2ª MISA EN LOS PICOS DE URBIÓN

Con mayor publicidad y por lo tanto con mayor cantidad de personas fueron las que asistieron a esta segunda misa celebrada en los Picos de Urbión el día 22 de agosto de 1929. Este celebración religiosa tuvo mucha difusión en la prensa tanto soriana como burgalesa y riojana. 

Así se anunciaba la celebración en el Noticiero de Soria del día 15 de agosto de 1929:

 A LOS AMANTES DEL URBION

Para conmemorar el PRIMER ANIVERSARIO de la celebración de la primera misa en Urbión, el 22 de agosto próximo se celebrarán en aquellas alturas con la aprobación y bendición del Ilmo. Y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis Doctor D. Miguel de los Santos Diaz y Gómara, los siguientes cultos:

            A las once de la mañana (hora oficial), bendición de una cruz que se colocará en la cima del Pico de Urbión.

            A continuación se bendecirá la mesa-altar construida en la misma roca en que se celebró la primera Misa, y se colocará una placa de bronce conmemorativa de aquel acontecimiento.

            Acto seguido se celebrará solemne Misa de Ministros con sermón que predicará el R. Sr. D. Nicolás Olalla Lucas, Cura Párroco de Covaleda. Se administrará la sagrada Comunión a los fieles que lo deseen, avisando antes de comenzar la Misa.

            Se cantará la Misa “DE ANGELIS” a dos coros, y al terminar, la Salve popular.

            En la mesa del altar se colocará, convenientemente en una cajita de zinc la lista de los nombres de todas las personas que asistieren a la primera Misa, en la cruz, otra con los nombres de las personas que contribuyan con sus limosnas a los gastos que estas fiestas ocasionan y a los realizados con el arreglo de los caminos para visitar las famosas lagunas Helada, Larga y Negra, que actualmente se está haciendo.

            Estas limosnas se enviarán desde esta fecha a D. Manuel Hortal, Presbítero, en Vinuesa (Soria); a los señores Curas Párrocos o Alcalde de Duruelo, Covaleda y Montenegro de Cameros, de la provincia de Soria; a los de Viniegra de Arriba y Viniegra de Abajo, de la de Logroño; a los de Regumiel, Canicosa, Quintanar de la Sierra y Neila, de la de Burgos, o a la Administración de este periódico.

 NOTA IMPORTANTE.- Si el día 22 amenazase lluvia o hiciese viento Norte, se dejaría la fiesta para el día 26; si tampoco este día pudiese celebrarse, se prolongaría al día 29; si aun ese día resultase imposible, volvería a anunciarse oportunamente.

En los días posteriores a la celebración de la misa, aparecieron crónicas del desarrollo del día en diversos medios de comunicación de las tres provincias implicadas, aquí os mostramos dos de estos artículos publicados, ya que el resto son muy similares.

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El Siglo futuro. 27/8/1929, n.º 6.839, página 3.

 El Santo Sacrificio de la Misa en los Picos de Urbión

Acto religioso en estreno emocionante

 Con un día espléndido, sin que el más tenue cendal empañase el purísimo azul de la atmósfera, celeste, y como si el astro Rey de los cielos y tierra dulcificando sus ardorosos rayos por las auras saludables del céfiro de la montaña, celebrose el Santo Sacrificio de la Misa en una de las rocas que integran las crestas del renombrado Pico de Urbión en la mañana del 22 del actual.

Momentos antes de celebrarse la Misa, tuvo lugar el conmovedor acto de la bendición de una cruz provisional en la misma cúspide del Pico de Urbión, que se dejó colocada hasta que la suscripción que se ha iniciado reporte el dinero suficiente para la colocación, de una gigantesca cruz de piedra o bronce que quedará, a perpetuidad de los tiempos, colocada sobre el citado Pico, cobijando, cabe sus amorosos brazos, a todos los pueblos de la querida Patria española y, especialmente, a los pueblos de las provincias de Logroño, Burgos y Soria que circundan la montaña y sierra de Urbión.

Abrazada a la cruz se colocó el asta de la Bandera Nacional y, en uno de los lados, las primorosas manos de unas catorce juventudes de Covaleda, bajo la dirección de la culta profesora, doña Adela Llorente de García Vinuesa, realizaron dibujos caprichosos de religioso simbolismo con la dedicatoria siguiente: “A Cristo Rey; las jóvenes de Covaleda.—1929».

