LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ – Carmen Heras

REVISTA DE SORIA, Nº 7 (Primera Época) – 1967

LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ DE ANTONIO MACHADO

Por Carmen Heras

Antonio Machado y Leonor, 1909

Antonio Machado y Leonor, 1909

Yo nací en las tierras altas, cerca de los álamos y el río entre cerros plomizos y lomas plateadas, atardeceres azules y noches de luna llena. Allí nací y allí vivo, en los mismos lugares que inspiraron a Machado; el camino de San Saturio, el Mirón, las sierras escarpadas, quebradas y jarales, tierras áridas, frías y estériles pero especialmente bellas, porque tienen algo de espiritual, extraordinario, que penetra en lo más íntimo de quien las conoce. Nuestro poeta lo decía:

…Oh tierras de Alvar González

en el corazón de España,

tierras pobres, tierras tristes,

tan tristes que tienen alma.

Y fue por esta alma, dura como el roble, hecha a base de pobreza, melancolía y esfuerzo, en una naturaleza poco exuberante pero por eso más apreciada, por lo que Machado la hizo su patria. Aquí se casó, fue feliz y también desgraciado.

Yo he grabado en los chopos del camino y tocado un viejo olmo al que en la última primavera no han dejado de salirle las verdes hojas que cantó el poeta. He visto anochecer en tardes de carmín que ya violetas, en un juego de magia hacen desaparecer las montañas hasta el milagro del amanecer.

En el Alto Espino, bajo los cipreses, junto a la tapia del Norte donde reposa Leonor, he oído al viento, que, pasando por los huecos de la piedra vieja recita siempre:

¡No ves Leonor los álamos del río

con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame

tu mano y paseemos.

Por lo que estas tierras significan para mi, he querido entrar un poco en este poema de “La tierra de Alvargonzález” que se desarrolla en la vieja Castilla, en los pinares altos de Urbión en las tierras de adusta belleza sorianas.

La Tierra de Alvargonzález nace en París en 1911. Es la época feliz de Machado, se le ha concedido una pensión para ampliación de estudios. El poeta sigue los cursos de Bedier y Bergson. Allí se derrumba su felicidad y comienza una fase de desesperantes recuerdos, Leonor enferma. Regresan a Soria con la esperanza de que la tierra natal y el sano y brillante ambiente de la sierra le devuelvan la salud. Con los primeros fríos de otoño Leonor recae, el profesor escribe en las noches de invierno tras los cristales de una vieja casa castellana por cuyas rendijas penetra el viento frío que sabe a monotonía, pero unos meses más tarde, una ráfaga nueva barrió la casa del poeta. Leonor ha muerto.

Una noche de verano

estaba abierto el balcón

y la puerta de mi casa

les muerte en mi casa entró.

En este intervalo, decisivo en su vida y en su obra, se publica su libro “Campos de Castilla” y en él, “La Tierra de Alvargonzález”, poema que refleja la lucha del campesino castellano con la naturaleza y el alma de estas gentes sencillas y sufridas de rostros enjutos y arrugados, de pardas vestiduras y caracteres secos como su tierra.

En 1912 se publican las tres versiones sobre el tema de Alvargonzález; la primera en enero, en “Mundial Magazine”. La segunda, en abril, en la revista madrileña “La Lectura”. La tercera, forma definitiva del romance, vio la luz en el mes de julio.

El autor mismo en su cuento-leyenda explica las fuentes directas de su obra. Una mañana de los primeros días de octubre salió en la diligencia de Soria a Burgos para en Cidones, a lomos de caballería, tomar el camino, que entre pinares, lleva al nacimiento del Duero en Urbión. El camino es de roca y vegetación, donde aun hoy apenas ha intervenido la mano del hombre. Pinos altos y esbeltos que elevan sus ramas esperando seguramente los copos de nieve que ya en octubre apenas se hacen esperar. A su espalda, Soria, sumida en tonos grises y dorados de otoño.

