LAS REPOBLACIONES, TALAS E INCENDIOS Y EXPLOTACIÓN DE LOS PINARES A TRAVÉS DE LA HISTORIA

REVISTA DE SORIA, Nº 16 (Primera Época) – 1971

LAS REPOBLACIONES, TALAS E INCENDIOS Y EXPLOTACIÓN DE LOS PINARES A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Por Valeriano ALCALDE HERAS

3219904618_53b539d21a_b ¿PORQUE el hombre incendia los Pinares?

Si seguimos una cronología y remontándonos al siglo XIII, vemos que en aquella época ya había disposiciones que prohibían el quemar los montes. Así, en el Fuero de Soria (1256) se leía: “El vezino de Soria que fuere fallado destrozando árbol cualquiera, ó quemándolo, o desarraigándolo peche cinco mancales”.

Posteriormente en los comienzos del siglo XVI (1518) encontramos una Real Provisión (1) dada por la Reina doña Juana y su hijo don Carlos por la que creaban normas para plantar, repoblar y vigilar los montes y pinares.

La perpetuidad de los montes, fue dudosa durante el reinado de los Reyes Católicos, puesto que éstos, para proteger a la Mesta ordenaron quemar sin restricción cualquier bosque para obtener pastos de sus terrenos, y en invierno (a falta de pastos) arrancar las ramas para que el ganado ramenease.

Con Felipe III se agudiza mucho más el problema, al autorizar este monarca (debido a los pingües beneficios que recibían de la Mesta) “despoblaciones forestales y privilegios para cortar ramas para follaje.”

El despertar agrario de este letargo, se produce con la decadencia d e la Mesta (1784) al hacerse una memoria de los daños que esta institución ocasionó a la agricultura.

Los miembros de la Mesta eran los que quemaban los bosques, así, vemos como en el Ayuntamiento de Soria hay unas Actas y Acuerdos (números 1.537 y 1.558) en las que se hace referencia a estos incendios.

A comienzos del siglo actual, los montes de Soria (al menos los de la Mancomunidad) estaban en un estado deplorable (2) debido a la falta de vigilancia regular, y así, no era extraño ver como los habitantes de pueblos limítrofes se proveían de madera en estos montes e incluso causaban intencionadamente incendios para obtener pastos o posteriormente, para obstaculizar la labor de ordenación al Distrito Forestal que tuvo que imponer severas medidas para evitar estos abusos.

Debido a la cantidad de incendios, la riqueza forestal a comience del siglo había quedado reducida a la mitad en los pueblos de la Mancomunidad, afirma González de Gregorio en su libro: “Los Pinares de Soria y los incendios.”

pablo romero tirando un pino 1930 EXPLOTACION, TALAS Y REPOBLACION

En la segunda mitad del siglo pasado, casi todos los montes comunales, fueron sometidos a la administración del Distrito Forestal y declarada de utilidad pública.

Según este organismo y conjugando la tradición con las nuevas experiencias, el año forestal da comienzo en octubre, tras los señalamientos de pinos verdes que podrán ser talados durante el invierno del año forestal siguiente.

Los pinos secos no suele señalarse y se cortan a finales de primavera, donándose generalmente como concesión “extraordinaria” de la que ya hablaremos.

El sistema para señalar los pinos verdes es muy simple, se descorteza algo del árbol y con un martillo del Distrito se marca, posteriormente se calcula el volumen de madera y leña que posee y se toma nota de este señalamiento.

En el campo que pudiéramos llamar de la explotación, el método más aplicado y conocido es el de la entresaca, sistema antiguo y pionero que aún se sigue aplicando en ciertos bosques.

El que este sistema se haya ido desechando poco a poco, ha sido por no ser coetáneo, es decir porque se tropieza con el inconveniente de que aparecen mezclados árboles de edades muy diversas.

Así, tenemos, que a la hora de efectuar las cortas se escogían los mejores pinos verdes, máxime si se trataba de ejemplares que había que elegir para “suertes”, es decir para ser repartidos entre les vecinos, y donde ponían por condición (al menos en ciertos lugares) que el diámetro de los pinos para “suerte” fuese superior a 40 centímetros por ejemplo.

