ANDANZAS DEL CURA MERINO POR COVALEDA – I

En este libro, escrito coetáneamente a las andanzas del Cura Merino, se puede leer claramente como Covaleda, fue un lugar muy importante en el desarrollo de las guerras carlistas, ya que fue el cuartel general de este Cura Guerrillero en su lucha contra los liberales. En Covaleda pasó largos periodos de tiempo preparando sus ataques y formando militares, en el escrito distingue claramente entre pinares de Soria y pinares de Burgos, reconociendo, en varias ocasiones que el asentamiento más importante o Cuartel General como lo denominan se encontraba en Covaleda, por lo que deducimos que la residencia de este cura, se encontraba entre Covaleda y Neila.

Pero mejor os dejo el escrito literal en el capítulo dedicado a Merino, el cual publicaré entre hoy y mañana para facilitar su lectura.

Galeria militar contemporánea, 1

GALERIA MILITAR CONTEMPORANEA

HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE Y CATALUÑA

TOMO I

1846

 MERINO NUEVAMENTE EN CAMPAÑA.

En uno de los primeros pueblos de España cogieron prisioneros en la casa posada donde fueron á alojarse, á unos siete carabineros que se hallaban bailando, y á quienes Merino quiso fusilar al momento, pero Cuevillas se opuso á tal determinación por no haber motivo alguno para derramar esta sangre inocente. Continuando su camino hacia la sierra de Burgos tuvieron que hacer alto en un pueblo de tierra de Campos á causa de habérsele bajado á Merino las tripas como frecuentemente le acontecía; al verse el Cura en tal estado deseó que su compañero le dejase y continuara su marcha para no exponerle á caer prisionero; pero quiso Cuevillas sufrir su suerte cualquiera que ella fuese antes que abandonarle, consiguiendo volver á emprender la marcha por la noche notablemente mejorado Merino.

Al llegar á Castro, pueblo inmediato á Benavente, se vieron sorprendidos por las tropas liberales pereciendo en este encuentro el coronel carlista Castro, cogiendo también á un capitán francés que les seguía. Entre Mansilla y León fueron igualmente sorprendidos por los del resguardo, y aunque hubo algunos tiros fue insignificante la pérdida de ambas partes. Al llegar á las inmediaciones de Lerma fue mas formal el encuentro; allí se les presentó el coronel don Saturnino Albuin con ciento y cinco caballos y unos cuatrocientos infantes que dejó ocultos; pero aunque cargó impetuosamente á los carlistas fue contestado con extraordinario arrojo obligándole á replegarse á las masas de la infantería estacionadas en una grande altura desde donde se contentaron con ver marchar á sus enemigos. Llegaron estos finalmente á la sierra de Burgos, y descansando en Salas de los Infantes permanecieron en él unos días decidiéndose entonces Cuevillas á pasar á Navarra como así lo ejecutó, porque nada ventajoso se prometía en Castilla donde se bailaba continuamente rodeado de numerosas faenas contrarias. Merino emprendió una nueva excursión hasta las inmediaciones de Villafranca de Montes de Oca, y aquí comenzó á reunir gente para empezar la campana ya que era entrada la primavera.

Confiado volvía Merino al antiguo teatro de sus hechos de armas; y no creía en verdad tener que abandonarle tan precipitadamente como en el año último. La guerra que más y más se encarnizaba cada día, no se presentaba tan desfavorable á la causa carlista, cuyas mas continuamente engrosaban, teniendo á su cabeza entendidos gefes que organizando aquellas masas de paisanos, iban presentando cuerpos disciplinados, capaces de hacer frente a los bien ordenados del ejército de la reina Isabel.

