HISTORIA FORESTAL DE LA CIUDAD Y TIERRA DE SORIA EN EL SIGLO XIX (II)

“HISTORIA FORESTAL DE LA CIUDAD Y TIERRA DE SORIA EN EL SIGLO XIX (1800-1890)”

(Parte II)

Tesis Doctoral: Luis Miguel Bonilla Morte.- SORIA, 2006

Órdenes de acotamiento de terrenos recorridos por incendios publicadas en el BOPS entre los años 1873-74.

Fecha del incendio: 23 de Julio de 1873

Monte: Santa Inés

Paraje: Codanchos

Límites del acotado: Al Norte donde el cordel del río, donde se han colocado 28 mojones de piedra y tierra, al Sur con la cordillera del termino de Covaleda donde se han colocado otros 4 mojones, al Este con el Royo de la Jara donde se han colocado otros 6 mojones y otros al Oeste con el royo de la Lozana donde se han colocado 6 mojones.

DSC05578BOPS: 29/09/73

(…)

El Gobierno Político de Soria agrupó las resoluciones en materia de incendios, aprovechamientos, y conservación de arbolado, debiendo actuar los Alcaldes bajo la supervisión del personal del ramo y la Comisaría de montes en la repoblación compensadora de los terrenos recorridos por el fuego:

“Los Alcaldes, puestos de acuerdo con el périto agrónomo adjunto á la Comisaría de montes, dispondrán la repoblación de los en que hubiere acaecido algún incendio en la manera y con lo demás dispuesto por Real orden de 20 de Enero de 1847…” (Circular nº 331. BOPS, 29 de agosto de 1849).

Nuevas omisiones, durante el año 1850, de las directrices sobre forestación llevaron al Gobierno a publicar, al igual que ya lo había hecho cinco años antes, la relación municipios que no habían remitido las certificaciones que acreditaran “haber hecho el plantío de 5 árboles por vecino”. En esta ocasión el número de municipios infractores fue de 33, notablemente inferior a los 126 del año 1846, por otro lado, las localidades cabeza de partido si habían cumplido con lo decretado, quedando al margen pequeños pueblos, salvo la zona pinariega donde las localidades más importantes, Covaleda, Duruelo, Vinuesa, seguían ignorando las demandas de Gobierno. Este proceder de las localidades pinariegas se traslado al conjunto de órdenes relacionadas con la gestión forestal, todo ello, a pesar de estar sufriendo los montes de la zona el azote de las quemas y las cortas fraudulentas, bien es cierto, que esos montes eran los de Soria y su Tierra, terrenos que no eran vistos como propios, y por tanto objeto de protección: “Nota de los pueblos que no han presentado las certificaciones de plantíos, a saber:

Partido de Soria: Covaleda, Duruelo, Peroniel, Rebollar y Espejo, Vinuesa, Quintanar y Sta. Inés.” (Circular nº 192. BOPS, 27 de mayo de 1850).

Amediados de 1850, el Ministerio de la Gobernación del Reino, en un breve repaso y justificación de las actuaciones en materia forestal, relató las verdaderas causas que habían llevado al fracaso de las políticas de conservación y mejora, los intereses opuestos de los agricultores y ganaderos; el desconocimiento y desinterés de los lugareños por el arbolado; la ausencia de recursos económicos suficientes en los ayuntamientos; las malas condiciones climáticas; y la pobreza de los terrenos repoblados, habían llevado al fracaso los plantíos:

