COMERCIO DE MADERA Y CARRETERÍA EN LOS PINARES DE SORIA-BURGOS (SIGLOS XIII-XVIII) – I

A lo largo de los próximos días, voy a compartir con todos vosotros un interesante artículo escrito por Máximo Diago Hernando y publicado en la Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros en el año 2008, el cual nos habla ce como era el modo de vida de nuestros antepasados en los siglos XIII al XVIII. Un artículo que ningún pinariego puede dejar de leer.

Un modo de vida basado en el aprovechamiento maderero en la Castilla del antiguo régimen: comercio de madera y carretería en los pinares de Soria-Burgos (siglos XIII-XVIII)

MÁXIMO DIAGO HERNANDO[1]

– Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros, n.º 217, 2008 (49-71).

En la Corona de Castilla durante el período preindustrial fueron numerosas las comarcas de montaña en las que, debido a que las condiciones edafológicas y climáticas no permitían el cultivo del cereal, o no lo hacían suficientemente rentable, el grueso de la población tuvo que buscar sus principales medios de sustento en el desempeño de actividades de los sectores secundario y terciario, o de algunas del primario fuertemente orientadas hacia el mercado, como era el caso, por ejemplo, de la ganadería ovina trashumante.

Estas actividades fueron muy variadas, como variados fueron también los modelos de especialización que arraigaron en las distintas comarcas en particular, que desencadenaron procesos de desarrollo económico y diferenciación social de muy diversa intensidad.

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Un modelo de especialización al que hasta ahora se ha dedicado escasa atención por parte de los investigadores, tanto medievalistas como modernistas, es el que podemos constatar en comarcas serranas con abundante vegetación arbórea, en especial de pinos, robles y hayas, donde la mayor parte de sus vecinos optaron por un modo de vida basado en la explotación de la madera. No en todas partes la explotación maderera se realizó de manera semejante, ni propició el desarrollo de idénticas realidades socioeconómicas, aunque la falta de estudios monográficos no permite tampoco profundizar en la apreciación del grado de diversidad. A título meramente ilustrativo cabe hacer constar que en las comarcas de la serranía conquense, pertenecientes a las jurisdicciones de Moya y Cuenca, alcanzó gran desarrollo ya en el período bajomedieval el aprovechamiento maderero del territorio, que dio lugar a importantes exportaciones al reino de Valencia, realizadas de forma preferente a través de los cauces

fluviales. Y como rasgo peculiar del modelo de aprovechamiento consolidado en esta comarca se ha de destacar el hecho de que entre sus beneficiarios hubo personajes poderosos de la escena política, como el infante Fernando de Antequera o la propia reina Isabel, segunda esposa de Juan II, quienes exportaron al reino de Valencia varios miles de cargas de madera, aprovechándose de mercedes recibidas del monarca castellano[2].

Por el contrario, en otras zonas de la Corona de Castilla donde ya desde el período medieval comenzó a adquirir importancia la explotación maderera orientada al comercio a larga distancia y a la exportación, los promotores y beneficiarios de la misma fueron exclusivamente campesinos avecindados en los lugares próximos a los bosques donde la madera era cortada. En concreto éste es el caso de la comarca que hemos escogido para su análisis en el presente trabajo, la de los Pinares de Soria y Burgos, donde tuvo su origen la célebre Hermandad de Carreteros, que agrupó desde fines del siglo XV hasta comienzos del siglo XIX a un elevado número de personas dedicadas a la prestación de servicios de transporte de mercancías por carretas[3]. Esta comarca, en efecto, presentó la peculiaridad de que allí el aprovechamiento de la madera, además de proporcionar el sustento a una parte importante de la población campesina, propició en una segunda fase el desarrollo de otra actividad muy estrechamente relacionada con él, la del transporte por carretas, que finalmente terminó erigiéndose en la principal sustentadora de la economía comarcal.

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En este trabajo nos hemos propuesto llamar la atención sobre algunas peculiaridades de este singular modelo de especialización económica comarcal, que persistió durante varios siglos, y contrasta con los que se adoptaron en otras comarcas próximas en las que la menor abundancia de bosques aptos para el aprovechamiento maderero impulsó a la población a buscar otras alternativas de especialización, que reservaron un mayor papel al transporte con bestias de carga, la producción pañera o la cría de ganado ovino trashumante[4].