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En el próximo abril, recorría Merino y sus demás compañeros, las montañas y los bosques que dan nacimiento á los ríos Arlanzon, Arlanza y Duero que riegan á Búrgos, Lerma y Aranda, reclutando gentes de refresco, aunque sin conseguir todas las ventajas que se prometían. Organizaron sin embargo una partida respetable que en 13 de este mes tuvo un encuentro en Paubles de Agua con la que mandaba el capitán D. José Herrera, quedando en poder de este siete prisioneros, un muerto, dos malos jacos, nueve fusiles medio inútiles y una maleta llena de proclamas y papeles curiosos. El 17 marchaba Merino con su partida compuesta de unos 180 hombres de infantería con dirección á Palacios: en el camino presentóse Albuin en su seguimiento, si bien á larga distancia, pero acelerando el paso le dio alcance hacia los cerros de Valdecanales, causándole sobre 20 muertos y 33 prisioneros, contándose en aquellos un oficial llamado Huerta, y entre los segundos un tal Monzó y Blas gefes ambos de los infantes, sin que Albuin contase la menor pérdida. A los seis días del anterior descalabro, sufrió otro Merino mas funesto y de mas importantes consecuencias. A las nueve de la mañana del 23 salía Albuin de Herrera de Pisuerga, cuando se halló con su enemigo el cura, á quien acampanaban 450 caballos: cargóles con tan extraordinario arrojo, que no pudieron resistir el choque y fueron batidos durante tres leguas de camino, dejando de sus resultas en el campo sobre 40 muertos y recogiendo unos 30 caballos y varias armas de distintas clases. Hallábanse entre los cadáveres un sobrino de Merino y el padre de Balmaseda, sin contar otros varios gefes que en el momento de pelear ocupaban el puesto de soldados. Albuin tuvo dos de estos heridos y perdió dos caballos que escaparon tirando á sus ginetes. Merino se dirigió hacia Osorno y reuniendo allí á los dispersos volvióse á la Sierra, su sagrado asilo en sus infortunios.- En esta precedente acción se distinguieron notablemente el teniente Amnistiado, D. Cayo Muro y el Sargento de húsares D. Rafael Pérez Vento, como así mismo varios meros soldados de las armas liberales.

Oculto Merino en la sierra hacia inútiles cuantas pesquisas se practicaban á fin de capturarle; varias eran las partidas que con esta comisión pululaban, pasando hasta junto al mismo á quien iban á prender; y sin embargo , diariamente dirigían partes al gobierno diciendo que creían habría ya desaparecido, porque ni el cura ni el mas mínimo resto de sus tropas se hallaba en toda la sierra. Se supuso que estaría oculto en el monasterio de San Juan de Ortega; le registraron escrupulosamente y nada se halló; hasta que en los primeros días de mayo apareció con unos 70 á 400 hombres hacia Ontoria y San Leonardo, teniendo en su persecución más de 4.000 infantes y 200 caballos.

En el 10 de mayo se dirigió á San Leonardo el subteniente del regimiento de infantería de la Princesa, D. Vicente Vargas, comandante del destacamento, con el de igual clase D. Severiano Cobian y 34 infantes del propio cuerpo y ocho caballos del 1º de línea, con

el objeto de atacar á una partida de 40 ó mas realistas que existían en las inmediaciones: no hallando á sus enemigos salieron con dirección á Ontoria del Pinar y apenas estuvieron á mil pasos fuera del pueblo, fueron atacados repentinamente por la retaguardia por las fuerzas de Merino, que ascendían á 400 infantes y mas de 80 caballos. Al notar Vargas tan impensado ataque, conoció la critica posición en que se hallaba, y conservando su imperturbable serenidad se dirigió á tomar posición en una pequeña altura á la izquierda del camino de Ontoria del Pinar, donde hizo frente á los carlistas disparándoles una descarga á quemaropa que les obligó á retroceder; preparóse á hacer mayor resistencia, empeñándose con mas ardor de una y otra parte esta escaramuza que produjo á los de Merino la pérdida de cuatro muertos y algunos heridos, contándose en el número de los primeros Gervasio del Castrillo, capitan y confidente del cura en todas épocas; siendo igualmente insignificante la experimentada por los liberales.

