COMERCIO DE MADERA Y CARRETERÍA EN LOS PINARES DE SORIA-BURGOS (SIGLOS XIII-XVIII) – II

2. PRIMEROS TESTIMONIOS DE LA COMERCIALIZACIÓN DE LA MADERA: SIGLOS XIII Y XIV

La población de las aldeas pinariegas sorianas y burgalesas, por estar asentada en una comarca que por sus condiciones edafológicas y climáticas no favorecía la práctica del cultivo del cereal, debió verse impelida desde un primer momento a buscar sus fuentes de sustento en otras actividades económicas, entre las que inicialmente pudieron tener una notable importancia la cría de ganados, la caza, la pesca y diversas formas de recolección de productos silvestres, en un contexto de decidida orientación hacia la economía de susbsistencia.

Se trata en cualquier caso de una simple hipótesis, que las fuentes documentales conservadas para los siglos XI, XII y XIII, desesperadamente escasas, no permiten ni confirmar ni descartar, pues guardan un absoluto silencio al respecto. Sí disponemos, no obstante, de indicios que nos llevan a presumir que ya en fechas muy tempranas estas sociedades campesinas dejaron de moverse exclusivamente en el horizonte de la mera economía de subsistencia, y buscaron una ampliación de sus medios de vida mediante la progresiva incorporación de sus economías familiares a la economía de mercado. Es decir, optaron por especializarse en la comercialización a largas distancias de una mercancía de la que había excedentes en sus lugares de origen, para así disponer del dinero con el que financiar la compra del cereal y otras mercancías de primera necesidad que precisaban para el sustento de sus familias. Y dicha mercancía no fue otra que la madera, de la que podían abastecerse de forma prácticamente gratuita en los extensos bosques que rodeaban sus aldeas, y que muy pronto comenzaron a transportar a distancias cada vez más largas con carretas que ellos mismos construían con aquella madera.

Una carreta mixtificada (neumáticos en lugar de ruedas de madera) de Duruelo de la Sierra.

Una carreta mixtificada (neumáticos en lugar de ruedas de madera) de Duruelo de la Sierra.

Uno de los primeros testimonios que hemos encontrado en la documentación que nos confirma que los vecinos de las aldeas pinariegas habían puesto en marcha el negocio de la comercialización de la madera nos lo proporciona un privilegio de Sancho IV, otorgado a los vecinos de Duruelo, aldea recientemente incorporada a la Tierra de Soria, que está fechado en Burgos el 15 de agosto de 1289. En él, en efecto, se recoge la denuncia presentada por el concejo de esta aldea pinariega contra los montaneros nombrados por el concejo de Soria para que tuviesen cargo de la vigilancia de los términos realengos de la jurisdicción, a los que acusó de que tomaban a los vecinos del lugar sus maderas «cuando iban con ellas a venderlas a los mercados»[1].

Informaciones algo más precisas sobre el desarrollo alcanzado por la comercialización de la madera por la población campesina de las aldeas pinariegas de la Tierra de Soria contienen algunos documentos del siglo XIV, que nos ponen en contacto con una actividad en pleno auge, que por fuerza debía llevarse practicando ya desde hacía tiempo.

En concreto, cabe destacar en primer lugar un documento del año 1340, que recoge la comparecencia ante el oficial de la justicia de la villa de Ágreda de un vecino de Herreros, aldea de la Tierra de Soria, para denunciar, en su propio nombre y en el de los demás carreteros de las aldeas de esta jurisdicción, que no osaban traer carretas con madera por termino de Ágreda «para levar a vender para pagar los pechos que avemos de dar», debido a que en esta villa fronteriza con Aragón y Navarra se les obligaba a pagar un impuesto de 4 dineros por cada carreta, sin contar para ello con autorización del rey[2].

Este interesante documento nos pone de manifiesto, por tanto, que en las aldeas pinariegas de la Tierra de Soria la población, para disponer de dinero con el que, entre otras muchas cosas, poder pagar los impuestos debidos al rey, había comenzado a recurrir de forma sistemática a llevar a vender madera a otras partes, en cantidades relativamente importantes puesto que se hace referencia expresa a que la transportaban con carretas. Y el hecho de que entre los lugares a los que contemplaban dirigirse con sus carretas cargadas de madera figurase la villa de Ágreda nos permite presumir que muy probablemente habrían comenzado a exportarla a los vecinos reinos de Aragón y Navarra, más en concreto a las tierras llanas del valle del Ebro de ambos reinos, que eran las más deficitarias en este producto, puesto que, por el contrario, las comarcas pirenaicas de ambos reinos producían madera suficiente para autoabastecerse e incluso para exportar hacia las tierras llanas a través de los cursos fluviales.

