LA ESFERA (06-12-1930)

La Esfera. 6/12/1930, n.º 883, página 23.

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LA  SIERRA DE URBION Y SUS LAGUNAS

 RINCONES hay en España que por estar situados en lugares  casi inaccesibles son desconocidos para la generalidad de sus habitantes, no obstante la esplendidez de sus paisajes y la belleza de sus detalles. Tales son las lagunas que circundan el pico de Urbión, en la Sierra de este nombre, uno de los nudos de montañas más importantes del sistema Ibérico.

En las proximidades de aquel pico, a 2.246 metros de altura, nace el río Duero, que tiene su origen en un manantial cuyas aguas forman un pequeño regato que cae a chorro por una canalita, cual si fuera el caño de una fuente no muy abundante, y cuyo caudal puede detenerse con un vaso. Únense poco después á este regato las aguas de otros manantiales, que formando arroyo, primero, y ya un riachuelo pocos kilómetros después, conviértese, al llegar á Soria, en un respetable río, que es el primero por su importancia en el sistema hidrográfico de la Península.

Ahora que el turismo va tomando carta de naturaleza entre las aficiones no sólo de los pudientes, sino de la clase media, y a por las emociones de los viajes en automóvil, ya por las que produce la contemplación de países desconocidos, que, por serlo, dan la sensación al contemplarlos de haberlos descubierto, es un deber de conciencia orientar á los felices que puedan satisfacer ese anhelo de sentirse exploradores y hacerles saber que en nuestra Patria existen paisajes y bellos rincones que en nada tienen que envidiar a los de Suiza, como no sea en los medios de locomoción necesarios para visitarlos. Y, sin embargo, tal vez en estos medios primitivos que hay que emplear consista, si no su mayor encanto, sí uno de los alicientes para emprender estas excursiones, por la misma razón que nos entusiasman los relatos de los viajes que por terrenos accidentados y llenos de dificultades y peligros hacían los exploradores de tierras vírgenes.

La expedición á Urbión y sus lagunas no tiene por objeto descubrir estas tierras, que ya están descubiertas, ni es tan difícil como la de una exploración por el África, claro está; pero hay que emprenderla con una dosis de Optimismo y buen, humor, á prueba de incomodidades, sin lo cual debe aconsejarse no se emprenda.

La visita de estos lugares debe hacerse en dos jornadas (por más que algunos la hayan hecho en una sola), ya que son penosas las marchas por caminos de herradura y con incómodas cabalgaduras, especialmente para las mujeres; además de que en una sola sesión no puede verse todo lo que es digno de ello, que es mucho.

El mejor medio es situarse en Vinuesa, preciosa villa á treinta kilómetros de Soria, en la confluencia del Duero y el Revinuesa, por donde cruza la carretera de Zarranzano á Molinos de Duero y  parte la que ha de ir hasta Logroño por Montenegro de Cameros y empalma en Molinos con la de Soria á Burgos, por el Valle de Regumiel, es decir, situada en un nudo de magníficas carreteras y á corta distancia de la capital. ¡Lástima que hoy no haya en tal villa el magnifico hotel que debiera y que podría construirse, á poco deseo que alguno de los propietarios que la habitan tuviera de hacerse rico á cuenta del turismo!

LA LAGUNA NEGRA

EN LA LAGUNA NEGRA

El itinerario más práctico á seguir es el siguiente, partiendo de Vinuesa: Saliendo al amanecer, puede emplearse el coche hasta el caserío del Quintanar, precioso conjunto de catorce casas, situado en anfiteatro en la vertiente este de la Garganta de Santa Inés, á siete kilómetros de aquella villa, en la carretera que pasando por la Granja del Plantío va por el puerto de Santa Inés á Montenegro de Cameros. En el Quintanar hay que abandonar el auto y tomar los borriquillos, y á lo más, algún caballejo del país, único vehículo utilizable en los caminos (¿;?) y veredas que hay que recorrer. Y aquí empieza precisamente lo bonito de la expedición, la que, como decimos antes, hay que emprender con gran dosis de optimismo y buen humor para que salga bien. Han de recorrerse de esta manera diez y siete ó diez y ocho kilómetros, hasta la Laguna Negra; y tomándolo á broma, ¡qué regocijadas escenas se viven durante la jornada!

A poco de empezar la subida, una planicie que llaman la Losaza brinda, á la sombra de unos enormes peñascos, que Dios sabe en qué cataclismo lejano se desprendieron de la cumbre, un descanso merecido para los pobres borriquillos y un lugar preciosísimo para tomar un refrigerio.