El 15 mandó Merino á varios de sus soldados fuesen á Revilla á fin de conducir de este pueblo para los montes Ausines, cuatro fanegas de cebada, dos carneros y ochenta libras de pan, que lo llevaron algunos vecinos, los que vieron en aquel sitio al gafe con unos 70 ú 80 caballos. Estaban ya disponiendo este rancho cuando la voz del centinela de “ahí están” les hizo montar á caballo precipitadamente é internarse en las espesuras del monte, abandonando las reses muertas en el campo. Tan activa y constante persecución le obligó nuevamente á guarecerse en lo mas intrincado de la sierra, apareciendo en el siguiente mes de junio en el día 17 en Duruelo con 20 hombres escasos, entre los que se hallaban su segundo D. Lucio Nieto y su hermano Briones, el Rojo de Puentedura y algunos otros gefes.

Permanecieron como cosa de una hora en el pueblo, herrando en tanto los caballos que estaban arrogantes y lucidos, y después de este pequeño descanso marcharon por el camino de Bilbiestre.

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Dispuso Merino bajar á la ribera del Duero, con ánimo de aumentar su gente y sacar nuevos recursos de que se hallaba tan necesitado; pero la infatigable persecución que experimentaba le frustró este proyecto, teniendo la desgracia de ser batido el día 22 en Alcázar por 20 caballos del regimiento del rey, 1º de línea, al mando del teniente D. Francisco Villoldo, haciéndole sufrir la considerable pérdida, atendida la escasa fuerza que llevaba, de cinco hombres y 10 caballos muertos, con varios heridos y un prisionero, aprehendiéndoles varios efectos de equipo y armamento, teniendo únicamente, según participó Villoldo, un soldado herido de su partida con un balazo en un muslo.

Merino ya no podía medrar en Castilla, y tratando de probar nueva fortuna salió de ella dirigiéndose á Soria por Muriel para entrar en Aragón; siendo este el único camino que podía tomar á causa de los enemigos que por todas partes le asediaban. Acompañaban al

cura las fuerzas de Cuevillas, Basilio y otros, reuniendo un total de mas de ochocientos hombres que pernoctaron en San Pedro de Manrique en los primeros días de julio, donde se dividieron, si bien operando combinadas. El 6 entró Merino en Soria siguiendo su marcha por Ciria, Torre la Paja, Deza, Bordalla, Ariza y Monteagudo continuando en su persecución el coronel Albuin. Este les dio alcance en Huerta á las cuatro de la madrugada del día 10 causándoles ocho muertos y siguiendo su ruta con decidido ánimo de derrotarlos.

Brevísima fue la estancia de Merino en Aragón, pues á fines del propio mes de julio se hallaba en los Pinares de Soria, comisionando el general Manso al brigadier Aznar para que ocupase todos los pueblos limítrofes á dichos Pinares, sin perjuicio de las operaciones de los infatigables coroneles Albuin y Obregon. Estas fuerzas tenían á Merino sitiado en medio de aquellas malezas donde se contaba seguro por grande y decidido que fuese el empeño de capturarle, como así era en efecto; pero ni una sola vez lograron con tan numerosas tropas sorprender sus guaridas, sino después que las había abandonado.

