VOTOS DE FERNAN GONZÁLEZ EN FAVOR DEL MONASTERIO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA (AÑO 939) – I

Entre hoy y mañana comparto con vosotros este interesante documento de los Votos que hizó el Conde de Castilla Fernán Gozález en favor del Monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 939, ya que en ellos aparece en varias ocasiones el nombre de Covaleda, lo que nos confirmaría, a pesar de que son varios los historiadoras que indican que dichos votos podrían tratarse de una falsificación, la existencia de Covaleda y su relación con las batallas que libró Fernán González contra los moros, tal y como nos indican las crónicas de este Rey de Castilla.

Se ha tratado de conservar, más o menos, el texto original que encontramos en un estudio que se realizó y publicó en el año 1780.

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Votos de Fernan González, conde de Castilla, en favor del monasterio de san Millan de la Cogolla en el año 939.

Becerro galicano de san Millán de la Cogolla, folio I.

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, un solo Dios en el poder. Comienza el origen de la devoción, que yo, el conde Fernán González, teniendo el principado de toda Castilla[1], y procediendo por acuerdo unánime[2] de los primeros príncipes de mi dominación, de los nobles, y de los no nobles, cuidé de transmitir á la memoria de nuestra posteridad el privilegio infrascrito, y lo confirmé con mis súbditos para su perpetua permanencia. En tiempos casi presentes se notaron en la tierra tales señales, que se creía venia el furor del señor sobre ella.* En la era novecientas setenta y dos[3], a catorce de las calendas de Agosto, día de la feria sexta, el sol perdiendo su luz, apareció obscurecido desde la hora segunda hasta la tercera. En la feria quarta, día de los idus de Octubre, muchos vieron convertido en pálido el color del sol. Hubo grande portento en el cielo por el viento ábrego: se abrió en él una puerta de llamas: las estrellas corrían de una parte á otra contra el mismo viento: las gentes admiraron estos prodigios desde la mitad de la noche hasta la mañana, y el vapor de humo abrasó gran parte de la tierra. * Y habiendo Nos visto con terror estas cosas, acudimos devotamente á implorar la misericordia del Señor. Pues como nuestra sublimidad favorecida de Dios posea el consulado de toda la Castilla, y de algunos territorios confinantes en sus inmediaciones[4], aconteció que tal vez por nuestras culpas iba decayendo poco á poco[5] la virtud militar de los nuestros, y creciendo en valor y fuerzas la audacia de los bárbaros; de lo que resultó que Abderraman, rey de los Sarracenos, congregando exército innumerable de sus bárbaras gentes, acometió á las tierras de los cristianos, confiado en la multitud de sus tropas de caballería é infantería, con ánimo de despoblar el país. Llegamos á entender que dirigía sus primeros ímpetus contra el reyno de León; y noticioso de ello el príncipe Ramiro, que por entonces tenía el cetro de aquel reyno, convocó nuestro auxilio[6] y el de los barones alaveses[7], para que fuésemos á la guerra contra los bárbaros, por haber concebido miedo de tan grande multitud, sin embargo de estar acostumbrado á vencer tales exércitos; y a fin de que Dios concediese por la intercesión de los santos á sus fieles constituidos en semejante peligro, un auxilio celestial para destrozar al enemigo de la fe cristiana, dispuso que las regiones y provincias de su reyno contribuyesen con un censo proporcionado á sus respectivas circunstancias, abundancia y fertilidad, en favor de la venerable basílica de san Iago apóstol, á quien reconocía por patrón de toda España; y prometió este voto[8] para que defendiese con su protección por entonces y siempre, la patria que Cristo había puesto baxo de su protección. Y habiendo llegado á nuestros oídos tan digna devoción, pareció del mismo modo a Nos y á nuestros fijosdalgo y labradores, que convendría venerar con otra semejante oblación el convento del santísimo Millán, cuyo venerabilísimo cuerpo sabíamos estar sepultado por disposición divina en los confines de nuestro consulado[9],  y por cuyos méritos y favor confiábamos conseguir de Dios sin duda alguna la victoria contra los enemigos, la conservación de los ciudadanos, la abundancia de los frutos, la defensa de la patria y el perdón de los pecados. En conseqüencia de lo qual, con asenso del rey de León, ordenamos solícitamente una contribución de toda la tierra de nuestros dominios, comenzando desde el río Carrión[10], con respecto á las facultades de cada país, en la forma que abaxo se expresará, y mandamos que por vía dé donación devota se pagase perpetuamente al convento del citado patrono; de lo qual se librase carta de privilegio; y exhortamos por todas partes á muchos confinantes á que, sin embargo de no temer como nosotros la invasión de los enemigos, imitasen por su propia voluntad nuestro exemplo de devoción, con el objeto de conseguir patrocinio para sus personas y bienes. Hecho el voto á Dios y sus santos en esta forma, acometió primero el príncipe legionense[11] a los enemigos, á vista de los quales pareció que peleaban los primeros, dos caballeros celestiales[12], montados en caballos blancos, y armados por disposición divina;


