LA LIBERTAD – 20/08/1924

La Libertad 20/8/1924, página 4.

ANOCHECER EN PINARES AÑO 97

DESDE SORIA

La región de Pinares

Somos los españoles los que peor conocemos las bellezas que nos brinda la geografía de nuestro país.

Unas cuantas ideas generales, casi siempre equivocadas por cierto, nos sirven a las mil maravillas y nos bastan para salir de todos los apuros que en ese aspecto pueden presentársenos en una conversación o en otra ocasión cualquiera.

¿Para qué más?…

Hace unos días hemos visto en un colega unos artículos encaminados a descubrirnos la Sierra de Gredos, casi completamente inexplorada, si no es por los pastores y rebaños que por ella pasean su soledad.

Nosotros tampoco somos muy afortunados.

Estamos seguros de que, con respecto a Soria, ese pedazo de corazón de Castilla, desde donde escribimos, las lineas que la inmensa mayoría de las gentes tienen de ella se han ido formando a través de los «paramos de asceta» del poeta, en los que todavía leen, y ante los desnudos perros que cruza en el confín Sur de la provincia, una de las grandes vías arteriales de los ferrocarriles de España, en los pocos que viajan.

Para muchos, Soria es algo perdido en el caos de lo inexistente.

Claro que no nos podemos quejar. Ese es mal del que pueden dolerse todas las regiones de España, aun las que se creen mas conocidas, y es ya un axioma que «mal de muchos es consuelo de españoles».

No obstante, y por españoles que seamos, ese consuelo no nos satisface.

Estamos en una época exhibicionista, y no podemos sustraernos, hijos del siglo, al afán de enseñar a todos nuestras riquezas ignoradas y nuestros timbres de gloria actual y mensurable.

Los «paramos de asceta», las «sierras calvas» y «los cerros cenicientos» no tienen atractivo más que para el poeta y para nosotros, que a la sombra de los cerros y las sierras y en la quietud de inclemencias de los páramos vivimos.

Pero es que Soria no es esto sólo. Soria tiene rincones en su provincia capaces de convencer y entusiasmar al más exigente gustador de paisajes y lontananzas.

Uno de estos rincones maravillosos es nuestra región de Pinares. Treinta kilómetros la separan de la capital. Varias carreteras, las de mayor tráfico en la provincia, nos comunican con ella con la misma facilidad que si fuera un arrabal de la ciudad.

No vamos a intentar una descripción de la comarca. Diremos tan sólo que para verano no tiene rival.

Un rincón de Suiza, con su crestería nevada y sus cimas orladas de fantásticas nubes, es el aspecto que presenta en el primer Instante.

El Duero, el sagrado río de Costilla, discurre, con sus aguas de misterio, del misterio de Urbión, en donde nace, por el cauce precipitado a veces, calmo y como dormido otras; con sus adornos de espuma entre las peñas y sus transparencias de cristal en los remansos, por entre la frondosidad exuberante de aquellos pinos casi centenarios, a cuyo cobijo unos pueblos coquetones y cuidados nos hablan de un país de ensueño.

Molinos, Salduero, Vinuesa, Covaleda. Duruelo, Navaleno; estos son los nombres de aquellos rincones que sólo nosotros conocemos., y que alla lejos, en plena Pampa argentina, o en pleno Chaco o en la febril actividad de un mostrador de un gran almacén en la urbe bonaerense, llena con un recuerdo nostálgico las horas de los emigrantes que de estos lugares han sido impulsados a aquellas lejanas tierras por los éxitos asombrosos de muchos que allá fueron a encadenar la fortuna.

Y es que Pinares es, además, refugio grato de Indianos que vuelven después de la lucha a los pueblos de donde salieron, para pasar en ellos sus horas de descanso y sus años de vejez.

Auras frescas y salutíferas hacen de Pinares también uno de los pulmones de España. Y no se crea que Castilla, que Soria la castellana, pierde en Pinares su carácter. Nada de esto.

Tal vez no tiene allí ese sello duro de “llanura bélica” que presenta en otras partes de la provincia; pero conserva todo el hondo caracter castellano, en el matiz de su tonalidad seria, en la suavidad de su ambiente acogedor e hidalgo, en la misma monotonía del bosque tupido e inmenso, y en la proximidad medrosa de Urbión, la «jungfrau» de Castilla, en donde en invierno y en verano rugen la tempestad y al vendaval con hórridos sonidos de aquelarre misterioso.

Volvemoo a repetirlo. Pocos rincones en España más hermosos que la región de Pinares de Soria. Pocos rincones también más ricos.

Miles y millones de metros cúbicos de madera están esperando la arteria fácil y rápida de comunicación que los arrastre para volver convertidos en riqueza y prosperidad.

¡Ah, si llegara a realizarse el sueño que todavía tiene en tensión el ánimo ya casi descorazonado de los hijos de la tierra!… ¡Ah, si la linea férrea que debe atravesar esa comarca desde Santander y Burgos llegara a ser un hecho!,.. Entonces veríamos agigantarse Soria, y aunque Pinares perdería algo del encanto que le presta su soledad, adquiría el valor Incalculable de un centro dé vida y de riqueza verdaderamente formidable, Esperemos… ¡Quién sabe!…

En tanto, nosotros nos permitimos sentir el orgullo de poseer un tesoro que, al lado del alma, noble y buena de la tierra, nos hace sospechar si tendríamos que cambiar el verso de Machado, diciendo: “SI, fué por estos campos el bíblico Jardin.»

RAFAEL PERRER

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