LOS RECURSOS TURÍSTICOS DE SORIA: LA LAGUNA NEGRA DE URBIÓN (1967)

REVISTA DE SORIA, Nº 7 (Primera Época) – 1967

LOS RECURSOS TURÍSTICOS DE SORIA

LA LAGUNA NEGRA DE URBION

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Ese soberbio paraje soriano, podría ser lugar preferido del turismo nacional e internacional

 Por EMILIANO PAGATZAURTUNDUA (PAGATZA)

EMILIANO PAGATZAURTUNDUA (PAGATZA).— Vasco de nacimiento y soriano por adopción, ya que vivió muchos años entre nosotros, aquí en la misma capital de Soria, donde dejó innumerables amistades, muchas de las cuales. le recordarán todavía hoy, perfectamente, pues el Sr. Pagatza desplegó mucho trabajo y entusiasmo -en las más variadas y diferentes actividades de la vida social, profesional y deportiva de nuestra ciudad. Fue Director de la Factoría de Petróleos y Jefe de Prospección de los sondeos petrolíferos realizados en esta comarca; Profesor del Instituto de Segunda Enseñanza; fundador del Club Deportivo Numancia y su perpetuo Asesor Técnico; escritor, conferenciante y periodista, llegando a escribir varios miles de artículos, de temas deportivos, culturales y científicos. Con el trabajo literario que a continuación exponemos, inicia el Sr. Pagatza su colaboración en esta REVISTA DE SORIA,

Bajo estos epígrafes, hace ya casi cuatro lustros, que yo escribí y publiqué un artículo destacando las bellezas naturales del maravilloso paisaje de La Laguna Negra de Urbión.

Fue con ocasión de una excursión que realicé allí con unos amigos; nos bañamos en sus oscuras y frías aguas, en cuyas orillas acampamos dos días en pequeñas y sencillas tiendas que apenas podían cubrir nuestro cuerpo.

El aire era fino y fresco; de noche, el firmamento bellísimo, todas las constelaciones de estrellas brillando con una intensidad inigualada y en medio de aquel silencio sobrecogedor se dejó oír el aullido del lobo en sus correrías por los bosques y breñas de aquellas alturas.

Aquel escrito tenía su mensaje y éste era el de solicitar una especial atención para aquellos bellísimos parajes, los cuales yo ya creía entonces que eran de una importancia turística formidable.

Han pasado ya unos dieciocho años desde aquellas fechas y tengo la satisfacción de decir que, no precisamente por aquel artículo mío, sino porque realmente, aquella zona se lo merece en todo momento, ha sido atendida en la medida de lo posible y, hoy en día, es de fácil y cómodo acceso, bien por el puerto de Santa Inés, a lo largo del Revinuesa, o por Duruelo y Covaleda, constituyendo uno de los recursos turísticos más importantes de Soria y su región, siendo incluido ya en los programas nacionales y extranjeros de visita turística más importantes.

El artículo aquel, al que me vengo refiriendo, que todo él era una exposición y justa alabanza de toda aquella comarca soriana, llena de bellezas y encantos naturales, es, también, ahora, de actualidad y vale para mantener el más alto concepto turístico de aquella región en extremo interesante.

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Decía así:

“Escondida y recatada, en un rincón casi inaccesible para los profanos; con tímida y humildosa austeridad castellana, se asienta, casi en los límites mismos de la provincia soriana, la famosa Laguna Negra de Urbión de la que muchos, muchísimos han oído hablar, pero pocos, relativamente la han visitado y gustado de sus encantos.

¡Qué grandiosidad y qué belleza tan sugestiva la de aquel lugar de remanso y de envidiosa calma!… Paraje aquel de plenitud y de amor, donde el cuerpo y el alma gozan plenamente y a porfía de las creaciones vírgenes del mundo.

No sé que poeta dijo que el agua era la sonrisa de la Naturaleza y, en verdad, que a nuestro entender, no puede haber una imagen más justa…

¿No es verdad que los campos y los montes parecen que sonríen cuando entre sus árboles y el verdor de sus florestas se desliza un arroyo vocinglero? Pero si en vez de la espumosa corriente contemplamos el sedante remanso de un lago o de una laguna, entonces, las aguas se nos antojan pupilas fijas, estáticas, que miran al cielo y lo reflejan en sí mismas con todo su detalle y toda su hermosura.

Alguien llamó a las lagunas “ojos del mar”; así, también, se la conoce a la bellísima Laguna Negra de Urbión; tan bella y tan atrayente que creemos sea uno de los lugares de más grandiosidad y hermosura que posee la provincia de Soria y que puede ofrecer, con toda la garantía de lo bello y lo pintoresco, a la curiosidad magnífica del turismo nacional y extranjero, mucho mejor que otros lugares de menos categoría y hermosura, para ser considerados y visitados.

