EL INCENDIO DE COVALEDA EN LA PRENSA – VARIAS FECHAS

La prensa – diario republicano – 1923 Septiembre 21

 UNA SUSCRIPCIÓN

Algunas personalidades del pueblo de Covaleda, provincia de Soria, se han dirigido al gobernador civil de Canarias, rogándole haga público que en dicha localidad se ha abierto una suscripción con objeto de allegar recursos con que remediar la angustiosa situación en que ah quedado 100 familias, a consecuencia del horroroso incendio acaecido el día 6 de actual.

Los donativos pueden enviarse al alcalde de dicho pueblo.

pcovaleda años 30

CABECERA LA VOZ

LA VOZ (Madrid) (22 de septiembre de 1923) – pag. 2

 Para el Directorio Militar

En favor del pueblo de CovaIeda, arrasado por un incendio

En los últimos días del antiguo régimen político ocurrió una catástrofe en el pueblo de Covaleda (Soria). De menos de doscientas casas con que cuenta el pueblo, noventa y seis fueron destruidas por las llamas, y, desde entonces, existen otras tantas familias en aquel pueblo que no tienen hogar, y han de hacer vida en las calles y en el monte, salvo el alivio que proporcione la caridad del resto del vecindario. Familias completas duermen a la intemperie, a las puertas de la iglesia o buscando natural refugio en otros lugares.

Con el Gobierno a que puso fin la actual situación militar se habían hecho gestiones, que fueron bien acogidas, para que se acudiese inmediatamente en socorro de aquellas víctimas del siniestro con alguna cantidad de importancia que permitiese, de momento, atenuar la dolorosa situación de todos los damnificados. Se tropezaba para hacer efectivo el auxilio con la dificultad siempre presente en el régimen político para atender las verdaderas necesidades. No obstante, el jefe del Gobierno había ofrecido dedicarse a vencer los obstáculos, para que los desgraciados vecinos de Covaleda tuviesen la protección del Estado y encontrasen rápido alivio. Pero cayó aquel Gobierno, y quedó en suspenso toda determinación a favor de las víctimas del horroroso incendio de Covaleda.

Ahora acudimos a la situación militar en favor de aquellas víctimas. Esta situación, que enarbola la bandera de la justicia, se hará cargo de la que asiste al pueblo de Covaleda para ser socorrido por el Estado y además no encontrará las dificultades de trámite que hallaba el Gobierno caído, aunque no fueran las mismas las que se presentaban cuando se trataba del interés do algún político. Por consecuencia, reproducimos al Directorio la demanda que hicimos al Gobierno caído, con la esperanza de que una acción sumaria responderá a nuestra petición y al espíritu del nuevo régimen establecido en la gobernación del país.

El pueblo de Covaleda solicita un socorro de un centenar de miles de pesetas, con la garantía del monte pinar, de la propiedad del Municipio, para la reconstrucción del pueblo destruido por el incendio.

CABECERA EL SIGLO FUTURO

EL SIGLO FUTURO (miércoles 26 de septiembre de 1923) pag. 3

 DE SORIA

SOBRE EL INCENDIO DE COVALEDA

Con el natural sentimiento que en el corazón de padre causa la horrible desgracia de sus hijos, me dirijo hoy a los lectores de EL SIGLO FUTURO en demanda de un pronto socorro para los damnificados.

La horrible catástrofe producida por un voraz incendio que ha pocos días destruyó medio pueblo de Covaleda (Soria), parece ser que ha pasado inadvertida para la mayoría de los españoles, tal vez por la magnitud de la catástrofe japonesa; al menos ha quedado relegada al más completo olvido como si se tratase de una cosa baladí, y el momentáneo comentario de los afortunados bastara para enjugar las lágrimas de los desgraciados.

Pero no, desgraciadamente se trata de una de las más horribles desgracias que pueden ocurrir en un pueblo y en una nación y que no se remedia sino con oraciones y limosnas; por eso no deben echarla en olvido ni los Poderes Públicos ni las personas caritativas que deban acudir en su pronto y eficaz auxilio.

A las ocho de la mañana del 6 de los corrientes, voces espantosas de “fuego, fuego”, hacen temblar de terror y ponen en movimiento a los habitantes de este pueblo en dirección a la casa que estaba ardiendo.

Desde un principio el fuego fue tomando tal incremento que rápidamente se extendió por las cinco casas que componían la manzana, por el fuerte viento que soplaba.