Tanto en el solemne acto de la bendición de la cruz, según los ritos liturgicos, como en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, fué oficiante, el que ha sido «alma-mater» de la realización de estos religiosos actos, el ínclito hijo de la antigua Vinsontium (hoy Vinuesa), el entusiasta por antonomasia, de la zona de Pinares, el virtuoso Beneficiado y Maestro de ceremonias de la Catedral del Burgo de Osma, nuestro querido correligionario, D. Manuel Hortal Cuende, siendo asistido por los virtuosos Párrocos, cuyas jurisdicciones se encuentran en el mismo Pico de Urbión, de Viniegra de Abajo y de Duruelo que diaconaron y subdiaconaron respectivamente.

Cantando el Evangelio, subió al púlpito que, de una manera tan perfecta tiene colocado la misma Naturaleza en aquellas elevadas regiones, que haciendo de magníficos tornavoces las crestas de cordilleras, que cirncundaban al altar, hizo que el millar de almas desparramadas en la pendiente, pudieran escuchar en sus ecos la cálida y fervorosa alocución sagrada dedicada a CRISTO REY que, de un m odo magistral y lleno de verdadera unción evangélica pronunció el sabio y virtuoso Cura Párroco de Covaleda, D. Nicolás Olalla Lucas.

Formando guardia de honor al altar, donde se celebraba la Santa Misa, estaban los sacerdotes siguientes: El Sr. Párroco Arcipreste de Brieba, y los párrocos de Viniegra de Arriba, Montenegro, Morcuera, Estepa de San Juan, Molinos de Duero, El Royo, el docto profesor del Seminario de Osma, D. Moisés de la Fuente, y el que esto suscribe, más el puesto de la G. C. de Covaleda.

Se cantó la Misa de Ángelus, siendo dirigido el coro de hombres por el Capellán del Colegio de los Hermanos Marianistas de El Royo, mi venerano condiscipulo en la Univensidad Central, D. Jesús Delfin González; y el coro de niñas por el celoso Párroco de Covaleda.

Comulgaion en la Misa los hijos y nietos de aquel santo varón, don Hermenegildo García (q. s. g. h.), varias jóvenes de Montenegro de Cameros y el virtuoso ex comerciante de la Argentina, el integrista, D. Clemente García, que por realizar tan fervoroso acto, no tuvo, inconveniente en salvar a pie los cuarenta kilómetros que, aproximadamente, dista el Pico de Urbión del pueblo de Cidones, donde, reside, y cuyo religioso caballero hizo por algún tiempo vida de anacoreta en abruptas cuevas de los alrededores.

Sobre el altar roca ha quedado incrustada una placa con el anagrama e inscripción siguiente:

El Siglo futuro

“El día XXII de agosto do MCMXXVIII,

con la bendición y autorización del

Ilmo, y Rvdmo. Sr. Obispo do Osma,

Dr. D. Miguel de los Santos Díaz Gomara,

Y

con la bendición del

Emmo. Sr. Cardenal Primado de las Españas,

Dr. D. Pedro Segura y Sáenz,

y del

Excmo, y Rvdmo. Sr. Arzobispo Preconizado de Burgos,

Dr. D. Manuel de Castro y Alonso,

se celebró sobre esta roca por vez primera

el Santo Sacrificio de la Misa,

con asistencia de varios centenares de fieles.

«¡Viva Cristo Rey!»

 El entusiasmo que reinó fué indescriptible. El aspecto que presentaba la llegada de los romeros, visto desde la cima del Pico, era solo propio para la paleta de un Velázquez y el estro de algunos de nuestros más insignes vales religiosos.

Desde allí, contemplamos la ascensión, hasta escalar las mismas cumbres del Pico de las dos primeras carretas que se han atrevido a abordar hasta la misma cima de la montaña, dirigidas por los vecinos de Covaleda, Braulio de Miguel «Ureta», e Isidro «Altelarrea» Sanz y ¡coincidencia en extremo curiosa! el vocablo «Urbión, aguas dos buenas» es vasco y los intrépidos carreteros son descendientes de unos industriales que, naturales del señorío de Vizcaya, establecieron su residencia en Duruelo, como así pudo comprobarlo, cuando el firmante fué Párroco de dicho pueblo, y, al efecto, subrayo los apellidos de origen vasco de los dos carreteros.