Mas de dos meses permaneció en la sierra aprovechando esta paralización de sus armas para aumentar el número de su gente que en fines de septiembre ascendía ya á cerca de mil hombres armados todos, decidiéndose entonces á presentar la cara á sus enemigos. En cuanto fue sabedor Albuin de este movimiento salió al amanecer del día 16 del referido mes de Huerta del Rey, dirigiéndose á Espejon en la creencia de que allí ó en el monte inmediato se hallaba Merino; allí estuvo efectivamente, pero evacuó el pueblo en la noche anterior y marchó hacia Pinilla de los Barruecos, Silos y Contreras siguiendo á Hortigüela, en cuyo punto desde la cumbre de la sierra avistaron á las tropas liberales que iban en su seguimiento. Hicieron alto presentando la frente los carlistas, y admitiendo aquellos el reto ordenó Albuin su caballería atravesando el rió que la dividía de sus contrarios y disponiendo luego el modo de atacarles con regular orden de batalla; mandó anunciase el clarín el toque de degüello y al punto cargaron sobre los carlistas que les esperaban con valerosa tranquilidad; pero eran bisoños, y al arrojo de los liberales se deshicieron sus líneas declarándose en precipitada huida y dispersándose por la espesura del monte á la que debieron su salvación, haciéndola mas espesa la oscuridad de la noche que ya comenzó á reinar, é impidió el destrozo que naturalmente les hubiesen causado en el tenaz seguimiento que emprendieron los vencedores. Algunos muertos, varios caballos, armas y otros efectos aprehendidos fue el resultado de esta acción, en donde no se encontró la infantería carlista, que se hallaba á bastante distancia del teatro de estos acontecimientos.

En los primeros días de octubre llegó Merino á Castro Ceniza, atravesando los montes de Orá, Dehesa de Cabreros, Carrascal de Tejada y se dirigió luego por las tinadas de Valdecocero adelante, en cuyo término le cogió Albuin dos prisioneros y varias armas, dándose luego la cara ambos partidarios, si bien á Merino acompañaban solamente cuatro hombres, los cuales lograron burlar los planes de sus constantes perseguidores escapando de sus manos, merced á su serenidad é intrepidez y á la extraordinaria velocidad de sus caballos.

La infantería de Merino que obraba independiente de su gefe, aunque sujeta á sus órdenes, era vivamente perseguida por las fuerzas que mandaba el brigadier Obregón, las que no dejaron de causarles alguna pérdida, ya por el estado de continua alarma en que siempre les tenia, ya por las privaciones que experimentaban, sin permitirles á veces ni un momento de descanso para recuperarse de tan abrumantes y extraordinarias fatigas; llegando hasta el caso de interceptarles víveres con que únicamente contaban para hacer mas llevadera su penosa vida. Merino que nada de esto ignoraba recorría las poblaciones de Cobarruvias hasta Lerma, á fin de aumentar sus fuerzas para que no se resintiesen de las bajas que experimentaran.

Respecto á la caballería de Merino estaba la mayor parle al mando de D. Lucio Nieto, merodeando por la Sierra, los Pinares y pueblos limítrofes; para ella no había terreno malo por escabroso y escarpado que fuese; sobre todos operaban, no estando menos acostumbrada la caballería de la Reina; así se les ve batirse en las sierras y en los montes como sucedió el 21 de esté en el de Castrillo de Solarana, en donde 60 caballos y 70 infanles que llevaba á sus órdenes el coronel D. Narciso Clavería, dio alcance a la referida caballería del cura, trabándose entre ambas fuerzas beligerantes una pequeña escaramuza, en la que no se supo quien salió vencedor; pues las pérdidas fueron tan insignificantes, tomo la utilidad que á una y otra parte reportó el encuentro. Los carlistas sin embargo continuaron su ruta y las tropas liberales su persecución. Esta se empeñó tenazmente y Merino se vio precisado á mandar que la fuerza toda se dividiese en grupos y partiesen por distintas direcciones, lo cual fue notado por Claveria que dispuso otro tanto, dando mayor número de gente á sus partidas que el que llevaban las contrarias, si bien parte de ella era poco menos que inútil por ser de infantería, á causa de que solo tenían los carlistas caballería, y esta en excelente estado. No dio á las armas del cura los mas lisonjeros frutos esta determinación; porque eran tantas las fuerzas que le perseguían, que por do quiera se encontraban atacados y batidos, y aunque jamás fueron derrotados, siempre tenían que lamentar alguna leve é insignificante pérdida, que dejaba de serlo al sumar la de todas las partidas.

