PREGÓN DE SAN LORENZO AÑO 2001

PREGÓN DE SAN LORENZO

Pedro Sanz Lallana

Todavía se puede oír por las calles del pueblo la voz del pregonero marchando a caballo acompañada de timbales y trompetas, las fanfarrias y pasodobles de la banda de música, la algazara de la chiquillería corriendo delante de los gigantes y cabezudos, el estampido de los cohetes, el susto de los vencejos…, y todo esto no es más que el anuncio de que algo importante se acerca.

Vecinos de Covaleda, estáis convocados en esta Plaza Mayor para comunicaros una grata nueva, y es que estamos en fiestas. Ha llegado la fecha mágica para que se abra el cuerno de la abundancia, el pomo de nuestras esencias covaledanas, el cofre de las ilusiones que todos guardamos desde niños ligadas a estos días que huelen a dulce, a ropa nueva, a propina generosa, a misa mayor, a fiesta, fecha que representa mucho más que unos simples dígitos en la hoja del calendario y que pide a gritos que nos preparemos para honrar a nuestro patrón, San Lorenzo.

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Se llegan las fiestas y las acogemos con el alborozo de quien recibe un regalo largo tiempo esperado, una paga extra; por eso lo hacemos con el corazón esponjado y ganas de gozar, de apurar hasta la última gota este licor festivo que se nos brinda en honor de nuestro patrón.

Tiempo de abrir de par en par las puertas de la casa paterna, de orear los sentimientos y extrañar de nuestra conciencia las malas querencias, de reunir a la familia tal vez dispersa, de compartir mesa y mantel con foráneos que nos traerán noticias frescas, inesperadas, de saludar con bienvenidas gozosas a todo aquel que quiera participar de nuestro contento.

Es tiempo de olvidarse de penas, trabajos y fatigas, de sacar a la luz los viejos gratos recuerdos y dar al cuerpo una ración de optimismo, gozar del descanso que tenemos merecido. Y entregarnos al agasajo, a disfrutar del menú festivo que nos ofrece el Concejo: sean verbenas o zurracapotes, el flamear de banderas o pañuelos al cuello, de lucir mantones de Manila y trajes de piñorra, enaguas almidonadas y zapato de hebilla que conjuren la Rueda deSan Lorenzo: bailar jotas, tentar la bota, brindar al sol si preciso fuere, porque estas fiestas forman parte de nuestras raíces.

El que se llega estos días a Covaleda viene a gozar, a disfrutar de nuestra tradicional hospitalidad. No lo digo yo, lo dice la historia. Todos los que por una razón u otra han venido a nuestra tierra no quedaron indiferentes a su paso, se sintieron ganados por ella. Aquí llegaron reyes cazadores en el medievo que dejaron escritas en sus crónicas las bondades de nuestros montes y ríos. Carreteros de yunta  brava que traían el pan y la sal en sus carretas, o monjes benitos de Oña que peregrinaban hasta aquí para bendecir su abadengo, poetas como don Antonio Machado a quien esta tierra inspiró el mejor de los romances salidos de su pluma… Hombres de toda laya y condición que alabaron la belleza de este rincón soriano:

Son gentes altaneras y libres —dice un cronista—, de corazón abierto como el pinar que les rodea.

Pero llegan las fiestas y no podemos quedarnos al margen. Porque todo está dispuesto para que disfrutemos sin tasa: el pinar se ha vestido ya con sus mejores galas, el cielo —Dios lo quiera— nos acompañará alto y azul, las fuentes y arroyos han ensayado sus salmos más joviales, la plaza está recién engalanada y todo lo que nos rodea rezuma optimismo y ganas de diversión. Todo está aderezado como en un gran banquete al que estamos invitados por la magnanimidad de nuestro pueblo. Acerquémonos, no nos quedemos en el umbral. Disfrutemos a manos llenas, que es para nosotros y, ciertamente, nos lo merecemos.

Covaleda es generosa, magnífica en todo: en festejos y en soledades, en músicas y en silencios, en noches y en amaneceres. Y puesto que todo nos invita al goce, me gustaría mostraros a los que vivís aquí como a los que venimos de fuera —que aunque estemos lejos, os lo puedo asegurar, siempre nos sentimos muy cerca—, mostraros, digo, la forma simple de poder gozar del fruto escondido que guarda este pueblo, íntimo y bello, tal como lo vio José García Nieto, vecino de Covaleda, enamorado de sus montes, de sus gentes y de sus fiestas, que supo descubrirlo fundiendo sus sentimientos con el paisaje. Decía:

… Covaleda,

puebla quieta, nidal del pino verde,

la de la margarita repitiendo

sílabas de la tierra estremecida;

voz de mi voz que lejos se me pierde,

que arriba es río, como tú naciendo

hacia la muerte, oh Duero, hacia la vida.

Recordad este último verso porque es clarividente: «Naciendo hacia la vida», como lo hace el Duero niño en las faldas del Urbión, que mira de frente a la vida desde la cumbre y se lanza a ella ansioso por ganar el mar: bella metáfora de la búsqueda ilusionada del futuro.

Por eso no quisiera terminar este pregón sin hacer votos porque este pueblo, nuestro pueblo, siga siendo próspero y vital, arropado por un Ayuntamiento que busque lo mejor: la calidad de vida y el progreso, que no son otra cosa que cultura y trabajo para todos; bienestar traducido en máxima atención a nuestros mayores que con su trabajo siempre duro y mal pagado hicieron de nosotros lo que ahora somos; que no merme la ilusión entre  los jóvenes, que han de seguir con el testigo que les dejemos y son, junto con el pinar, nuestra verdadera riqueza. Caminar en este sentido es nacer hacia la vida, como señalaba García Nieto, aprovechando todas las oportunidades que la propia vida nos vaya ofreciendo a su paso.

Y nada mejor para empezar esta andadura que el hermanamiento de todos los vecinos en estas fiestas, las primeras del milenio, las mejores: fiestas y milenio que os deseo  llenos a rebosar de felicidad y de prosperidad. Para que este pueblo siga siendo el magnífico lugar que ya es y deseamos perdure por generaciones.

Sentimientos que llevo íntimamente grabados como estos versos de admiración que escribí hace un tiempo:

Covaleda: señora y dueña

de un mar de pinares,

donde el Duero busca atajos para otros mares

y el Urbión nevado, silente, sueña

¡Viva San Lorenzo y Viva Covaleda!

 Covaleda, 9 de agosto, 2001

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