EL APROVECHAMIENTO DE LOS MONTES COMO ESPACIOS RECREATIVOS Y TURÍSTICOS

A caído en mis manos un interesante estudio que sobre el aprovechamiento de los montes como espacios recreativos turíticos, escribió Jesús Mª Bachiller Martínez con motivo del Centenario de la Mancomunidad de Soria y los 150 pueblos, el cual, al ser aplicable al 100 % en Covaleda, paso a trascribiros un resumen del mismo.

Hace bastantes años que se escribió este estudio, ya que se basa en estadísticas del año 1998, pero salvo que las nuevas tecnologías y las redes sociales son las que copan ahora la difusión de las diferentes zonas de desarrollo turístico, y que la formación y calidad de los establecimientos de alojamiento rural es mejor que hace 20 años, por lo demás, el estudio realizado sigue estando vigente en la actualidad, o al menos, así lo pienso yo.

El Estudio es el siguiente:

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EL APROVECHAMIENTO DE LOS MONTES COMO ESPACIOS RECREATIVOS Y TURÍSTICOS

Jesús Mª Bachiller Martínez

Al abordar el tema del aprovechamiento de los montes, el turismo es una de las actividades que, pese a las dudas e incertidumbres que plantea, no podía quedar exenta de este debate. Al hablar del turismo, nos estamos refiriendo, sin temor a equívoco, a la actividad más novedosa de cuantas se practican en nuestros montes, aunque el turismo no es un fenómeno desconocido en el mundo rural, y también una de las más sensibles, puesto que involucra de una u otra manera a toda la sociedad en su conjunto. Por otra parte, el turismo es una de las actividades que mayor cantidad de espacio consume, y este espacio es compartido con otros sectores, lo cual plantea la necesidad de una coordinación entre ellos.

Pero cualquier intento de adentrarse en el fenómeno turístico suele plantear de entrada una confusión terminológica, debido en gran medida a la inflación de términos utilizados en la cada vez más numerosa bibliografía sobre el tema. Agroturismo, turismo de aventura, turismo verde, ecoturismo, turismo cultural, turismo deportivo, turismo rural… son algunas de las denominaciones más conocidas. Cada una de estas variantes tiene un contenido diferente, aunque son conceptos muy asociados al de turismo rural, que engloba cualquier actividad turística que se desarrolla en el medio rural.

En la provincia de Soria resulta más difícil deslindar estos términos, puesto que el turista suele practicar varias modalidades, si bien en el caso que nos ocupa podemos hablar con más propiedad de ecoturismo o turismo verde.

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1. El nuevo entorno del turismo en el medio rural.

Aunque el turismo no es un fenómeno desconocido en el mundo rural, en los años 80 se produjo un repunte significativo, debido, sobre todo, a la conjunción de varios factores internos y externos:

a) El proceso de cambio en la actividad agraria. En los años 60, la inserción de la economía española en una economía de mercado desencadenó una crisis agraria, cuya manifestación más visible fue la liberación de mano de obra. En los años 80 y 90, la progresiva internacionalización de la economía ha desatado otro proceso de cambio en la actividad agraria, si bien con una situación en el medio rural muy diferente a la de los años 60: La provincia de Soria sufre, más que ninguna otra provincia española, un proceso implacable de desvitalización demográfica y desarticulación socioterritorial, que ha desembocado en un grave desequilibrio entre la población y el territorio.

En el transcurso de los años 80 se empieza a conformar un nuevo entorno para los espacios rurales, después de décadas de marginación y falta de interés por parte de las administraciones públicas. Este nuevo entorno viene impulsado en gran medida por nuestra incorporación a la actual Unión Europea, donde existía una especial preocupación por el desarrollo rural, por la búsqueda de alternativas a una situación de desvitalización económica y falta de perspectivas de muchos espacios comunitarios. De esta sensibilización arranca el amplio programa de ayudas a la actividad agraria y los intentos de diversificación de la economía, introduciendo o impulsando actividades como el turismo, la industria o la artesanía.