“Los buenos resultados obtenidos en cuanto a la conservación de los que han podido salvarse de los estragos de los tiempos pasados, no han bastado para satisfacer al anhelo con que el gobierno desea y procura la mejora de esta riqueza. Así es que apenas quedó organizado el nuevo servicio del ramo, y los empleados empezaron a desempeñar las atribuciones de su objeto […], se comunicaron por este Ministerio a los Jefes políticos las ordenes más terminantes para sin demora se señalasen y acotasen en todos los pueblos terrenos suficientes para la repoblación natural de los arbolados en unos casos o en otros para la restauración artificial por medio de siembras y plantaciones convenientes de las especies más útiles y adecuadas a la calidad del suelo y clima de las diversas provincias del reino […] el gobierno tiene que luchar para llevar adelante su firme propósito de realizar tan importantísima mejora. Contra ella pugnan el interés mal entendido de muchos ganaderos que se oponen obstinadamente a que se disminuya en lo más mínimo la extensión de los terrenos de pasto que hoy disfrutan, posponiendo al interés privado y del momento el porvenir de la agricultura y de la misma industria pecuaria, cuyo fomento afectan promover, pugnan también las preocupaciones y envejecidos errores que contra el arbolado existen por desgracia en muchas provincias o por lo menos la indiferencia con que en casi todas se ha mirado y mira este cultivo; la escasez o falta de recursos de los Ayuntamientos para sufragar los gastos y sacrificios que necesariamente ha de ocasionar durante algunos años la restauración de los arbolados, ya sea por la perdida o privación de los rendimientos de los pastos de los terrenos que se acoten durante el tiempo de su acotamiento, ya por el coste de las semillas plantones, plantones y viveros mandados adquirir y formar, ya por sus gastos indispensables para custodiar y defender los terrenos acotados, mientras tanto que los renuevos adquieren el crecimiento y desarrollo suficiente para permitir la entrada de los ganados sin perjuicio ni riesgo de las nuevas plantas; los obstáculos mismos que la naturaleza opone al logro inmediato de los esfuerzos de los hombres, o por la falta de lluvias que tanto aflige a muchas provincias del reino o por las malas condiciones de las tierras, tanto tiempo yermas y privadas de las circunstancias que conservan y mejoran su feracidad y aptitud para la cría de árboles y por tanto la tibieza con que suele ejecutarse por los vecindarios todo aquello que siendo gravoso a los intereses del momento, a la generación que hace el sacrificio, solo ofrece sus resultados y utilidades para las venideras.” (Circular nº 140. BOPS, 3 de julio de 1850).

covaleda 10

La comisión encargada del reconocimiento de los montes sorianos quedó establecida en el Real Decreto de 18 de junio de 1853, compuesta por:

“La Reina (Q. D. G.) se ha servido nombrar para componer las comisiones creadas por Real decreto de 27 de noviembre último con los sueldos de 10,000 rs. vn. anuales los Directores y de 8,000 los demás, con arreglo al artículo 7º del mismo Real decreto a los Ingeniero de montes siguientes:

Para la comisión de la provincia de Soria, Ingeniero Director a D. Ramón Jerica, Ingenieros a D. Antonio Borderes y D. José Gomila.” (BOPS, 82 de julio de 1853).

La administración forestal comenzaba su andadura, la gestión de los montes incorporaba

conocimientos científicos de los cuales había carecido hasta la época:

“Poderosas razones de conveniencia pública exigen hoy más que nunca la restauración y

fomento del ramo de montes. Sintiéndose desde bien antiguo las funestas consecuencias de su progresiva decadencia, se dictaron en todas épocas distintas disposiciones para contenerla. No eran ciertamente desacertadas: la experiencia las acreditaba en otras partes, pero faltaban entendidos ejecutores que las pusiesen en práctica, sustituyendo al empirismo y la ciega rutina los medios científicos de dirigir con acierto el cultivo del arbolado, las siembras y plantaciones, las podas y los aprovechamientos.

Entregados los montes, por una triste necesidad, a personas extrañas a la ciencia de la selvicultura, las operaciones prácticas para su beneficio produjeron con frecuencia resultados contrarios a su prosperidad. Podas inoportunas, cortas extemporáneas, esquilmos ejecutados con poco conocimiento de su índole y de la influencia que ejercen en la economía vegetal, acarrearon en muchas ocasiones la ruina de bosques florecientes, convirtiendo su fértil suelo en eriales estériles e insalubres.” (Circular nº 99. BOPS, 29 de marzo de 1854).