estoria-de-fernan-gonzalez[1] Teniendo el principado de toda Castilla. Yo he prescindido y prescindiré de si es o no verídico el diploma de los votos de Fernan Gonzalez al monasterio de san Millán de la Cogulla, porque bien lo sea, bien lo dexe de ser, contribuye de todos modos a confirmar la geografía antigua de Alava como la describo, y algunas proposiciones históricas relativas a no haber sido república independiente ninguna de las tres provincias vascongadas; pero esto no obstante, con ocasión de notar sus cláusulas en quanto digan relación a mi objeto, y puedan ilustrar esta parte de la historia general, diré lo que siento en cada una. En esta primera suena Fernan González teniendo el principado de toda Castilla, y esto es una verdad tan constante, que por esta expresión no arguyen bien los que defienden que no hubo tales votos, ni Fernan González otorgó escritura de ellos. Lo cierto es no haberse descubierto instrumento en que conste que hubiese condes distintos en Castilla desde novecientos treinta y uno, en que al mismo tiempo lo fue un Gutierre Nuñez, hasta novecientos quarente y tres, en que Asu Fernandez lo era en Monzón, como consta de la tabla de los condes formada por fray Henrique Florez en el tomo XXVI de la España Sagrada, cap. VII.

[2] Con acuerdo unánime. En esta cláusula se dice que Fernán González conferenció su propuesta, y la consintieron los primeros príncipes de su condado, esto es, los señores o ricos homes de Castilla, y también los nobles y los no nobles. En estas circunstancias nada tiene de increíble la promesa.

