COVALEDA: ENTRE PINOS Y ROCAS (V – En la Boca del Trabuco)

V

En la boca del trabuco

 En el Libro VI de Difuntos de la parroquia de Covaleda, al Folio 92 (vlto.), Núm. 807, se halla inscrita una partida que literalmente dice así:

(Al margen) “Partida 807

Adulto MELITON LLORENTE

Consorte de Francisca García”.

 (En el cuerpo de la partida)

“En el día siete de enero de mil ochocientos setenta y ocho yo el Infrascripto Cura Párroco de esta Iglesia de Sn. Quirico y Sta. Julita de este Pueblo de Covaleda, diócesis de Osma, estando y practicadas las diligencias judiciales según el oficio que me pasó el Sor. Juez Municipal de este dho. Pueblo, mandé dar sepultura Ecca., como se efectuó, en el Cementerio de este Pueblo, al Cadáver de MELITON LLORENTE, natural de este Pueblo, legítimo (consorte de Francisca García, natural de Cabrejas del Pinar, vecino de esta Parroquia. Fue hallado dicho cadáver a las ocho de la noche de anteayer cinco en la calleja y sitio titulado de los Bolicios, término de este Pueblo, de mano airada según opinión facultativa, a la edad de treinta y nueve años. Y para que conste lo firmo fcha ut supra. Cándido Dominguez”. (Rubricado).

El día 19 de septiembre de 1981, D. Fermín Hernández “El Manelo”, me proporcionó por teléfono estos datos:

“El tío Melitón murió a mano airada el día 5 de enero del año 1878 en la calleja de los Bolicios.

Recibió tres impactos de bala: uno en la cabeza y dos en la espalda.

Su mujer se llamaba Francisca García y era natural de Cabrejas del Pinar”.

LOS BOLICIOS. CALLE Y PARAJEDesde esta pequeña pared se disparó el trabuco que acabó con la vida y las fechorías de Melitón Llorente la víspera de Ios Reyes de 1870 .

LOS BOLICIOS. CALLE Y PARAJE
Desde esta pequeña pared se disparó el trabuco que acabó con la vida y las fechorías de Melitón Llorente la víspera de los Reyes de 1870 .

DATOS APORTADOS POR LA TRADICION POPULAR

Se le atribuye la muerte del tío Melitón al tío Simón, que fue cartero.

Para justificar el hecho, se hizo acompañar de la Guardia Civil.

Llegado el momento, fue él quien disparó, previa identificación del terrorista.

La fórmula, real o imaginaria, de identificación fue esta:

“¡Espeña! ¿Quién vive?

“¡España! ¿Qué gente?

-“¡Melitón Llorente!”

-“Un tiro en la frente”_

En el lugar de la muerte hay una cruz grabada en la roca del suelo, la cruz es muy pequeña de unos 15 centímetros de larga y la proporción correspondiente de ancha, de muy poco relieve.

El cuerpo sin vida del tío Melitón estuvo en, depósito hasta su enterramiento en la Ermita de San Miguel, ubicada al norte de la Población.

El tío Melitón regresaba aquella noche, víspera de la Festividad de los Reyes, de su taina, situada en el paraje denominado “La Paúl”.

También dice la gente que la tía Cabrejana, aquella noche memorable estaba arreglando la matanza.

Una vieja me contó que, en cierta ocasión, el tío Melitón, en una disputa que tuvo con el tío Simón, le dijo a éste: “que si, no desistía en el intento de oponérsele, un día le cortaría, a lo vivo, los pechos a su mujer”.

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LOS BOLICIOS. CALLE y PARIAJE
«En el lugar de la muerte hay una cruz grabada en la roca del suelo ( … ) de unos quince centímetros de larga y la proporción correspondiente de ancha … »

La víspera de los Reyes ,

sin ninguna compañía,

el Melitón sale al bosque

¡qué sueños él traería! . . .

Regresa de “La Paúl”

aquel memorable día,

de la mano de la noche,

pisando la nieve fría.

Hoy el atajo recorre

con pedestre maestría,

sin encender un cigarro

de la prisa que traía.

Ardiendo en remordimientos

-presa de me1ancolía-

desanda antiguas andanzas

su buena conciencia impía.

