COVALEDA: ENTRE PINOS Y ROCAS (IV – El Terrorista Aterrado)

IV

El terrorista aterrado

 El coprotagonista del tió Melitón en este episodio fue D. Inocencio de Lucio, Cura Párroco, a la sazón, de Regumiel de la Sierra.

En cierta ocasión hacía su viaje a caballo el susodicho sacerdote.

Internado en el bosque, le sale al camino el tío Melitón.

Para frenarle, le coge las riendas de la cabalgadura.

El sacerdote, identificado que hubo inmediatamente al terrorista, tiembla de pies a cabeza, por ignorar las intenciones de su ingrata compañía.

Este, liando un cigarrillo, le pide fuego para encenderlo.

El avispado sacerdote se lo ofrece y, al utilizar este servicio el tío Melitón forzosamente debió soltar las riendas del caballo. Momento preciso y circunstancia favorable que aprovechó el sacerdote para ahijar las espuelas al caballo y salir con él de estampida, evitando su presumible riesgo.

Este episodio no es conocido en Covaleda. Yo solo se lo oí contar a D. Salvador, párroco que fue de Canicosa más de 50 años. Este cronista vivo, que me refirió este hecho, también me dio estos datos:

“El tío Melitón era corpulento y le apodaban “El Cariñoso”.

CUEVA DEL"PASO CUBITO". ENTRADAEs la cueva de abajo; despensa- y secadero de cecinas y canales, utilizada por Melitón Llonente para sus provisiones. La boca es baja y ancha; la estanciasecadero es alta y estrecha en medidas incalculables.

CUEVA DEL”PASO CUBITO”. ENTRADA
Es la cueva de abajo; despensa- y secadero de cecinas y canales, utilizada por Melitón Llonente para sus provisiones. La boca es baja y ancha; la estancia
secadero es alta y estrecha en medidas incalculables.

Era una dulce mañana,

mañana dulce de mayo.

El cielo terso y la nube

del sol inundan los rayos .

La tierra verde, humillada

en el invierno pasado,

virgen y madre de amor,

alumbra su nuevo parto;

La Primavera gentil,

su sempiterno milagro .

El aire cálido besa

la frente, el pecho y el labio

y los sueños acaricia

con sus ritos ensalmados .

(“Las mañanitas de abril

-refranes del pueblo sabio-

son muy dulces de dormir”;

las mañanitas de mayo

-para el amor y los sueños-

son sin principio ni cabo”).

Porque le hierve la sangre

en las venas al caballo,

porque quiere galopar,

relincha desde el establo.

Y toca la flauta el mirlo,

rey en el pino más alto,

que contempló en el rocío

un lucero retardado.

Desde el balcón avizora

y al día saluda el Párroco.

Abriendo el pecho del alma

contempla el cielo despacio,

beben sus ojos la luz

y quedo … se queda estático.

El Cura, amante de Dios,

del cosmos se ha enamorado.

Su devoción satisfecha

con la Misa y el Breviario.

Don INOCENCIO DE LUCIO,

émulo de Don Quijano,

EL CURA DE REGUMIEL,

celoso de su rebaño,

su viaje emprende a Duruelo

buen jinete, cabalgando.

Cuando se apresta a partir,

vecino el más hijodalgo,

las doncellas le despiden

y le miran los muchachos;

toda la feligresía

le ve cruzar por los prados.

Pronto en la selva se interna,

buscando sendas y atajos;

pronto entre pinos v rocas

caminará en solitario.

 

La fantasía despierta

cuando todo se ha callado;

se le lleva el pensamiento

cautivo -amoroso rapto-

al mundo de sus ensueños,

a un paraíso sin diablo.

Así caminan felices

a un ritmo sueños y pasos,

la fantasía alocada

y el pensamiento engañado.

De la entraña de su ser

le brota un lírico canto:

«¡Bendito Dios que me has vuelto

al Paraíso soñado;

para cantar tus amores

pon en mi boca tus salmos!».

De pronto un fantasma vivo,

de Melitón disfrazado

(el terrorista feroz

que los tiene amedrentados

de Covaleda y Vinuesa,

de Quintanar y Palacios

a estos robles pinariegos ,

bretos, judíos o arévacos)

de pronto un fantasma vivo,

de Melitón disfrazado,

las riendas prende tenaz;

del corcel que se ha asustado

y se le rinde nervioso

se rinde al robusto brazo.

Con amable cortesía,

sin disfraz y muy humano

el salteador le pide

cerillas para el cigarro.

El Clérigo que comprueba

que es real lo imaginado,

tiembla de pies a cabeza

y pide un consejo sabio

a su mente, sospechosa,

y a su corazón turbado.

Ya la caja de los fósforos

le alarga, el pulso temblando,

(los pinos que lo presencian,

verdes, eternos y cautos,

confidentes y sensibles,

se preguntan asombrados:

-«¿qué pasará hoy en la selva

entre pinos y entre humanos?»).

La bondad en la sospecha

en un punto se ha trocado

y el terror en la bondad:

inexplicable milagro.

Sonríe el tío Melitón

y, al coger lo demandado,

suelta la rienda al corcel

que espera órdenes de su amo.

Y presto de él las recibe,

pues apenas percatado

que puede emprender la huida,

hiende espuelas al caballo,

su Rocinante, y se aleja

-velocidades de rayo-

envuelto en nubes de polvo

por los pinos asustados.

Y EL TERRORISTA SE QUEDA

… POR UNA VEZ, ATERRADO.

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