Braulio de Miguel Ureta e Isidro Altelarrea. Primeras personas en subir con una yunta de bueyes a los Picos de Urbión (22-08-1929)

Braulio de Miguel Ureta e Isidro Altelarrea. Primeras personas en subir con una yunta de bueyes a los Picos de Urbión (22-08-1929)

En las típicas carretas hicieron su ascensión, entre otras varias señoritas, que no recordamos, las señoritas Milagros Garcés y hermanas de Soria, Julia Peña y Ramona Blazquez, de Covaleda; haciendo el descenso en las mismas carretas y desde el mismo pico de Urbión, Lucía Jimenez y otras varias jóvenes. Hubo verdaderas amazonas, montadas en briosos, corceles, como Verónica Llórente de Rioja y Antonina García de Hernández, niños de once años, como Miguelito Rioja y Benitín Hernández, haciendo verdaderas filigranas de equitación sobre lerdos borriquillos. Todo olio resultaba de un conjunto tan típico que no puede ni le es dable a nuestra torpe péñola plasmar ni el más pálido destello de un conjunto tan deslumbrador.

El número de romeros puede calcularse que rebasaron el millar pues sólo Covaleda dio un contingente de cerca de quinientos y Duruelo unos doscientos completando hasta el número indicado las villas y pueblos de Vinuesa, con sus alquerías de Quintanarejo y Santa Inés, Montenegro, las dos Viniegras, Brieba, Quintanar de la Sierra, Neila, Riegumiel, Salduero, Molinos y algunos de la capital de Soria. Ancianos hubo de Covaleda, como Mariano Pascual, que no tuvo inconveniente de subir, cargado con sus setenta y ocho inviernos.

Durante los conmovedores actos de la bendición de la cruz y la consagración en el Santo Sacrificio de la Misa se dispararon retumbantes cañonazos con el mortero cañón, propiedad del Ayuntamiento de Duruelo, y que dos entusiastas vecinos del mismo, los hermanos Lorenzo y Máximo Escribano, lo transportaron en hombros sin dar la más leve señal de cansancio, lo que puso a prueba las hercúleas energías de estos valientes y forzudos pinariegos.

Galantemente invitados por los Ayuntamientos de Covaleda y de Duruelo, que asistieron a tan hermosa fiesta en Corporación, compartimos las sabrosas viandas con unos, y saboreamos con los otros el rico moka, un habano y una copa, reinando entre unos y otros gran entusiasmo porque la fiesta se repita en años sucesivos, y que llegue a ser pronto una realidad el trazado de una carretera o un camino vecinal sea por Covaleda, o sea por Duruelo, para que los «autos» puedan escalar hasta las cumbres, majestuosas y sublimes de la sierra de Urbión, y beber en los gélidos manantiales que originan el sagrado Duero, los turistas de España y aún del extranjero, y pudieran contemplar y admirar uno de los más encantadores paisajes de esta pintoresca e ideal zona de Pinares.

M. RiOJA

Covaleda, agosto de 1929.

Por otro lado, en el periódico soriano “NOTICIERO DE SORIA”, nuestro ilustre paisano D. Angel Terrel, escribía la siguiente crónica.

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NOTICIERO DE SORIA, jueves 12 de septiembre de 1929

EL SÍMBOLO DEL CRUCIFICADO EN URBIÓN

 I

Alboreaba el día 22 de Agosto y de Covaleda, 438 personas, entre hombres, mujeres y jóvenes de ambos sexos se precipitaban por el camino que conduce a Urbión –(2.246 m. sobre el nivel del mar)-; unos en bien enjaezados caballos, otros en famélicos asnos y la mayoría a pie formando un largo reguero humano que aparecía como una colonia ambulante de hormigas.

            Y por este pinar maravilloso, de diversas y encantadoras tonalidades, ascendemos por veredas casi impracticables, pasando paisajes de bravía belleza que al pasar de los tiempos contemplaran extasiados en el “cine” el día en que lugares tan deliciosos y amenos sean conocidos.

            Un alto en la ascensión fatigosa para tomar agua al pie de una rumorosa fuente de limpias, frescas y claras nos proporciona encantos para los ojos y recreo para el espíritu.

            Aquí hay un pino corpulento, enorme, varias veces secular, cuyos brazos robustos tienen retorcimiento y formas que hacen pensar en el Apocalipsis del evangelista y en los dibujos de Doré.

            Allí contemplamos otro, que se asemeja a un monstruo gigantesco, que trae a nuestra mente la famosa descripción de V. Hugo en los “Trabajadores del mar”.