[3] En la era novecientas setenta y dos. Después de estas palabras (sea fingida o no la escritura) no puede menos de haber equivocación del que la copio en el becerro galicano, pues el fingidor de la que sirviese de original en la hipótesis, no había de ser tan necio que dixese mentiras fáciles de conocerse como tales a primera vista. El copiante saltó líneas, y traspuso cláusulas trastornando el sentido. El periodo anotado entre los dos ** debe leerse como sigue. “En la era novecientas setenta y dos en la feria quarta, día de los idus de Octubre, muchos vieron convertido en pálido el color del sol. Hubo grande portento en el cilo por el viento ábrego: se abrió en él una puerta de llamas; las estrellas corrían de una parta a otra contra el mismo viento: las gentes admiraron estos prodigios desde la mitad de la noche hasta la mañana: el vapor de humo abrasó parte de la tierra. A catorce de las calendas de Agosto, día de la feria sexta, el sol perdiendo su luz apareció obscurecido desde la hora segunda hasta la tercera”. El copiante sacó de su lugar esta última cláusula, de lo que hay ejemplares en copias de instrumentos tenidos por auténticos. Restituída al suyo, nada hay contra la verdad histórica. El año novecientos treinta y quatro, correspondiente a la era novecientos setenta y dos, fue miércoles o feria quarta el día de los idus de Octubre, esto es, el quince de Octubre mismo, del que afirma la escritura que muchos vieron convertido en pálido el color del sol, contra cuyo hecho nada produce la historia. Mil y mil causas naturales pudieron producir este efecto sin milagro, aunque la ignorancia del siglo X lo atribuyese a prodigio. Aquí acaba la escritura de contar el suceso del año novecientos treinta y quatro. Pasa a referir otros; y aunque debía citar sus años como lo había practicado con el primero,  no lo hizo, dexando a la posteridad con su omisión el fomento de las tachas contra el instrumento. El segundo suceso está en estas palabras: “Hubo grande portento en el cielo por el viento ábrego: se abrió en él una puerta de llamas; las estrellas corrían de una parte a otra contra el mismo viento; las gentes admiraron estos prodigios desde la mitad de la noche hasta la mañana, y el vapor de  humo abrasó gran parte de la tierra”. Si el redactor de la escritura hubiera proseguido especificando los días, meses y años, hubiera dicho que había sucedido día primero de Junio de la era novecientas setenta y siete, año novecientos treinta y nueve, pues así lo dicen nuestros cronicones. El de Burgos: “Era novecientas setenta y siete, día de las calendas de Junio, que era sábado, a la hora de nona salió del mar una llama, y abrasó muchísimas villas y ciudades, hombres y bestias, y aun las peñas del mar; en Zamora un barrio y muchas casas, y también en Carrión, Castrogeriz, Burgos, Bribiesca, La Calzada, Pancorbo, Buradon y otros muchos pueblos”. Los anales compostelanos refieren lo mismo, con sola la adicion de que fueron diento las casas quemadas en Burgos; y lo propio consta del cronicón de Cardeña. El tercero y último suceso portentoso de la escritura está en estas palabras: “A catorce de las calendas de Agosto, día de la feria sexta, el sol perdiendo su luz, pareció obscurecido desde la hora segunda hasta la tercera”. Toda esta narración es cierta por lo respectivo al año novecientos treinta y nueve, en que se había verificado el suceso segundo del día primero de Junio. De la tabla de los eclipses publicada por los padres de la congregación de san Mauro en el arte de verificar las fechas, consta que hubo eclipse de sol en Europa y Africa día diez y nueve de julio del año novecientos treinta y nueve, Sanpiro, obispo de Astorga, escritor coetáneo, afirma que el sol se convirtió en tinieblas por una hora en los tiempos en que Abdelrraman, rey de los Cordobeses, se echó precipitadamente sobre Simancas con gran exercito: este hecho se verificó según el mismo Vampiro, día lunes cinco de Agosto del citado año novecientos treinta y nueve, víspera de la fiesta de los mártires san justo y san Pastor, que se celebraba entonces día seis de aquel mes. La escritura no señala los años de los sucesos segundo y tercero, y por eso se ha supuesto que se referían los tres al año novecientos treinta y quatro; pero reintegrado el órden de las cláusulas, se ve que el redactor contó las cosas por el órden de antigüedad, y que omitió la época de los últimos, porque había de constar en la fecha de la escritura como veremos.Castilla_1210

[4] El Consulado de Castilla y de algunos territorios confinantes en sus inmediaciones. Esta cláusula nada tiene de contrario a la historia, pues consta por muchas escrituras que Fernan González poseía la Alava. En nuestro primer tomo hemos probado que también exercía dominación sobre los señores de Vizcaya, y en parte(quando menos) de Guipúzcoa.

[5] Lo que refiere aquí la escritura sobre el decaimiento de los nuestros, y la audacia de los bárbaros, no solo no se opone a los hechos ciertos de la historia, sino que manifiesta su alusión a la batalla citada por Vampiro con el nombre de Sotoscueva, y por los Moros con el de la fosa, cava o foso (verificada en el mismo año novecientos treinta y nueve) en que vencieron los Moros según Ebn Alcatib, extractado por don Miguel Camiri en su biblioteca arábigo-escurialense, tomo II página 200.

[6] Esta expresión es compatible con la dependencia que los castellanos y su conde tenían del rey de León en 939, como resulta de la escritura misma, en que consta que para la firmeza de la promesa intervino el asenso de Ramiro II.