Desde aquí, sin que nadie se pudiera dar cuenta, con la velocidad del rayo saltan las llamas a otras casas que distan 300 y más metros, se extienden a derecha e izquierda y queda ardiendo medio pueblo sin que hubiera poder humano que lo pudiera evitar.

Es decir, en menos de dos horas se queman 94 casas con todos sus enseres y utensilios sin que se pudiera salvar nada o poco de cuanto contenían, por la rapidez con que se propagó el fuego, quedando sin hogar y en la más completa miseria más de cien familias.

Lo que sucedería en aquellos críticos momentos, el lector se lo puede imaginar. Allí ya no había más que pánico y confusión, ni se oían más que voces y gritos lastimosos de compasión y auxilio.

El correr de los hombres de una parte a otra a prestar auxilio al pariente o al amigo; el gritar despiadado de la madre que busca al niño que falta y teme que esté ardiendo entre las llamas; el llorar de los niños, sin consuelo, al ver que se quedan sin hogar donde recibían el tierno ósculo de una madre cariñosa y sin la prenda de vestir el día festivo; esto es lo que se veía y oía en aquellos momentos angustiosos.

¡Pobre pueblo de Covaleda! Que día tan triste le amaneció el 6 de septiembre de 1923, ¡Que espectáculo tan desgarrador presentas para los que antes te conocíamos y amábamos!.

Antes eras rico, ahora pobre; antes eras uno de los más hermosos en pinares, ahora feo, horroroso, un montón de escombros que causan espanto y compasión a tus visitantes por la magnitud de tus negra ruinas.

Después de la catástrofe, las cien familias víctimas de la desgracia se han cobijado en las restantes casas que el fuego implacable respetó, viviendo apiñados dos y tres vecinos en cada una, y por mucha que sea la limpieza y mucho el cuidado que se tenga con relación a la higiene, no deja de ser peligroso, pues la aglomeración de personal en una casa y la escasa ventilación de algunas viviendas puede ser causa de que se desarrolle alguna enfermedad que origine otra segunda catástrofe, la que sería más de lamentar que la primera, aparte de otros inconvenientes que puede llevar consigo la habitación de dos y tres familias en una misma casa.

Urge, por tanto, reconstruir las 94 casas destruidas antes de que sobrevenga otra segunda catástrofe o tengan que emigrar más de cien familias.

Urge socorrer con oraciones y limosnas a estas cien familias que se han quedado sin hogar.

Es de todo punto indispensable que los Poderes públicos tomen este asunto por su cuenta, concediendo una subvención para reedificar las casas como se hizo con Huerta del Rey (Burgos) en caso semejante, pues el invierno se acerca, las nieves empiezan a coronar las altas cumbres del Urbión, el cierzo inclemente de la sierra soplará pronto y helará las carnes, faltas de ropa y albergue.

También vosotras, almas caritativas, toca de modo especial el auxiliar con oraciones y limosnas a estos infortunados vecinos de Covaleda. Vosotros que como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia Santa, unidos con el vinculo de la caridad, no podéis permanecer insensibles ante el infortunio del hermano que cae exánime, y sufrís con el que sufre, y lloráis con el que llora, tended vuestra mano generosa a las noventa y cuatro familias de este pueblo que han caído víctimas del más horroroso incendio. Orad por ellas para que Dios misericordioso se apiade de su triste situación.

Dadles una limosna, por Dios, para que tengan ropa con que abrigarse y casa donde cobijarse, la que podéis depositar en el Banco de España, en Soria.

Os lo suplica por Dios, en nombre de los damnificados,

El Párroco, Francisco G. Ruperer.

CABECERA EL AVISADOR NUMANTINO

El avisador numantino – 1923 octubre 20 – pag. 2

 POR COVALEDA.-

No hay para que mencionar ni comentar la horrible catástrofe ocurrida en este pueblo por el voraz incendio del día 6 de Septiembre último, porque de todos es sabido y por muchos visto de cerca, quedando horrorizados ante su magnitud y ante el aspecto que presentan las negras ruinas y calcinados escombros de más de 100 edificios.

Al tomar hoy la pluma, no intento otra cosa que exponer a la consideración de todos, los medios de que se podría valer la provincia de Soria, ya que no toda la nación, para ayudar al pueblo de Covaleda a remediar tanta desgracia, sirviéndome de norma los medios empleados por la de Burgos en el caso igual de Huerta del Rey.