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1. REGULACIÓN DEL APROVECHAMIENTO MADERERO EN RÉGIMEN

COMUNAL

La comarca pinariega que en la actualidad se encuentra repartida entre las provincias de Soria y Burgos constituía en el período bajomedieval un territorio muy complejo desde el punto de vista de su organización jurisdiccional, y lo continuó siendo en sus líneas básicas hasta el fin del Antiguo Régimen. Había en ella tanto lugares pertenecientes al realengo como villas de señorío laico y eclesiástico.

Estas últimas eran, no obstante, las más numerosas, destacando por su implantación como titulares de señorío jurisdiccional en la zona dos instituciones en particular: la mesa episcopal de Osma y el monasterio benedictino de San Pedro de Arlanza. A partir del siglo XVI la puesta a la venta por Felipe II, previa obtención de licencia del Papa, de los lugares de señorío pertenecientes a estas instituciones eclesiásticas propició la expansión del señorío laico en la comarca, aunque algunos lugares, como Abejar o Cabrejas, aprovecharon la ocasión para incorporarse al realengo, mediante la compra de su propia jurisdicción. No es nuestra intención, no obstante, entrar aquí a ofrecer una reconstrucción detallada del mapa jurisdiccional de la comarca y su evolución. Para los efectos que nos interesan basta con llamar la atención sobre el contraste que se advierte entre el gran bloque jurisdiccional que conformaba la Tierra de Soria, por un lado, y el resto del espacio pinariego, caracterizado por la fragmentación jurisdiccional, por otro. Este fuerte contraste nunca podemos perderlo de vista a la hora de dar cuenta de los modelos de regulación del aprovechamiento de las importantes masas forestales existentes en esta comarca que estuvieron vigentes en ella entre los siglos XIII y XVIII, período de larga duración en el que centraremos nuestra atención en el presente trabajo. En efecto, el régimen de aprovechamiento de la parte de dichas masas forestales integrada en el ámbito jurisdiccional de la Tierra de Soria presentó notables peculiaridades en relación al vigente en el resto del territorio. La razón estriba en que el extenso espacio forestal existente en la Tierra de Soria tuvo en su mayor parte la consideración de bien realengo, que podía ser aprovechado por todos los vecinos de la ciudad y de las aldeas de su jurisdicción, conforme a las normas fijadas por el concejo cabecera. Por el contrario, en el resto del territorio, en la mayor parte de los lugares, el aprovechamiento del término estaba reservado para los propios vecinos, con exclusión de todos los demás, salvo que existiesen acuerdos entre varios lugares para compartir el aprovechamiento de determinados términos limítrofes, que en cualquier caso no solían afectar a los aprovechamientos forestales.

Por falta de estudios monográficos, no se conoce en detalle el modelo regulatorio de los aprovechamientos madereros vigente en las villas pinariegas de Soria y Burgos dependientes de señorío eclesiástico durante el período bajomedieval. Por ello, hemos preferido centrarnos en el presente trabajo en dar cuenta del que se adoptó en la Tierra de Soria, el único espacio perteneciente al realengo en toda la comarca hasta mediados del siglo XVI, el más extenso, y el que, en el estado actual de las investigaciones, conocemos con mayor detalle[5]. El factor fundamental que determinó el régimen de aprovechamiento forestal de este territorio fue el carácter de tierras de propiedad pública de la mayor parte de sus masas arbóreas, pues apenas alcanzaron extensión los bosques de propiedad privada[6]. Dentro del conjunto de masas forestales existentes en el ámbito jurisdiccional abarcado por la Tierra de Soria no todas ellas, sin embargo, pese a ubicarse en tierras de propiedad pública, podían aprovecharse de idéntica manera. A este respecto se ha de diferenciar básicamente entre las que formaban parte de los realengos y las que se localizaban en términos que habían sido concedidos en régimen privilegiado a determinadas aldeas, para que se aprovechasen exclusivamente de ellos sus vecinos.

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Los términos realengos de la Tierra de Soria incorporaban extensas superficies arboladas, en las que abundaban los pinos, robles y hayas, especies todas ellas adecuadas para el aprovechamiento maderero. En el fuero de Soria quedó regulada de forma bastante pormenorizada la forma en que los vecinos de la ciudad y de sus aldeas podían abastecerse de leña en estos términos para atender sus necesidades domésticas, y se fijaron las multas exigibles a quienes cortasen en ellos árboles de leña verde, los destrozasen o los quemasen. En líneas generales la normativa foral persiguió el objetivo de reservar a los vecinos de la jurisdicción el usufructo de los montes realengos, a fin de garantizar que quedasen satisfechas sus necesidades primarias de combustible, y de madera para la construcción de sus casas, enseres domésticos y aperos de labranza, evitando que compitiesen con ellos los forasteros. Y por este motivo se fijaron multas de muy superior cuantía para quienes entrasen a cortar leña o madera desde fuera de la jurisdicción. De este modo se proporcionó a las economías pésimas un importante apoyo, sin el cual muchos hogares habrían tropezado con notables dificultades para sobrevivir, dado el rigor de la estación invernal soriana.

