LOS HERMANOS BAROJA EN COVALEDA – 3ª Parte

Aunque el relato original consta de seis partes, como hemos dicho con anterioridad, aquí únicamente publicaremos las que se refieren a Covaleda y su entorno, ya que las otras se refieren a su viaje de Madrid hasta Soria y la vuelta.

el imparcial 3

El Imparcial (Madrid. 1867). 30/12/1901, página 3

Á ORILLAS DEL DUERO

LOS PINARES

Y la claridad fría, mate, de una mañana gris alumbra el pueblo. Al salir de él, atravesamos una dehesa, blanqueada por la escarcha cruzada por negruzcos senderos, vamos penetrando en los pinares de la garganta de Covaleda.

El cielo está plomizo, bajo. El Duero, verde, pasa por encima de las peñas cubiertas de musgo; se remansa á trechos, enganchando sus orillas; se ve entonces alguna serrería sostenida sobre hileras de estacas, como las antiguas habitaciones lacustres, y en el agua tranquila y negruzca que oculta bajo su tersa superficie el fondo del cauce, se reflejan el tajado rojo de las serrerías y las imágenes invertidas de los altos pinos de las riberas.

Avanza el día y comienza á desgarrarse la niebla; en lo alto aparecen jirones de cielo azul suave, claro, de una claridad dulce y melancólica.

El sol brilla arriba en las cumbres pobladas de altos pinares, iluminándolos con toaos anaranjados y rojizos.

El caminante y la ermita 227 x 327 mnm. Aguafuerte. Biblioteca Nacional, Madrid, núm. inv. 14429.Bien podría tratarse de la ermita existente entre Molinos de Duero y Salduero

El caminante y la ermita 227 x 327 mnm. Aguafuerte. Biblioteca Nacional, Madrid, núm. inv. 14429.
Bien podría tratarse de la ermita existente entre Molinos de Duero y Salduero

Encontramos á nuestro paso un viejo harapiento con el cabello largo y la barba hirsuta, que baja por una antigua calzada revestida con grandes losas. El viejo lleva una piedra al hombro, nos mira foscamente y se oculta en los pinares.

Pasamos por Salduero y de allí nos dirigimos á Vinuesa. Frente á Molinos, en un robledal de hojas doradas, nos tendemos sobre la yerba; á veces un rayo de sol viene como taladrándolo todo, coloreando el follaje que encuentra en el camino con un brillo de cobre rojo. Las hojas secas juegan y corren movidas por el viento; se oye persistentemente resonar en el espacio silencioso, el rumor de una esquila.

Camino de Salduero á Vinuesa, no lejos del río, hay un pedrusco grande, que los aldeanos llaman la piedra escrita. En ella se lee una inscripción latina, en la cual se indica quién fue el prefecto que hizo la vía romana.

Nos levantamos del robledal y seguimos adelante, hacia Vinuesa. Se comienza a ver el pueblo, llamado antiguamente corte de los pinares, en un valle ancho, con sus tejados rojos y su iglesia negruzca.

Camino de Soria80 x 120 mm. Aguafuerte y aguatinta. Colección familia Caro Baroja, Vera de Bidasoa.

Camino de Soria
80 x 120 mm. Aguafuerte y aguatinta. Colección familia Caro Baroja, Vera de Bidasoa.

Entramos en Vinuesa, preguntamos por una posada y nos indican una que tiene un soportalillo en la puerta. Cruzamos el zaguán; en el fondo, en un cuartucho, hablan unas cuantas viejas.

-¿Se puede comer aquí? -preguntamos.

-Pagando … -dice una de las viejas.

-Se pagará. ¿Qué hay para comer?

-Usted dirá.

-¿Hay huevos?

-No, señor; no hay.

-¿Habrá carne?

-¡Carne! Já … já. .. Es comida cara.

-¿Pues qué demonios hay? ¿O es que en este pueblo no se come?

¡Ya lo creo que se come! Y todo el montón de viejas se ríe sarcásticamente como brujas de Goya.

-Bueno. Vámonos -digo yo,

-Vayan, vayan ustedes donde quieran.

Indudablemente las viejas de Vinuesa son muy finas. Salimos á buscar otra posada, preguntamos aquí y allá, y por una calle que tiene á ambos lados casas grandes y hermosas con blasones, llegamos á otro mesón en donde llamamos. El mesonero, un hombre rechoncho, gordo y rojizo, con la cara tapada por un pañuelo negro, sale á la puerta. Nos estudia, vacila en responder a la pregunta nuestra de si habrá de comer o no en su casa, y por último se decide y contesta que sí.

Pueblo serrano 415 x 315 mm. Aguafuerte. Colección familia Caro Baroja, Vera de Bidasoa.Molinos, Covaleda o Vinuesa debieron proporcionar los apuntes iniciales de este pueblo soriano con sus consistentes casas de piedra y lugareños ataviados al modo tradicional.

Pueblo serrano 415 x 315 mm. Aguafuerte. Colección familia Caro Baroja, Vera de Bidasoa.
Molinos, Covaleda o Vinuesa debieron proporcionar los apuntes iniciales de este pueblo soriano con sus consistentes casas de piedra y lugareños ataviados al modo tradicional.

Nos dice que esperemos una hora. Damos una vuelta por el pueblo; nos sentamos en el banco exterior de una casa de piedra que tiene un gran escudo sobre el portón; mi hermano se pone á dibujar y una nube de chicos se acerca y nos rodea.