Tengo a la vista un ejemplar de Tragedia de Huerta de Rey, escrita por D. Adolfo Moreno, en la que describe con todo detalle los acontecimientos desde la destrucción hasta la reconstrucción de dicho pueblo. Según éste dice, al pensar en ver de poner los medios para adquirir recursos con que reconstruir el pueblo, se formó una Junta de Socorros en la localidad, compuesta de todas las autoridades y tres vecinos más, la que se encargó de la correspondencia pertinente al caso, y de recoger y distribuir los donativos.

Esta Junta acudió en demanda de auxilio al Sr. Gobernador civil de la Provincia y al Sr. Presidente de la Diputación, quienes tomaron el asunto con grande empeño e interés, abriendo una suscripción, con carácter nacional encabezada por la Excma. Diputación con 10.000 pesetas. Esto mismo se hizo en la Secretaría de Cámara del Obispado de Osma, en todos los centros de recreo y enseñanza y en todas la redacciones de periódicos de Burgos.

En la capital de la provincia se constituyó una Junta magna, compuesta de todas las autoridades, entidades y elementos de mayor relieve, como presidentes de Diputación, Audiencia y Ayuntamiento, Senadores, Diputados a Cortes y Provinciales, Directores de Bancos, Normales, Escuelas y Periódicos; Presidentes de círculos, teatros, y etc, etc, hasta 70 o más vocales. De esta Junta se formaron tres Comisiones: Una de recaudación y distribución de socorros; otra de propaganda y otra de espectáculos. Con tan valiosa ayuda y cooperación no pudo menos de tomar grande incremento la suscripción, en la que tomaron parte desde la egregia y soberana Reina hasta los niños de las escuelas, quienes organizando veladas teatrales, bajo la dirección de sus maestros, contribuyeron con su óbolo a socorrer a sus hermanitos.

Algo de esto se ha hecho y se están haciendo en el presente caso de Covaleda; pero todo puede hacerse y se hará sin duda alguna, porque si los burgaleses tienen su corazoncito y mucho amor a la Patria chica, también los sorianos tienen el suyo y no consentirán que un pueblo hermano suyo, que ha caído víctima de la desgracia, quede desamparado en medio de su infortunio, dando lugar a que tengan que emigrar sus habitantes. Por esta razón, estoy seguro de que todas las fuerzas vivas de la Capital y su provincia tomarán el asunto con verdadero empeño e interés, emprendiendo una fuerte y activa campaña a favor de los damnificados de Covaleda.

Bueno será advertir que Covaleda no es el que era. Covaleda reacciona en todos los órdenes y en todos los sentidos; reconoce sus yerros y desaciertos que han perturbado su paz y le han llevado a la ruina. Covaleda quiere y busca la paz con Dios y con los hombres y a ello dirige sus pasos, rompiendo los compromisos que neciamente hizo en el fragor de la lucha, sin pensar ni reflexionar en las funestas consecuencias que le pudieran acarrear, aunque para desligarse de dichos compromisos tenga que imponerse un nuevo sacrificio.

Covaleda es digna de mejor suerte y de la conmiseración de todos; por que después de haber sufrido una sangría suelta por tantos dispendios inútiles y superfluos que le han empobrecido, de lo que no es responsable el pueblo, sino sus directores y consejeros, le ha venido esta desgracia del incendio que le ha llevado a la miseria, dejando a más de cien familias sin hogar, sin ropa y sin pan.

Como no ha faltado quien ha hecho sus apasionados comentarios acerca de la actuación de la Junta, censurándola por no haber obrado con equidad hasta la fecha, no estará demás advertir que la Junta de Socorros, de un préstamos que bajo su exclusiva responsabilidad ha sacado de la Caja de Ahorros de Soria, ha hecho un pequeño anticipo de 25 o 50 pesetas a los siniestrados que de momento consideró más necesitados, el que les será descontado al hacer la distribución general, para reintegrárselo a la referida Caja. Este es el hecho de la verdad, en lo cual podrá haber habido alguna equivocación en el modo de apreciar las necesidades; pero no miras particulares y en modo alguno injusticias, como se han pregonado a bombo y platillos. ¡Que le hemos de hacer! Difícil será dar gusto a todos en casos como este, en que tan difícil es apreciar las necesidades de cada uno; pero al menos se obrará sin pasión y con la equidad posible.

Adelante, pues, sorianos, a salvar a Covaleda de la triste situación en que se encuentra.

Hoy por unos y mañana por otros, porque nadie está libre de la desgracia que aflige hoy a este pueblo, y el que no use de misericordia con los necesitados, que no espere misericordia, porque con la misma medida con que midiéreis, sereis medidos.

EL CORRESPONSAL

Covaleda y Octubre de 1923.

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