Mucha más importancia desde el punto de vista económico que la obtención de leña destinada al uso como combustible en los hogares campesinos tuvo el corte de madera para su comercialización. Este uso quedó, sin embargo, escasamente reglamentado en el fuero, por lo que cabe presumir que durante gran parte del Medievo se desarrolló en un marco caracterizado por una extrema permisividad de las autoridades locales hacia los cortes indiscriminados de madera.

Inicialmente este modelo de aprovechamiento resultaría factible porque la población asentada en tierras sorianas debía ser escasa, y los recursos forestales abundantes. Varios indicios nos llevan a presumir, sin embargo, que, en el transcurso de la segunda mitad del siglo XV, la presión ejercida por una población en aumento, que roturaba nuevas tierras para atender la creciente demanda de cereal, y que además se lanzó en las comarcas serranas a invertir a gran escala en la cría de ganado ovino trashumante, como consecuencia del despegue de las exportaciones de lana fina a Flandes, provocó la aparición de los primeros conflictos por el aprovechamiento de los términos realengos entre grupos sociales con diferentes intereses económicos, que se fueron agravando con el transcurso del tiempo.

En este contexto se ha de explicar, por tanto, la decisión tomada por el concejo de Soria de promulgar unas ordenanzas en el año 1497, que, complementando las disposiciones del fuero, regulasen con mayor precisión y rigor el aprovechamiento de los términos realengos, para poner freno a la multiplicación de conflictos que en torno al mismo se estaban generando entre los diferentes sectores de la población. Quienes redactaron estas ordenanzas apostaron decididamente por favorecer los intereses de los ganaderos, concediendo prioridad al objetivo de conservar los pastos, y provocaron por ello una fuerte reacción de oposición en numerosas aldeas, localizadas en su mayoría en las comarcas serranas, que confiaban en poder ampliar sus tierras de cultivo mediante roturaciones en los términos realengos. Pero, además de la preservación de los pastos, con estas ordenanzas también se trató de garantizar la del arbolado existente en los montes realengos, por lo que por primera vez contemplaron la imposición de restricciones a las cortas indiscriminadas de madera que hasta entonces habían podido practicar todos los vecinos.

Introdujeron, en efecto, un drástico incremento de las multas previstas en el fuero por corta de leña y madera, al que inmediatamente se opusieron los concejos aldeanos de Duruelo, Covaleda, Salduero y Derroñadas, que iniciaron a raíz de la promulgación de dichas ordenanzas un pleito contra el concejo de Soria en la Chancillería de Valladolid. En un memorial presentado en esta instancia por su procurador, Juan Sánchez de Montenegro, vecino de Vinuesa, estos concejos se quejaban en concreto de que las nuevas ordenanzas «les defienden que non corten nin tajen la madera de los dichos montes so grandes calonnas e penas», y, para el caso de que ya la tuviesen labrada y traída a su casa, les imponían «que non puedan usar della libremente nin la puedan sacar del termino de la dicha çibdad, que sy la sacaren que la ayan perdida». La consecuencia de esto era que

 No les dexan en que vivir cosa alguna en que se puedan mantener, aun commo ay entre ellos los dos partes, y más, de los vesinos e moradores de los dichos lugares que no tienen otra arte nin trato ni fazienda de que bevir salvo el labrar de la dicha madera e la sacar a vender por vuestros reynos a las partes e lugares do mejor les estuviere.

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El motivo principal de su desacuerdo radicaba en la drástica subida de las multas, que consideraban injustificada y abusiva, argumentando que lo dispuesto en el fuero no podía ser modificado, a pesar de que ya habían pasado más de dos siglos desde su redacción. Y, en efecto, la subida había sido notable, pues, en primer lugar, se dispuso que por cada pino que se cortase, tanto grande como pequeño, se habían de pagar 7,5 mrs. cuando en el fuero se fijaba esta misma cantidad de multa para todos los árboles –pinos, hayas y robles– que un hombre pudiese cortar con un hacha durante todo un día. Y por otra parte, se fijó una pena de 30 mrs. por cada carga de leña que se cortase y sacase de los «montes nuevos», y de 60 mrs. por cada carretada, cuando la ley del fuero imponía una pena máxima de 7,5 mrs. por todo lo que un hombre cortase con un hacha durante todo un día, tanto si lo sacaba en bestia como si lo sacaba en carreta.

