LA VOZ DEL URBIÓN: LA IGLESIA DE MI PUEBLO

LA VOZ DEL URBIÓN Nº 4 (Marzo 1981)

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LA IGLESIA DE MI PUEBLO

En este, nuestro cuarto número de “La Voz del Urbión”, hemos pensado ofrecerles el relato de la construcción de la Iglesia Parroquial de San Quirico y Santa Julita, sacado del libro de cuentas que se abrió para tal fin.

Agradecemos a nuestro querido cura párroco D. Félix su desinteresada colaboración aportando datos para este artículo.

“El actual templo parroquial fue edificado en el mismo lugar en el que antes había existido otro, posiblemente románico, de menor altura que el actual. Signos de esa existencia son, entre otros, la fachada, pila bautismal y las señales que en la torre se conservan del tejado de la iglesia anterior –unos cuatro o cinco metros más debajo de la actual- y las troneras que había para las campanas y que pueden observarse desde el exterior a la altura del reloj. La torre hubo de ser levantada unos cuantos metros más con motivo de la edificación del actual templo.

Se comenzó a construir, según reza en el libro de cuentas que se abrió por tal motivo, en el año 1697 por el maestro de obras Baltasar de Pontones, siendo alcaldes por entonces Juan Miguel y José Herrero –antiguamente en los municipios existían dos Alcaldes, uno encargado de la Economía y otro de las tradiciones-. El maestro de cantería se llamaba Juan Díez.

Duró la construcción del templo diez años. El importe de la obra fue:

  • Entregado a Baltasar de Pontones para él, criados, vizcainos, así como la manutención y vino: 81.276 reales de vellón y 25 maravedíes.
  • Para arrastres, canteros, etc. 18.562 reales de vellón y 29 maravedíes.

Todo esto hacía un total de 99.838 reales de vellón y 54 maravedíes.

Cada año se encargaba de las cuentas un mayordomo, cuyo nombre no parece fácilmente identificable.

En el año 1915 se inauguró el armonio, exactamente el 2 de junio de este año, siendo cura por entonces D. Francisco García; dicho armonio costó 1400 pesetas de las que 190 se recogieron entre los vecinos pidiendo de puerta en puerta. De fondos de la Parroquia se juntaron 500 pesetas, el párroco dio 100 y adelantó otras 315 pesetas, sin mucha confianza de poder recobrarlas y el resto se consiguió a base de donativos que aportaron marqueses, senadores, condes, vizcondes y oriundos de Covaleda residentes fuera.

Como hecho anecdótico diremos que tocó por primera vez el organista de Molinos.

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