[7] Esta expresión significaba lo mismo que señores, caballeros principales, y dueños de lugares: con efecto, algunos confirman el diploma como veremos. Tal vez estaba ya formada la cofradía, que siempre fue de los fijosdalgo de Alava, y se daba el título de barones a sus individuos, aunque ellos firmaban, y se les solia citar con el de seniores.

[8] El que aquí se menciona como hecho por Ramiro II nada tiene que ver con la escritura de donación del censo fiscal de Pistomarcos, otorgada en León a nueve de las calendas de Marzo de la era 972, y publicada por el duque de Arcos en el número 12 del apéndice de su representación contra el diploma de los famosos votos de Santiago. Tampoco la tiene con este, pues aunque los impugnadores intentan persuadir que la fecha sonante ahora en Calahorra, dia ocho de las calendas de junio de la era 872, año 834, para el proyecto de atribuirlo a Ramiro I, tiene raspado un centenar, y sonaba era 972, año 934 con ánimo de suponer había sido su autor Ramiro II, no juega ni debe jugar esta especie para argüir por ni contra los votos de Fernan González a san Millán, respecto de que aun suponiendo como cierta la raspadura del centenar, serán siempre inconexas las promesas de Ramiro II hechas en León por febrero, y en Calahorra por Junio de 934, con el voto del mismo rey por la batalla de Simancas que aquí se cita, y se verificó en 939. es verdad que no se ha visto todavía instrumento alguno del voto que se hizo este último año; pero eso no prueba que no se verificase: tal vez se descubrirá quando menos se piense.

[9] No está bien averiguada la línea divisoria del condado de Castilla y reyno de Navarra en el año 939; pero combinando unas escrituras con otras, se infiere haber sido la misma que dividía el obispado de Náxera de los de Oca, Valpuesta y Alava en esta forma: en los montes distercios eran de Castilla los pueblos que vierten aguas al Duero; de Navarra los que las dirigen al Ebro. En la Sierra de San Lorenzo comenzaba una línea imaginaria de pueblos a pueblos, como ahora entre las diócesis de Burgos y Calahorra, y por los mismos puntos, hasta baxar a la villa de Sajazarra, donde principiaba el obispado de Valpuesta, separándose del de Alava por Miranda de Ebro y demás lugares que dividen los de Burgos y Santander del de Calahorra. Por consiguiente dice bien la escritura que el monasterio de san Millán de la Cogulla estaba en los confines de su consulado o condado; pues su territorio era del reyno de Navarra, pero confinante con los distritos y plazas de armas de las villas de Cerezo y Grañón, capitales de condados subalteros de Castilla en el siglo X, que tuvo Fernan González, según algunas escrituras.

[10] La línea divisoria entre Castilla y León no corría precisamente por el sitio mismo llamado Carrión, a lo menos en algunos puntos, porque las dos márgenes eran leonesas; pero se contaba como límite exclusivo por su mayor nombradía, y aunque no falta quien suponga la línea en el río Pisuerga, puede ser esta verdad después que se juntan ambos ríos cerca de la villa de Dueñas, o antes, en lo respectivo a pueblos de sus dos orillas.

[11] La batalla de don Ramiro fue lunes cinco de agosto de 939 sobre Simancas, y la escritura confiesa que Fernán González no estuvo en ella, por lo que se arguye mal con este hecho contra la veracidad del instrumento.

[12] Los escritores que tuvieron por verdadera esta narración, interpretan que los dos caballeros eran Santiago Apóstol el mayor y san Millán, presbítero de Berceo, aquel patrón general de España, y este particular de Castilla y Rioja; pero pudieron ser dos soldados tan valerosos, que fueran reputados como celestiales, y su espada por angelical. Siendo los españoles del siglo X tan adictos a lo maravilloso como ignorantes, nada tiene de inverosímil que engrandeciendo la victoria, supusieran el milagro, y lo contasen a Fernán González, que aquí suena hablar por referencia de otros, pues confiesa que no estuvo en la batalla del rey de León.

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