LOS HERMANOS BAROJA EN COVALEDA – 2ª Parte

el imparcial 2

El Imparcial (Madrid. 1867). 16/12/1901, página 4.

A ORILLAS DEL DUERO

Covaleda

Bajábamos del monte después de descansar en un raso que llaman el Zamplón y de encender fuego; una alta hoguera religiosa en medio de un bosque de pinos.

En el horizonte bajo las nubes fundidas, se ocultaba el sol envuelto en rojas incandescencias, como un gran brasero, que incendiara el aire, en la gloria de una apoteosis de luz y de colores.

Absortos, contemplábamos el paisaje, los pinares que se extendían a nuestros pies como abismos de negrura, los descampados llenos de matorrales de brezo y de retama, los montes lejanos por los cuales corrían pinceladas violetas y la tarde que pasaba silenciosa, mientras el cielo heroico se enrojecía con rojos resplandores …

Mientras bajábamos, uno de los guardias que nos acompañaba nos contó una historia, una historia triste, una historia lamentable acaecida en el Urbión; la de un oso.

Era un pobre oso que iba con unos titiriteros ganándose honradamente la vida, bailando al son de la pandereta. Un día, en un pueblo no lejano del Urbión, sintió pujos de independencia y se echó al monte.

El pobre animal, al encontrarse en libertad, entre la nieve, debió de creerse en el paraíso. Se arrancó el bozal, rompió las cadenas que le oprimían como cualquier ciudadano libre y se dedicó a robar las ovejas que se le antojaban más sabrosas.

Se acercaba a los rebaños, en dos pies, palmoteaba como oso civilizado y se llevaba la oveja que mejor le parecía. A veces que la alimentación de carne le hartaba, iba a coger el postre a las colmenas.

Se bañaba previamente en un arroyo, se revolcaba después en el barro para cubrirse de una costra que no pudieran atravesar los aguijones de las abejas, cargaba con una colmena y comía la miel en un sitio apacible y tranquilo.

A pesar de su inteligencia y de que no se metía con nadie, el pobre oso, perseguido y acorralado, fue muerto en Regumiel.

Rincón de pueblo serrano298 x 395 mm. Aguafuerte. Biblioteca Nacional, Madrid, núm. inv. 14459.Es uno de los ejemplos más claros de la seguridad técnica de Ricardo Baroja grabador, quien de forma estilizada transmite con toda su fuerza y elementos un característico rincón de pueblo serrano con el peculiar trazado de las casas pinariegas y sus tipos.

Rincón de pueblo serrano
298 x 395 mm. Aguafuerte. Biblioteca Nacional, Madrid, núm. inv. 14459.
Es uno de los ejemplos más claros de la seguridad técnica de Ricardo Baroja grabador, quien de forma estilizada transmite con toda su fuerza y elementos un característico rincón de pueblo serrano con el peculiar trazado de las casas pinariegas y sus tipos.

Comentando esta lamentable historia bajábamos por un barranco poblado de robles y de hayas sin hojas. Había oscurecido. Lope nos contó las hazañas de un pastor llamado Melitón que robaba y mataba cuanto se le ponía por delante.

Ya en el camino nos encontramos con hombres y mujeres que volvían con el ganado al pueblo, por temor a los lobos que en el mes de Noviembre se han comido, según nos dijeron, más de treinta cabezas de ganado lanar y vacuno.

– Pero atacan también a las vacas -les preguntamos nosotros.

– Ya lo creo. Hace días mataron una becerra de tres años; apenas si dejaron los huesos y un poco de carne que recogió el dueño de la res.

Nos íbamos acercando al pueblo, medio oculto en la penumbra de un triste crepúsculo.

Se oía por todas partes el campanilleo de las esquilas; sonaba una campana; arriba, en el cielo, brillaban dos luceros muy juntos, con luz deslumbradora.

Al entrar en la aldea aún quedaba en el horizonte una gran irradiación luminosa, de un azul verde, purísimo, de nácar …

En la cocina de la posada, en Covaleda, nos calentamos a la lumbre. Una muchacha medio dormida se ocupa de vez en cuando en renovar las teas que arden sobre una pala de hierro.

Mientras descansamos entra un señor alto, de barba en punta, haciendo sonar las espuelas. Lleva marsellés, manta al hombro y botas de montar.

Es el medico de un pueblo inmediato. Nos habla de historia, de arqueología, de numismática, y por último, de los sepulcros antiguos que hay en Covaleda y en Duruelo. Le decimos que no los hemos visto.

– Pues hay muchos -replica.- En Duruelo, detrás de la iglesia, habrá unos treinta ó cuarenta; aquí, cerca del estanco, diez ó doce. Vamos a verlos, si ustedes quieren.

Nos levantamos, y sin fuerza para echar un pie antes que otro, salimos de la posada y en un altozano vemos los sepulcros que sirven de pavimento.

Son diez ó doce, están tallados en roca viva; su tamaño es tan corto, que un hombre moderno de pequeña estatura no cabría en ellos; los hay pequeñísimos, de media vara de longitud, indudablemente de niños; su forma es un triángulo isósceles, de vértice truncado y base estrecha, en la cual se abre un semi-círculo que debía servir para colocar allá la cabeza del muerto.

Los románticos aficionados a las pequeñas ficciones arqueológicas dicen que estos sepulcros y los del pozo de San Millán, que está entre Covaleda y Duruelo son de los duracos, antiguos pobladores del país, aliados de Numancia.

El médico que nos acompaña nos advierte que él no cree que haya razones para afirmar tal cosa. Al decirle que, según algunos, los habitantes de Duruelo y Covaleda proceden de una colonia bretona y que por esto les llaman “bretos”, nos responde que todo eso le parece fantasía pura.

Volvemos a la posada, el médico monta a caballo delante de la puerta y desaparece en la oscuridad de la noche; entramos en la cocina en donde juegan al guiñote algunos hombres. Entre ellos hay unos que tienen el pelo largo y tufos por encima de las orejas; visten todos la blusa y la boina que se ha generalizado en España.

Interior de una posada138 x 218 mm. Cobre; aguafuerte. Calcografía Nacional, Madrid, núm. inv. 5393. Primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908.Serie Escenas españolas.Bien podría tratarse de la posada de Covaleda, ya que se ajusta a la descripción hecha de la misma.

Interior de una posada
138 x 218 mm. Cobre; aguafuerte. Calcografía Nacional, Madrid, núm. inv. 5393. Primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908.
Serie Escenas españolas.
Bien podría tratarse de la posada de Covaleda, ya que se ajusta a la descripción hecha de la misma.

Según nos dicen, entre estos pueblos comarcanos, solo en Castrillo, de la provincia de Burgos, se conserva el traje tradicional: una especie de marsellés, que atan por delante como si fuera un corsé con un cordón, debajo del cual llevan un pañuelo de colores.

Antes de ir a acostamos, le pedimos la cuenta al posadero, porque vamos a salir al día siguiente muy de mañana. El hombre se presenta con un libro, en donde están escritas con letras muy gordas y azules las partidas de nuestra cuenta.

Me recuerda el libro, aquel otro donde escribía el ventero de Don Quijote el gasto de cebada y de paja de los arrieros, y con el cual el pícaro armó caballero a su huésped.

-¿No ha armado usted caballero a nadie con este libro? -le pregunte ya al dueño del mesón.

El hombre me mira asombrado y no me contesta. Le pagamos y envueltos en los capotes nos tendemos y caemos dormidos como piedras sobre los sacos de paja que nos sirven de camas.

 PÍO BAROJA.

 

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