Un campesino que, como el poeta, toma la dura senda entre pinos, discute con el mayoral un crimen ocurrido en Duruelo, un pueblecito entonces por donde pasa el Duero niño, cristalino, que viene de las cumbres nevadas y limpias de Urbión. Alguien había elegido este escenario virgen para realizar un crimen que el hombrecillo relataba seguramente con la facilidad que da la práctica de saborear historias truculentas.

Al pasar por La Muedra, pueblo que hoy se encuentra bajo las aguas de un pantano, el campesino hizo alusión a unas tierras malditas que pertenecían a los Alvargonzález. A la vez que las caballerías hundían una y otra vez sus patas entre ramas secas, hojas podridas y tierra húmeda y, el sol se levantaba escondido entre los pinos, Machado escuchaba una historia llena de superstición, de instintos primitivos, la leyenda de la tierra de Alvargonzález.

Se ha discutido mucho la relación que podría existir entre el crimen de Duruelo y la leyenda que nos ocupa. ¿Hasta qué punto influyó el primero en el poema? Probablemente el crimen de la noche del 18 de julio influye en él como prototipo de una serie de sucesos abundantes a principio de nuestro siglo, fruto de mentes en estado salvaje, despiertas al mal por la miseria y el aislamiento propios de la época. Sin embargo hemos de notar que la influencia que estos crímenes pudieron tener, se encuentra generalmente en lo anecdótico y no en el fondo del tema. Machado no se entretiene demasiado en el crimen en sí, más bien intenta explicarse la existencia de la mentalidad que lo produce, de la naturaleza humana capaz de realizar un acto semejante.

El poeta no parece compartir las ideas de Rousseau para quien el hombre es bueno en estado natural, Machado piensa, desde luego, que el hombre puede ser bueno, pero que también por naturaleza puede albergar pasiones e instintos malignos.

“Abunda el hombre malo del campo y de la aldea…”

Para demostrarnos que esta especie de ovejas negras de la sociedad existen, se remonta a causas bíblicas. Es posible que sea el crimen de Cain el que se esconde entre los versos del poema.

“Los mayores volvieron a sentir en sus venas la sangre de Caín y el recuerdo del crimen les azuzaba al crimen”.

EN LA LAGUNA NEGRA

LA TIERRA Y EL HOMBRE

Sería difícil decidir quien es el protagonista de “La Tierra de Alvargonzález”. ¿Son los hermanos asesinos? ¿Es el padre y su espíritu? ¿Es la tierra maravillosa de los parajes de Urbión? O ¿quizá los campos malditos, mansión de monstruos que crea la conciencia atormentada?

Machado creó en la Tierra de Alvargonzález un nuevo personaje híbrido de hombre y naturaleza sabia que parece poseer en sí la distinción entre el bien y el mal. Este personaje extraño y cambiante que será el verdadero protagonista del poema, desarrollado en un ambiente de pobreza e ignorancia dará lugar a un drama casi mitológico.

A la pregunta siempre en discusión: ¿Es la tierra la que hace al hombre, o es el hombre el que se crea una tierra propia? el poeta responde en esta obra adaptando el paisaje a cada hombre. Para Alvargonzález que, arranca los primeros frutos de la tierra dura, y para su hijo menor que reencarnará su espíritu, reserva la primavera y la belleza real del campo soriano. Su mirada se centrará en los picos cubiertos de pinos, bañados de riachuelos de aguas puras y frías, en las copas de los árboles que señalan las estrellas y se elevan buscando el azul entre la nube diluida. Captará el ligero vuelo de la cigüeña sobre los campanarios de los pueblos perdidos en el inmenso pinar. Sus descripciones son exactas, casi mágicas, como si la tierra se hubiera hecho poesía

En laderas y en alcores,

en ribazos y cañadas,

el verde nuevo y la hierba,

aun del estío quemada,

alternan; los serrijones pelados,

las lomas calvas,

se coronan de plomizas nubes apelotonadas.