Si equiparamos las condiciones exigidas para la corta de estos pinos de “suerte” con el sistema de cortas propiamente dicho, lógicamente habría que hablar de una entresaca negativa a todas luces.

Así, en las Ordenanzas de Talveila se lee: “Las cortas por entresaca se hicieron con un criterio económico local, cortándose lo mejor y lo de más fácil saca, dejando en el monte los árboles secos, huecos, etc.” Lo que viene a corroborar en cierto modo nuestro criterio, de que existía una normativa totalmente contraria a cualquier regla servícola.

Al aplicar este sistema de explotación, se tiene en cuenta que como las cortas se extienden por una gran superficie, lo conveniente es que el monte quede cerrado al ganado para facilitar así la labor de repoblación natural.

La verdad es, que existía una auténtica mezcolanza de clases y edades en lo que a pinos verdes se refiere, y solamente se veía una cierta uniformidad en aquellos montes por los que habían pasado los incendios y que habían hecho en cierto modo a su paso una ordenación natural.

Otra causa que venía a confirmar el mal estado de los montes, era el desconocimiento de los pueblos sobre la cantidad de madera que debían de talar anualmente. Así, y como ellos no habían hecho nunca un inventario de la masa y las cortas las realizaban llevados por la tradición, no era extraño ver el estado en que se encontraban estos pinares.

Las concesiones, a las que ya antes hicimos referencia, eran y aún siguen siendo: Ordinarias. Conocidos con este nombre aquellos lotes de pinos verdes que el Distrito asigna a los vecinos. Y extraordinarias, cuando el reparto es de pinos enfermos, huecos, etc. y que generalmente es de un volumen inferior.

Ya hemos dicho que el método de “entresaca” como sistema de explotación decae de una forma paulatina, y es a partir de 1950 cuando el Distrito Forestal inicia en los montes puestos bajo su administración ; una explotación que pudiéramos Llamar planificada: deslindes, amojonamientos, ordenación de la masa (mediante la división del monte en parcelas o rodales), cortafuegos, vigilancias etcétera, recibiendo por parte de los Municipios de pinares para estas obras o mejoras el 10 por 100 del valor de todos los aprovechamientos.

La explotación de madera es el objetivo principal de la explotación de los montes, hay una cierta minoría (Aranzo por ejemplo que da cierto margen a la resinación, pero que en ningún caso supera el verdadero sentido del aprovechamiento maderable.)

De la especie del pino depende también ese turno de transformación del monte; así, los pinares poblados por negral tienen un período de transformación que oscila entre los 75 y los 80 años. Mientras que los poblados por albar y negral conjuntamente (montes mixtos) oscilan entre los 100 y los 110 años. Y finalmente los montes de pino exclusivamente albar, Covaleda, Duruelo, etc.), cuyo período es bastante más amplio y puede llegar hasta 150 años.

Hemos apuntado una serie de causas por las cuales la “entresaca” como sistema de explotación forestal ha decaído, pero ¿cómo es el método de explotación que actualmente se aplica?

Con el actual sistema llamado de “aclareos sucesivos”, pudiéramos decir que se consigue una explotación y una ordenación mucho más minuciosa de los montes, al dividir los turnos en períodos, estos en semi-períodos, y si el monte es grande en cuarteles, efectuándose en cada cuartel una ordenación independiente.

La sistemática en la repoblación es mucho más efectiva al elegir los mejores pinos no para su tala, sino para su repoblación (pinos padres) mientras el resto se van eliminando, y así, entre la roturación de la tierra producida por el arrastre y los claros producidos para que los árboles padres extiendan sus copas y aumenten su producción, se consigue una repoblación y una ordenación francamente buena.

foto 17 ANTIGUO “MODUS VIVENDI” DE LOS PUEBLOS DE PINARES

… Y estar los hombres mucha parte del año en el tráfico de las carreteras … LOPERRAEZ —Tomo II del Obispado de Osma

El medio de vida de la región Pinariega era hace más de dos siglos el comercio de transportes.