Con este tentempié —nunca más apropiada la frase, ya que desde aquí hay que ir muchos ratos andando, por los peligros que en algunas ocasiones ofrece et ir montado— sigue la excursión, subiendo, subiendo siempre por veredas estrechísimas, bordeando el fantástico arroyo que baja casi despeñado desde la famosa Laguna Negra, entre pinos y hayas y abetos, bajo un verdadero túnel de follaje, que hace este sitio incomparablemente bello, sintiéndose el que lo contempla compensado con creces de las molestias que pudiera causarle el incómodo medio de locomoción que le ha traído á este sitio.

Y andando un rato y cabalgando otro, se llega á dar vista á la Laguna Negra, la más bella de las que componen el conjunto. ¡Soberbio espectáculo! No se advierte hasta que se llega á la cima del cráter de antiquísimo volcán, en cuyo fondo negrean las cristalinas y purísimas aguas de la laguna, surtida por las innumerables filtraciones de las altísimas cumbres, estribaciones de la Sierra de Urbión, que la rodean.

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EL PICO DE  URBIÓN Y SUS LAGUNAS

Descansando en Vinuesa uno ó dos días, si quiere hacerse bien la visita á estos lugares, en cuyo plazo de tiempo pueden admirarse los alrededores de esta hermosa villa, con su fuente del Salobral (de aguas sulfúricas), el cauce del río Remunicio, el pantano de la Cuerda del Pozo, en el pueblo de La Muedra, etc., organizase la excursión, saliendo muy tempranito, en automóvil, por la carretera del valle de Regumiel, pasando por los pintorescos pueblos de Molinos de Duero, Salduero, y más tarde por Covaleda, para llegar á Duruelo, último pueblo de la provincia de Soria en aquella dirección, y distante de Vinuesa unos quince kilómetros.

La laguna, á pesar de tener algo mayor perímetro que la Negra (cerca de un kilómetro), parece más pequeña por estar situada en una hondonada. Sus aguas al salir por la vertiente Norte, dan nombre al arroyo Ríofrío, afluente del Najerilla en la cuenca del Ebro. Y en la misma cresta de la cordillera, á pocos pasos del pico de Urbión, hay un enorme peñón, en cuya base se abre un túnel de más de treinta metros de anchura, desde cuyo interior dominanse las dos vertientes; del Ebro y del Duero. Allí cerca nace este río, como decimos al principio: una fuentecilla de agua fresquísima que no quita la sed. ¡Quién dijera, al ver ese cañito, que era el origen de ese gran río que está llamado á constituir una enorme fuente de riqueza en España, con sus pantanos (el primero el de la Cuerda del Pozo) y sus célebres saltos en Zamora. Rodean la Laguna de Urbión altos peñascos, que semejan torreones de algún fantástico castillo, donde anidan las águilas, bien seguras de que es inaccesible su refugio.

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Próximas á la laguna mencionada y en la vertiente Sur, hay otras dos de menor importancia, la Helada y la Larga, rodeadas casi todo el año de nieve, que por no recibir apenas los rayos del sol, se conserva en pleno verano, con gran contento de los excursionistas, que refrescan allí el vino de su comida.

Las dos excursiones son parecidas en la forma de hacerlas: pero los lugares visitados, con estar tan próximos, son completamente distintos, y uno y otro dignos de visitarse.

Lástima que la desidia de mis paisanos (yo soy de allí) impida que esas excursiones menudeen. Si en vez de esos burdos y molestos albardones que ponen en sus borriquillos, pusieran un aparejo arregladito, con estribos para los hombres y hamugas para las mujeres, con unas riendas adecuadas, en vez de los sucios ronzales que desuellan las manos, y se dedicaran con anticipación a arreglar poco á poco los malos pasos que hay en caminos y veredas, no hay duda que serían muchos los que se atreviesen á visitar tan bellos lugares. Y si á esto se une la falta de comodidades que se brinda en todos esos pueblos respecto á alojamiento, se explica que sean aquéllos casi ignorados.

Hoy cuenta Soria con una bonita red de ferrocarriles que hace muy fácil el viaje á dicha ciudad. El Patronato de Turismo podía hacer una eficaz propaganda de aquella provincia, digna de que se la conozca, por sus frondosos valles, como el de Valdeavellano, y sus hermosos pinares, como los de Vinuesa, Navaleno, Covaleda y los de Almazán; sus pintorescos pueblos y aldeas, la simpatía y hospitalidad de sus naturales, y si esto es goce, por esas ruinas venerandas de Numancia y su curiosísimo y valioso Museo Numantino, en el que se guardan testimonios históricos de riqueza incalculable.

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No hablamos de Soria como capital, ni de sus notables y bellísimos monumentos, porque éstos ya estám descubiertos por plumas más competentes que la nuestra, que no ha tenido más objeto, al escribir estas cuartillas, que volcar en ellas todo el entusiasmo y toda la devoción que se merecen aquellos rincones inolvidables.

JOAQUÍN GARCÍA DE DIEGO

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