A Miguel y a su padre, concede Machado los colores brillantes azules, violetas y carmín de atardecer, verdes fecundos de primavera, dorados y destellos de plata en las tardes de otoño y a la luz de la luna, que nace bella para los poetas y para quien gusta de verla roja, grande, redonda y llena de luz, como si estallando se deshiciera en pequeñas estrellas, en más cielo, pero para el que huya de Dios, de su justicia, la luna sale amenazadora y todo lo transforma con sus rayos gélidos.

Por estos mismos caminos, entre Salduero, Molinos, Vinuesa y Covaleda, que hoy une una carretera pintoresca, estrecha y zigzagueante, caminan también los mayores. El panorama varía totalmente. El paisaje se cierra y parece que fuera el poeta el que se encontrara en el bosque en una noche oscura, en que su fantasía desbordada por el miedo le hiciera ver monstruos en vez de rocas, en que la tierra verde de las margaritas desapareciera para dejar ver las raíces retorcidas, agarradas a las rocas, donde los viejos troncos cobraran vida y el viento al rozar sus cortezas cantara con el agua:

La Tierra de Alvargonzález

se colmará de riqueza,

y el que la tierra ha labrado

no duerme bajo la tierra.

Al conjuro de la copla, la tierra entera les niega sus frutos y les prodiga malas hierbas. Es la maldición de los hijos de Caín

En los sembrados crecieron

las amapolas sangrientas;

pudrió el tizón las espigas

de trigales y de avenas…

Incluso el silencio habla para atormentar el alma de los hermanos: “Y suena en la chimenea con hueco y largo bramido”.

La realidad, sin embargo, no es suficiente para crear el ambiente de terror en los asesinos. El poeta, recurre al milagro. El primero de ellos no parece influir lo más mínimo en los personajes, fríos ante algo sobrenatural.

El hombre que ha entrado tiene

el rostro del padre muerto.

Un halo de luz dorada

orla sus blancos cabellos.

Un segundo milagro penetra ya en las mentes mezquinas, pero, ¿dónde se produce? ¿Es quizá la luna que con sus rayos plateados petrifica la tierra, la que hace brillar la hoz?

¿Es quizá una creación de la conciencia asesina? Quizá el poeta creyó en les milagros de la naturaleza. Todo este poema parece ser una alabanza a la sabiduría de la tierra.

Todo este ambiente, creado poco a poco a lo largo del poema se acrecienta al final. Los monstruos naturales cobran vida en los alrededores de La Laguna Negra. No es necesario bajo su dominio explicar los detalles de la muerte de los hermanos que cayeron al fondo de La Laguna serena.

Llegaron los asesinos

hasta La Laguna Negra,

agua transparente y muda

que enorme muro de piedra,

donde los buitres anidan

y el eco duerme, rodea…

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EL SUEÑO

No podía faltar en esta obra un elemento de tanta importancia en Machado como es el sueño. No se utiliza aquí como medio para llegar a lo imposible, como sucede en algunos poemas del autor, ni de evocar lo que, incesantemente se busca sin encontrarse jamás. Se trata más bien de una pesadilla creada por la conciencia y el temor, una pesadilla cargada de símbolos, el hacha reluciente, el cuervo, que se entrecruzan para dotar a la escena de un ambiente propicio al caos, el crimen.

El sueño le sirve a Alvargonzález para darse cuenta de algo que en la realidad no hubiera podido admitir con sinceridad; su predilección por el pequeño de sus hijos y el odio despertado en los mayores.

LAS COPLAS POPULARES

La compenetración de Machado con la tierra y el hombre castellano fue total, de la tierra nace su paisaje, y del hombre, su saber popular.

“Aprendí de él cuanto pude, mucho menos —claro está— de lo que él sabe”.

En “La Tierra de Alvargonzález” no se refleja la erudición de Bedier y Bergson sino la “gramática parda” del campesino, su saber, mezcla de vida, filosofía y mito.

Machado se había fundido de tal manera con el espíritu castellano que se impregnó de sus leyendas y de la ingenuidad del campo, cuyo mundo es la tierra, y la tierra es también su castigo y su paraíso, donde el sueño es el rey y el juez de cada noche.

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