La exportación de madera de los pinares sorianos a las tierras del valle del Ebro del reino de Aragón, y más en concreto a la ciudad de Zaragoza, queda, por otra parte, bien atestiguada por diversos documentos de la segunda mitad del siglo XIV, que no dejan lugar a duda sobre el hecho de que dicha actividad alcanzó en aquella época un fuerte desarrollo. Así, en primer lugar, un documento del año 1381 nos informa que un vecino de Duruelo, aldea de la Tierra de Soria, cuando regresaba a Castilla desde Zaragoza, a donde había transportado madera con sus carretas tiradas por bueyes, fue detenido en término de Tarazona por el guarda del puerto de esta ciudad aragonesa, quien le tomó 16 florines de oro y 24 reales de plata. Entonces el soriano le mostró una carta sellada del rey de Aragón por la que ordenaba que se permitiese a todos los carreteros castellanos que llevasen a Aragón madera, o cualquier otra mercancía, que pudiesen transitar libremente y sacar del reino monedas de oro y plata, a pesar de las disposiciones que lo prohibían. De lo que se deduce que la actividad de los carreteros castellanos como proveedores de madera para el reino de Aragón había alcanzado para entonces tal relevancia que el propio monarca aragonés había decidido potenciarla mediante la concesión de privilegios a dichos carreteros.

"El Baile" o "Una carreta de los pinares sorianos" de Valeriano Becquer. Museo de Arte Moderno de Madrid.

“El Baile” o “Una carreta de los pinares sorianos” de Valeriano Becquer. Museo de Arte Moderno de Madrid.

Otro documento de fecha un poco posterior abunda por lo demás en proporcionarnos noticias sobre los lugares de procedencia de estos carreteros. Se trata de un registro del cobro del impuesto aduanero de la «quema» en la aduana de Zaragoza que abarca los meses de mayo, junio, julio y agosto de 1386. En él queda constancia de la entrada en la capital aragonesa de más de 250 carretas cargadas de madera, conducidas por vecinos de Covaleda, Duruelo, Herreros y Cidones, aldeas de la Tierra de Soria, y de Cabrejas del Pinar y Abejar, lugares que dependían entonces del señorío del obispo de Osma[3]. Tal número de carretas en un espacio de tiempo tan breve resulta verdaderamente notable, y proporciona un indicio suficiente para aventurar que por estas fechas la población de estas aldeas pinariegas ya había dado el salto hacia su especialización en el aprovechamiento maderero de sus montes para la comercialización a gran escala de la producción, que por derivación les llevó después a dedicarse también al transporte de mercancías a larga distancia con carretas.

Sin duda debieron desarrollarse otras rutas de comercialización de la madera, dentro del extenso territorio de la Corona de Castilla, pero de momento no hemos tenido ocasión de encontrar en la documentación referencias precisas que nos hayan permitido avanzar en su identificación. Sólo cabe destacar que un documento del año 1482 deja plena constancia de que para entonces se había constituido una Hermandad de Pinares, de la que formaban parte los lugares de Palacios, Vilviestre, Canicosa, Quintanar y Regumiel, pertenecientes todos ellos a la actual provincia de Burgos, y Duruelo y Covaleda, aldeas de la Tierra de Soria, que tenía por principal objetivo la defensa de los intereses de sus miembros en el negocio de la venta de madera, que practicaban con sus carretas por todo el territorio de la submeseta norte, desde Toro hasta Olmedo, pasando por Zamora, Palencia, León, Astorga, Valladolid, Medina del Campo y Medina de Ríoseco[4].

La documentación del reinado de los Reyes Católicos también proporciona pruebas de que otros lugares de la zona se habían especializado en esta actividad de la venta de madera, transportada con carretas. Uno de los ejemplos más destacados nos lo proporciona la villa de San Leonardo, dependiente entonces del señorío del monasterio de San Pedro de Arlanza, que en más de una ocasión se dirigió a los reyes para manifestar que sus vecinos y los de sus aldeas, Casarejos y Navaleno, «porque estaban en tierra de montaña donde no se cogía pan», tenían como trato principal «llevar madera con sus carretas de unas partes a otras», por lo cual precisaban que no se les pusiesen trabas a la libre adquisición de cereal en los mercados, para poder atender las necesidades alimenticias de sus familias[5].

