JOSÉ TUDELA: LA CASA PINARIEGA III

LA VOZ DE SORIA (24/08/1923)

Dibujo 08-07

LA CASA PINARIEGA

III.- Arquitectura soriana

Examinadas sucintamente las características exteriores, o de conjunto, de la casa pinariega, veamos la especial disposición de su planta y sobre todo, la forma de algunas de sus habitaciones.

Como en todos los tipos de casa rústica del grupo septentrional, tiene un gran portalón para múltiples operaciones y desde el cual se pasa a todas las habitaciones de la planta.

En este portalón hay grandes arcas, escaños, taburetes, tajones, banco de carpintero, aperos colgados, etcétera.

Si la casa es de dos crujías a la izquierda se abre una puerta que da a un cuartito con dos alcobas, otra puerta que conduce a la cocina, y al fondo la escalera que sube a la cámara alta y la puerta de la cuadra.

Esta escalera en los mejores casos con balaustres torneados de madera es un elemento decorativo de gran valor y del que se puede sacar gran partido en construcciones de mayor porte.

Si la casa es de tres crujías, a la derecha hay otras habitaciones con alcobas, despensas y pajares.

Al fondo la cuadra para las vacas, sin luz apenas, pues ocupa generalmente el testero norte de la casa, en el que no se abre ningún hueco para evitar los vientos fríos.

Arriba en la cámara se guardan las pocas semillas que por esta región se recolectan, las patatas y los viejos aperos de labranza.

La cocina es la parte más característica de la casa pinariega, como lo es, casi siempre, en todas las casas populares, hasta el punto de que podrán confundirse por semejanzas y analogías casas de distintas regiones pero seguramente que en las cocinas ha de notarse diferencias.

La cocina de la barraca valenciana es una pequeña hornilla, generalmente colocada en una barraca intermedia a la que sirve de habitación y que solo se utiliza para cuadras, granero y pajar. En la casa andaluza también carece de importancia.

Conforme se sube hacia el norte la cocina va adquiriendo una importancia mayor, revelándose en la disposición del hogar, en la forma de las campanas y remates de las chimeneas, o en la carencia de estas, como en la casa vasca, diferencias y características notables.

En el interior de la casa pinariega, lo único típico es la cocina, pues las demás dependencias y su ordenación no tienen nada de particular.

La cocina de la casa pinariega, no es peculiar solamente de esta región sino que también se ve en las casas de una extensa zona, del noroeste de la provincia y parte de la de Burgos extendiéndose a pueblos que no tienen pinar como los pueblos de la Concordia de Hinodejo, de páramos y enebrales y hasta los mismos pueblos de los alrededores de Soria.

Esta cocina tiene la particularidad en su campana, es decir, en que toda la habitación forma la campana de la cocina.

La planta generalmente es cuadrangular pero a la altura de unos dos metros forma una especie de bóveda, cónica que termina en el remate de cuatro tablas labradas que dejan calada la punta del cono, para la salida de los humos.

A la entrada, un tabique hace el oficio de biombo para evitar las corrientes de aire demasiado directas.

La construcción de estas chimeneas se hace con un tejido de cestería de bardas de enebro o de sabino recubiertas de barro.

El trozo que sobresale por el tejado está protegido por un apretado escamado de trocitos de teja.

Es una forma especial de cocina, típico y peculiar de esta región colindante de Burgos y Soria.

En la cocina a un lado se abre la boca del horno.

Tiene esta forma de cocina por su razón de ser, pues iluminada por el techo no necesita luces de ventanas ni puerta para estar iluminada y por eso a veces, puede estar al fondo de las casas, donde no se abre apenas hueco alguno a la fachada posterior que es la del norte pues es casi general la acertada orientación de las casas al mediodía.

Estas cocinas pinariegas con sus arcas, sus escaños, alguna, mesa perezosa plegada sobre la pared, el basar donde con frecuencia lucen sus reflejos platos y jarras talavereñas, recuerdo de las viejas carreterías a tierras de Madrid y Toledo; estas cocinas recogidas, humildes, donde se cobijan en verano las golondrinas adornando la estancia con sus nidos y alegrándola con sus revuelos y chillidos; estas cocinas son el lugar sagrado donde se vive, se comen, se abriga, se sueña.

Estas cocinas de las altas tierras de Soria, tienen para nosotros otro interés sentimental, además del interés arquitectónico, pues bajo el abrigo protector de este rústico dosel, es donde se ha forjado el afán andariego de los pastores de merinas y los ensueños dorados de los emigrantes.

Tienen las casas pinariegas otras edificaciones suplementarias, que tienen su razón de ser en la distribución vecinal de las suertes de monte, nos referimos a los “casillos”.

En Asturias y Galicia hay hórreos para guardar los frutos aislados de la humedad y de los roedores; en Valencia hay junto a las barracas de vivienda otras análogas para cuadras y almacenes y la casa vasca tiene contiguo el cobertizo para la chillona carreta.

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