Al volver á la posada, el posadero quiere ponernos la mesa en un cuarto oscuro, en una de cuyas paredes se ve la imagen de no sé qué santo. Pedimos que nos sirva de comer en un patio en donde da el sol, y esta exigencia produce en el hombre un efecto de asombro y de desconfianza verdaderamente terribles; sacamos nosotros la mesa al patio. Al poco tiempo viene el hombre del mesón con un salero, deja caer sobre la mesa algunos granos de sal y coloca el salero en la repisa del santo, como haciendo un conjuro ahuyentando así nuestras perversas intenciones.

Va trayendo después las viandas, y al notar que comemos como los demás mortales, que no tenemos cola, ni cuernos, esto por muchas razones, una de ellas por la solteronía que nos distingue, adquiere el hombre alguna confianza y nos cuenta detalles de la pinochada, una fiesta que se celebra en el pueblo el día de San Roque.

Vinuesa y Covaleda -nos dice- se disputaban hace mucho tiempo un pinar. Que si era de uno, que si era de otro … por fin se cansaron de discutir, dejaron razones á un lado, acudieron á las armas y hubo una lucha atroz, en la cual los de Vinuesa hubieran salido derrotados á no haber intervenido las mujeres, que viendo correr á los hombres del pueblo, arremetieron contra la gente de Covaleda hasta ponerles en fuga. Quedó el pinar por los de Vinuesa y en conmemoración de esta victoria se celebra una fiesta el día de San Roque. Se reúnen las mozas del pueblo en la plaza, armadas con una rama de pino, y á una señal dada, persiguen á los hombres y les azotan en la espalda con la pinocha.

Luego de esta explicación histórica comprendemos de por qué las viejas de Vinuesa tienen tan mal humor.

La ermita o Entrando en la iglesia 310 x 478 mm. Cobre; aguafuerte y aguatinta. Calcografía Nacional. Madrid, núm. inv. 5388. Primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908.Escena costumbrista con aldeanos acudiendo a la iglesia, lo que le permite recrear una serie de tipos y trajes característicos de Castilla.

La ermita o Entrando en la iglesia 310 x 478 mm. Cobre; aguafuerte y aguatinta. Calcografía Nacional. Madrid, núm. inv. 5388. Primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908.
Escena costumbrista con aldeanos acudiendo a la iglesia, lo que le permite recrear una serie de tipos y trajes característicos de Castilla.

Creyendo haber conseguido la confianza de los posaderos -se presenta también la posadera, una mujer de ojos ribeteados, -les digo yo que en un pueblo del Guadarrama nos tomaron por destripadores de chicos, y la mujer exclama:

-y todo podría ser.

Al oír esto, nuestra prudencia nos aconseja largarnos. Nos levantamos y nos marchamos de allá. A la salida del pueblo preguntamos á una muchacha:

-¿Cuál es el camino de La Muedra?

-y ella replica:

-Mejor lo saben ustedes que yo.

La miramos asombrados de su estupidez, y unas cuantas viejas que oyen nuestros comentarios sobre la amabilidad de las mujeres del pueblo, nos increpan y nos amenazan con el puño.

Aceleramos la marcha; al pasar cerca del lavadero oímos una algarabía fenomenal y gritos de ¡Fuera! ¡Fuera! No dudamos de á quién se dirigen.

Apretamos más el paso y entramos en un pinar. A mi hermano se le ha olvidado el álbum en la posada. ¿Pero quién se atreve á volver al pueblo?

Seguimos andando por la llanura cubierta de pinos; el sol se oculta á lo lejos, por detrás de una montaña cuya cumbre se enrojece por los últimos resplandores del sol, como si ardiese por un fuego interno. Preguntamos á un zagal si el camino por donde vamos es el de La Muedra; nos dice que sí, -que continuándolo encontraremos un puente sobre el río. Avanzando más, hallamos el camino que termina en un vado, á la derecha una tapia que impide seguir por la orilla, á la izquierda el Duero, que hace una curva rodeando el valle de Vinuesa.

Nos decidimos á vadear, y descalzos, con las botas y polainas en la mano, entramos, en el río.

La impresión del agua, que está helada, en las piernas, mientras el estómago se encuentra en plenos horrores digestivos, es espeluznante. Y lo peor no es esto, sino que el río se hace cada vez más profundo, llegándonos el agua hasta la cintura, y la corriente es cada vez más fuerte. Los pies se hincan desesperadamente en las piedras del cauce. Se piensa con horror que si uno se desliza, entre la corriente y el peso del morral no se sale á la superficie hasta la inmediata presa.

De miedo se me cae una bota en medio del río, y consigo pescarla llena de agua Llegamos á la otra orilla con los pies doloridos, nos secamos y echamos á andar. Indudablemente Kneip tenía razón, el baño nos ha dado más fuerza y una calor enorme en las piernas.

El camino ahora sube en cuesta por entre un pinar; encontramos á un cura que nos dice que todo seguido llegaremos pronto al pueblo. Pasamos cerca de una ferrería abandonada y derruida, con una altísima chimenea de ladrillo. En media hora de marcha redoblada estamos en La Muedra, un poblacho con unas cuantas casucas. Se oye sonar el Ángelus, anochece, todavía queda en el horizonte una faja rojiza cerca de la tierra. Pasan unos carros de bueyes, preguntamos á un boyero si hay allí posada, nos dice que no, y que lo mejor para nosotros es seguir adelante, camino de Cidones.

En la dirección que nos indica subimos á la cumbre de un cerro. La noche está estrellada, los valles profundos se llenan de nieblas, comienza á aparecer el resplandor de la luna por encima de un monte.

Y á la luz de la luna seguimos el camino que se divide en sendas que terminan en prados y en lugares yermos llenos de matorrales de berceo y retama. Se borran las sendas. Cierra la noche; de pronto nos topamos con un río, en cuyo fondo terso y negro duermen millares de estrellas. Estamos desorientados. Indudablemente nos hemos perdido …

 PIO BAROJA.

 

 

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