Hasta cuándo se prolongó esta situación de especialización en el transporte y venta de madera con carretas resulta muy difícil determinarlo con las fuentes de información disponibles. Es seguro, sin embargo, que ya a finales del siglo XV y principios del siglo XVI la mercancía transportada con las carretas por los vecinos de estos lugares pinariegos de Soria y Burgos había dejado de consistir exclusivamente en madera, y con el paso del tiempo fue abarcando una gama de productos cada vez más diversificada. 

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3. DIVERSIFICACIÓN DE LAS ACTIVIDADES DE TRANSPORTE DE LOS CARRETEROS DE LA HERMANDAD DE SORIA-BURGOS DURANTE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Un documento del año 1497 nos corrobora que por aquella época era habitual que los carreteros transportasen, además de madera y leña, otros productos como carbón, lanas, hierro, sal, cereal y vino[6]. Y otros testimonios documentales de principios del siglo XVI confirman que la mayor parte de la sal se transportaba entonces en carretas desde las salinas hacia los lugares de consumo[7]. Lo que no aclara esta documentación es de dónde procedían los carreteros que prestaban estos servicios de transporte. Hay que esperar a fechas más avanzadas del siglo XVI para disponer de testimonios documentales abundantes que dejan constancia de la intensa actividad desplegada por los vecinos de los lugares pinariegos de las actuales provincias de Soria y Burgos integrados en la Hermandad de carreteros en el transporte a largas distancias de todas las mercancías incluidas en la anterior relación, y de algunas otras.

Las carencias de la documentación impiden, por lo tanto, fijar con un cierto detalle la cronología del proceso de desarrollo de la actividad carretera en esta comarca castellana, desde la perspectiva de la diversificación de la gama de mercancías transportadas, a partir de una situación inicial de predominio aplastante de la madera. Por indicios cabe presumir, no obstante, que dicho proceso experimentó un notable impulso durante los siglos XVI y XVII. Así lo sugiere, por ejemplo, el fuerte incremento demográfico y de su capacidad contributiva que durante este período experimentaron determinadas aldeas carreteras, como, por ejemplo, Salduero, en Tierra de Soria, que duplicó su número de vecinos entre comienzos del siglo XVI y mediados del siglo XVII, pese a que en este último siglo la tendencia en la evolución de la población del interior del reino de Castilla fue de claro signo regresivo[8].

El asentamiento de la Corte en Madrid a partir de mediados del siglo XVI proporcionó sin duda un importante incentivo a los vecinos de estas aldeas pinariegas de Soria y Burgos para dedicarse al transporte con carretas de determinadas mercancías para las que se fue desarrollando una creciente demanda en este núcleo urbano que pronto se consolidó como el principal centro de consumo del reino.

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Entre dichas mercancías cabe destacar en concreto el carbón, producto voluminoso y pesado que no resultaba rentable transportar en bestias de carga, y para el que se desarrolló una fuerte demanda en la villa del Manzanares, que en un alto porcentaje fue satisfecha por carreteros sorianos, según se deduce de los datos aportados por Bravo Lozano[9]. Pero, además de carbón, estos carreteros también transportaron a la capital del reino una variada gama de mercancías, desde hierro procedente de las provincias vascongadas[10], hasta pescado, adquirido por abastecedores madrileños en las ferias de Medina de Ríoseco[11], pasando por el cereal[12]. No obstante, estas mismas mercancías también las hicieron llegar a otros muchos destinos, a veces muy alejados de sus puntos de partida, como por ejemplo la ciudad de Sevilla, por lo que el extraordinario incremento experimentado por la demanda del mercado madrileño en la segunda mitad del siglo XVI, y sobre todo en el siglo XVII, sólo en parte puede explicar el auge que vivió en estas fechas la carretería en las aldeas pinariegas de Soria y Burgos.

Un segundo factor que conviene tener en cuenta es el del fuerte incremento que en el transcurso del siglo XVI debió experimentar la demanda de servicios de transporte de lanas hasta los puertos del Cantábrico y del Mediterráneo, para su posterior exportación por vía marítima hacia Flandes y otros territorios ribereños del Atlántico, y hacia Italia. Ciertamente una parte de estas lanas sabemos que fueron llevadas a lomos de acémilas, entre otros por arrieros de las aldeas de la Tierra de Yanguas[13]. Pero, a juzgar por los datos proporcionados por los fragmentarios protocolos notariales conservados, parece que el grueso de la producción destinada a la exportación fue transportada durante los siglos XVI y XVII en carretas desde los lavaderos hasta los puertos de destino, o, para ser más precisos, hasta algún punto cercano a los mismos, cuando la orografía interponía obstáculos para que dichas carretas pudiesen llegar hasta ellos.

