COMERCIO DE MADERA Y CARRETERÍA EN LOS PINARES DE SORIA-BURGOS (SIGLOS XIII-XVIII) – III

4. PERFIL SOCIOECONÓMICO DE LOS CARRETEROS Y RASGOS

SINGULARES DE SU RÉGIMEN DE VIDA

Si es poco lo que sabemos sobre el funcionamiento desde el punto de vista económico de las empresas de carretería, tampoco es mucho lo que se ha conseguido averiguar sobre el perfil social de las familias avecindadas en las aldeas pinariegas que tenían en la carretería su principal medio de vida. Por el momento sólo disponemos de referencias de carácter impresionista, que nos informan sobre el perfil de algunos carreteros en particular, pero resulta imposible determinar hasta qué punto éstos representaban casos habituales o atípicos.

Imagen de como era el camino entre Salduero y Covaleda en el año 1888

Imagen de como era el camino entre Salduero y Covaleda en el año 1888

A mediados del siglo XVIII las informaciones del Catastro de Ensenada confirman que en las aldeas pinariegas la propiedad de las carretas estaba muy desigualmente repartida entre los vecinos, pues había unos pocos que llegaban a poseer más de 50, mientras que, por otro lado, cerca de la mitad tan sólo poseían una[1]. Para los siglos XVI y XVII no hemos encontrado todavía documentos que nos proporcionen una información tan detallada sobre la distribución de la propiedad de las carretas y del ganado vacuno de tracción entre los distintos vecinos, pero por indicios presumimos que entonces todavía no habían hecho acto de aparición los grandes «empresarios carreteros » del tipo de Pedro Jerónimo Pérez, vecino de Salduero, que según el Catastro poseía 58 carretas «de puerto a puerto», es decir, de las que realizaban largos recorridos, predominando por el contrario los pequeños y medianos propietarios, que con frecuencia se asociaban con otros convecinos suyos para poner a disposición de los clientes potenciales un mayor número de carretas cuando éstos precisaban transportar grandes lotes de mercancías de notable peso y volumen.

A través del análisis de los testamentos e inventarios post mortem de algunos de estos carreteros conservados en los protocolos notariales sorianos podemos profundizar en el conocimiento de su posición socioeconómica e incluso de algunos aspectos peculiares de su mentalidad, sobre todo desde el punto de vista de la religiosidad. En líneas generales todos ellos, salvo los pocos que lograron convertirse en grandes empresarios, practicaron un régimen de vida de fuerte singularidad, cuyo análisis ofrece un indudable interés desde el punto de vista antropológico. Su rasgo más sobresaliente radica en la exigencia de pasar gran parte del año ausentes de sus hogares, que imponía grandes sacrificios, oportunamente recordados en un memorial que la aldea de Salduero, en Tierra de Soria, presentó en la década de 1650 ante la monarquía, en el que se hacía constar que dicho lugar había incrementado significativamente el número de sus vecinos

por la granjería de la carretería, que les ha obligado a buscar modo de vivir saliendo de sus casas, dejando sus mujeres e hijos, andando trabajando sin volver a sus casas en uno ni dos años, quedándose muertos por los caminos y sus haciendas perdidas, cosa tan lastimosa que, siendo lo más natural el amor de la patria e hijos, les es preciso desterrarse de ella para poder vivir y sustentarse por no tener en dónde en dicho lugar[2].

Ciertamente, si exceptuamos a los grandes empresarios de la carretería, como el mencionado Pedro Jerónimo Pérez, todos los vecinos de las aldeas pinariegas que se dedicaron a esta actividad debieron ausentarse de sus hogares durante los meses de la primavera, verano y comienzos del otoño, para ponerse al frente de sus carretas y transportar con ellas las mercancías que les eran encomendadas. Sólo durante los meses del invierno, cuando el estado de los caminos impedía el tránsito de las carretas por los mismos, podían permanecer en sus casas con sus familias. Pero para algunos de ellos, los de más modesta posición económica, ni siquiera existía esta posibilidad, pues debían quedarse en las dehesas a donde eran llevados a invernar los bueyes que tiraban de las carretas, para estar al tanto de ellos. La mayor parte de estas dehesas se localizaban en la submeseta sur, o en tierras de Zamora y Salamanca, es decir, muy lejos de sus lugares de origen, por lo que cabe presumir que, en su mayoría, los encargados de quedarse al cuidado de los bueyes en invierno fuesen jóvenes solteros, que se encontraban en los inicios de su trayectoria profesional, y habían de hacerse cargo por consiguiente de las tareas más ingratas.

Los individuos dedicados a la carretería precisaron, por otra parte, de un importante apoyo financiero para llevar adelante su actividad, que, debido a su marcado carácter estacional, les exigía realizar desembolsos relativamente importantes antes de recibir las compensaciones económicas por la prestación de sus servicios. En efecto, sólo podían transportar mercancías entre los meses de abril y noviembre, pero durante el invierno debían atender las necesidades de alimentación de sus familias y pagar por el arrendamiento de las dehesas a donde llevaban a pastar sus bueyes. Además debían invertir en la renovación de su cabaña de animales de tracción mediante la compra de novillos a intermediarios que adquirían grandes partidas en ferias y luego los revendían. Por todo ello generaron una importante demanda de crédito, sobre todo en la forma de préstamos a corto plazo, concertados en los meses del invierno o comienzos de la primavera, para su devolución a mediados del verano, cuando ya habían podido cobrar por los primeros servicios de transporte prestados.