Extraña parecerá indudablemente la conducta de Merino en estas circunstancias: todos se preguntaran qué ventajas podía redundarle esta clase de lucha en continua alarma siempre, perseguido y paulatinamente derrotado; pero aunque esto parezca á primera vista cierto no hay razón para hacerle cargo alguno; cumplía fielmente superiores órdenes; él no hostilizaba, tampoco tenia fuerzas para ello; mas estaba continuamente a la defensiva y en movimiento; con tan ingenioso medio tuvo constantemente entretenida una buena parte del ejército, y así obraba con arreglo á las instrucciones que tenia; este era el plan y principal objeto de D. Carlos, el que sabia poner en cumplida ejecución con tanta exactitud. Así se vio que en 22 de este mes de octubre, le dirigió D. Carlos desde, Oñate una carla escrita toda de su puño y letra, en que le decía que ya era noticioso con grande satisfacción por el confidente que le había enviado de su valor y constancia, prendas que jamás puso en duda; que conocía la necesidad de dar protección a Castilla, sobre lo que estaba tratando con Zumalacárregui, para lo que seria útil se pusiese de acuerdo con él: que esperaba tener pronto plomo y dinero de que carecía bastante, para empezar á dar un nuevo giro á la guerra: habla además de la retirada de Rodil, de lo boyante que por allí iba su causa; y que aunque á la venida de Portugal fueron engañados, no encontrando los auxilios que se creían y fueron prometidos, no había por eso que desmayar pues contaba con la protección de Dios, que conservaba, decía, prodigiosamente su salud, á pesar de los malos ratos, lluvias, nieves y hielos que tenia que sufrir.

En vista de tales antecedentes, todos debemos admirar la constancia de MERINO en vez de acriminarle: la comodidad de una tranquila vida, su salud, su sangre lo daba en holocausto de su fidelidad, y esto es noble en cualquiera partido que se halle.Galeria militar contemporánea, 1

El día 23 de octubre, estaba nuevamente reunida toda la caballería de MERINO en el pueblo de Mecerreyes, en número de 200 caballos, bajo el inmediato mando del segundo del CURA, don Lucio Nieto: Clavería presentó su caballería que ascendía á unos 70 caballos, dejando á la espalda la infantería: rompióse un vivisimo fuego de carabinas por ambas partes; pero cargó al punto la fuerza de la reina y desbaratando la línea carlista, puso á estos en dispersión, sin grave pérdida, diseminándose en grupos, lo cual impidió el que sufriesen mayor descalabro.

El día 25 se hallaba MERINO con su infantería en la umbría llamada del Robledillo, donde la alcanzó la partida que mandaba don Francisco Fernández Texta, en número de 70 cazadores del provincial de Ciudad Rodrigo y 25 lanceros del escuadrón de Isabel II: recibióle MERINO con su gente en orden y al cabo de un breve rato de fuego, mandó se dividiese la fuerza dispersándose en varias direcciones, por lo que se creyó Texta vencedor, anunciando el total exterminio de la fuerza de MERINO, á la cual mató cuatro hombres, hirió á varios, y cogió dos prisioneros, una yegua y algunos fusiles, sin tener la mas leve desgracia por su parte. En estas acordadas dispersiones, muchos al pasar cerca de sus casas arrojaban las armas y se volvían á disfrutar de su tranquila y anterior vida, renunciando á las esperanzas que su caudillo les infundiera del triunfo que por seguro le tenia, contando con el auxilio que de un momento á otro esperaban; más esto eran ilusiones para ellos, que solo palpaban una triste realidad; así que puede calcularse que en poco mas de un mes se volvieron á sus casas mas de 400 mozos.