Tradición, que con los modernos medios actuales aún se conserva muy arraigada entre los hombres de Duruelo, Quintanar y Regumiel.

Había entonces dos modalidades. Una, era la carretería, es decir el transporte a través de la península mediante carretas tiradas por yuntas de bueyes ; y otra, la arriería para el transporte a distancias más reducidas y a la que se dedicaban la mayor parte de la población masculina de estos pueblos de transición entre la ribera del Duero y el Sistema Ibérico.

La carretería, tiene interés por su enlace con la industria pastoril sobre todo en aquellos transportes de lana y sal a cambio de los cuales aprovechaban mediante su derecho de “suelta” o “desyunta” para que sus bueyes pastasen en las márgenes y prados de cualquier camino.

Esta actividad llegó a organizarse e integrarse en la llamada Real Cabaña (3) de Carreteros del Reino, y que siempre gozó de privilegios especiales.

Así, en 1750 por ejemplo, a los carreteros se les concedió la gracia que ya tenían los hermanos de la Mesta de aprovechar los pastos comunales (4).

Posteriormente Carlos III (1759-88) confirmó varias veces este privilegio, alentando a la organización de transportes en detrimento de la Mesta, y de esta forma la carretería monopoliza en cierto modo el comercio doméstico en toda Castilla.

Con anterioridad a estos privilegios, los Reyes Católicos al fundar en 1497 esta organización, les conceden prerrogativas considerables tales como: derecho de pastoreo, utilización de leña de cualquier monte, exentos del servicio militar en tiempo de guerra en razón de la función que desempeñan, etc.

Los lugares donde se construían estas carretas eran entre otros Rabanera y Palacios y cada familia poseía una o a lo sumo dos de las llamadas de “puerto a puerto” (5).

En la forma de desarrollar esta clase de transporte, se da uno de los primeros casos de capitalismo, vean: Existía el vecino capitalista que tenía una labor algo así como la de armador de la flota o en este caso cuadrillas (que generalmente era de 25 a 30 carretas) y que era el que exponía su dinero para todos los gastos que se produjesen a lo largo del viaje, para lo cual, y al frente de estas flotas de carretas, iban un mayoral, un operador, y otros miembros hasta un número de seis, que eran los encargados de la administración, cuidado y gobierno, así como de rendir cuentas al regreso a este armador que percibía una comisión sobre las ganancias de las ventas habidas en el viaje.

Esta clase de comercio, tuvo cierto auge durante la guerra civil, cuando los vecinos transportaban la madera a comarcas deficitarias: Tierra de Campos, Valladolid, Zamora, etc. (6), a cambio de trigo y cereales en general de manifiesta escasez por estas tierras de pinares.

De labios de un viejo que había vivido estas experiencias, pude deducir que se circulaba por la noche, y por los pueblos donde ni siquiera había Guardia Civil, con el fin de cargar bien repletas las carretas —aunque a tientas eso sí— y al final del camino encontrarte con un montón considerable de billetes.

Después de la guerra la perspectiva económica y social dio un cambio muy favorable. La madera subió en un casi 400 por 100 según cálculos realizados por el Distrito Forestal de Burgos (1936-1956). Cambiándose la explotación forestal de mayor importancia actual por la carretería y arriería como medio principal de vida en estas comarcas.

La decadencia de la carretería y profesiones accesorias tales como la construcción de gamellas en Covaleda o de sillas y taburetes en Canicosa, viene ligada a la de la ganadería lanar. Y si a mediados del siglo XVIII ambas actividades constituían el “modus vivendi ” de los pueblos de pinares; en la segunda mitad del siglo pasado sobreviene una decadencia debida al subsecuente encarecimiento de los pastizales extremeños de un lado, y a las guerras carlistas y de la Independencia de otro, haciendo de ellas un limitado interés como medio de vida secundario.