            En este otro lado crecen juntos unos cuantos centenares, que por su altura, gentileza y esbeltez pudieran dar envidia a las palmeras.

            A la derecha e izquierda del camino, espesuras infranqueables, refugio sin duda de jabalíes y corzos.

            Ya el sol pone tonalidad de oro viejo en la corteza de algunos pinos, formando contraste con el verde oscuro de sus copas, y el verde claro de los helechos.

            Llevamos dos horas ascendiendo por entre pinos y aún nos queda camino fatigoso. Un pequeño descanso en la Hilandera para enjugar nuestra reseca boca. Y otra vez la ascensión. La mancha de pinos cede y comienza el de piedras innúmeras a las que el viento y la lluvia quitaron asperezas.

            Otro esfuerzo. Llegamos al pico –Aquí el hierro y la nieve, la roca y la niebla, los riscos inaccesibles que nada saben del señorío de los hombres, las hurañas cumbres embozadas en su trágica soledad, soñolientas en el salvaje arrullo de las nubes y celliscas, y cubierto la mayor parte del año en blanco sudario. Desde el pico, nuestra vista atalaya lejanías insospechadas, en las que, por un lado predomina la mancha oscura del inmenso pinar y en las que el sol pone policromía de exuberante galanura y por otro, infinidad de montículos hasta llevarnos a los Pirineos.

 II

            Y aquí, en este pico, a 2246 m. sobre el nivel del mar, se coloca el símbolo del Crucificado, hoy de madera hasta que la piedad de o reporte el dinero para la colocación de la que ha de quedar a perpetuidad, grande, fuerte, para poder resistir los grandes vendavales tan comunes en esas alturas. Abrazada a la Cruz se colocó el asta de la enseña Nacional en la que primorosas manos de juventudes de Covaleda dedican a “Cristo Rey” con caprichosos símbolos religiosos. Seguidamente se celebró la Santa Misa, que ofició D. Manuel Hortal asistido por los Sres. Párrocos de Duruelo y Viniegra de Abajo. La oración sagrada corrió a cargo de D. Nicolás Olalla párroco de Covaleda, quien la dedicó a Cristo Rey, desarrollándola de un modo magistral y lleno de verdadera unción evangélica, que le hubieran dado fama de orador, si ya no la tuviese adquirida.

            La misa fue cantada por dos grandes coros de jóvenes de ambos sexos de Covaleda.

            Terminada la Misa, la juventud se dedicó al baile, mientras en grandes corros se aposentaba el personal para saborear las exquisitas viandas llevadas al efecto.

            A los postres, el vecino de Covaleda Bonifacio Llorente, se dirigió a la mesa del Ayuntamiento de Covaleda, y echó un brindis, dedicándolo a celebrar el entusiasmo a la fiesta, terminando con un viva a ¡España y Covaleda!.

URBION-22 AGOSTO 1929b

 III

            A las tres de la tarde se inició la vuelta al pueblo, y el reguero humano marcha cumbre abajo, dejando a un lado las lagunas Negra, Larga y helada y contemplando en el puro azul del cielo como las águilas se ciernen serenas, quedando unas veces inmóviles y trazando otros círculos para observar tal vez la caravana de gentes que han osado turbar la placidez de sus graníticas moradas.

            Ya entramos en el pinar y los paisajes encantadores, las rocas bravías y la inmensidad de los pinos vuelven a pasar ante nuestra vista cual cinta cinematográfica.

            A medida que descendemos vamos escuchando el mugir poderoso de las vacas, el balido plañidero de las cabras y el argentino tintineo de las esquilas puestas al cuello de los blancos recentales.

            Sobre la nota oscura del bosque se destaca vigoroso el color rojo subido de los tejados. Estamos en Covaleda, donde el pueblo espera la bajada, y nuestra llegada es acogida con disparo de voladores y toque de campanas, y la despedida es … hasta el año que viene.

            Una nota curiosa la dieron los vecinos de Covaleda Isidro Altelarrea y Braulio de Miguel Ureta que han sido los intrépidos carreteros que se han atrevido a abordar hasta las mismas cumbres del pico con sus carretas. Coincidencia; Urbión es palabra vasca, y los apellidos de estos señores son también vascos.

             Seguramente los castellanos ya aburridos de subir tantas veces al pico de Urbión han cedido esta vez el lugar a los vascos que consigna nuestro querido amigo Sr. Terrel.

 ANGEL TERREL

 

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