La novedosa tarea encomendada a los ingenieros de montes chocó con un importante lastre en su aplicación, la escasez de medios humanos y económicos para su desarrollo, coyuntura que iría mejorando conforme avanzaba el siglo XIX. Tras un periodo de calma, cuatro años más tarde, los problemas volvieron a reproducirse ante la falta de colaboración de los pueblos en la aplicación de las normas:

“Habiendo observado el lamentable abandono con que la mayor parte de los Ayuntamientos de esta provincia miran el importante ramo del arbolado que sobre la importancia que ejerce en la conservación de la salud pública, no es menos beneficioso para los campos porque purificando la atmósfera atrae a las lluvias y con ellas el medio de fecundizar las tierras, no pudiendo desatender un asunto tan interesante, he acordado prevenir a los mismos que sin dejar pasar la estación presente procedan desde luego a hacer las plantaciones en el número de 5 plantas por cada vecino siempre que el terreno lo permita y de mayor número posible en los pueblos donde haya terreno a propósito, en la inteligencia de que estoy dispuesto a mandar girar varias visitas para imponer la responsabilidad a los Ayuntamientos que falten a esta disposición, los cuales cuidarán de remitir a este gobierno el correspondiente testimonio que acredite haber hecho la plantación que se ordena.” (Circular nº 62. BOPS, 7 de marzo de 1855).

En 1855 el Gobierno volvió a publicar una relación de municipios infractores, en ella se observa un notable incremento en la inobservancia de la reglamentación, al superar el centenar de pueblos recriminados. En la relación publicada se incluyó como novedad, junto a los ayuntamientos, “los pueblos, caseríos y granjas”:

PARTIDO DE SORIA: Abejar, Alameda (la), Aliud y Albocabe, Lasalma y Sequilla (G), Aldealseñor, Rituerto, Almarza, Arévalo y Castellanos de la Sierra, Barrio-Martín, Cabrejas de pinar, Caravantes, Ontalvilla del Tormo Cihuela y Albalate, Cortos, Covaleda, Porteárbol y San Gregorio (G), Cubo de la Solana, Deza, Santerbás, Duruelo, Ayllón y Pedraza, Cerveriza y Lumbrerillas, Golmayo, Garrejo, Herreros, Mazaterón, Boñices, Vilviestre de los nabos, Toledillo, Peñalcazar, Peroniel, Barrio de los Santos y Vadillo, Izana, Quiñonería, Sinoba y Villarejo (G), Fuentesaúco, Derroñadas, Salduero, Alparche, Soria, Berguilla y las Casas, Molinos de Razón, Blasconuño y Matamala (la) (G), Villanueva y Zamarrón, Azapiedra, Villaverde, Vinuesa, Quintanar y Santa Inés.” (Circular nº 57. BOPS, 9 de mayo de 1855).

A todos ellos se les advirtió:

“…que a correo vuelto me remitan dicho aviso, que formarán en un todo con sujeción al formulario que se halla en el del número 21 de 1848 y sino hubiese terreno a propósito para la plantación lo manifestarán en el mismo, en concepto de que si no recibo el oportuno estado, dispondré que los empleados de montes reconozcan los citados plantíos y a los que no los hayan ejecutado, les impondré una multa conveniente en el papel establecido por la ley, por su apatía y morosidad.”(Circular nº 57. BOPS, 9 de mayo de 1855).

Apenas tuvo éxito este mandato, lo cual no hizo decaer la voluntad del Gobierno por mejorar el estado de los bosques, que siguió insistiendo al año siguiente en la necesidad de repoblar:

“Habiendo observado con el mayor disgusto el lamentable abandono con que la mayor parte de los Ayuntamientos de esta provincia miran el importante ramo del arbolado […], y no pudiendo ver con indiferencia los pocos resultados que dio la circular de este gobierno de 1º de Marzo del año anterior en que se recomendaba este interesante anuncio, he dispuesto prevenir a los mismos que aprovechando la estación presente, procedan a verificar las plantaciones en el número de 5 plantas por cada vecino siempre que el terreno lo permita y del mayor posible en los pueblos donde halla terrenos a propósito, en la inteligencia de que estoy dispuesto a mandar girar visitas y castigar con todo el rigor a los Ayuntamientos que falten a esta disposición, los cuales cuidarán de remitir a este gobierno el correspondiente testimonio que acredite haber llevado a efecto la plantación que se ordena.” (Circular nº 21. BOPS, 18 de febrero de 1856).

(…)

 

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