Hemos estado dos días viviendo en plena Naturaleza, poco tiempo desde luego, acampados en sus tranquilas orillas ; hemos recorrido todos sus altonazos de vértigo, sus saltarines arroyos de cristalinas aguas, sus cañones, sus cuevas, sus riscos y cortaduras imponentes; hemos bebido, hasta saciarnos en sus purísimos manantiales de roca y hemos cruzado, varias veces de uno a otro extremo, la líquida superficie de las frías aguas de La Laguna, nadando por entre sus breves ondas, en gozosa y mutua posesión, de agradable satisfacción y delicioso encanto.

Al fin, hemos llegado a conocer la famosa Laguna Negra de Urbión y, a fuerza de ser sinceros, hemos de confesar que nuestra corta estancia de campamento al aire libre y en medio de aquella Naturaleza salvaje que hasta el aullido del lobo cercano se deja oír en las altas horas de la noche, nos ha sabido a poco y al llegar la inevitable hora de la partida, abandonamos con verdadera pena y sentimiento aquel lugar de delicias.

Abordamos La Laguna Negra por su lado bajo del Norte-NE y aún recordamos la impresión que nos hizo al penetrar en aquel recinto mágico que llega hasta sobrecoger el ánimo tan súbitamente sorprendido.

La visión descansa, plácidamente, en la quietud metálica de las aguas, más luego, al intentar extenderse, se ve limitada en todas las direcciones; nuestras miradas se encuentran como encarceladas entre aquellos riscos fantásticamente verticales, hasta que al fin se escapan hacia el de lo brillante encerrado en aquel marco ciclópeo.

El lugar es de una belleza majestuosa, de una grandiosidad insospechada, de una virilidad imponente que nos subyuga y anonada.

Los riscos y paredones formidables, que sirven de marco a La Laguna Negra se elevan a tal altura que una piedra lanzada desde sus cimas tarda bastantes segundos en estrellarse en sus abismos.

Por las laderas del Norte y del Este, crecen los boscajes de enebros, bojes y, sobre todo, pinos; pinos a centenares y miles entre los macizos rocosos o las rocas sueltas desprendidas desde las alturas; pinos que parecen como querer estirar sus cuellos para así otear mejor el mundo exterior que los rodea.

Estos pinos suben como un ejército que lo conquista y lo cubre todo, por las faldas finísimas de la montaña, pero aún son más atrevidos aquellos montaraces pastores de la serranía que trepan por las cortadas, saltan sobre los precipicios y se alzan hasta los pichachos más altos de las cumbres, mientras sus ganados de cabras, casi salvajes, y corderos saltones buscan, con ociqueos bruscos, la hierba rala de las breves praderas de la alta meseta, que parece estar esperando ya ser cubierta con el blanco manto de armiño de las nevadas próximas de la otoñada.

¡Qué pena para aquel lugar de paz y maravillosa hermosura se vea tan abandonado y expuesto a los inevitables atropellos de la incuria y de la desaprensión de todo lugar aislado y poco o nada guardado!

Quisiera yo pedir, en mi humilde significación de deportista amante de la Naturaleza; quisiera pedir, repito, a las representaciones estatales o a quien corresponda —Diputación, Delegación de Montes, Municipios— una particular atención a tan bello lugar de la provincia de Soria, que pudiera ser, a poco que se quiera y organice, cita y objetivo muy interesante para las rutas del turismo internacional.

Poco costaría allí la construcción de un sencillo refugio montañero y una guardería en los meses del verano; con esto y un poco de propaganda unida a la ya existente, aunque más intensa de los monumentos y lugares típicamente bellos de Soria y su provincia, no hay duda que La Laguna Negra de Urbión figuraría, con especial designación, en los itinerarios turísticos nacionales y extranjeros.

Porque el montañismo de alta montaña, como es éste de La Laguna Negra de Urbión, a más de dos mil y pico metros de altitud, es, como deporte, el límite más excelso, la belleza deportiva, que debiera ser conocido y gustado por muchos, ya que en su ámbito caben todos cuantos lo deseen conocer y practicar.

La montaña, en su suprema grandeza, y, sobre todo, en la majestad augusta de sus cumbres, nos acerca más y más a Dios, siendo el fiel reflejo de su poder, de absoluto dominio e inmensidad ilimitada e infinita.

Sorprendente espectáculo, en verdad…!

Como aquel maravilloso y magnífico que circunda a La Laguna Negra de Urbión; formidable paisaje el de aquel lugar que no cabía en el objetivo de nuestra máquina fotográfica, ni en la retina de nuestros ojos…

Su magnitud es tal que sólo cabe como un símbolo de la universal grandeza en el alma del hombre deportista, montañero y artista que pueda contemplarla y sepa, al mismo tiempo, sentirla y comprenderla…”.

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