Y, por lo que toca al menos a la producción lanera de la región soriana, sabemos que fueron preferentemente carreteros vecinos de Vilviestre, Regumiel, San Leonardo y sus aldeas Navaleno y Casarejos, de Covaleda, Duruelo y Salduero, aldeas de la Tierra de Soria, y de otros núcleos de población del entorno, los que se encargaron de transportarla desde los lavaderos sorianos hasta lugares próximos a los puertos de destino, aunque rara vez hasta los mismos puertos, pues el relieve ofrecía obstáculos que sus carretas no podían salvar, y era preciso cambiar de medio de transporte. Así, las lanas destinadas al puerto de Santander las solían transportar hasta el lugar de Corconte, cerca de Reinosa, mientras que las que tenían por destino los puertos de Bilbao y San Sebastián, o los de otras villas vascas, era habitual que las transportasen hasta la ciudad de Vitoria, la villa de Orduña, o alguna ciudad del sur de Navarra, como Corella. Y, por fin, en el caso de las que tenían por destino puertos del Mediterráneo, para ser exportadas a Italia, sólo se comprometían a llevarlas hasta la villa de Fuentidueña de Tajo, en la actual provincia de Madrid.

No obstante, estos carreteros no se dedicaron exclusivamente al transporte de lanas lavadas y ensacadas, sino que también, aunque en muy menor medida, prestaron servicios de transporte de lanas en sucio, desde los lugares del esquileo hasta los lavaderos, cubriendo a veces distancias relativamente importantes, como las que separaban a Molina de Aragón y a diversos puntos del Sistema Central, en las actuales provincias de Segovia y Madrid, de los lavaderos de la ciudad de Soria y de su aldea, Vinuesa. Sobre su participación en el transporte de las lanas lavadas y ensacadas en los lavaderos de Segovia, Cuenca y Molina de Aragón, al no haberse explorado todavía los protocolos notariales de estas localidades, disponemos de bastantes menos noticias, pero alguna hemos localizado al menos en los protocolos notariales sorianos y madrileños, que confirman que su ámbito de actividad fue relativamente extenso, aunque tendieron a concentrar su actividad en la meseta.

Un tercer factor que ha de valorarse a la hora de explicar el fuerte impulso experimentado por la actividad carretera en las aldeas pinariegas de Soria y Burgos durante el siglo XVII, a pesar del declive económico que entonces afectó al conjunto del reino, radica en el fuerte incremento que experimentó a mediados de esta centuria la demanda de servicios de transporte con carretas por parte de la monarquía, para atender las necesidades de aprovisionamiento de los ejércitos que lucharon en las prolongadas guerras que se libraron en el escenario peninsular contra los catalanes y los portugueses. Por supuesto la prestación de estos servicios fue prácticamente impuesta a los carreteros como una obligación, pues, aunque les fueron remunerados, la falta de puntualidad a la hora de realizar los pagos alcanzó dimensiones preocupantes, y sin duda debió contribuir a colocar a muchos carreteros en una difícil posición financiera. Pero, en cualquier caso, favoreció un incremento de su actividad, y además predispuso a la monarquía favorablemente a la hora de concederles contraprestaciones en forma de privilegios, entre los que cabe destacar el que les eximía de la prestación del servicio militar.

Los mencionados, y otros muchos factores, propiciaron que la población de las aldeas pinariegas de Soria y Burgos, que inicialmente se había centrado en la comercialización de leña y madera por el interior peninsular, diversificase progresivamente su actividad, dedicando en proporción cada vez mayor las carretas que construía con la madera de sus montes a la prestación de servicios de transporte a larga distancia de una amplia gama de productos a una clientela cada vez más variada.

En el estado actual de las investigaciones poco más se puede precisar respecto a la cronología y otros aspectos fundamentales de este proceso.

Las informaciones de las que hasta el momento disponemos resultan demasiado fragmentarias como para permitir un conocimiento detallado del régimen de funcionamiento de las «empresas» de carretería en el ámbito geográfico objeto de nuestra consideración.

En concreto no podemos determinar hasta qué punto en ellas se combinó la tradicional práctica de la venta de leña y madera con la de prestación a terceros de servicios de transporte, que, según todos los indicios, fue adquiriendo cada vez más importancia en el transcurso de los siglos, hasta consolidarse como la actividad económica más lucrativa de cuantas practicaban los vecinos de las aldeas pinariegas. Tampoco tenemos un conocimiento preciso de cuáles eran las principales rutas en las que desarrollaron su actividad los carreteros de estas aldeas, ni sabemos de los procedimientos a los que recurrieron para optimizar sus viajes, para evitar la realización de largos trayectos de vacío, es decir, sin mercancías que transportar.

