglesias, podemos reconstruir parte del trazado medieval de la ciudad y sus barrios más populosos gracias al Becerro de la Catedral de Ávila de 1303 (49).

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Este cartulario, estudiado con anterioridad por diversos historiadores, ha sido abordado, recientemente, por el geógrafo J. Villar. Según este autor, “el hecho de que la práctica totalidad de las calles y plazas documentadas en aquel entonces sigan existiendo en el presente, hace pensar que bien pocas han sido las alteraciones sufridas por la Ávila medieval” (50). Entre las plazas, cabe destacar el Mercado Grande -ante la iglesia de San Pedro. extramuros- y el Mercado Chico -junto a la iglesia de San Juan-, el coso de San Vicente, y las plazas de Santo Tomé y de San Gil, en el arrabal oriental. Entre las calles -cambiadas de nombre en su mayoría- resaltan por su densidad de población las de Yuradero, Lomo y Pescadería en el sector nordeste; Las de Zapateros. Andrín y Barruecos que dividían longitudinalmente la zona oriental y configuraban un destacado eje comercial que arrancaba al oeste del Mercado Chico y desembocaba en el Mercado Grande; las de Carnicerías de los Judíos, Tiendas Caleñas, Alhateria y Brieva por el centro de la ciudad; las de la Albardería y San Millán, en el arrabal oriental; y las de Gascos, Covaleda -en la mitad occidental- y Estrada -extramuros-, en clara relación con los orígenes de sus vecinos (51).

De lo anterior se deduce una distribución irregular de la población. La parte oriental era la más aprovechada; en la mitad occidental sólo conocemos el barrio de Covaleda -próximo a la iglesia de San Silvestre-, la parroquia de San Esteban -la más occidental de las situadas en el recinto murado- y el barrio de Santo Domingo -no lejos de la collación de San Juan y situado en el sector sudoccidental. En torno a esta iglesia se hallaba la judería (52).

Según A. Barrios, los judíos pudieron haber llegado a Ávila tras la victoria almorávide de Sagrajas. La tradición pretende que los judíos se instalaron en la ciudad hacia el 1090, pero su primera mención documental es en 1144. En el último tercio del siglo XV fueron concentrados en el sector occidental del recinto, prácticamente despoblado (53).

La razón de la falta de habitantes en la parte mas baja de la ciudad parece haber sido el escaso aprovechamiento agrícola del terreno y su falta de salubridad. En este sentido, el comentario que se hace en la Crónica de la Población acerca del mal emplazamiento escogido por los pobladores procedentes de Lara y Covaleda, resulta exacto.

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NOTAS

(1) De la Crónica de la Población se han realizado varias ediciones : J. de Foronda, “Crónica inédita de Ávila”. Boletín de la Real Academia de la Historia, LXIII, 1913, pp.110 a 143; M. Gómez-Moreno, “La Crónica de la Población de Ávila: Antecedentes”, BRACH, CXIII. 1943, pp.11-56, y A. Hemández Segura. Crónica de la Población de Ávila, Valencia. 1966. En ellas se han seguido una o varias de las copias de la crónica original -que se supone elaborada a mediados del siglo XIII-, realizadas entre los siglos XV y XVI Y conservadas en la Biblioteca Nacional y en la Academia de la Historia (B.N. rns 1.745, B.N. rns, 18.634, A.c. Hª ms. 11.3.8.801, y LVIII, col. Abella). Entre las versiones a la que nos referimos destacan las de Gonzalo de Ayora, Epilogo de algunas cosas dignas de memoria, pertenecientes a la Ilustre e muy noble e muy Magnifica Ciudad de Ávila (1519), Madrid, ed. A. del Riego, 1851, las realizadas a petición de D. Luís Pacheco en Ávila (1600) y en Baeza (1607) con el titulo de Crónica de Ávila y la del P. Luis Ariz, Historia de las Grandezas de la Ciudad de Ávila, Alcalá de Henares, 1607 (ed Jacs. Ávila, 1978).

(2) M. Gómez-Moreno. “La Crónica … “, p. 21.

(3) E. Tejero. Toponimia de Ávila, Ávila, 1983, pp. 24-28.

(4) A. Barrios, Estructuras agrarias y de poder en Castilla: el ejemplo de Ávila (1085-1320), Ávila, 1983, pp.128-136 Y 180.

(5) L. Serrano, Cartulario de San Millán de la Cogolla, Madrid, 1930, p. 294, doc. nº

291; F. Berganza, Antigüedades de España, Madrid, 1721, tll, p.453 Y F.Ftta, “Concilios nacionales de Carrión en 1103 y de León en 1107”, B.R.Ac.Hª, XXIV, 1894, pp. 299-342 (313- 314).

(6) Mª del Carmen Cat1é y cols., La sociedad hispano-medieval: La ciudad, Buenos Aires, 1984, p.17, e Id., “La ciudad y su contorno en León y Castilla (Siglos X-XII)”, Anuario de Estudios Medievales, VIII, 1972-73, pp.69-104.

(7) R. Blasco,”La restauración de la diócesis de Ávila y sus hitaciones primeras”, Estudios Abulenses, nº 4, 1955, pp. 19-31; A. Barrios. ibid., pp.111-124 Y 179-182. Acerca de los vestigios romanos en la ciudad, pueden consultarse: F. Bordejé, Las murallas de Ávila, Madrid, 1935; E. Rodriguez Almeida, Ávila romana, Ávila, 1980; L.Torres Balbás, Resumen histórico del urbanismo en España, Madrid, 1954, pp.76 a 77, y J.L. Gutiérrez Robledo, Las iglesias románicas de la ciudad de Ávila, Ávila, 1982, pp. 20.23.

(8) M. Gómez-Moreno, Ibid. pp. 21-22. Véanse también, A. Barrios, Documentación medieval de la catedral de Ávila. Ávila. 1984. pp. 129 Y 222-232 (Becerro de Visitaciones de 1303), J. Villar, “Organización espacial y paisaje arquitectónico en la ciudad medieval. Una aportación geográfica a la historia del urbanismo abulense”, Cuadernos Abulenses, nº 1, 1984, pp.69-89, Y M. Vila da Vila, “Repoblación y artistas itinerantes: la contribución de Cantabria a la escultura románica abulense”, Actas del VI Congreso Español de Historia del Arte. Santiago. 1986 (en prensa).

(49) El Becerro de Visitaciones de casas y Heredades de la Catedral (A.H.N. secc. Clero. códice 484 B) ha sido publicado en su totalidad por A. Barnos en Documentación medieval. pp. 211-457. conteniéndose lo relativo a la ciudad de Ávila en las pp. 222·232

(50) J. Villar. “Organización espacial …… pp. 69-90 (espec.p.72)

(51) J. Villar. lbid .• pp. 72-81

(52) J. Vlllar. Ibid .• pp. 76-81; P. León Tello. Los judíos de Ávila. pp. 5-13. Y también L Ariz. Hª de las grandezas …• p. 158.

(53) L. Ariz. lbid., p. 158; P. León Tello, Los judios •… pp.5·32 y 117 (doc.l-ll44-, A.H.N., Clero. carpo 18. nf! 4), Y pp. 73-78 (doc.XX·XXIV); J.Vdlar, lbid., p. 73; A. Barnos, Estructuras ••. , p. 135, Y J. Belmonte, La Ciudad •••. , pp. 181 ·210

Fotografías de http://www.avilas.es

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