b) Los cambios en las actitudes de la demanda respecto a la utilización de las vacaciones y el tiempo de ocio. En nuestro país, el turismo rural ha estado muy condicionado por el desarrollo del modelo turístico dominante, basado en la explotación de los recursos de sol y playa. En los años 80, si bien no se puede hablar de un declive de esta modalidad de turismo, como han señalado algunos autores, sí se observan cambios significativos en el comportamiento de la demanda, que han afectado de manera singular a los espacios rurales. El turismo es una componente cada vez más importante de la calidad de vida de las sociedades urbanas. Ello ha motivado la búsqueda de nuevos valores, de nuevos ambientes alternativos al modelo tradicional de sol y playa. Por otra parte, el aumento del nivel de vida, el desarrollo de las comunicaciones ha posibilitado una multiplicación del número de salidas y una considerable ampliación del radio de desplazamiento de las mismas, sobre todo en los fines de semana.

Todo ello ha contribuido a aumentar la presencia de turistas en el medio rural.

c) Otro aspecto que nos parece trascendente en este nuevo entorno es la reorganización territorial e institucional que se ha producido en nuestro país con la instauración del sistema democrático. El desarrollo de la España de las autonomías y el creciente traspaso de competencias desde la administración central, así como la puesta en marcha de los ayuntamientos democráticos se ha traducido en una mayor preocupación por el aprovechamiento de los recursos propios y un interés creciente por apropiarse de una parte de los recursos que genera la actividad turística.

d) La posibilidad de encontrar empleos alternativos, relacionados con el ocio y el medio ambiente: La preocupación de la sociedad por las elevadas tasas de paro ha llevado a las instituciones públicas a buscar nuevos yacimientos de empleo, entre los que se encuentran los sectores relacionados con el ocio y el medio ambiente. Sus posibilidades de aprovechamiento están también muy unidas a la revalorización de los espacios rurales como áreas recreativas y a la política de las distintas administraciones en favor de la conservación del medio ambiente.

Al amparo de este entorno tan favorable, se ha asistido a un repunte de la actividad turística en el medio rural y al despliegue de una infinidad de iniciativas, públicas y privadas, que intentan satisfacer las nuevas demandas de esparcimiento y conseguir una mayor apropiación de los recursos que genera el negocio turístico.

Este nuevo entorno provocó en los años 80 no pocas reacciones de euforia, al pensar que el turismo podía ser una alternativa económica a la base productiva existente en el medio rural. Sin embargo, no podemos olvidar que el turismo es una actividad tremendamente selectiva desde el punto de vista espacial y que no todos los espacios ejercen la misma capacidad de atracción. Así, tras unos comienzos de exacerbado optimismo, en la actualidad hay una convergencia de opiniones que consideran al turismo como una opción más de desarrollo de los espacios rurales y no como una alternativa a la base económica existente.

Parece claro, por otra parte, que el turismo en los espacios rurales no puede ser un monocultivo, como lo es en determinadas zonas costeras, sino que debe convivir con otras actividades, que en algunos casos vienen desarrollándose desde hace siglos. En la medida que los espacios de destino turístico tienen una doble condición de espacio productivo y espacio producto o de consumo, el turismo se convierte en una actividad conflictiva en las zonas de nueva implantación. Todo ello plantea a nuestro juicio dos retos importantes:

1) La necesidad de afrontar una reorganización del espacio, una nueva configuración del territorio, que compatibilice las nuevas demandas de ocio con la pervivencia de otras actividades tradicionales.

2) No sólo se trata de introducir elementos para la satisfacción de las necesidades del consumidor turístico y de ocio, sino que se hace imprescindible que el turismo, con toda su funcionalidad sobre el territorio, aparezca como una actividad caracterizada por una correcta gestión ambiental, patrimonial y urbana, una gestión regida por el principio de sostenibilidad.

Estos dos aspectos adquieren especial significado en la modalidad de ecoturismo o turismo verde, donde la gestión del territorio aparece más comprometida. En este sentido, suele hablarse de capacidad de carga como un concepto que tiene como objetivo tratar de saber cuando comienza la congestión y los estrangulamientos en el desarrollo turístico. La Organización Mundial de Turismo define la capacidad de carga como “número máximo de personas que pueden visitar al tiempo un lugar turístico sin dañar el medio físico, económico o sociocultural y sin reducir de manera inaceptable la calidad de la experiencia de los visitantes”.