Sus huellas quedan grabadas

-él no lo sospecharía-

con sangre en la roca vil

que no vale valentía;

pues le acecha una traición,

pago de su villanía.

El humo en las chimeneas

le anuncia la cercanía

del poblado acogedor,

la buena ciudadanía;

en sus volutas estrellas

el serrín dibujaría,

que, al quemarse en las estufas,

siente arder su fantasía.

En idilio familiar

se asienta la serranía,

junto al fogón cobijada,

casca que te cascaría.

Cuentos, leyendas, historias

la vieja sabiduría

va tejiendo ante el asombro

de inquieta chiquillería.

Los mozos hacen la ronda

a mozas en lozanía;

la voz del solista bravo

se clava en la lejanía.

Las calles quedan desiertas,

la plaza ya está vacía.

Las puertas y las ventanas,

el balcón, la celosía

todo se cierra y atranca

por prudente cobardía.

La noche arrecia sus sombras,

que entonces luces no había;

hasta el candil o la tea

de miedo se apagaría.

Insidioso en la calleja

de “Los Bolicios” le espía

agazapado un trabuco,

que muerte allí le daría.

¡”¿ Quién va?”! le grita potente

con su voz de artillería,

cuando en las sombras, moviéndose ,

su sombra ya presentía.

-“El tío Melitón Llorente”

responde él por cortesía;

¡ay! no sabe que allí muerte

su identidad le daría.

Escupe fuego el trabuco

con certera puntería;

la metralla hiere el pecho

y, abrazado a su agonía,

a la noche lanza un grito

que en las estrellas se oía.

La luna que recordaba

divina sabiduría:

“el que a hierro mata, a hierro

Muere” -le sentenciaría.

Su mujer hace matanza

de corral y cetrería;

ollas, cazuelas y platos

bailando en algarabía.

Un terrible pensamiento

-presagio de agorería-

nubla su mente asustada

y el corazón le partía.

Grita en arranque feroz

(¿milagro o telepatía?)

-“¡Mi Melitón! ¡Te han matado

en la calleja sombría!”

¡¡¡Mal haya quien esto ha hecho,

mal haya, que yo le haría

morir como él ha matado,

que soy FRANCISCA GARCIA!!!

El cielo siempre piadoso

pares de estrellas le envía,

que instalan capilla ardiente

aquella noche tan fría.

Las campanas de la torre

madrugan la Epifanía

y los clamores reparten

a aquella feligresía.

“Yo no entiendo hoy las campanas.

¿Nos repican de alegría

o tocan a funeral

llorando melancolía?”

-dijo un ingenuo que siempre,

cuando la música oía

y repicar las campanas,

oía lo que sentía.

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PORTILLO DE LA REMENDA. CUEVA
Desde el intenior la boca de la cueva ofrece esta línea triangulada. Abajo, el precipicio, y sobre sus rocas, un pino señalero, picado a los cuatro aires, para
advertir su proximidad.

 Conclusión

 Los pinos, que son los testigos fidedignos de estos hechos, nos dan también la lección práctica, que podemos sacar:

Convivir cívicamente y gozar de las maravillas de la creación, en respetuosa y amable compañía. La práctica del terror es esencialmente, mala.

Soy un pino progresista,

cursé futurología

en los Picos del Urbión,;

tuve siempre buena vista,

escuchad la profecía

que me dicta el corazón.

Esta selva primitiva

que formamos hoy nosotros,

pinos recios, vegetales,

será extinta en la nociva

técnica que usáis vosotros

en esas talas fatales.

Vamos a ser muy pulidos,

educados y formales,

todos limpios y derechos;

ya no vendrán los bandidos

a ocultar sus criminales

intenciones, sus acechos.

Veo otra selva gigante

crecer, crecer cada día

en las urbes y autopistas

con humos -nuevo talante-

y ruidos -sin poesía-

y vértigos trapecistas;

vehículos desbocados,

de rascacielos montañas,

masas amorfas de humanos . ..

Allí estarán amparados

terroristas sin entrañas,

lobos entre sus hermanos.

¡Venid, gozad nuestro amor!

¡Huid de vuestro suicidio!

¡Venid el dia de fiesta!

Que no os guardamos rencor

por este cruel genocidio.

¡Gozad vida en la floresta!

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