Merino tuvo un encuentro el 16 de noviembre con las fuerzas que mandaba el coronel don Julián Pablos, y después de un pequeño tiroteo se retiraron unos y otros sin ocasionarse la más leve baja. No sucedió así en el día 18 en que fue alcanzado por la columna de Guadalajara, en el pueblo de Brias, que aquí experimentaron los carlistas la pérdida de 5 muertos y 4 heridos. Al siguiente día se presentó el Cura en las inmediaciones de Barcones con 150 caballos y duplicada infantería, haciendo varias prisiones en algunos pueblecillos, fusilando en uno al cura párroco, cuya suerte hubieran sufrido otros dos individuos á no haber comprado á buen precio su vida.

A pocos días fueron acometidas las anteriores fuerzas entre Brias y Paredes por un destacamento de coraceros de la guardia real, obligándolos á guarecerse en los pinares de Soria. Merino permaneció en este sitio todo lo que restaba del año de 1834; mandando únicamente á algunos pequeños grupos que distrajesen y tuvieran en continua alarma por distintas direcciones á las tropas de la Reina, siendo batido uno de aquellos en las inmediaciones de Cojobar, donde dejaron 6 muertos, sus respectivos caballos abandonados, con una valija de correos y otros efectos.

Acabó en esto el referido año de 34: las tropas liberales se hallaban en el mismo ser y estado que al principio de la campaña; consiguieron, si, el llevar felizmente á cabo la quinta; pero los carlistas contaban mas ventajas; sus fuerzas se habían aumentado notablemente; las pérdidas que sufrieran poca ó ninguna trascendencia tuvieron y en último resultado tenían entretenidas respetables divisiones, estropeándose y trabajando sin fruto y sin gloria; porque se ha estimado generalmente bien poco la heroica lucha entre montes y sierras, donde no se baten los hombres, sino que mutuamente se cazan.

En este tiempo escribió Zumalacárregui desde Lumbier una carta á Merino contestándole á otra, y en ella le expresaba conocía la imposibilidad de que se sostuviera en una provincia tan vasta, y con una persecución tan activa como de la que era objeto: que para aliviar su situación había dispuesto una expedición al mando de Cuevillas y Sanz; pero que no correspondiendo esta á lo que se había propuesto cuyos resultados habían sido tristes, se dedicaba á robustecer su causa en las provincias, para que después de exterminados los cristinos, decía, pudiese hacer una invasión irresistible en Castilla. Le habla de la acción que ganó en los campos de Álava; que estaba trabajando para otra igual, la que si se lograba nada podría impedir su entrada en el suelo castellano: dícele luego que si las fuerzas que manda le sirven de obstáculo para sostenerse por su número excesivo, le envíe cien caballos y divida las demás en partidas; y que si aun así no se puede sostener, se retire á las provincias donde seria recibido como merecía su valor, su respetable carácter y sus, venerables canas.El 29 de diciembre le dirige otra desde Marieta, en la que le habla primeramente de la acción dada sobre el puente de Arquijas el día 15, en la que pesar de la superioridad de las fuerzas liberales fueron rechazadas, dice, con pérdida de 1500 hombres: poniéndose en precipitada fuga, etc, etc….con Córdoba que las mandaba….. insiste en que le envié 100 o 150 caballos para reforzar la columna que tenia en Aragón, que no podía operar tan resueltamente por falla de caballería; concluyendo con decir que la causa de don Carlos presentaba un aspecto lisonjero; por lo que esperaba dentro de poco poder ir á estrecharle entre sus brazos como verdadero amigo.

