DESCRIPCIÓN DE LAS MUJERES DE PINARES EN 1788

Descripción de las mujeres de pinares hecha por Loperraez en el año 1788

 Una interesante descripción sobre esta zona y sus mujeres es la que nos ofrece en 1788 Juan Loperráez Corvalán, visitador del Obispado de Osma en su libro “Descripción Histórica del Obispado de Osma, 1788. el canónigo, hablando de las sierras “conocidas con el nombre de Pinares que dividen este Obispado del Arzobispado de Burgos”, comenta:

(…) Son muy pocos los lugares que se siembra con motivo de ser tierra montañosa por lo general, y estar poblada de pino, tener destinada lo principal de la tierra para dallo, y estar destinados los hombres mucha parte del año en el tráfico de las carretas (Cabaña Real y se emplea en conducir carbón, sal, madera, etc…) (…) dexando al cuidado de las mugeres la labranza de las pocas tierras que cultivan, hacer alguna corta de pinos, y guardar los atajillos de ganado, ocupándose el tiempo que les queda en echar sayales o xergas para vestirse, pero imposibilitadas enteramente a disponer de otras telas preciosas, acomodadas al país, con lo que lograrían más comodidad, poder asistir a la buena educación y crianza de sus hijos, y poder surtir sus casas de lo necesario para la decencia (apenas saben coser, ni hacer media; echan algunos paños con las lanas del país, y las hilan en lugar de huso, con un canto y un palo, que le atraviesan, dando a sus extremos para que tuerza; y es país que necesita de mucha educación) (Loperráez, 1788: 3)

Familia de Covaleda a principios del siglo XX

Familia de Covaleda a principios del siglo XX

            En el punto seis de su informe manifiesta:

En muchos pueblos de esta parte del Obispado, que son los de Duruelo, Covaleda, Salduero, Los Molinos, Palacios, Bilviestre, Regumiel, Canicosa, Navaleno, Arganda y otros, nada se siembra, y quitando los vecinos que tienen carretas, los demás se mantienen solo de hacer artesas y gamellas, distrayéndose tanto con este ejercicio, que apenas entran en el pueblo en todo el año viviendo en el campo a las inclemencias (…) Tienen en lo alto de las sierras algunos hornos, donde tuestan las gamellas (Ibid).

            En el apartado siete del informe, habla de cómo visten las mujeres:

Por lo común, las mugeres llevan unos trajes de paño basto, que les coge desde los hombros a los pies y les dan el nombre de jornea (Es un traje cerrado, pero tan estrecho, y de hechura tan extraña, que para ponérselo entran primero por la cabeza; y para quitárselo tiene en la espalda una lazada, y entrándolo en una escarpia, que está a prevención clavada en la pared del dormitorio, van sacando poco a poco el cuerpo de esta jornea, quedando colgada, y en disposición para vestirse a la mañana siguiente), sin más abrigo guardapié, ni otra ropa. Con este trage hacen las cortas de pinos, areglan las maderas, cargan y gobiernan las carretas en caso necesario. En las demás partes de este Obispado, se visten también por igual o mayor miseria, distinguiéndose por los diversos cortes y adornos en la cabeza, las casadas, las viudas y solteras; cargándose generalmente en los días festivos y de funciones, de corales y plantas de plata (González Martín (1981: 23) comenta: “Es necesario hablar de la sencillez castellana, pero en cuestión de aderezos, en Burgos, se han utilizado abundantemente, cuando los medios económicos lo permitían, y en general eran muy recargados y barrocos”.) vestidos de paño pardo, pespunteados con estambres de colores, y con cortes y hechuras tan honestas, y de dura, que nos recuerdan la moderación antigua de nuestra España, y nos hace ver que no se ha introducido en esta parte de ella, por la misericordia de Dios, el luxo que en otras, tan perjudicial a los pueblos, proviniendo este sin duda de la ociosidad, y aquella de los continuos afanes con que viven, y exercicios varoniles en que se emplean (Ibid: 4-5).

 Al igual que nos cuenta Herodoto de las amazonas de la Escitia, madres de los sármatas, las cuales no sabían dedicarse a trabajos femeniles, Loperráez nos dice de las pinariegas que apenas saben coser ni hacer media ni otras labores femeniles para conseguir la decencia de sus casas, debido a los trabajos varoniles que realizan. Se queja asimismo el canónigo de que en estos pueblos pinariegos falta mucha educación, de la forma como ve que trabajan las mujeres; sin embargo, cuarenta años antes, el Catastro de Ensenada (1749) nos manifiesta que tienen maestro y escuela a la que asisten niños y niñas. Por ejemplo, de Quintanar de la Sierra dice: “tiene maestro de primeras letas que cobra ochocientos reales de vellón, boticario y cirujano”.

 En el capítulo sobre el comunalismo vecinal manifestamos cómo estos pueblos serranos, mucho antes de que el Estado se hiciera cargo de la enseñanza, tenían maestro al que pagaban los vecinos. Esto lo ratifica la encuesta realizada por Tomás López en 1796, donde vemos que los pueblos de Valdelaguna tenían maestro de primeras letras. Además, en los pueblos serranos, las niñas también asistían a la escuela, porque Tomás López nos indica cuando la escuela es mixta o el número de niñas y niños que asisten a ella es similar. En el siglo XIX lo hemos podido constatar a través de las escrituras que se hacían a los maestros, donde siempre se especificaba niños y niñas cuando las escuelas eran mixtas. Y veremos también, en el mismo apartado, la alabanza que hace Pascual Madoz (1846) de los pueblos serranos, remarcando la diferencia que se da entre estos pueblos (donde dice que es raro hallar una persona que no sepa leer y escribir) y otras áreas, tomando como ejemplo Canales de la Sierra, pueblo también dedicado a la trashumancia, a diferencia de los agrícolas, donde se hallaban un buen número de analfabetos.

Este tipo de descripciones manifiestan la ambigüedad como eran observadas estas tierras y sus mujeres. Por un lado se nos dice que son tierras frías e inhóspitas (como destaca Tomás López mismo en su Diccionario), pero por el otro se explica que los campos no sacan suficiente producto porque se dedican a él las mujeres.

Grabado de mujeres de pinares realizado por Maximino Peña

Grabado de mujeres de pinares realizado por Maximino Peña

(…)

La característica de las mujeres dedicadas a la agricultura no sólo es propia de las antiguas zonas de la Mesta, sino también de aquellas zonas donde los hombres se dedicaban a la carretería (al transporte pesado y de larga distancia), que se localizaba, con una especial concentración en los pueblos de la Demanda Burgalesa y del Urbión soriano. En estos pueblos, la carretería llega a ser una actividad hasta tal punto dominante que en uno de ellos, Vilviestre del Pinar, se dice en sus respuestas generales del Catastro de Ensenada (1749-1756): “No haver labranza ni labrador alguno en el pueblo, porque todos se ejercitan en la carretería”, lo cual no era totalmente cierto, pues aparecen en el recuento algunos labradores. Bien es verdad también que casi todos ellos mayores de sesenta años, probablemente retirados de la vida nómada de la carretería, así como algunos jóvenes sin edad aún de incorporarse al ajetreo de las cuadrillas (cf. Gil Abad, 1992: 198).

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