Aunque, la carretería logra subsistir en los primeros decenios del siglo XIX, es en 1834 al construirse los primeros ferrocarriles, cuando pierden sus privilegios y desaparecen totalmente.

la arenilla 1976

PRIVILEGOS; PINOS; CORTAS Y REPARTOS

Las autoridades de estos pueblos de pinares permitían las “cortas”, aunque se reservasen el derecho de señalar el número de árboles a cortar, y a veces impusieran restricciones. Y es precisamente debido a estas limitaciones de un lado, y a que ciertos pueblos del sur de la comarca ya gozaban de privilegios de otra, por los que los habitantes de Canicosa, Quintanar, Palacios, Vilviestre y Regumiel; se dirigen al Rey que accede a la súplica y mediante un privilegio fechado el 12 de junio de 1792, concede a cada uno de estos pueblos licencia para cortar 2.500 pinos anuales por el sistema de “entresaca” para repartir entre los vecinos.

Anteriormente (29-III-1760) el Consejo de Castilla ya había concedido a la villa de San Leonardo y lugares de su jurisdicción (Navaleno, Casarejos, Vadillo y Arganza) el derecho de poder cortar anualmente en sus montes 1.500 pinos para ser repartidos entre sus vecinos. Pero, existía una cláusula mediante la cual estos vecinos deberían destinar esta madera para la construcción de carreteras en primer lugar, y para la reparación de sus casas como fin ya secundario, amén de la obligación de plantar igual número de árboles en el mismo sitio o en otro propicio.

Otro privilegio de 1794 fue concedido al pueblo de Navaleno (sin perjuicio de su participación parcial en el citado anteriormente) mediante el cual se autorizaba una corta anual de 400 pinos en el lugar denominado “Dehesas”.

Estamos viendo los privilegios que los pueblos de pinares tenían de repartir entre sus vecinos unos lotes de pinos ; pero, no todos los Municipios gozaban de estas gracias. Así, en Espeja y Espejón, por ejemplo, no se hace nunca reparto, como tampoco se hace en Pinar Grande, Santa Inés y El Verdugal ; puesto que son patrimonio de la ciudad de Soria y de una Mancomunidad de 150 pueblos, y cuyos beneficios se destinan a mejoras de los mismos.

Sin embargo, es ese grupo de 27 Municipios en total, que reparten madera entre sus vecinos del que nos queremos ocupar; y saber de sus privilegios, de sus disposiciones legales, y de su sistemática en el reparto de pinos.

Hay documentos que exponen la manera de repartir la madera entre los vecinos con derecho.

San Leonardo por ejemplo, dispone de un libro “Becerro”, en el que se indica que los árboles a cortar en los términos de esta villa y los pueblos de su jurisdicción debían ser repartidos previamente en tantas porciones o lotes como vecinos con derecho acreditado hubiese, adjudicándose por sorteo, de ahí que en pinares reciban el nombre de “suertes”, pagando por cada una de esas suertes un impuesto pequeño o canon.

La finalidad, tiene su lógica. Las porciones o lotes no pueden ser exactamente iguales, y es el sorteo el sistema seudo-democrático idóneo para hacer este tipo de repartos.

Si tenemos en cuenta que los montes (al menos alguno propiedad de los Municipios que actualmente tienen suertes) eran hace algunos siglos en su mayoría de robles y de hayas, y que actualmente son de pinos (Vinuesa, Salduero y Molinos, por ejemplo), pensaremos que este proceso de cambio e invasión se produjo al difundirse los pinares a través de los inmediatos Covaleda, Santa Inés y Duruelo. Difundiéndose también privilegios, costumbres y derechos.

Desde hace años, los habitantes de pinares sacaban madera de sus montes basándose o no en disposiciones, pero tras la creación del Distrito Forestal en 1855 se han seguido repartiendo los pinos hasta 1901 (7) año en que se promulgó una Real Orden mediante la cual se regulaba este viejo privilegio del reparto de madera.

No quiere decir que desde esa fecha, estos pueblos hayan perdido sus derechos, puesto que siguen en vigor, y algunos Municipios como San Leonardo, Arganza, Vadillo, Casarejos, etc., que tenían ya un convenio de 1860, esta Orden de 1901 solamente vino a confirmar (corroborar) la ya existente.