Al comienzo del año de 1835 se hallaba Merino instruyendo sus reclutas internado en la escabrosidad de los Pinares, con ánimo de enviar á las Provincias los que á él le sobrasen, ó, mas bien le sirvieran de estorbo; porque efectivamente le era embarazosa mucha fuerza, estando como siempre estaba á la defensiva. Hallábase en el referido ejercicio mas de 400 mozos en Huerta del Rey esperando á su gefe, cuando de repente se ven atacados por las tropas liberales que les poden en total dispersión, después de causarles la pérdida de 37 muertos, 4 prisioneros, 5 caballos, armas y efectos de equipaje, siendo considerable el número de los heridos y contándose entre los primeros varios gefes de elevadas graduaciones. La pérdida de los liberales que mandaba el coronel del provincial de Plasencia don Javier Azpiroz y Jalón, se redujo á varios heridos de bastante gravedad alguno de ellos; pues haciendo frente los carlistas pudieron apoderarse de la cresta del collado Carrascal, desde cuya ventajosa posición trataron de resistirse briosamente, á vista de lo cual suspendió el fuego la infantería de Azpiroz, y cargando á la bayoneta, les obligó á refugiarse á un inmenso pinar que tenían á su espalda, á donde penetró tras ellos la caballería, precedida de los infantes, empezando á ser cacería lo que antes era acción. Mucho apesadumbro á Merino esta funesta derrota que no pudo evitar; tratando en su defecto de vengar las muertes que le causaron, se dirigió con toda su caballería y los restos de la infantería por Talveila y San Leonardo, con ánimo de sorprender al Burgo de Osma; pero acudió Azpiroz con su columna y evitó el golpe cayendo de improviso sobre las avanzadas carlistas, á quienes aprehendió tres prisioneros, un espía y dos caballos, con varias tercerolas y sables. Se dirigió á atacar á MERlNO, que marchó hacia Duruelo; mas se dispersó toda la fuerza carlista, al darle alcance en las inmediaciones de San Leonardo, caminando en todas direcciones en grupos de seis á ocho hombres, con lo que imposibilitaron las operaciones de Azpiroz, que solo logró aprisionar á tres espías mas. Siguió teniendo algunos insignificantes encuentros con casi todas las partidas que para destruirle había, las que combinando sus movimientos le obligaron á guarecerse otra vez en los pinares. Dedicóse entonces todo el conato de las tropas de la reina á capturarle en la sierra, y al efecto la invadieron con numerosas fuerzas, decididas á conseguir el propuesto objeto, que les salió fallido, si bien lograron arrojar á Merino de tierra de Soria, haciéndole buscar un asilo en la provincia de Burgos, donde fue reuniendo toda su gente por los últimos días de febrero, citada con antelación para esta parte de Castilla.

Los meses de marzo y abril los pasó MERINO internado en la sierra de Burgos, reclutando nueva gente é instruyéndola para salir luego con tropas de refresco. Las ya disciplinadas recorrían los pueblos anejos para distraer la atención de los liberales; dando así tiempo á que el CURA se repusiera un tanto de su quebrantada salud, bastante deteriorada en el periodo que nos ocupa. No solían obtener generalmente los mas felices resultados estas pequeñas partidas que guerrilleaban por la Sierra, donde en fines de abril perdió Merino á su segundo don Lucio Nieto, pereciendo toda la fuerza que llevaba en un encuentro que tuvieron con ocho soldados del regimiento de caballería sesto de lijeros. En los postreros días del citado mes se encontraron Azpiroz y MERINO en las posiciones de Pumarejos, donde medió un pequeño ataque, en el cual quedó vencedor el primero, ocasionando á su contrario nueve hombres muertos, inclusos dos oficiales, un prisionero, otro individuo presentado, y cogiéndole varios efectos de equipo dos caballos y nueve fusiles logrando dispersar los mozos que había sacado de los pueblos: el caballo de Azpiroz fue herido de un balazo como igualmente su asistente y otros dos soldados.

En 22 de mayo MERINO con toda su fuerza que ascendía á 1.000 hombres de todas armas, marchó sobre Ontoria, cercándola y rindiéndola en breve; hizo prisioneros á varios de sus defensores cuando entró en el pueblo, fusilando á los que supo le hicieron mayor resistencia, sin embargo de ser hijos de aquella villa que tanta protección le había siempre dispensado. Lisonjeado con el considerable triunfo anterior, se encaminó á Roa, apareciendo á la vista de ella á las cuatro de la mañana del día 30, asaltándola sin preceder intimidación alguna, pero al punto el teniente retirado don Tomas Arraz, administrador de rentas de la villa, reunió á los urbanos que le reconocieron por gefe, y  encerrándose unos en el fuerte y otros en casa del corregidor don Angel Roman Nuño, hicieron una vigorosa defensa, inutilizando así los proyectos de MERINO, que se retiró después de haber incendiado la iglesia y once casas, y haber muerto á un urbano y á un paisano, dirigiéndose por el camino de Olmedillo con la pérdida de dos hombres muertos y ocho heridos, incluso uno de los gefes, que descubiertamente se presentó en la plaza para que se activase el fuego de la iglesia.