Esto nos demuestra que a fines del siglo XV la cuantía de las penas fijadas en el fuero para el corte de madera y leña ya no tenían efectividad disuasoria, y el aprovechamiento maderero de los montes realengos apenas resultaba oneroso para los vecinos de las aldeas especializados en la explotación maderera con fines comerciales, que, por consiguiente, se empeñaron en mantener el statu quo. Y en defensa de su postura alegaron que no era cierto el argumento ofrecido por el concejo de Soria para justificar la subida de las penas, que sostenía que «a cabsa de cortar por el pie las ayas y los pynos y los robres para faser la dicha madera los dichos montes estaban destruidos e se destruian de cada día», pues, por el contrario, según ellos, se podía fácilmente demostrar que «los dichos montes no están destruidos por las cortas que los dichos mis partes y los otros vesinos comarcanos an fecho».

El conflicto desencadenado a raíz de la promulgación de las ordenanzas de 1497 fue el primer choque importante que se planteó en torno al aprovechamiento maderero de los términos realengos entre las aldeas de la Tierra de Soria dedicadas a la carretería y a la explotación comercial de la madera, por un lado, y el concejo soriano, apoyado por la mayor parte de los sexmos, en los que la población vivía de la labranza en un marco de economía de subsistencia, por otro. Pero en adelante estos enfrentamientos continuaron repitiéndose con relativa frecuencia, pues en el transcurso de los siglos XVI, XVII y XVIII las empresas de carretería de los vecinos de las aldeas pinariegas experimentaron un notable desarrollo, que sin duda incrementó la demanda de madera. Y buena prueba de ello nos la proporcionan las noticias sobre pleitos seguidos en la Chancillería de Valladolid entre concejos como el de Duruelo, que defendió con tenacidad su derecho a poder cortar madera en los montes realengos, y el de Soria, con frecuencia apoyado por la propia Universidad de la Tierra, que en este punto asumió la defensa de los intereses del sector mayoritario del campesinado soriano, dedicado a la labranza.

Pero, a pesar de todo, las cortas incontroladas en los montes realengos continuaron practicándose de forma continuada a lo largo de toda la Edad Moderna, entre otras razones porque las medidas de vigilancia puestas en práctica por el concejo de Soria eran claramente insuficientes. Y esta situación sólo comenzó a alterarse de forma significativa a partir del siglo XIX, como consecuencia de la consolidación del régimen liberal[7].

Fuera de los términos realengos también existieron en la Tierra de Soria importantes masas forestales en los términos privilegiados reservados para el aprovechamiento de los vecinos de una determinada aldea en particular. No fueron muchas las aldeas que disfrutaron de este tipo de términos, pudiéndose destacar entre ellas dos, las de Duruelo y Covaleda, que presentaron la particularidad de que prácticamente todos sus términos fueron privilegiados, es decir, reservados para el usufructo de sus propios vecinos, y que además estaban cubiertos en su mayor parte por masas forestales, sobre todo de coníferas. De este modo los vecinos de estas dos aldeas pinariegas tuvieron a su disposición para proveerse de madera el propio término privilegiado de su respectiva aldea, más los extensos montes realengos de la Tierra de Soria a los que podían acceder en igualdad de condiciones que los vecinos de la ciudad de Soria y de las demás aldeas de su jurisdicción. Y, en efecto, nos consta que así lo hicieron, pues fueron con diferencia las dos aldeas de Tierra de Soria más volcadas hacia una especialización en los aprovechamientos madereros, que garantizaron su medio de vida a la práctica totalidad de sus vecinos.

Dado que el usufructo de estos términos privilegiados estaba reservado a los vecinos de la aldea a la que habían sido asignados, con exclusión de todos los demás, tanto de la Tierra de Soria como de fuera de ella, la regulación de su aprovechamiento forestal adoptó hasta el fin del Antiguo Régimen una serie de rasgos peculiares, que la diferencian notablemente de la aplicada en los términos realengos, donde el derecho de usufructo lo compartían todos los vecinos de la ciudad y Tierra de Soria, y además era el concejo soriano el encargado de garantizar su vigilancia.