Se disponía también en esta Real Orden, que si el estado de los montes permitía el aprovechamiento de un mayor número de árboles. Una vez entregadas las “suertes” , la madera sobrante, se debería de vender en pública subasta, ingresando los beneficios en las arcas municipales del pueblo o pueblos propietarios.

El propio Distrito Forestal dispuso, haciéndose eco de esta Orden, el número de metros cúbicos a que cada Municipio tenía derecho.

Al margen de esas cantidades de madera que desde 1918 se reparte entre vecinos —después de los señalamientos— y que se conoce con el nombre de “pinos de privilegio”.

En cuanto a los Municipios de la provincia de Burgos que integran con los de Soria esta zona de pinares que nos ocupa, no gozan de privilegio alguno. A excepción, claro está, de Palacios, Vilviestre, Quintanar, Canicosa y Regumiel que continúan rigiéndose por esa Orden de 1792 sobre la corta de 2.500 pinos a la que ha hicimos referencia.

Dijimos que los pinos de “suerte” eran elegidos por comisiones de los Municipios siguiendo unas normas. Desde no hace mucho, en los pueblos de pinares de la provincia de Burgos las comisiones todavía podían elegir libremente los pinos que deseaban, por aplicarse el método de entresaca. De seguirse el sistema de aclareos sucesivos, ello no hubiera sido posible, de ahí que estos pueblos se hayan resistido tanto a la ordenación de sus montes.

En los Municipios, hoy, ya no se hace caso prácticamente de estos derechos al existir la adjudicación directa mediante una orden ministerial de fecha 13 de agosto de 1949.

Quiero cerrar este apartado, señalando que, pese a los privilegios que estos pueblos siempre han disfrutado no era extraño ver (hasta 1910 en que el Distrito estableció las guarderías) como sus habitantes, sacaban la madera de los montes de Pinar Grande y Santa Inés (montes de la Mancomunidad) y no de Ios suyos propios, para venderla —clandestinamente claro— a rematantes o compradores sin escrúpulos y de ocasión.

año 1945

EMIGRACION Y VIDA

«Desde Soria. de sus pinares, salieron en nuestros tiempos, hombres rollizos y animosos, trabajadores de verdad —de madera de esencia y no de papel de estado— a hacer fortuna, y no contra moros … «Ahora»».—Madrid 11 de julio de 1933.

D. MIGUEL DE UNAMUNO

No sé porqué, pero cuando se habla de pinares, sus pueblos y sus “suertes”, generalmente se piensa al sobresestimar los precios de la madera, que sus gentes viven de una forma cómoda y sin problemas económicos.

La razón es muy otra. La emigración en estos pueblos ha sido evidente. De 1900 a 1929 que se terminó el ferrocarril Burgos-Soria, los precios de la madera fueron muy bajos, y las posibilidades de transporte malas y escasas, circunstancias que agudizaban más este problema de la emigración.

El mismo Antonio Machado había de reconocerlo en su cuento-leyenda “La tierra de Alvargonzález” , al decirnos: “No cruzaréis la alta estepa de Castilla sin encontrar gentes que os hablen de Ultramar”. Y habla de un indiano que regresa de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares. Esos indianos de Salduero, Molinos, Vinuesa… que desde 1820 que salieron para hollar nuevas tierras (aunque sólo en los últimos decenios del siglo pasado y primero del actual alcanzara proporciones considerables) se dedican, no sé porqué extraña razón a la venta de telas.

Como dato curioso dice Joaquín Arjona en su libro “Soria en América”: “Había en Méjico hacia 1892, una colonia de 160 sorianos en su mayoría de estos pueblos (se refiere a los antes citados) que se dedicaban a las telas.”

Pero, si antes he apuntado como una de las causas de la emigración, los bajos precios de la madera. Es, a comienzos del siglo actual cuando estos precios experimentan cierta alza —debido en buena parte a la Primera Guerra Mundial— y de esta manera las “suertes” se ven incrementadas reportando una mayor utilidad a los vecinos, cuyos ingresos se ven aumentados por la resinación del pino negral y el pudio.