A las dos de la tarde del 3 de junio fué alcanzado en doña Santos, por la columna del coronel don Miguel Mir, trabándose la acción en el paraje llamado la Peña de Majadal: empeñado fué el ataque y la resistencia; pero á breve rato se pusieron en retirada los carlistas, con la baja de algunos muertos y heridos, sobre 100 entre prisioneros y pasados, y el rescate además de varios rehenes que llevaban de Ontoria. Mir continuó persiguiendo á MERINO, bajo las órdenes del general Ramírez, quienes se unieron en el día 9, para conseguir juntos la completa derrota del infatigable CURA, obteniendo parecidos resultados que los anteriores gefes.

En la madrugada del día 13 de julio, bajó Merino el puerto de Campisábalo, pasando por las inmediaciones de Tiermes con direccion á Caracena; lo que sabido por el coronel don Ignacio Hoyos, emprendió su marcha á San Esteban de Gormaz para cubrir el puente, dando además noticia de este movimiento al coronel del provincial de Tuy, para que adoptase las disposiciones que creyese oportunas en aquellas circunstancias. Pero todo lo burló la actividad de Merino que pasando el Duero antes que llegasen sus contrarios, había salido ya de Baldenebro á las dos y media de la mañana del 14, dirigiéndose á Fuentelarbol; por cuya causa tuvo que retroceder Hoyos y emprender nuevo movimiento. Merino dirijióse luego por los pueblos de Lonquilla y Baldevarnés, donde racionó completamente á su tropa, la que se halló acometida por las guerrillas de la caballería de Hoyos. Opusieron los carlistas las suyas de la misma arma, continuando con una pausada marcha tiroteándose por medio de las asperísimas sierras, hasta llegar á Torregalindo á las cuatro de la tarde del día 25 del citado julio. Atrincherase Merino en este pueblo, situado á la falda de una cordillera escarpada, y en las murallas ruinosas de un castillo, teniendo al opuesto lado un pequeño pero pantanoso río. A pesar de las ventajosas posiciones que ocupaban los carlistas, mandó Hoyos atacarlos, y después de una vigorosa resistencia hecha desde todos los puntos parapetados, fueron desalojados con alguna pérdida, obligándoles á retirarse donde se hallaba la caballería en número de 250 hombres. Trabóse nuevamente la acción en un paraje mas descampado fuera del pueblo, forzando á las tropas de Hoyos á ocupar una altura inmediata, de la que trataron de arrojarles, impidiéndolo una valerosa carga á la bayoneta dada por la primera mitad de cazadores del Príncipe, con su capitán D. Juan Maria Miguelote á la cabeza, que logró rechazarles con gran descalabro. Las fuerzas de Merino se componían de cerca de 1,200 hombres, y los liberales de mas de 500, sufriendo ambos considerables pérdidas; pues los segundos á mas de la de su gefe el coronel Hoyos, que murió atravesado el pecho de un balazo, tuvieron la de 15 muertos, 26 heridos, 11 dispersos o prisioneros y cuatro caballos muertos con igual número de heridos: la de los carlistas se calculaba en unos 30 de los primeros é idéntico número de los segundos, escapándoseles algunos para sus casas, y emprendiendo lo demás de la fuerza el camino de Castrillo de la Vega, dirigiéndose á repasar el Duero para volver á la Sierra.

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