Iglesia de San Quirico y Santa Julita a principios del siglo XX

Iglesia de San Quirico y Santa Julita a principios del siglo XX

Este crédito les fue proporcionado en muy diversas instancias, habiéndose de destacar desde esta perspectiva el papel desempeñado por los núcleos urbanos de Soria y Madrid, que en el siglo XVII estaban estrechamente conectados desde el punto de vista financiero. Así, fue frecuente que hombres de negocios de Soria, por su propia cuenta o en nombre de prestamistas madrileños, adelantasen dinero a los carreteros para que éstos lo devolviesen en torno a la fiesta de Santiago en Madrid[3]. Y, con bastante menos frecuencia, también se dio el caso de que se obligasen con muchos meses de adelanto a la prestación de determinados servicios de transporte con la condición de que se les adelantase dinero para atender sus necesidades de consumo durante el invierno, y para poder sacar a los bueyes de las dehesas en primavera[4]. Por fin, la adquisición de novillos les fue con frecuencia

facilitada por los propios intermediarios a quienes los compraban,

que les solieron conceder aplazamientos de pago, permitiendo que el

precio de los novillos comprados durante el verano fuese abonado en

dos plazos, fijados en las fiestas de San Andrés, 30 de noviembre, del

año del contrato, y de Santiago, 25 de julio, del año siguiente[5]. 

Maximino Peña. La Ilustración Española y Americana (22-01-1908)

Maximino Peña. La Ilustración Española y Americana (22-01-1908)

5. EL TRABAJO DE LA MADERA EN LAS ALDEAS PINARIEGAS

Además de las mencionadas, otra actividad que alcanzó notable desarrollo en las aldeas de la comarca pinariega de Soria y Burgos fue la del trabajo de la madera para su comercialización en forma de productos elaborados o semielaborados. A esta actividad se dedicaban los sectores más humildes de la población, que no disponían de medios suficientes para la explotación de carretas, pero al parecer también lo hicieron muchos de los carreteros durante los meses de invierno. Los objetos que fabricaban con la madera solían ser muy sencillos, tales como artesones y gamellas. Y en la mayor parte de los casos se limitaban a realizar los primeros trabajos de acondicionamiento de la madera en bruto, para después venderla como producto semielaborado a carpinteros y ebanistas.

Esta vertiente de la actividad de la población de las aldeas pinariegas no nos resulta, sin embargo, muy bien conocida por falta de documentación.

Hay que esperar al siglo XVII para que por primera vez encontremos en los protocolos notariales sorianos contratos en un número relativamente importante, concertados por vecinos de aldeas como Covaleda, que se obligaban a proveer a carpinteros vecinos de Soria de madera semielaborada, preferentemente en forma de ruedas y aros, recibiendo de ellos adelantos de dinero con el que poder atender sus necesidades de consumo durante los meses del invierno[6].

Cabe la posibilidad de que contratos de semejante tenor se concertasen con carpinteros de otros núcleos urbanos del entorno, pero de momento no han podido ser localizados. Y también es prácticamente seguro que esta actividad ya se viniese practicando desde fechas muy anteriores, sin que haya quedado rastro alguno de la misma en la fragmentaria documentación que ha llegado hasta nosotros. En cualquier caso quedan todavía muchos documentos por expurgar, y por lo tanto cabe esperar que nuestros conocimientos al respecto puedan enriquecerse en el futuro, obligándonos a matizar muchas de las afirmaciones realizadas en el presente trabajo, que tiene un carácter meramente introductorio, y que sólo ha pretendido efectuar una contribución más a poner de manifiesto cómo en la Europa preindustrial el campesinado distó mucho de ser un homogéneo grupo de labradores sometidos a extracciones de carácter feudal por una nobleza volcada al desempeño de funciones militares y políticas.

Covaleda 1920 

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[1] Vid. Pérez Romero, E. (1995) pp. 134-5.

[2] AHN, Consejos, leg. 25.651.

[3] Breves referencias a esta práctica en Diago Hernando, M. (1999).

[4] Un ejemplo en AHPM, 5371-535, Madrid, 24-XI-1635. Simón González, vecino de Madrid, «maestro de hacer coches», se concierta con tres carreteros de Cabrejas del Pinar para que entre los meses de mayo y agosto siguientes le transportasen a Madrid desde Anober en torno a mil tablones de madera de álamo blanco. Los carreteros reciben a cuenta 1.000 reales, y Simón González se obliga a socorrerles con la cantidad de dinero que él tuviese voluntad, para sacar los bueyes en el mes de abril del invernadero. El resto del dinero lo abonará cuando le acaben de entregar los tablones.

[5] Vid. Diago Hernando, M. (En prensa).

[6]Un ejemplo de este tipo de contratos en Archivo Histórico Provincial de Soria, Protocolos Notariales, 610-1035-508, Soria, 15-I-1643. Andrés Escribano, el mayor, vecino de Covaleda, se obliga a entregar a Diego Ortiz de Garay, maestro de carpintería, vecino de Soria, 20 ruedas de aros de panderas y cedazos, para la fiesta de Santiago de ese año. Recibe adelantados 100 reales.

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