Pero a pesar de estas mejoras económicas, la verdad es que estos pueblos (o al menos en su mayoría) fueron bastante pobres hasta la guerra civil.

covaleda 2004_0986-1 ESTATUTOS Y DERECHO CONSUETUDINARIO DE PINARES

Ya hemos dicho, que se sigue practicando en estos pueblos de pinares, la vieja costumbre de repartir pinos entre vecinos con derecho, e incluso fueron dictadas disposiciones y más tarde sancionadas oficialmente.

Pese a estas disposiciones oficiales, mediante la torre se yergue sobre la masa verde. Desde ella el vigía otea el horizonte por si el fuego hace su aparición las cuales el Distrito Forestal era el que concedía y regulaba el número de pinos a repartir entre cada vecino. Estos, al considerar insuficientes las concesiones, hacían talas fraudulentas y cortaban pinos de montes ajenos; de ahí, que siempre hayan existido ciertas rencillas entre los habitantes de estas comarcas.

Sabemos de estos 27 pueblos de pinares que gozan de “suertes” muy variadas.

Desde el privilegio, 4.000 pinos en Covaleda, hasta el carro de madera asignado a los vecinos de Pinilla, o los seis pinos de Mamolar. Pero, ¿sabemos qué condiciones se exigen para tener derecho a una “suerte”?

Desde tiempo inmemorial, al repartir madera entre los vecinos siempre se han respetado unas normas cuyo origen se pierde en la tradición.

El pretender tener derecho a suerte, siempre ha llevado consigo una serie de problemas en aquellos pueblos donde la venta de estas “suertes” resultaba verdaderamente lucrativa.

Así, no era extraño ver como las familias foráneas de la más variada condición y profesión; se avecindaban en estos pueblos de pinares para conseguir el derecho a un “lote de pinos”, como ocurría e Talveila por ejemplo (8).

Sucedía, que al aumentar progresivamente el número de vecinos con derecho, el volumen y por, consiguiente el importe de la suerte disminuía. Con el fin de poner veto a estas afluencias masivas de vecinos, las condiciones en los últimos años se hicieron mucho más rigurosas, creando “Ordenanzas” o “estatutos ” que tras ser aprobadas en concejo de vecinos eran repartidas entre los mismos para que tuvieran constancia de ello.

Así, casi todos los pueblos poseen Ordenanzas, si bien hay todavía algún lugar donde existe el derecho consuetudinario no escrito (téngase en cuenta que hablarnos de una época en que Castilla daba la “medida justa del hombre”. Y bastaba ser honrado para tener la confianza de la comunidad de vecinos) .

Los requisitos que pudiéramos llamar generales, aquellos que aparecen en casi todos los “estatutos”, suelen ser: “Ser hijo o nieto de habitante que tiene o ha tenido derecho” excepto en el caso de Duruelo de la Sierra donde este derecho se transmite solamente de padres a hijos.

Hay Municipios donde el derecho se adquiere por nacimiento o bien por residencia ininterrumpida en el pueblo. Como ocurre en Vinuesa, Palacios y Vilviestre. Sin embargo, y como denominador común de casi todos estos pueblos de pinares, el derecho no se adquiere hasta una vez celebrado el matrimonio, entregándose una “suerte a los nuevos esposos”, aún cuando uno de los cónyuges no tenga derecho.

A excepción de Covaleda y Duruelo. De ahí, que en estos lugares se valorase tanto la suerte de pinos como la novia, y sin sopesar virtudes de ningún tipo hacia los matrimonios entre vecinos con derecho.

En otros lugares se exige también alcanzar una edad determinada para tener derecho como ocurre en Cabrejas, Vilviestre, etc. Cuando muere uno de los cónyuges, el viudo (o la viuda) conserva entero el derecho mientras permanezca en este estado. Y si contrae nuevas nupcias ocurre: a) que el nuevo cónyuge tenga derecho, en cuyo caso la situación permanece invariable percibiendo toda la suerte. b) que el nuevo cónyuge no tenga derecho en cuyo caso se le priva totalmente de derecho a suerte (a excepción de Duruelo y Covaleda, donde el viudo o viuda goza sólo de media suerte.