PIEDRA PARA EL ALTAR

Sólo si dispusiésemos de libros de contabilidad de alguna «empresa de carretería» podríamos paliar parcialmente este desconocimiento, pero resulta improbable que tal tipo de documentación se haya conservado, si es que alguna vez existió. Por el momento nos tenemos que conformar con un conocimiento superficial de las mercancías que solían transportar, las tarifas que aplicaban por sus servicios, y los plazos en que acostumbraban a cobrar el dinero que se les debía por los servicios prestados.


[1] Este privilegio de Sancho IV fue confirmado por los Reyes Católicos en Barcelona, 12-I-1493. Un traslado de este último documento en Archivo de la Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Varela, Fenecidos, C. 953-1.

[2] Vid. Rubio Semper, A. (2001), doc. nº. 161, Ágreda, 19-VII-1340.

[3] ACA (=Archivo de la Corona de Aragón), MR (=Maestre Racional), 2908-2. Los vecinos de Covaleda, que fueron los más activos, efectuaron trece entradas con carretas en territorio aragonés. Los de Duruelo dos, los de Cidones una, los de Herreros una, los de Cabrejas tres, y los de Abejar una. Hay que hacer constar igualmente que aparecen dos individuos identificados como procedentes de la propia ciudad de Soria. Algunos de ellos efectuaron más de una entrada durante estos cuatro meses, como por ejemplo Juan Domingo, de Covaleda.

[4] Asenjo González, M. (1999), p. 347.

[5] Vid. AGS (=Archivo General de Simancas), RGS (=Registro General del Sello), IX-1504. Y AGS, RGS, I- 1522.

[6] AGS, RGS, IV-1522. Confirmación de una carta dada en Medina del Campo, 13-IX-1497.

[7] Un testimonio en AGS, RGS, IV-1514. Provisión el corregidor de Molina y Atienza. Pedro de Alcázar, recaudador de las salinas de Atienza, había informado que la mayor parte de la sal que se sacaba de dichas salinas era transportada con carretas.

[8] En 1528 Salduero tenía 53 vecinos, mientras que en 1656 se estimó que residían en esta aldea y en su barrio de Los Molinos unos 110 vecinos, «que trataban en la carretería y estaban inclusos en la Cabaña Real». De estos vecinos se dijo además que «están muy aumentados de hacienda y caudales, y más bien andantes que en ningún tiempo». Vid. AHN (=Archivo Histórico Nacional), Consejos, leg. 25.651. Los repartos de impuestos por la Universidad de la Tierra de Soria entre las distintas aldeas confirman por otra parte que en el siglo XVII entre las principales contribuyentes destacaban aldeas dedicadas a la carretería como Duruelo, Covaleda, Herreros y Salduero.

[9] Bravo Lozano, J. (1993). En especial pp. 86 y ss.

[10] Gran número de contratos firmados en 1636 por el mercader de origen vasco asentado en Madrid, Mateo de Horcasitas, con carreteros sorianos para el transporte de hierro desde Vitoria a Madrid, en AHPM (=Archivo Histórico de Protocolos de Madrid), 3833-712 y ss.

[11] Un ejemplo en AHPM, 2727-310, Madrid, 19-VII-1608. Dos carreteros de bueyes de Salduero, aldea de Soria, se obligaron a transportar desde Medina de Ríoseco a Madrid 900 arrobas de pescado a casa de Francisco Alonso, obligado del pescado de Madrid, a partir de mediados de septiembre.

[12] Un ejemplo en AHPM, 5370-963, Madrid, 7-VIII-1635. Cinco carreteros de Salduero, Cidones y Herreros se obligan a transportar a Madrid 1.050 fanegas de cebada del partido de Ayllón y Esteban Vela.

[13] Vid. Diago Hernando, M. (2005).

 

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2 respuestas a COMERCIO DE MADERA Y CARRETERÍA EN LOS PINARES DE SORIA-BURGOS (SIGLOS XIII-XVIII) – II

  1. Charito dijo:

    Solo quiero dejar mi opinión, ya que soy pinariega de la provincia de Soria.
    estará muy bien documentado, estoy de acuerdo que fueron buenos transportistas: arrieros y carreteros, ahora lo de que transportaban madera en el año mil trescientos pico, tengo mis dudas.
    pues toda esta riqueza de pinares, proviene de una reforestación muy importante y no hace tantísimos años, esto luego se multiplico.
    Las primeras explotaciones forestales, como tales, tienen muy pocos años.
    Charito

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