ANOCHECER EN PINARES AÑO 97

Ciertamente las fuentes documentales conservadas para fechas anteriores al siglo XVI son tan escasas que apenas permiten conocer en detalle los procedimientos de regulación del aprovechamiento maderero de los términos de Covaleda y Duruelo, o de los montes concejiles de otras aldeas. Cabe presumir que durante los siglos XIV y XV, debido a que la presión ejercida sobre los montes para la corta de madera se mantendría todavía en unos niveles tolerables, porque las actividades económicas que requerían de esta materia prima estaban sólo empezando a ponerse en marcha, no se plantearía todavía de forma apremiante la necesidad de adoptar una política intervencionista en la regulación del aprovechamiento maderero de los términos reservados por privilegio a cada aldea. En los montes realengos ya vimos cómo hubo que esperar a los últimos años del siglo XV para que se iniciase esta política intervencionista. No se puede excluir que en aldeas como Covaleda y Duruelo, en las que la supervivencia de la práctica totalidad del vecindario dependía del aprovechamiento maderero, se comenzase a aplicar una política más rigurosa en el control de las cortas en fechas más tempranas, pero la falta de documentación nos impide afirmarlo con seguridad.

En cualquier caso, atendiendo al contenido de las ordenanzas locales conservadas en Covaleda a partir del siglo XVI, que han sido objeto de pormenorizados análisis por parte de los profesores Enrique Díez Sanz y Emilio Pérez Romero[8], podemos comprobar que en esta aldea se adoptó una política rígidamente proteccionista en la regulación del aprovechamiento forestal de su término, que contrasta vivamente con la que tanto la propia Covaleda como Duruelo, y otras aldeas de su entorno, propiciaban para los términos realengos.

En efecto, estaba rigurosamente prohibido el corte incontrolado de pinos, debiendo por el contrario todos los vecinos interesados en cortar madera distribuirse por «cuadrillas», a cada una de las cuales se asignaba una parte del monte para su «corta», que se debía realizar bajo la directa supervisión de un jurado en cada cuadrilla. Este sistema de las cuadrillas trataba de garantizar que ningún vecino cortase muchos más pinos que los demás, al someterlos a un estricto control, y además contemplaba la imposición de graves penas a los infractores, entre las que figuraba la propia pérdida de la vecindad.

Por lo demás, las ordenanzas de Covaleda ofrecen la peculiaridad de que también contemplaron el hacer partícipes de los provechos madereros del término privilegiado del lugar a los vecinos que no tenían por dedicación económica principal la del corte de madera para su posterior elaboración y venta, como era el caso, por ejemplo, de pastores, ganaderos y carreteros, ya que allí no había ningún agricultor, por no resultar el término apto para el cultivo. En efecto, según nos informa Enrique Díez, todos éstos no entraban a formar parte de las cuadrillas, pero a cambio percibían el dinero obtenido de la venta en pública subasta de cierto número de pinos que cada año entregaban de forma gratuita a este efecto dichas cuadrillas. De este modo no se establecía ninguna discriminación entre los vecinos, sino que todos participaban de los provechos madereros del monte, unos de forma directa y otros de forma indirecta.


[1] Instituto de Historia. CSIC. Madrid

[2] Breves referencias al respecto en Diago Hernando, Máximo (2001), pp. 69-72. Vid. también Ferrer Mallol, Mª. T. (1990), pp. 518 y ss.

[3]Gil Abad, P. (1983). Y Tudela, J. (1963).

[4] Una comarca serrana próxima a la aquí analizada en la que se consolidó un singular modelo de especialización caracterizado por un notable desarrollo de la arriería, la industria textil y la ganadería trashumante, es la de la Tierra de Yanguas. Vid. Diago Hernando, M (2005).

[5]Apenas se ha prestado atención a la identificación y análisis de los bosques de propiedad privada en la España del Antiguo Régimen. Interesa a título comparativo el panorama global que sobre la importancia relativa de bosques de propiedad pública y bosques de propiedad privada en Francia ofrece Garnier, E. (2003).

[6] Entre otros trabajos que abordan esta cuestión cabe destacar Asenjo González, M. (1999). Y Diago Hernando, M. (1993).

[7] Consideraciones al respecto en Pérez Romero, E. (1995).

[8] Vid. Pérez Romero, E. (1995), pp. 129 y ss. Y Díez Sanz, E. (1995), pp. 76-9 y 115-6.

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