Se utilizan distintos indicadores para medir el grado de saturación de un espacio. Los más conocidos son los que relacionan el número de turistas por unidad de tiempo, el número de turistas por hectárea o la proporción de turistas con respecto a la población local.

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2. El incipiente desarrollo de la actividad turística en la provincia de Soria

La provincia de Soria no ha permanecido ajena a este nuevo entorno, como lo prueba la evolución que ha experimentado la afluencia turística en los últimos 15 años. Efectivamente, desde mediados de los ochenta la actividad turística de la provincia ha iniciado cambios muy significativos, hasta el punto que puede afirmarse que se ha pasado de una etapa casi inédita a otra en la que el turismo empieza a considerarse una profesión con unos planteamientos económicos.

No podemos decir que Soria esté dentro de las grandes corrientes turísticas nacionales e internacionales, pero sí ha habido una apropiación cada vez mayor de los viajes secundarios

y de las salidas de fin de semana, como lo prueba la evolución de la afluencia a distintos centros de la provincia. Algunos de los principales monumentos, como Numancia, Tiermes o San Baudelio registran crecimientos importantes del número de visitantes desde mediados de los 80. Lo mismo ocurre con la demanda de espacios “naturales“, fielmente representada con la afluencia al área hidrorecreativa de Playa Pita y al paraje de la Laguna Negra, aunque en este caso los datos correspondan a una serie menor y relativa a los meses estivales. Cabe destacar, precisamente, el volumen de visitantes que registran algunos de estos espacios de alto valor paisajístico y científico, como es el caso de la laguna Negra, donde la afluencia en los tres meses de verano ascendió a más de 70.000 personas en 1998.

El crecimiento del flujo turístico se ha traducido en un aumento paralelo del número de plazas de alojamiento. En la última década esta tendencia se ha acelerado, pero se observa una manifiesta dualidad entre la evolución de la capital y la del resto de la provincia. Mientras en la capital la oferta ha descendido con respecto a la existente en 1990, en el resto de la provincia se ha incrementado un 75%, lo cual muestra la tendencia positiva del turismo rural, con un liderazgo claro de las comarcas de Pinares y El Burgo de Osma. El descenso de plazas hoteleras en Soria capital adquiere caracteres graves si tenemos en cuenta que el volumen de la oferta dista mucho de cubrir las necesidades de la demanda.

Aparte del crecimiento cuantitativo, la oferta hotelera ha mejorado en calidad, siendo precisamente el medio rural donde más se ha impulsado esta mejora. En el resto de la provincia la oferta total triplica la existente en la capital (2.510 de las 3.377 plazas censadas en 1998) y casi duplica el volumen de la oferta en hoteles. Sobresale también el repunte de los alojamientos rurales y, especialmente, el de las plazas en campamentos de turismo. 

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3. El turismo en los montes de la mancomunidad.

Si el turismo rural suele ser discriminatorio desde el punto de vista espacial, el turismo que demanda los espacios verdes es especialmente selectivo. Aunque en teoría cualquier espacio puede resultar interesante, y esto varía en función de las preferencias de la demanda, no es menos cierto que todos los lugares no ejercen el mismo grado de atracción.

Generalmente las áreas de montaña, en particular los paisajes de alta montaña, y los parajes que destacan por su espectacularidad son los que despiertan mayor atención entre los demandantes de turismo verde.

Esto ocurre, por ejemplo, en el vasto patrimonio comunitario de la mancomunidad de Soria y los 150 pueblos, donde existen espacios y parajes de alta calidad paisajística y recreativa, que son, precisamente, los que han concentrado la demanda turística. Los montes situados en la comarca de Pinares y, en particular, el paraje de la Laguna Negra y el área hidrorecreativa del embalse de la Cuerda del Pozo constituyen sin duda los lugares más emblemáticos. Podría hablarse incluso de una clara saturación en determinadas fechas de la época estival, cuando coincide el turismo vacacional con el del fin de semana.