Dentro del derecho a media suerte, existen ciertos Municipios como: Covaleda, Duruelo, Quintanar, Regumiel, etc., donde los solteros la perciben una vez cumplida cierta edad (25 años generalmente). Mientras que en Cabrejas y Palacios por ejemplo el soltero tiene que tener “casa abierta” independiente de sus padres para poder tener derecho.

El vecino con derecho debe residir en el pueblo, y solamente se permiten ausencias limitadas o por causas especiales. Si por pasarse el plazo de ausencia pierde el derecho, puede volver a recuperarlo marchando a vivir al pueblo; a excepción de Duruelo, Cabrejas y Covaleda donde queda explícitamente dispuesto que una vez perdido el derecho no puede volver a readquirirse.

Una cláusula redactada en casi todas las disposiciones es, el derecho de los huérfanos de padre y madre y titulares. A los que se asigna una parte proporcional de la suerte, cuya cantidad varía de unos pueblos a otros, aunque en todos ellos regulada de una manera generosa.

La sistemática empleada para la venta de las “suertes” es de muy variada forma, así tenemos la llamada:

—venta al pié: sistema con un mínimo de preocupaciones por parte del vecino vendedor que a su vez cobra el dinero en efectivo.

—Venta de pinos cortados y pelados: costumbre más extendida ésta, y que lógicamente deja unos ingresos superiores.

—Venta de la suerte aserrada: es la condición económica más ventajosa. Si bien, y debido al mucho trabajo que entraña, solamente se hace en casos, cuando las cantidades son muy elevadas.

La cantidad de dinero que las suertes proporcionan está supeditada en cierto modo, al nivel de vida de un lado, y a los precios de la madera de otro. De ahí, que actualmente sólo sea una fuente de ingresos secundarios para la mayor parte de familias con derecho. Exceptuando, aquellas que tienen varios hijos de más de 25 años, y que perciben media suerte por hijo como dijimos anteriormente.

Los Municipios de promedio más elevado son por orden de mayor a menor: Covaleda, con unas 40.000 pesetas (estas cifras corresponden al período 1955-59); Duruelo y Neila, con unas 30.000 pesetas; Regumiel, 28-29.000 pesetas, entre los más importantes.

En el resto de los pueblos el promedio oscila entre las 19-22.000 pesetas, a excepción de San Leonardo de Yagüe, que al no existir más que unos pequeños ingresos del orden de las 6-7.000 pesetas, los beneficios de las suertes sacadas a subasta pública son ingresados en las arcas municipales. 

1972-13

NOTAS

1. Real Provisión sobre montes y plantíos dada por la Reina doña Juana y su hijo don Carlos en Valladolid, a 22 de diciembre de 1518 y cuyo original se conserva en el Archivo del Excmo. Sr. Duque de Frías.

2. “Los Pinares de Soria y los incendios ” , de González de Gregorio.

3. Cabaña – Agrupación.

4. Dicho privilegio está recogido en el manuscrito número 3.119 en el Archivo del Ayuntamiento de Burgos.

5. Para las carretas de “puerto a puerto” era necesario tres bestias, sirviendo una de ellas de revezo, y se traficaba desde abril hasta diciembre, quedándose durante el invierno en los pastizales de Extremadura.

6. En las primeras épocas el valor fiscal por carretada se estimaba en 180 reales.

7. Esta Orden fue publicada en el ” Boletín Oficial de la provincia de Soria”, de fecha 16 de septiembre de 1901.

8. Ver la Ordenanza de Talveila en sus páginas 5 y 6 en la que se observa como los labradores de Municipios circundantes se trasladaban a estos pueblos para adquirir el derecho a “suerte” y seguir conservando la tierra.

 

Tras haber hecho este pequeño balance de las costumbres, derechos y privilegios de los Municipios que constituyen la región de pinares, voy a poner punto final a esta serie de artículos sobre temas específicos de pinares, para en otra ocasión abordar el folklore, las costumbres y las anécdotas de estas comarcas de una manera más literaria; puesto que de haberlo intentado aquí, no hubiera sido posible al tener que conjugar datos y cifras, impregnados siempre de un cariz frío y escolástico

 

 

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