Sin embargo, aunque el volumen de la demanda es significativo y, a juzgar por la tendencia registrada en los últimos años, el poder de atracción creciente, el turismo en estos espacios y, sobre todo, en el paraje de la Laguna Negra, tiene algunos puntos débiles sobre los que sería necesario incidir: El primero es la elevada proporción de excursionistas (personas cuya estancia es inferior a un día) sobre el de turistas, y el segundo la falta de un nivel de servicios adecuado al número de visitantes y a las posibilidades que ofrece el entorno.

Los datos de una encuesta desarrollada por el Patronato Provincial de Turismo en el verano de 1998 en el paraje de la Laguna Negra resulta bastante reveladora. El turismo receptivo tiene una procedencia diversificada o, por lo menos, más variada que la que ofrece el turismo cultural que se practica en otras comarcas de la provincia, de la que se ha tomado como ejemplo la afluencia al yacimiento de Tiermes. Casi la mitad de los turistas proceden de Madrid o de provincias limítrofes, pero es mayor comparativamente la proporción de los que se desplazan desde el País Vasco, Cataluña y otras regiones distantes. El perfil del turista está bastante bien definido desde el punto de vista de la edad y de la estancia. Casi dos terceras partes son personas jóvenes o adultas-jóvenes entre 26 y 45 años, cuya estancia media es inferior a las 3 noches. Además, el turismo de la provincia de Soria tiene un elevado componente de retorno vacacional de emigrantes, que explica el elevado porcentaje de personas que ocupan plazas no comerciales, tal como se observa en el apartado de “otros

alojamientos” en la estancia de los encuestados. Este movimiento, relevante en una provincia netamente emigradora, presenta, sin embargo, un horizonte incierto puesto que las preferencias de la segunda generación no son tan claras como las de la primera, que siempre ha estado más vinculada con sus lugares de origen. Este es sin duda un tema de reflexión serio para el futuro.

Como vemos, el turismo madrileño y el procedente de las provincias limítrofes sigue manteniendo un peso importante y juega un papel esencial en el desarrollo turístico soriano, pero, por el contrario, contribuye a que la estancia media descienda y los desplazamientos se conviertan en incursiones de uno o a lo sumo dos días. Superar este hecho constituye uno de los retos más ambiciosos que deben plantearse los sectores implicados en el turismo rural, ya que supone en gran parte apropiarse de un porcentaje mayor del viaje principal o secundario de los españoles y conseguir que la estancia de fin de semana sea completa. Para ello consideramos necesario diversificar la oferta, multiplicar las actividades, o ampliar, si es preciso, el ámbito espacial mediante folletos o publicaciones que oferten de forma conjunta distintas rutas y actividades, para ofrecer un número de posibilidades mayor dentro del mismo viaje.

Por otra parte, difícilmente se puede hablar de desarrollo turístico si no se mejora la organización de la oferta. Las quejas recogidas en las encuestas muestran algunas carencias importantes, tal como la señalización, la falta de mapas y planos de detalle, la falta de información, de folletos turísticos más concretos, la insuficiencia de los servicios de restauración, aseos públicos o, dado el volumen de la afluencia, de unos mínimos servicios sanitarios. Estas críticas no alteran, sin embargo, el alto grado de satisfacción mostrado por los encuestados, que en un 86% repetirían en viaje en otra época del año. Estas deficiencias plantean algunos problemas de gestión que, en una actividad de carácter intersectorial como es el turismo, reclaman una especial coordinación entre las administraciones implicadas. Todo ello sin menoscabo de la acción pública en pro de una ordenación del sector que sea respetuosa con el medio y compatible con los intereses de otras actividades.

Aunque la tendencia de los últimos lustros haya favorecido el desarrollo del turismo en los espacios rurales, y las entidades públicas y privadas hayan puesto en marcha iniciativas para promover esta actividad, no se puede decir, sin embargo, que el turismo constituya un sector importante en la economía soriana; no obstante, mantiene todavía un cierto potencial de crecimiento y puede constituir una actividad que genere más recursos para el medio rural si se hace una apuesta decidida, con una política activa y mayores dotaciones presupuestarias; si sabemos crear un producto diferenciado, con identidad propia; si logramos una buena gestión de los recursos y si este producto somos capaces de venderlo, para lo cual se cuenta con grandes ventajas comparativas dada la proximidad de importantes aglomeraciones urbanas, que constituyen mercados potenciales. 

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